C a p i t u l o   G e n e r a l  B o l o n i a   '9 8
Orden de Predicadores
 
 
CAPUT II
DE MISSIONE ORDINIS
 
Prologo
Libres para la Misión

 

El ministerio de la predicación ha sido confiado a nuestra Orden desde sus orígenes. Al servicio del Evangelio y en unión con toda la Iglesia, nuestra Orden recibió la misión de proclamar el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo siguiendo sus huellas. "Dedicándonos por entero a la evangelización de la Palabra de Dios" (Constituciones primitivas, Prólogo) somos por nuestra profesión, libres para vivir una vida apostólica "en la cual la predicación y la enseñanza deben brotar de la abundancia de la contemplación" (Constitución Fundamental § IV)

Enviada para predicar a todas las naciones, colaborando con toda la Iglesia, la Orden desempeña una misión universal. Esta misión llama a la Orden a ir con valentía más allá de las fronteras que separan hoy a los pobres de los ricos, a las mujeres de los hombres, a las diferentes confesiones cristianas y las otras religiones.

Situada en las "grietas" de la humanidad (Îlígnes de fractureâ - Fr. Pierre Claverie o.p) que atraviesan nuestro mundo globalizado, y frecuentemente marcado por la injusticia y la violencia de conflictos raciales, sociales y religiosos, nuestra Orden busca descubrir la verdad de la presencia de nuestro Señor Jesucristo en el encuentro con el Îotroâ. Nuestra misión al servicio de la Îverdad totalâ, hacia la cual puede conducirnos únicamente el Espíritu enviado desde el Padre por Cristo resucitado, requiere de nosotros una actitud dialogal, por la que nos ponemos al servicio del Îotroâ, dispuestos a eschucharle y a dejarnos transformar por él ö y a dar nuestra vidas para que nuestros hermanos, nuestras hermanas puedan vivir.

La misión de la Orden recibe su libertad del voto de obediencia que nos hace estar disponibles para afrontar juntos nuevos desafíos.

Es una misión compartida con nuestros hermanos y hermanas de la Orden que por su bautismo viven el mismo sacerdocio común y que están consagrados por la profesión religiosa y por su compromiso a una misma misión. Esta misión se realiza según la riqueza de nuestro carisma y las prioridades de nuestra Orden; se expresa en el servicio multiforme de la palabra y del sacramento.

Es una misión que busca el diálogo con las diferentes culturas y religiones en todos los continentes. En Europa del Este y particularmente en el continente Asiático, la Orden es consciente de que su misión es buscar el diálogo y favorecer sus condiciones. Esto supone una gran coherencia en todas las acciones de la misión.

Es, finalmente, una misión intelectual que se enraíza en el estudio y la contemplación de la Palabra de Dios y que recibe su dinamismo de la compasión. Sin pretensiones, y humildemente, da razón de la esperanza que habita en nosotros. Proclama y enseña la inteligencia de la Palabra como una fuerza de reconciliación, perdón y alegría.

HOMBRES Y MUJERES JUNTOS EN LA MISIÓN

1. La Orden de Predicadores se siente orgullosa de su tradición y patrimonio que incluye frailes, monjas de clausura, hermanas, hombres y mujeres laicos. Aún cuando otros Capítulos ya han hablado de la dignidad de la mujer y de nuestra colaboración, tanto con los laicos como con nuestras hermanas, este Capítulo cree importante decir algo más en este preciso momento de nuestra historia. Nuestra Orden entiende que la misión tiene su origen en la vida del Dios Trino. Participando de la misión divina, nuestra Orden en cada una de sus ramas quiere manifestar la comunión y la colaboración en la misión, para llevar a toda la creación a la comunión con la vida divina. Los frailes no tienen ni el monopolio de la vocación, ni del carisma, ni tienen un Îlugar privilegiadoâ en la Orden fundada por Sto. Domingo. La misión ocupa este Îlugar privilegiadoâ, mientras que cada rama lleva a cabo su vocación según el modo que le es proprio. Todos juntos constituimos la Orden y juntos llevamos a cabo toda su misión.

