Informe al Maestro General de la Orden de Predicadores
De la Comisión de la Orden acerca del
Carisma de Prédica para los Hombres y Mujeres
de la Orden de Predicadores

Mayo / 2001 

EL CARISMA DE PRÉDICA DOMINICO: INVESTIGACIÓN

El Capítulo General de Bolonia (§42) presentó la siguiente petición: Solicitamos al Maestro de la Orden que constituya una comisión de teólogos altamente competentes que sean hermanos y hermanas de la Orden, cuya tarea sea la de examinar la cuestión del carisma de prédica para hombres y mujeres de la Orden y su relación con el ministerio ordenado, así como la de avanzar en las dimensiones teológica y eclesiástica de dicha cuestión. Además, deben ser explorados otros asuntos que se encuentran relacionados como los roles sacerdotales y proféticos. 

1. Como los primeros números del Libro de las Constituciones lo aclaran, la Orden de Predicadores tiene un mandato privilegiado, el de predicar la palabra de Dios en cumplimiento de su naturaleza misma. “Ustedes se han entregado a la proclamación de la Palabra de Dios, predicando el nombre de nuestro Señor Jesucristo por toda la tierra”. (LCO 1) El párrafo siguiente continúa: Domingo fundó la Orden especialmente para que “predicara y para la salvación de las almas”. La evangelización es la razón principal por la cual la Orden fue fundada. Domingo y el Obispo Diego respondieron en particular a necesidad especial y urgente de predicar a los Cristianos bautizados no catequizados pertenecientes a los pueblos Cristianos, que se habían dejado llevar por la seducción de la falsa espiritualidad de los Cathars. El contexto original de los sermones de Domingo y el Obispo Diego incluía disputas públicas que tenían el carácter de debates teológicos. Al mismo tiempo, ellos participaban en prédicas renovadoras ya sea fuera o dentro de las iglesias. Sabemos de incidentes históricos en los que tales disputas y misiones de prédica ocurrieron. El trabajo de evangelización que inspiró la fundación de la Orden no fue normativamente la prédica homilética durante la Eucaristía, sino la prédica catequística en cualquier contexto en el que pudiera darse la formación de la fe adulta. La estructura de la vida de los frailes fue creada explícitamente para fomentar un ministerio arraigado en la palabra de Dios. Como nos lo recuerda el LCO 100, “En los principios de la Orden, un convento era llamado Prédica Sagrada”. Todos los elementos de la vida comunitaria orientaba a los Frailes hacia el ministerio de la prédica - desde la manera en que celebraban la Liturgia de las Horas hasta la manera en la que el estudio era privilegiado. La así llamada “vida mixta” que caracteriza a la comunidad Dominica tiene como fin por un lado el de la familiaridad con una intimidad divina, y por otro lado, una pasión por la evangelización popular. (cf ST II II, 188, 6). El renacimiento de la prédica que ocurrió en el siglo XIII estuvo también ligado al renacimiento de la teología en las universidades. Un gran momento de transición tuvo lugar entonces en el que la reflexión teológica fue pasando del modelo de letio divina al de sacra disputatio. Los Frailes Predicadores estaban profundamente involucrados en actividades que dieron lugar a este cambio, especialmente en la Universidad de París. Además, desde temprano los frailes comenzaron un emprendimiento misionero que aún hoy continúa en la vida de la Orden.

Las mujeres fueron las primeras seguidoras de Domingo el predicador. La fundación del monasterio en Prouille reconocía, por un lado, el rol esencial de las mujeres en la Orden de Predicadores, y por otro lado, les encargaba un fin apostólico. Domingo claramente consideraba que su oración contemplativa era una parte integral de la ecología espiritual de una Orden de Predicadores. Las religiosas son parte orgánica de la Orden de Predicadores, y no ayudan solamente con sus oraciones; ligadas a los predicadores, ellas fomentan la conciencia dominica de la acerca de las verdades sobre la realidad divina que predicamos. Es de especial importancia que las primeras hermanas tomadas como patronas de la Orden hayan sido, María Magdalena, apóstol de los apóstoles, y Catalina de Alexandria, la alumna y profesora de filosofía. (cf. D. Byrne, Una Peregrinación de Fe, 105)

En el siglo XIV, un número creciente de laicos se unió a la Orden, como el Mantelete de Siena en el que Sta. Catalina encontró su refugio espiritual. La vida y enseñanza de Sta. Catalina muestran lo importante que era la proclamación de la palabra de Dios para su vocación Dominica. Ella llevaba el mensaje divino de amor y de misericordia a todos aquellos con los que se cruzaba para “el honor de Dios y la salvación de las almas”. Raimundo de Capua, el fraile Dominico que era su amigo y que luego fue Maestro de la Orden, en su Legenda (II, vii) describe el efecto transformador que tenían las palabras de Catalina sobre las grandes multitudes que se acercaban a escucharla. Cuando Pablo VI proclamó a Catalina Doctora de la Iglesia en 1970, el mencionó de manera especial su “lúcida, profunda, y embriagante absorción en las verdades divinas” y su “carisma de exhortación” que le permitía comunicar palabras de sabiduría y conocimiento (AAS LXII 10, 1970, 673-8). Estas son las cualidades que hicieron de Catalina de Siena, una mujer dominica no-ordenada, una gran predicadora.

