| C a p i t u l o G e n e r a l | B o l o n i a '9 8 |
| Orden de Predicadores |
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Prologo
La Familia Dominicana tiene sus raíces en la vocación y carisma de Domingo de Guzmán, predicador del Evangelio de Jesucristo. Este carisma ha sido vivido de distintos modos a lo largo de los siglos y se encarna en nuevas y antiguas formas en la vida de hombres y mujeres, jóvenes y adultos, que al escuchar la llamada del Espíritu se deciden a seguir bajo su inspiración la senda del predicador.
Del silencio de los monasterios al bullicio de una reunión juvenil, de la tranquilidad de la clase al estruendo de la fabrica, del dolor de los hospitales a la acción heroica de los misioneros, el carisma de Domingo de Guzmán ofrece unidad a la vida y misión de aquellos que han seguido sus pasos.
La experiencia positiva del trabajo conjunto en las áreas de formación, oración y ministerios en la Familia Dominicana y la necesidad de proclamar la Buena Noticia, nos animan a continuar promoviendo, en complementariedad y colaboración mutua, las diversas experiencias de la vocación dominicana realizando la misión en la Iglesia y el mundo, respetando las autonomías y características propias.
Si bien el Maestro de la Orden juega el mismo papel con todas las ramas al promover fidelidad al espíritu de Santo Domingo, hay que tener en cuenta que su relación con ellas es de orden y grado diferente. Así, goza de plena autoridad sobre los frailes, según las Constituciones; las monjas, que tienen Constituciones propias aprobadas por la Santa Sede le profesan obediencia ya que él es su propio e inmediato superior regular (cfr. LCM 238); respecto a las fraternidades laicales y sacerdotales tiene una relación particular y las congregaciones de hermanas y los institutos seculares son totalmente autónomas.
En el Simposio de la Familia Dominicana de 1983 en Bolonia las distintas ramas reconocieron como sucesor de Santo Domingo al Maestro de la Orden, quien es el principio y signo de unidad de la Familia Dominicana. Como tal, él es quién concede la agregación a la Orden ya sea directamente o a través de una entidad.
A las puertas del Jubileo del año 2000, y siguiendo la propuesta del Capitulo General de Caleruega, 1995, sentimos la necesidad de centrar nuestros esfuerzos en estos próximos años en las Asambleas nacionales y regionales y la Asamblea del año 2000 de la Familia Dominicana, que siguiendo las huellas del Simposio de Bolonia, invitarán a representantes de las distintas ramas para seguir celebrando y reflexionando juntos desde nuestra vocación dominicana y sobre la colaboración en aras de nuestra misión común.
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Capítulo General, 1998 Site de Internet por Scott Steinkerchner OP correo electrónico: steinkerchner@op.org |