SERMON PARA LA APERTURA DEL CAPITULO GENERAL



Bolonia, 13 de Julio de 1998



Timothy Radclife, O.P.





Jesús dice "todo está consumado". Y la realización de su vida es entregar el uno al otro , a su madre y al discípulo a quien amaba. "Mujer, ahí tienes a tú hijo", "ahí tienes a tú madre". Les entrega el uno al otro. El punto culminante de la vida de Jesús es un acto de confianza, que hace nacer una comunidad, la Iglesia. El discípulo a quien amaba se lleva a María a su casa. Juntos construyen un nuevo hogar, y la base de este nuevo hogar es la confianza.

La culminación de la vida de Domingo también fue un acto de confianza. En el primer Capítulo General de la Orden en Bolonia, el año 1220, Domingo dejó la Orden en nuestras manos. Nos confió la predicación. Quiso renunciar como maestro pero sus hermanos no lo permitieron. No obstante entregó a los hermanos todo el poder de decisión porque confiaba en ellos. En la base de nuestra vida común, de nuestra fraternidad se encuentra esta confianza. En cada Capítulo General retomamos esta confianza que Domingo puso en nosotros. La vida y la misión de la Orden está en nuestras manos. Se nos confía la construcción de un hogar común, preocupándonos los unos por los otros, y por la misión. Con la ayuda de nuestro hermano Domingo, seamos dignos de ésta confianza.

ÀCómo vamos a cuidar la vida y la misión de la Orden? Cuando Jesús estaba muriendo, María y el discípulo a quien amaba, se encontraban al pie de la cruz , mirando a Jesús. Pero El no quiere que se fijen en El. .Deben mirarse el uno al otro. "Mujer, ahí tienes a tu hijo", "ahí tienes a tu madre". Quizás esto fue lo que también hizo Domingo. Nos encontramos ante su cuerpo, y él quiere que no nos fijemos en él. Quiere desaparecer, que le entierren bajo los pies de sus hermanos. Quiere ser simplemente el hermano Domingo, uno de los hermanos fundadores. Hace que nos volvamos a mirarnos los unos a los otros, "Ahí tienes a tu hermano", "ahí tienes a tu hermana". El comienzo para aceptar esta confianza, es volvernos y mirarnos los unos a los otros.

La primera vez que fui a un Capítulo General fue al de Oakland, hace nueve años. Era también un Capítulo de Provinciales. Recuerdo con claridad la ambigüedad de mis sentimientos durante el viaje. Por una parte me encantaba poder estar lejos de mi Provincia por un tiempo y olvidarme de todos sus problemas. Por otra parte no cesaba de preguntarme cómo nos iban a afectar las decisiones del Capítulo. ÀIba a significar algo para mi pequeña Provincia? ÀIban a meterse con nuestras vidas?

Sin embargo, lo que Domingo dice es: "Ahí tienes a tu hermano". Vuélvete y mira al hermano que tienes a tu lado. Escucha lo que vive, lo que espera, lo que sufre. Empezamos a aceptar la confianza de Domingo en nosotros, cuando abrimos nuestros oídos y nuestros ojos los unos a los otros. En nuestra iglesia de Kigali, Ruanda, hay un mosaico de Jesús en la Cruz, con María y Domingo a los pies. Domingo tiene una herida de bala en la mejilla, que le infligieron en una batalla reciente. Tenemos el coraje de escuchar lo que han sufrido nuestros hermanos y hermanas en el Congo, Burundi y Ruanda, Argelia, Chiapas, Rusia, Venezuela y Colombia? ÀDejamos que nos inquieten y conmuevan con sus vidas y sus necesidades?

Hace 777 años celebramos el segundo Capítulo General aquí en Bolonia. Esta cifra debe tener un significado importante. Fue un gran Capítulo Misionero. Se enviaron hermanos a Hungría, Alemania, Polonia, y Grecia. Incluso enviaron a un hombre llamado Gilbert Ash a fundar la Orden en Inglaterra, un país lejano y brumoso. ÀNo vamos a consentir que nos afecten las necesidades de las nuevas misiones de la Orden, en Europa del Este, Africa y Asia? Cada Capítulo General nos llama a salir del pequeño espacio de nuestra Provincia para sumergirnos en la amplia misión que es la Orden. "Ahí tienes a tu hermano".

Quizás Domingo nos invita a una mayor vulnerabilidad. El discípulo a quien amaba acoge a María en su casa y le abre las puertas de su casa. ÀNo vamos a dejar que los hermanos entren en nuestras casas, nuestras preocupaciones, y nuestra misión? ÀNo vamos a dejarnos cuestionar por la Orden?