¿Qué es entonces lo que nuestra historia nos muestra acerca del carisma de prédica Dominico? Ya podemos ver los tres elementos siguientes: (a) El carisma de prédica Dominico es una respuesta fiel y compasiva a un mundo no catequizado (o pobremente catequizado). (b) Es un gran entretejido de palabras y contextos: por un lado, estudio, proclamación, conversación sincera e instructiva y, por otro lado, libros, iglesias, universidades, y otros contextos sociales múltiples. (c) El carisma es también un título para los miembros de la Orden – no solo para los ordenados, sino para todos los miembros – para que participen en las amplias estructuras de una existencia apostólica altamente diversificada. 

Consideraciones Teológicas 

La reflexión teológica sobre la prédica en la tradición Dominica muestra que la eficacia de nuestro ministerio surge del poder de la palabra de Dios. Ya sea en la proclamación como en la exposición, es la gracia de la Palabra de Dios la que salva. También reconocemos que este ministerio surge de la obediencia a la Palabra de Dios. Así como Jesús es enviado (en el Evangelio según Juan), también los Dominicos son enviados a ser portadores de una palabra que es iluminación, promesa, y autoridad. Todos los ministerios de los Dominicos están relacionados a la proclamación y la catequesis. Todos los Capítulos Generales desde 1977 afirman que la prédica es la prioridad de todas las prioridades de nuestro ministerio dominico. 

Necesitamos desarrollar más claramente la razón de ser teológica de nuestra práctica pastoral de acuerdo con el espíritu de nuestro carisma de prédica. Esto tiene que ver con la relación entre el ministerio de la palabra y los sacramentos. La triste realidad es que gran parte de la práctica pastoral dentro de la Iglesia Católica actual parece tratar a la prédica como un ornamento accidental de una experiencia sustancialmente ritual (especialmente en la Eucaristía). Sin embargo, la buena teología entiende que la celebración de la Eucaristía nace del ministerio de la palabra y es de alguna manera moldeada por la palabra. La prédica es un acto teológico, tanto para el predicador como para la asamblea, que forma a la gente en su predisposición a entregarse al Cuerpo de Cristo, ya sea a través de la vida sacramental como del testimonio apostólico.

Finalmente, la prédica está ligada a la contemplación. La palabra salvadora de Dios nace de la experiencia de recibir a Dios en un silencio ungido. Desde las perspectivas bíblica y teológica, el silencio es la cuna de la profecía. Se necesita una práctica de estudio y oración compartida para la plenitud de la vida Dominica. De esta manera, la tradición Dominica que sostiene que la comunidad es el sujeto del acto de predicar – la comunidad predicadora – se materializa en la práctica. (Piensen en los ejemplos de Fray Antonio de Montecinos en Hispaniola en el siglo XVI). Aunque uno pueda pararse frente a la asamblea en proclamación y catequesis, la es comunidad entera la que eleva al predicador a través del diálogo y el apoyo comunitario. 

Los Signos de los Tiempos 

Durante medio siglo, la iglesia ha sido consciente de la categoría teológica de “los signos de los tiempos”. Esta frase se refiere a la actividad de Dios en el mundo y en los acontecimientos cambiantes en la historia de la humanidad. La frase viene de la Biblia (Mt 16:13) y fue utilizada por Juan XXIII en la encíclica Pacem in Terris (§126-29) y en Gaudium et Spes (§4). La idea básica apunta a la responsabilidad de la iglesia de examinar los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del evangelio. 

Este concepto es pertinente a la participación de todos los miembros de la Orden de Predicadores en el carisma central de la Orden. La Constitución Fundamental (§5) nos impulsa a renovar constantemente la comprensión de nuestra misión de predicar “con la debida consideración por la condición de las personas, los tiempos, y lugares...” Esta es otra forma de exhortarnos a estar atentos a “los signos de los tiempos”. 

 

Los signos muestran claramente que los tiempos han cambiado. Aquí hay algunos ejemplos importantes de cuáles son esos cambios: 

  1. En muchas partes del mundo, las mujeres son las que asisten mayoritariamente a la iglesia, y además son la mayoría de los ministros eclesiales.
  2. En países de misión, son mayormente los catequistas no-ordenados los responsables de la formación en la fe y la organización de la comunidad para la mayoría de los Católicos en parroquias e iglesias misioneras.
  3. En Norte América, Europa del norte, Australia, Nueva Zelanda, América Central y del Sur, y en otros lugares, donde no hay presbíteros disponibles para servir en las parroquias como pastores residenciales, la mayoría de los líderes parroquiales locales en la ausencia del sacerdote son mujeres.
  4. En casi todas partes del mundo, la responsabilidad de la formación catequística recae en el laicado, principalmente mujeres que no son religiosas. Además, mucha de la responsabilidad por la evangelización transformadora, aún en los países del primer mundo, es iniciativa del laicado. Cuando hablamos de “evangelización transformadora” nos referimos al catecumenado adulto, liderazgo de pequeñas comunidades cristianas, educación cristiana, ministerios sociales para los pobres y niños, etc. El laicado tiene un mensaje muy particular e importante que es genuinamente teológico y evangélico, tanto por su experiencia en esto contextos sociales como por su habilidad en liderar trabajos de este tipo por amor al evangelio. Muchos laicos tienen la formación teológica y la práctica pastoral equivalente a la de nuestros frailes. Su voz es de una experiencia espiritual llena de gracia.