2. Por tanto, como mejor se manifiesta nuestra identidad global es a través de nuestra colaboración conjunta. Esta colaboración incluye rezar juntos, planificar, tomar decisiones, y llevar a cabo proyectos desde una complementariedad mutua que respete la igualdad. Estos proyectos incluyen campos tan diversos como los ministerios de oración, predicación, enseñanza, animación pastoral, justicia y paz, medios de comunicación, investigación y publicaciones, así como la promoción de vocaciones y la formación.

3. Somos consientes de que esto exige un cambio de mentalidad en todos, que sólo podrá llevarse a cabo gradualmente. Con frecuencia los frailes de la Orden han tratado a las hermanas y a los laicos únicamente como objetos de atención pastoral y no como compañeros de la misión apostólica. No haber escuchado a los laicos ha ocasionado que estos grupos de laicos dependan de un fraile particular, lo cual ha impedido que desarrollen su propia auto responsabilidad. No haber reconocido la capacidad apostólica de las hermanas dominicas ha afectado también negativamente a la misión de los frailes. Aún más, creemos que es importante que los frailes examinen su imagen de la mujer y lo que comunicamos a los demás sobre ella, en nuestras conversaciones y con nuestra conducta. Si escuchamos a los hermanos y analizamos sus actitudes, reacciones, formas espontáneas de hablar, nos sorprende darnos cuenta de que nuestro mundo masculino y eclesiástico tiene imágenes contradictorias de la mujer. Pedimos perdón por todos los casos en los que los frailes hemos mostrado actitudes o incurrido en actos de desprecio hacia ellas. A lo largo de muchos Capítulos la Orden nos ha invitado a esta conversión.

4. Los laicos, hombres y mujeres, tienen una visión peculiar acerca de cómo predicar y vivir el Evangelio, ya que se encuentran inmersos en la sociedad con toda la serie de realidades seculares, económicas y políticas que esta conlleva. Tienen la posibilidad de vivir codo a codo con hombres y mujeres con los que nuestros hermanos y hermanas religiosos difícilmente entran en contacto. Los frailes y las hermanas necesitan de su visión y de su experiencia. Además, las mujeres aportan una visión y una sensibilidad propia de la que podemos aprender y que es esencial para salvar el alma de una época que está en riesgo de perderla. Las mujeres son las principales educadoras y protectoras de los niños del mundo; por tanto hay que agradecer y valorar su papel esencial en la educación. En un mundo caracterizado por la fragmentación social y religiosa, a menudo la mujer es modelo de solidaridad en la familia y en la sociedad, transcendiendo las mismas fuerzas que originan su división.

5. Nuestras monjas contemplativas están en el centro de la misión de la Orden. Con su forma de vida anuncian a todos que Dios es capaz de cautivar totalmente el corazón humano. Al mismo tiempo su oración es un grito para que la Palabra anunciada por los predicadores sea recibida por el mundo. Su hospitalidad con los hermanos y hermanas de la Orden hace que se refuercen los lazos fraternos y a su vez provocan una fe más profunda y una oración más ferviente. Compartir con el pueblo de Dios su oración litúrgica y ofrecer un oasis para el sosiego y el estudio es fundamental para la misión de la Orden.

6. Animamos a los dominicos de todas las ramas de la Orden a que reivindiquen su identidad como predicadores. Aún más, pedimos a todos los miembros que se preparen para esta predicación y que hagan uso de todas las oportunidades que se les ofrezcan. Somos conscientes de que excluir a las mujeres del ministerio ordenado y en consecuencia de la predicación de la homilía en la eucaristía, es una experiencia dolorosa para muchas. Al mismo tiempo nos damos cuenta también de que el mismo debate sobre la ordenación de las mujeres es angustioso para muchos. Aún siendo respetuosos con el magisterio de la Iglesia, estamos convencidos que nuestra Orden está llamada a buscar modos creativos que faciliten la totalidad de nuestro carisma de la predicación. Ya que "Veritas" es el lema de nuestra Orden, tenemos que adelantarnos en el estudio de las dimensiones teológicas y eclesiológicas de este problema.