Hay peticiones sobre la misión de la Orden en Europa del Este, que pueden afectar a nuestros hermanos que trabajan allí. Hay una comisión sobre el Angelicum que puede cambiar la vida de los hermanos que enseñan allí; hay propuestas sobre la recaudación de fondos que pueden afectar a nuestros planes económicos. Habrá una convocatoria para la misión de Asia, sobre todo para China. ÀNo vamos a escucharla? Ciertamente habrá comentarios sobre la función del Maestro y sobre el Consejo Generalicio, y cómo podremos funcionar mejor. ÀNo tendré el coraje suficiente para escuchar? ÀO quizás prefiera no dar oído a las palabras de mis hermanos? ÀAbriremos, como el discípulo a quien amaba nuestras casas a las monjas, a las hermanas y a los laicos? ÀSeremos capaces de construir una casa más grande para toda la Familia Dominicana?

En este Capítulo aceptamos la confianza que Domingo ha puesto en nosotros, para que cuidemos la misión de la predicación. Estamos aquí para construir nuestra vida común. Y esto nos exige una doble apertura. En primer lugar, salir de las pequeñas preocupaciones de mi Provincia y ver las necesidades de mis hermanos y hermanas, "ahí tienes a tu hermano". Y en segundo lugar, me exige que abra mi casa para que vengan los demás y así puedan ver lo que hago y quién soy. Solo así podremos construir ésta gran casa que es la Orden.

Isaias nos ofrece la visión de una era de confianza universal cuando el lobo habitará con el cordero y el niño jugará en la ura del áspid, y todo el mundo estará recubierto por el océano del conocimiento de Dios. Será un tiempo de paz, desaparecerán todas las desconfianzas. En éste Capítulo vamos a intentar crecer en ésta confianza mutua: lobos y corderos, niños y serpientes (aunque no diré quién son los niños y las serpientes); e incluso los franceses y los brasileños. ÁEnhorabuena Francia!

Quisiera compartir dos observaciones finales. Este cuidado de la vida y misión de la Orden nos va a llevar mucho tiempo. Vamos a pasar muchas horas juntos, debatiendo, votando, enmendando y discutiendo. A veces estaremos acalorados y aburridos, y nos preguntaremos si merece la pena. Me acuerdo de un hermano mayor que le decía a Damián, mi predecesor, cuando pasó por Londres: "Creo que los Capítulos Generales son una pérdida de tiempo. Nunca me han importado nada". Y otro hermano que había sido Provincial en seguida le contestó: "Muy bien, hermano. Si no los hubiéramos tenido, seguro que te hubiera importado. Si no hubiera Capítulos Generales, la Orden desaparecería en menos de veinte años".

Aquí sucede como en cualquier casa: has de perder horas charlando con los demás, discutiendo cosas sin importancia, escuchando lo que los demás dicen, simplemente para vivir como una familia. Tienes que reparar las cañerías, ir a la compra, cocinar y fregar. Aparentemente se pierde mucho tiempo. Pero si no se perdiera tanto tiempo, no habría ni casa ni familia. Los Capítulos son una parte de la tarea para que nuestra casa común funcione. Como el respirar o el dormir, parece que no sucede nada pero si se nos olvidara, notaríamos en seguida la diferencia.

Por último, recordemos el cuchillo de Domingo. Es uno de los símbolos de éste Capítulo. Cuchillo que Domingo siempre llevaba consigo. Es un símbolo de la libertad de Domingo. Decía que si llegaba a oír que los hermanos creían que las constituciones de la Orden obligaban bajo pecado, entonces él "iría por todos los conventos de la Orden y borraría las normas con su cuchillo". Este es el cuchillo de un hombre libre. Domingo nos ha confiado su libertad. Es la libertad para hacer cosas nuevas, para hablar abiertamente, para responder a las nuevas misiones. Es la libertad de los que, como dice San Pablo, "no han recibido el espíritu de esclavos para vivir en el temor sino el espíritu de hijos". Por lo tanto pidamos a Dios que derrame sobre nosotros el espíritu de libertad, la libertad propia de Domingo.

Y sobre todo, hoy, pidamos la intercesión del beato Santiago de Varazze. Murió hoy hace exactamente setecientos años. Fue el predecesor de fray Virgilio Ambrosini como Provincial de Lombardía. Presidió un Capítulo General y fue famoso por promover la paz en las ciudades de Italia. Que él nos bendiga con su paz en éste Capítulo.