 

 

Eclesiología 

Nuestra reflexión sobre el carisma de prédica debería también formarse de acuerdo a los avances en la eclesiología. La teología del “Pueblo de Dios” se imagina una iglesia cuyos horizontes vayan más allá de sí. (LG 1, GS 1, AA 5-8, CL 33-36). Uno de los temas principales tratados en las encíclicas de Juan Pablo ha sido el de la iglesia misionera. Queda claro que se necesita de una eclesiología viva que contemple a las personas apostólicas que, según Juan Pablo, son las únicas que pueden cerrar la brecha que existe entre el evangelio y la cultura. 

El uso de la categoría teológica in persona “in persona Christi capitist” (cf CCC 1548, LG 10) del presbítero puede oscurecer la complementariedad necesaria de la categoría in persona Christi corporis de los bautizados. Una eclesiología que sobreprivilegia las prerrogativas de los ordenados está en conflicto con el lenguaje figurado poderoso de LG 33, en donde la vocación del bautizado se describe como “esta vocación especial: de hacer a la iglesia presente y fructífera en aquellos lugares y circunstancias en las que sólo a través de ellos puede transformarse en la sal de la tierra”. Esta percepción del rol único que tienen los bautizados de evangelizar las culturas que ellos conocen desde adentro se encuentra bien expresado en PO 2: “Por lo tanto no existe miembro que no comparta la misión del cuerpo entero”. 

Contexto Sociocultural 

Igualmente, debemos ser realistas acerca de los cambios dramáticos en los contextos sociales y culturales de la vida cristiana. Todas las culturas que nos precedieron fueron androcéntricas, especialmente las culturas Romana, Latina y europea que dominaron la formación de las tradiciones eclesiásticas occidentales. Sin embargo, nuestras sociedades industrializadas modernas han cambiado esos modelos dominantes del pasado – por razones objetivas y no ideológicas. Entre los factores diversos que contribuyeron a la “promoción de las mujeres” (término utilizado por Juan XXIII para este signo particular) se encuentran los siguientes: el progreso médico que ha liberado a las mujeres de muchas cargas ligadas a su rol biológico en la especie; son pocas las mujeres que hoy en día mueren en el momento del parto; la mayoría de los recién nacidos ahora sobreviven; la maternidad ya no saca a las mujeres de la eficacia social.  

Además, reconocemos la clara injusticia basada en el sexo. Las mujeres siempre han tenido que trabajar sin cesar en la familia y en la sociedad. Antes lo hacían gratis. Ahora la mayoría de las profesiones y contextos sociales reconocen la falta de balance que existe entre ambos sexos, así como otras formas de discriminación que son detrimentos genuinos a la autenticidad de cualquier proyecto social; y honoran el hecho de que la mayoría de las mujeres tienen una contribución especial e invaluable para hacer desde su experiencia femenina y su lugar en la sociedad. Por está razón ahora encontramos mujeres cumpliendo roles de liderazgo ejecutivo y en otras posiciones destacadas dentro de empresas, en la política, la educación, la ciencia, y las comunicaciones. Desafortunadamente, este tipo de avances generalmente no son aparentes de manera significativa dentro de la iglesia (o ni siquiera dentro de muchas de nuestras entidades Dominicas). Como orden con una tradición centenaria de estar formada por hombres y mujeres, nosotros los Dominicos tenemos la oportunidad y la responsabilidad en particular de responder a los “signos de los tiempos” en relación a los cambios culturales y sociales que incluyen a las mujeres en el liderazgo y el discernimiento profético. Los Capítulos Generales de la Orden han desarrollado por más de una generación afirmaciones firmes acerca de la solidaridad entre todos los miembros de la “Familia Dominica” quienes tienen una espiritualidad, historia y carisma en común. “Los Capítulos de Walberberg en 1980 y Roma en 1983 hicieron contribuciones significativas al reconocimiento de la importancia de la prédica por parte de las Hermanas. Walterberg le pide a la hermandad que formen grupos de prédica con nuestras Hermanas: ‘De esta manera nuestra prédica llegará más fácil y efectivamente a toda la persona’ (§77). El formar grupos de prédica es un desafío no solo para ayudarnos unos a otros, sino para hacer que nuestra prédica sea más efectiva en la vida de las personas”. (D. Byrne, Una Peregrinación de Fe, 106. Cf. Bolonia 1998: §34 y 42). Nuestro desafío es el de prolongar esa rica tradición histórica y profética. Estas observaciones quieren dar una visión general del contexto dentro del cual nuestra teología y la creación de nuestras políticas deben desarrollarse. En la próxima sección, van a leer una reflexión sobre un desafío en particular, es decir, la necesidad de establecer un punto de vista para la prédica litúrgica de los no-ordenados haciendo frente a la clara necesidad pastoral de evangelizar, y el creciente reconocimiento del valor irremplazable de las voces de las mujeres en la formación de la prédica del evangelio. Luego encontrarán un resumen de las iniciativas sugeridas que desafían a la Orden de Predicadores a integrar su historia y su carisma en concreto dentro de las nuevas posibilidades que ofrezcan los signos de los tiempos. 