7. Para nosotros es crucial señalar el hecho de que por nuestro bautismo y de manera muy especial por nuestro compromiso dominicano, todos los miembros de la Orden participan sin distinción en el sacerdocio común de los fieles. Pedimos a todos los hermanos que ejercen el ministerio de ordenados en la Iglesia que lo entiendan como un servicio a este sacerdocio común y que lo vivan en caridad y sin pretensiones de poder.

8. Mientras nosotros los frailes deseamos hacer todo lo posible por colaborar con otras ramas de la Orden, animamos a que, en cuanto sea posible económicamente, todas las ramas de la Orden se formen sólidamente en la tradición teológica de la Iglesia y de la Orden, pues de lo contrario la colaboración no será equilibrada.

9. Dicho esto, el gran reto que tenemos frente a nosotros es responder desde nuestra situación concreta a las muchas injusticias que todavía constituyen un problema importante para toda la sociedad, sobre todo aquellas que inciden más sobre las mujeres y los niños: problemas económicos, servicios de salud, violencia, discriminación, perdida de poder, negación de la dignidad fundamental, igualdad, recursos y oportunidades. Para responder a estos problemas debemos ser solidarios con nuestras hermanas, escuchar sus voces, sus preocupaciones y sus retos, y entrar en un diálogo auténtico y abierto para que juntos podamos entender, responder, y cambiar, actitudes y estructuras machistas, un feudalismo residual y un rechazo sistemático de la capacidad de la mujer y de su liderazgo.

MISIÓN EN ASIA

El contexto

El rostro de Asia

1. Asia es grande y joven. Ocupa el 30% de la superficie terrestre y alberga a tres cuartas partes de los 5.500 millones de la población del mundo. Más del 60% de los asiáticos son gente joven.

2. Asia es multi-religiosa. Es el lugar de las mayores religiones del mundo: Budismo, Hinduismo, Judaísmo, Cristianismo y el Islam. Se encuentran también en esta región el Taoísmo el Sijismo, el Sintoísmo, el Jainismo y numerosas religiones originales o tradicionales. El Cristianismo es una religión minoritaria en Asia. Los únicos países donde los cristianos constituyen mayoría son Filipinas y Timor Oriental. Los asiáticos son muy religiosos debido a la gran influencia de la religión sobre la cultura

3. Asia es multi-cultural. Abundan en Asia tradiciones culturales ricas y diversas. En cierta manera muchas sociedades asiáticas han estado influenciadas por las culturas occidentales debido a la colonización del pasado, al intercambio y al comercio. En el pasado más reciente, la llegada de la industrialización, la modernización, el turismo y los medios de comunicación social han fomentado los valores del materialismo, consumismo, secularismo, individualismo y hedonismo, en muchas comunidades de Asia, hasta el punto que han minado sus valores tradicionales religiosos y culturales. Asia es un lugar donde los valores culturales tradicionales y los valores modernos se encuentran en una tensión creativa y a veces destructiva.

MISION DE LA ORDEN EN LOS PAISES
DE LA ANTIGUA UNION SOVIETICA

Tras la desmembración de la Unión Soviética, la Orden se encuentra en situaciones muy diversas en Rusia, Ucrania, Bielorusia y en los tres países bálticos: Lituania, Letonia y Estonia. En todos estos países, excepto en uno (Lituania), los católicos romanos son minoría. Estamos presentes en estos países: 1) porque se necesita evangelizar a la mayoría de la población que no practica; 2) porque de acuerdo con la misión intelectual de la Orden, se necesita que se provean profesores para los seminarios y universidades, maestros y catequistas y que se establezcan centros superiores de educación, y también escritos y publicaciones; y 3) para poder vivir la compasión con los pobres y excluidos de la región.

La Orden tiene muchas oportunidades para poder ejercer su misión en estos países. Hay mucha gente sedienta de la palabra de Dios, hay mucha gente interesada en el diálogo inter-religioso, la investigación y el discurso filosófico y teológico. La Orden se encuentra con muchos retos.

