C a p i t u l o   G e n e r a l  B o l o n i a   '9 8
Orden de Predicadores
 
 
CAPUT III
DE FORMATIONE ET DE VITA CONSECRATA
 
I - PROLOGO

 

1. Al terminar este siglo veinte, la Orden, como el resto de la Iglesia y la humanidad, está confrontada con los numerosos retos de un mundo cuya evolución vertiginosa afecta y cuestiona las ideas religiosas y tradicionales. Este Capítulo General, el último de este siglo, es consciente de todos estos retos, y desea alentar a los frailes y a todos los miembros de la Orden, especialmente a los más jóvenes, al esfuerzo sostenido que hemos de realizar para afrontar mejor estas nuevas y originales situaciones de nuestro mundo. Convencidos de que la formación es una de las tareas principales de la Orden y que de ella depende, en gran parte, la autenticidad de nuestra vocación y la calidad de nuestra vida comunitaria, queremos aquí subrayar la necesidad de una visión mas global e integral de la formación dominicana, la única que puede unificar y avivar nuestra preparación para la misión profética y doctrinal de la Orden.

2. "Instituyó Doce· para que estuvieran con él" (Mc 3:14). Durante tres años, Jesús enseñó y educó pacientemente a sus discípulos a través de la predicación del Reino con sus obras y su poder, y por el ejemplo de una vida totalmente consagrada al Padre. Prestó especial atención a su formación para la misión, tomándolos a parte (cf. Mc 4:10; 6:31; etc.), dándoles instrucciones particulares para la misión y la vida fraterna en comunidad (cf. Mc 18). La llamada que se nos hace hoy en la Familia Dominicana es, en primer lugar, una llamada a vivir con Cristo la condición de discípulo, en la lenta y progresiva maduración de la fe. El proceso de la formación dominicana integral, que comienza con los años de formación institucional y que prosigue con la formación permanente, hunde sus raíces y saca su dinamismo de esta paciente búsqueda de Dios.

3. ÎSi guardáis mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos: conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libresÎ (Jn 8, 31-32). La libertad interior , aquella que conduce a la Verdad total, supone comprometernos en un proceso voluntario de conversión del corazón, un proceso que comenzó con al profesión de los votos y el compromiso en el seno de la Orden. Como en capítulos generales precedentes, queremos reafirmar la importancia de la formación del corazón en la vida dominicana. La compasión y la misericordia, reflejo del Rostro de Dios, nuestro Señor, se acogen y se viven con un corazón vulnerable, con una afectividad humana que a menudo es frágil y está herida por limitaciones de todo tipo. El proyecto de una vida casta abre el corazón y todo el ser a nuevas dimensiones en la relación, llenas de humanidad y de Evangelio, tanto en la vida comunitaria como en el mundo exterior.

4. Es más oportuno que nunca recordar que la formación dominicana, sea intelectual, espiritual, o pastoral, pretende sobre todo hacer de nosotros verdaderos discípulos de Cristo, asiduos en la escucha de su Palabra, en la ardiente búsqueda de la Verdad de Dios, en la escucha de los gritos y gemidos de la humanidad que sufre. Nuestra tradición espiritual, la enseñanza y el ejemplo de los santos y santas de nuestra Orden, y la humilde experiencia de Dios que se manifiesta en la vida cotidiana de los hermanos y hermanas, constituyen un punto de apoyo y una fuerza estimulante para nuestro esfuerzo de conversión. Por otra parte, la fidelidad creadora a la tradición apostólica de la Orden puede contribuir enormemente a una renovación de las ciencias filosóficas y teológicas en la Iglesia. La contemplación, el estudio y el apostolado permanecen como los polos que dinamizan la vida dominicana.

5. En efecto, en los Evangelios, se nos dice que "Jesús envió a los doce de dos en dos" (Mc 6, 7) para anunciar la Buena Noticia a todas los lugares de Israel. Domingo se inspira sin duda en este gesto de Jesús cuando dispersó a sus hermanos a través de Europa para formarlos para la misión. Nuestra colaboración fraterna en la misión recibida de Cristo, siguiendo los pasos de Domingo, constituye un testimonio vivo y un signo claro de que el Reino de Dios está entre nosotros. En su evangelio, Lucas nos dice que el grupo apostólico, reunido en torno a Jesús para llevar con él el mensaje de la Buena Noticia, estaba compuesto por los Doce y por mujeres que compartían la vida y la misión de la comunidad. Lo mismo sucede en Jerusalén, en la primera comunidad cristiana compuesta por los apóstoles y por hombres y mujeres que anuncian, cada uno según su carisma, la Buena Noticia del Resucitado (cf. Hch. capítulos 1 a 5). Hoy más que nunca, sea tanto en la formación institucional como en la permanente, o en las diferentes tareas de la Predicación, la colaboración entre las diferentes ramas de la familia dominicana se impone cada vez más; una necesidad que permite encarnar y realizar mejor el carisma transmitido por Nuestro Padre Santo Domingo. Esta se presenta también para todos como un lugar de formación mutua para el diálogo verdadero, el compartir y la solidaridad, la práctica de la corrección y de la reconciliación fraterna.

6. La fraternidad apostólica es uno de los fuertes valores que estamos llamados a vivir y testimoniar en nuestras comunidades. La comunidad dominicana, estimulada por el modelo de la comunidad apostólica de Jerusalén e interpelada por la búsqueda a veces desesperada de vida comunitaria en nuestras sociedades, está llamada a redescubrir, en nuestro estilo democrático de gobierno y en el fin apostólico de la fraternidad vivida, los valores proféticos del dinamismo evangélico de las Bienaventuranzas. El Convento ö o el monasterio ö aparecerá entonces como la "Santa Predicación", como una casa de oración y predicación en la que se "habla de Dios o con Dios", donde hay una ayuda mutua en el compartir y en el ejemplo.

7. Finalmente, frente al individualismo creciente y a la soledad que caracterizan nuestras sociedades, las comunidades están llamadas a constituir un verdadero desafío para los jóvenes que buscan un ideal, a condición de llegar a ser verdaderos lugares de fraternidad y oración, caracterizados por la investigación y el culto de la Verdad, por la celebración gozosa de la Palabra, por el compartir solidario de los bienes, los proyectos, las responsabilidades, por un compromiso apostólico coordinado. Así podremos expresar, vivir y proponer, de diversas maneras, una nueva visión de la Orden para el tercer milenio.

 
Home | Capitulares | Discursos | Revista Diaria | Commentarios
 


 © 1998 Orden de Predicadores
Capítulo General, 1998
Site de Internet por Scott Steinkerchner OP
correo electrónico: steinkerchner@op.org