LA PRÉDICA LITÚRGICA DENTRO DE NUESTRO CONTEXTO DOMINICO 

1. La cambiante situación pastoral está marcada por el hambre de la Palabra de Dios y de una espiritualidad más profunda por parte de muchos cristianos. Esto genera una clara necesidad de una prédica más efectiva. El número decreciente de los ordenados se ve acompañado por un número creciente de ministros laicos profesionalmente formados que están dotados y preparados para predicar. Las diferentes necesidades de las comunidades multiculturales, de escuchar la Palabra de Dios a través de la experiencia de vida particular y de la herencia cultural de sus miembros, crea la necesidad de prédicas especiales. 

2. La renovación del ministerio de la prédica dentro de la Iglesia no puede ser limitado al púlpito. La iglesia entera está llamada, como Jesús, a anunciar el Reino de Dios a través de su palabra, su ejemplo y su relación. En el sentido más amplio, la prédica incluye las diversas maneras en las que los bautizados anuncian y promueven el Reino de Dios (por ejemplo, “La acción en nombre de la justicia y la participación en la transformación del mundo nos parecen una parte totalmente constitutiva de la prédica del evangelio”. Justicia en el Mundo, Sínodo de Obispos de 1971). Dentro de esa misión tan amplia que tiene la Iglesia de anunciar el evangelio, los miembros específicos de la comunidad tienen el don y están llamados a ejercitar los diversos ministerios de la Palabra, incluyendo los ministerios de la prédica (la evangelización, el trabajo misionero, los grupos de prédica itinerantes, los catequistas, los directores de la RCIA, los que predican en retiros y misiones, los directores espirituales, etc.) 

3. El Carisma de Prédica: “El Espíritu distribuye gracias especiales entre los fieles de cada rango. Por medio de estos dones el Espíritu los prepara para emprender las distintas tareas y oficios para renovar y construir la Iglesia” (LG 12). En Cor 1:12, Pablo incluye “el don de profecías” y “el don de sabiduría en el discurso” dentro de las diversas manifestaciones del Espíritu dadas para el bien común. De la recepción de un carisma o don “surge para cada creyente el derecho y la obligación de usarlos dentro de la Iglesia y en el mundo para el bien de la humanidad y para la construcción de la Iglesia” (AA 3). El carisma de prédica está fundado en el bautismo y la confirmación; es un carisma que se encuentra en el corazón del oficio presbítero y episcopal, pero que no está restringido a los ordenados. (Recuerden la discusión de Tomás de Aquino en ST II-II, 177 donde se refiere a la gratia sermonis y a si las mujeres reciben o no esa “gracia del habla”. Y observen también el trabajo de Congar acerca de la participación de todos los bautizados en la misión profética de Cristo.) El carisma para predicar se encuentra en el corazón de la misión de la Orden de Predicadores. Todos los miembros están llamados a participar en la misión de la Orden de acuerdo a sus diversas habilidades, dones, formación, y vocación. Este llamado nace de la razón misma por la cual la Orden fue fundada. Por lo tanto, aquellos que han sido profesados para la misión de la Orden reciben un título desde su profesión para formar parte de dicha misión de acuerdo con su rol, dones, y circunstancias. Además, deberíamos preguntarnos si este título de participación en la misión de predicar recibido por las Hermanas apostólicas Dominicas es paralelo en importancia al título para predicar que deriva de la ordenación para el oficio de diaconado. ¿En qué son similares?, ¿Cuál es la explicación teológica del título para predicar en cada caso? 

4. Reflexiones sobre la Prédica Litúrgica.

El fin de la homilía es el de permitir que la congregación que se encuentra reunida celebre la liturgia con fe y que pueda “aplicar las verdades perennes del evangelio a circunstancias concretas de la vida” (PO 4). El predicador está llamado a relacionar la liturgia con la vida, a nombrar la gracia de Dios que opera en la comunidad aquí y ahora a la luz de las Escrituras del día y de la celebración litúrgica específica. (Esta última afirmación refleja el énfasis del documento de 1982 “Sentirse Realizados al Escuchar Tu Palabra” escrito por el Comité de Obispos de los Estados Unidos acerca de la Vida y Ministerio Sacerdotal). Aquí debe hacerse una distinción entre la prédica litúrgica formal y el testimonio (o el testigo de fe) que los presidiarios o predicadores a veces brindan dentro del contexto litúrgico. Este último, mientras que es valioso, no es la única forma de prédica litúrgica apropiada por parte de los no-ordenados. 