Es importante, especialmente en Rusia, tener en cuenta la percepción que la Iglesia ortodoxa rusa tiene de nosotros. Un buen número de organizaciones cristianas occidentales, al intentar convertir a la gente que tradicional y canónicamente están bajo el cuidado de la Iglesia ortodoxa, han creado entidades eclesiales que consciente o inconscientemente compiten con los esfuerzos evangelizadores de la misma Iglesia ortodoxa. Dado que la Iglesia católica reconoce la responsabilidad apostólica de su hermana la Iglesia ortodoxa, pensamos que no se puede actuar como lo hacen estas organizaciones. En todo caso, aunque grupos de la Iglesia católica tengan la tentación de actuar de esta manera, nosotros, la Orden de Predicadores, nos negamos a actuar así. Nuestra predicación en Rusia debe orientarse hacia una misión radicalmente distinta, en armonía con el carisma de la Orden y acorde con las aspiraciones espirituales de los hombres y mujeres cuya cultura está conformada por la ortodoxia. Debemos evitar crear antagonismos contraproducentes por causa del proselitismo.

Por todas estas razones, debemos seguir reflexionando sobre la estrategia más coherente para la región y sobre cómo se puede estructurar la Orden en estos países.

LA MISIÓN INTELECTUAL DE LA ORDEN

Hace 490 años el entonces nuevo maestro de la Orden, Tomás de Vio Cayetano, escribió al capítulo de Roma (1508) diciendo que esperaba poder cumplir su nueva tarea con la ayuda fraterna de sus hermanos, a condición de que juntos se esforzaran por vivir la pobreza y el estudio: "praesertim paupertati ac litterarum studiis omnes simul insisterimus". Cinco años más tarde presentó al Capítulo de Génova (1513) su plan para reformar la Orden. Para Cayetano, la clave o la raíz de esta reforma era la vida comunitaria. Esta sustenta la misión de la Orden, en la que todos están llamados a participar según sus propias capacidades.

Los estudios, en toda su diversidad, reciben su orientación y finalidad de la misión de la Orden: la proclamación de la Verdad. Cayetano termina su carta con una constatación, algo lapidaria: que otros se vanaglorien de sus privilegios ö si no es la teología lo que a nosotros nos recomienda, entonces nuestra Orden no tendrá sentido: "Gaudeant alii ... suis prerogativis, nos nisi sacra doctrina commendet, de nostro ordine actum est". Dos años más tarde Tomás de Vio vuelve a insistir sobre los mismos aspectos de su programa reformador: la vida comunitaria en pobreza y el estudio: "nobis autem vix imminet, nisi studeamus, ut evangelizemus. Haec duo sunt, quibus servatis, Ordo noster facile reformabitur."

El austero programa de Cayetano no ha perdido actualidad y es más que una feliz coincidencia que la primera carta de fr. Timothy Radcliffe a toda la Orden, tras el capítulo de Caleruega, tratara sobre el estudio como elemento esencial para la renovación apostólica y comunitaria de nuestro tiempo. Su título era "El Manantial de la esperanza. Los estudios y la proclamación de la Buena Noticia".

Un gran número de provincias han tomado conciencia de que al menos un centro de formación intelectual dominicana, sea a nivel institucional, sea como centro de formación de adultos, o como lugar de especialización y de investigación, constituye un desafío y una responsabilidad que anima la vida comunitaria y crea un nuevo impulso apostólico en la provincia. La Orden está redescubriendo la importancia del estudio como fuente de esperanza y como elemento esencial de renovación.

La Misión Internet

La presencia de la Orden de Predicadores en el sistema mundial Internet es una respuesta pastoral a las necesidades y preguntas del mundo moderno. Internet es Îun nuevo paísâ por evangelizar, es un medio que amplía nuestra predicación y que puede servir de ayuda a otros ministerios ya existentes. La comisión de Internet establecida ya por el Maestro de la Orden necesita ser ampliada y apoyada. Necesitamos explorar y desarrollar formas nuevas de ministerio a través de Internet. El capítulo anima a la formación de foros y seminarios en Internet para extender e intensificar la investigación y los debates sobre los temas que nos preocupan.

 
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Capítulo General, 1998
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