La experiencia Pastoral con los diversos ministros de la Palabra a llevado a un número creciente de comunidades y personas a preguntarse por qué la homilía eucarística, como prédica preeminente de la Iglesia, se encuentra limitada solo a hombres ordenados. (Carlo Molari escribió a principio de los ’70: “El contenido del anuncio del evangelio surge solamente de la experiencia del evangelio que los creyentes han vivido a lo largo de las distintas situaciones de la vida a través de la acción de Espíritu. Por esta razón el hecho de que sólo el sacerdote haga comentarios sobre los pasajes bíblicos y devele su significado actual no es suficiente para la auténtica proclamación de la Palabra de Dios hoy en día”. (La FEDE e il suo liguaggio, Assisi:Cittadela Editrice, 1972, 280-284. Traducido por John Dunn).

Necesitamos preguntarnos cuál es el impacto pastoral sobre las comunidades de fe (y especialmente mujeres y niñas) cuando el evangelio es predicado solamente por hombres (y más a menudo, hombres célibes).  

5. Se han dado varias razones teológicas y litúrgicas por las cuales la prédica litúrgica fue limitada a los ordenados:

  1. “la homilía es parte de la liturgia misma”, un acto de adoración. (Si bien esto es verdad, toda la asamblea está comprometida en el acto de adoración, y otros ministerios dentro de la liturgia son ejercidos por miembros no-ordenados de la asamblea).
  2. Hay una unidad de palabra y sacramento. ¿La unidad de palabra y sacramento requiere necesariamente que un único ministro sea predicador y presidiario? Mary Collins propone que: si la Eucaristía es un acto de toda la Iglesia y que si el ordenado es el que preside dentro, no por encima de, la comunidad de creyentes, entonces “la experiencia eclesial confirma que es posible que el que preside dentro de la asamblea litúrgica comprometa a otro creyente para llevar a todos juntos a una comunión profunda con el misterio de Cristo a través del poder de la palabra, y esta ordenación colaboradora no fractura el sacramento de unidad”. (“Raíces Bautismales del Ministerio de la Prédica” en la Prédica y los No-Ordenados, editado por Nadine Foley [Prensa Litúrgica, 1983] 111-133, at 130).
  3. Alguno expresan la preocupación por que la prédica laica pueda romper “los lazos intrínsecos que existen entre palabra, sacramento, y comunidad de liderazgo”. En realidad, en muchas comunidades pastorales (como mencionamos anteriormente) los principales ministerios pastorales, incluyendo el ministerio de la palabra, son ejercidos por ministros pastorales no-ordenados. Aún cuando hay un ministro ordenado disponible para realizar las celebraciones sacramentales. El no es líder pastoral de la comunidad de forma regular.
  4. Aquellos que predican en el contexto litúrgico forman la fe de la comunidad en el nivel más fundamental. ¿Quién, o qué, los autoriza a hablar en el nombre de la Iglesia? El reconocimiento público y el nombramiento de los que predican en un contexto litúrgico no necesitan ser identificados con la ordenación. Todos aquellos que predican en el contexto litúrgico deben tener una preparación adecuada y dar evidencia de tener un don especial para predicar. Un número creciente de diócesis e iglesias locales han comenzado a desarrollar e implementar lineamientos para la formación de predicadores y para un proceso de discernimiento sobre quién está dotado de un carisma de prédica. Lo que debe ser premiado en la elección de los ministros que prediquen en la Iglesia es la competencia más que el estatus.

 

6. ¿Cuáles son las Restricciones Canónicas (cf.c.767)? Aunque el canon 767 restringe la homilía a los ordenados, no todos los abogados canónicos u obispos están de acuerdo con que esto significa que nunca es posible que el presidiario invite a otro bautizado, miembro de la comunidad, a predicar después de la proclamación del Evangelio en la Eucaristía. Además, a veces pede ser aconsejable- desde el punto de vista pastoral- que esto se haga, aunque la prédica no sería llamada homilía en el sentido técnico y canónico.

En la “Guía para Misas con Niños” y en el experimento con la prédica laica en la Eucaristía aprobado por el Vaticano que se llevó a cabo en Alemania en los ’70, se encuentran fundamentos teológicos y pastorales para dicha práctica. La “Guía para Misas con Niños” usa el principio pastoral de determinar quién es el que mejor puede comunicar la Palabra de Dios a una comunidad específica, en un determinado momento: “Alguno de los adultos puede hablar después del Evangelio, especialmente si al sacerdote le cuesta adaptarse a la mentalidad de los niños” (§24). Los obispos Alemanes ofrecieron otro fundamento teológico y litúrgico: “Ya que la Iglesia predica que la comunidad toda predica el evangelio y celebra la liturgia, la responsabilidad de mantener el oficio de predicar no debería ser dado al sacerdote solamente. Además la prédica laica es una forma de hacer visibles los diferentes carismas, servicios y oficios que existen en la comunidad Cristiana, sin apartarse de la unidad de su misión”. (Tomado de la petición hecha en 1973 por los obispos Alemanes que pedía a Vaticano la autorización para que laicos prediquen en la Eucaristía, “Die Beteiligung der Laien an der Verkundigung”, 2, 33, traducido por William Skudlarek). 

7. Asuntos Teológicos que deben ser destacados:

  1. La relación entre el sacerdocio ministerial y el sacerdocio común de los bautizados es de vital importancia. Cuando el permiso para que se realizara el experimento Alemán fue inicialmente otorgado, la Congregación para el Clero afirmó que el pueblo de Dios comparte la responsabilidad de proclamar la palabra de Dios, pero a la vez expresó su preocupación acerca de si “extender el oficio de predicar a los laicos obscurecería o no la distinción esencial entre el sacerdocio ministerial de los sacerdotes y el sacerdocio universal de todos los creyentes”. La preocupación por la supuesta confusión sobre la identidad distintiva de los ordenados también parece ser el tema principal en documentos del Vaticano recientes, como el de 1997: Instrucción sobre “Algunas Cuestiones que Respectan a la Colaboración en el Ministerio Sacerdotal Sagrado por parte de los Fieles No-Ordenados”, y la carta de la Congregación para el Clero sobre “El Sacerdote: Maestro de la Palabra, Ministro de los Sacramentos, Líder de la Comunidad” (Orígenes Vol 29, 1999, 198-211).

 

  1. Existe una relación entre el carisma y el oficio. El obispo examina los ministerios de la palabra. Por lo tanto es responsable por el discernimiento, evaluación, y ordenamiento de los carismas dentro de la iglesia local.

 

  1. Hay otros asuntos pastorales actuales: primero, que la palabra de Dios sea predicada y escuchada más eficientemente; y segundo, que la comunidad reconozca no sólo el rol ministerial de los ordenados, sino también los ministerios de la palabra genuinos ejercidos por otros miembros bautizados que no están ordenados.

 

  1. ¿Cómo se relaciona el Derecho Canónico con la práctica pastoral? ¿Cómo podemos nosotros, como Dominicos, contribuir a la interpretación e implementación de la ley de la iglesia con respecto a la prédica que fomenta una recepción y proclamación de la Palabra de Dios más plenas?

 

 

DESAFÍOS PARA NUESTRA ORDEN DESDE NUESTRO CARISMA COMPARTIDO 

1. El desafío principal para la Familia Dominica es el de ser dueños de la herencia compartida del carisma de prédica que nos fue dada por Sto. Domingo, por nuestras Constituciones y por nuestra historia como trabajo y misión esenciales de nuestra Orden. “La pregunta acerca del origen de nuestra autoridad para predicar es importante. Obviamente, hoy en día, tanto hombres como mujeres necesitan permiso del obispo local. Anteriormente era el Capítulo General, siguiendo los requerimientos de Domingo, los que decidían “si Dios” le había dado la gracia para predicar (cf. Constituciones de 1241, Dist. II. Cap. XII)” (de Byrne, op cit., 107).

2. Para los frailes, el principal desafío es el de afirmar e implementar la primacía de la prédica en la vida y ministerio de nuestras casas. Estamos llamados a dar cuenta de la naturaleza de nuestros ministerios, con respecto a su relación con la primacía de la prédica que está en el corazón del carisma de la Orden. 

3. Además, La Convocatoria a la Familia Dominica de Manila (2000) reafirmó explícitamente que cada miembro de la Familia Dominica es la Orden. Todos tienen la responsabilidad de avanzar en la realización del carisma de prédica de la Orden. Los frailes tienen de la responsabilidad de asegurar la colaboración apropiada de las religiosas, hermanas, y laicos de la Orden en sus ministerios de la Palabra de Dios, en respuesta a las necesidades pastorales. Esto incluye la incorporación de las voces de las mujeres y los laicos en la misión catequística de nuestras provincias y casas, invitándolos a contribuir con voces específicas y distintivas y a ser testigos en situaciones pastorales dadas; y la creación de oportunidades para que los frailes y otros miembros de la Familia Dominica colaboren con la prédica en los distintos trabajos de evangelización.

Todos tenemos la responsabilidad de poner en juego esta colaboración que todos deseamos. Recordemos las palabras del Capítulo de Bolonia §34: “Los frailes no monopolizan la vocación, ni el carisma, ni tienen un “lugar de privilegio” en la Orden fundada por Sto. Domingo. Es la misión la que ocupa el “lugar de privilegio”, mientras que cada delegación realiza esta vocación de la manera que le corresponde. Juntos, constituimos la Orden y juntos realizamos toda su misión”. 

 

RECOMENDACIONES 

1. Recomendamos que una comisión de la Orden continúe el estudio teológico y canónico necesario para avanzar en la cuestión de la prédica litúrgica por parte de miembros no-ordenados, de la Orden y de la Iglesia, que estén calificados y dotados. Las mujeres y los hombres de la Orden que sean competentes, desde el punto de vista teológico y canónico, deben seguir las investigaciones exploradas inicialmente por esta comisión (establecida por el Capítulo General Bolonia, 1998) con el fin de examinar en mayor profundidad los puntos destacados en este documento y otros de naturaleza similar. Recomendamos que estos asuntos incluyan lo siguiente: 

 

2. Recomendamos que se establezca algún tipo de estructura para documentar las distintas formas en las que los frailes, religiosas, hermanas, y laicos Dominicos ya están colaborando en la misión de la Orden de predicar en todo el mundo. Este estudio colaborador puede ayudar a identificar los distintos discernimientos y cuestiones teológicas y pastorales que vayan surgiendo de la experiencia de la Orden, y permitir que se hagan recomendaciones para una colaboración futura. Además de servir de fuente de aliento y desafío para los miembros de al orden, este estudio también puede servir como recurso para el resto de la Iglesia, que carece de estructuras para colaborar en el ministerio a través de mujeres y hombres, laicos y ordenados. 

3. Recomendamos que la Orden pida permiso a la Santa Sede para ordenar Hermanas para el ministerio del diaconado que se encarguen de predicar y de los ministerios de la palabra. 

 

Propuesto por: 

Mary Catherine Hilkert, O.P.

Benedikta Hintersberger, O.P.

Hervé Legrand, O.P.

Mary O’Driscoll, O.P.

Paul Philibert, O.P. 

 

Lineamientos para los Predicadores Dominicos 

 

INTRODUCCIÓN 

La prédica es uno de los medios principales por el cual la Iglesia lleva a cabo su responsabilidad respecto al ministerio de la Palabra de Dios. Junto con la evangelización, la formación catequística, y la instrucción teológica, la prédica ocupa un lugar primario en la proclamación del mensaje Cristiano (canon 761). 

Como los primeros números del Libro de las Constituciones lo aclaran, la Orden de Predicadores tiene un mandato privilegiado, el de predicar la palabra de Dios en cumplimiento de su naturaleza misma. “Ustedes se han entregado a la proclamación de la Palabra de Dios, predicando el nombre de nuestro Señor Jesucristo por toda la tierra” (LCO 1). Desde el principio de la Orden, las comunidades locales fueron conocidas bajo el título de sacra praedicatio (la prédica sagrada). El trabajo de evangelización que inspiró la fundación de la Orden no era normativamente la prédica homilética durante la Eucaristía, sino la prédica catequística en cualquier contexto en el que pudiera darse la formación de la fe adulta. La Familia Dominica – religiosas, hermanas, laicado, y frailes, ordenados y no-ordenados- esta toda llamada como sacra praedicatio a ser ministro de la Palabra. 

El predicar la Palabra de Dios es un ejercicio del oficio profético de Cristo en el que todos los Cristianos creyentes participan (Lumen Gentium, no 12). A través del bautismo y la confirmación, todos han sido delegados por el Señor “como discípulos para todas las naciones” (Mt 28:19). En virtud de su bautismo, todos los fieles participan en el ministerio de la Palabra, y están llamados a vivir un vida arraigada en y animada por el Evangelio. Animados por el Espíritu de la verdad, el pueblo de Dios forma parte del ministerio verdadero de la Palabra de Dios, a través del testimonio de su fe perseverante y su incesable caridad, siempre con alabanzas a Dios en sus labios (Lumen Gentium, no. 12). 

Uno de los deberes principales del ministerio de obispos, sacerdotes, y diáconos es la proclamación y prédica de la Palabra. Sin embargo, muchos otros han recibido un don especial para proclamar y compartir la Palabra. Estos dones, dados gratuitamente por el Espíritu, deben ser ordenados y puestos al servicio del bien común del Pueblo de Dios. Así, todos aquellos que están llamados a predicar -tanto ordenados como no-ordenados- luchan por proclamar la Palabra de Dios a los confines de la tierra en un espíritu de cooperación y colaboración. 

Cuando los Católicos no-ordenados tienen la oportunidad de participar en el ministerio de la Palabra, lo hacen en virtud de su bautismo y confirmación Cristianos, cooperando con el obispo, los presbíteros (canones 759 y 766), y la comunidad religiosa. Sin embargo, como los sacerdotes y diáconos, todas las personas que están invitadas y admitidas para predicar deben estar debidamente calificadas tanto por el testimonio de sus vidas como Cristianos, como por una preparación para predicar apropiada y adecuada. 

 

 

 

Con esto en mente, se recomiendan las siguientes calificaciones: 

  1. Desarrollo personal

 

    1. Demuestra una sana madurez personal.

 

      1. Reconoce y aprecia los talentos y áreas de crecimiento propios.
      2. Permite ponerse metas y prioridades realistas para uno mismo.
      3. Utiliza la prudencia, la consistencia, y el sentido común en los juicios y comportamientos y acepta las consecuencias de las propias decisiones.
      4. Mantiene la salud física, emocional, espiritual y psicológica.

 

    1. Demuestra una sana madurez interpersonal.

 

  1. Se relaciona con madurez y apertura con los demás; mujeres y hombres, personas de distintas culturas, y autoridades.
  2. Logra tolerar los defectos en los demás y acepta la crítica de sus propias acciones.

 

    1. Demuestra una sana madurez espiritual.

 

      1. Articula el llamado bautismal al servicio y la prédica y entiende que el liderazgo es un servicio a la comunidad.
      2. Mantiene un ritmo apropiado de oración, reflexión y discernimiento bajo la guía de un director espiritual y en una comunidad religiosa sana.
      3. Cultiva una apreciación viva de las escrituras.
      4. Logra un balance entre los compromisos personales y vocacionales con los del ministerio.
      5. Está comprometido con un desarrollo espiritual continuo dentro de una comunidad eucarística de fe.
      6. Está comprometido en ayudar a otros a profundizar su relación con Dios.
      7. Demuestra a la sociedad que es consciente de la misión de la Iglesia, especialmente en la compasión que muestra por los más necesitados.

 

  1. Pensamiento Crítico

 

    1. Imbuye su prédica de una teología Católica firme, actual, basada en las escrituras y que reflexione sobre las enseñanzas del Vaticano II.
    2. Incorpora principios Cristianos de psicología, antropología, y sociología en los distintos contextos de prédica.
    3. incorpora una comprensión del año litúrgico y su relación con la prédica.
    4. Aprecia las distintas formas de espiritualidad Católica y valora e invita a la diversidad dentro de la comunidad parroquial.
    5. Entiende las metodologías de la reflexión teológica y análisis social y logra incorporarlas en la prédica.
    6. Está cabalmente familiarizado con el documento Sentirse Realizado al Escuchar Tu Palabra: La Homilía en la Asamblea de Domingo, publicado en 1982 por el Comité Episcopal de los Estados Unidos sobre la Vida y Ministerio Sacerdotales.

 

  1. Habilidades para comunicarse

 

    1. Demuestra habilidad para comunicarse de manera efectiva en el contexto de culto.

 

      1. Identifica, selecciona, y utiliza recursos apropiados para una prédica efectiva.
      2. Entiende y se adapta a diferentes edades, sexos, y culturas dentro de la comunidad de culto.
      3. Utiliza efectivamente tanto en la prédica la habilidad verbal como la no-verbal.
      4. Esta abierto a la evaluación, crítica, y perfeccionamiento de las habilidades homiléticas.

 

    1. Anima a dar una respuesta entusiasta y reflexiva, guiada por el Espíritu Santo, al Evangelio y la misión de la Iglesia.

 

      1. Logra relacionar la Palabra de Dios con el contexto de vida de las personas.
      2. Articula la visión tanto de la Iglesia local como la universal, y de la Orden Dominica, e inspira a responder de manera individual y comunitaria a esa misión.
      3. Tiene un conocimiento básico de las enseñanzas de la Iglesia acerca de la justicia social.

 

  1. Perspectiva Global

 

    1. Entiende, aprecia, y funciona con el conocimiento de que la parroquia y la comunidad religiosa son parte de la Iglesia universal.
    2. Comprende el rol que la parroquia y la comunidad tienen dentro de la comunidad diocesana y cívica y promueve la colaboración.
    3. Es consciente de la dimensión ecuménica de la prédica.
    4. Reconoce y promueve la solidaridad con toda la humanidad y la tierra.

 

  1. Estudio Teológico y Homilético

 

    1. Tiene conocimiento de lo siguiente, equivalente a un plazo de dos semestres (graduado o no graduado) en cada uno:

 

    1. Además, se les recomienda los predicadores Dominicos que se inscriban en programas de formación en la prédica que estén certificados, como los del Instituto de Teología Aquino, institutos de prédica diocesanos, o programas de formación del ministerio laico.

 

  1. Estudio y Formación Constantes

 

Continúa actualizando su conocimiento en las áreas mencionadas durante todo su ministerio. 

  1. Autorización para Predicar

 

Los sacerdotes y los diáconos reciben la facultad de predicar en el momento de su ordenación. Los predicadores no-ordenados deben ser recomendados o autorizados por un superior religioso o pastor, de acuerdo con los lineamientos diocesanos o las normas para la prédica en vigencia. 

CONCLUSIÓN 

En estos tiempos de cambio, es importante que la calidad de la prédica sea bien reconocida. Quien sea que predique, es necesario que esa persona esté calificada – teológica, espiritual, y pastoralmente. Es una característica de nuestro tiempo que los fieles demanden lo mejor en la calidad de la prédica, ya sea de los ministros ordenados como los no-ordenados. La preocupación intensificada por la Palabra de Dios y la necesidad de una interpretación contemporánea de la misma resultará, esperamos, en una renovación del arte y ministerio de la prédica en nuestro tiempo.