Cardenal Daniel Sturla destacó aporte de la Orden a la Iglesia y a la sociedad Uruguaya

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Instó a la Familia Dominicana a ser fieles en la verdad e iluminar al mundo porque "necesita de Cristo"
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Cardenal Daniel Sturla
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La Familia Dominicana en Uruguay cerró ayer los festejos jubilares por los 800 años de la Confirmación de la Orden de Predicadores por el Papa Honorio III, con una concurrida Eucaristía presidida por el Cardenal Daniel Sturla, Arzobispo de Montevideo, y concelebrada por obispos, sacerdotes, religiosos y diáconos.

El Cardenal agradeció el aporte de la Orden a la Iglesia, al tiempo que instó a sus integrantes a “jugarse por esa fe en la que creemos y que, indisolublemente, lleva al compromiso con el prójimo y la sociedad”.

En una colmada Catedral de Montevideo, que acogió a frailes, hermanas, laicos, alumnos de colegios y a amigos de la Orden, se disfrutó de una Celebración Eucarística en la que no faltaron los detalles y momentos especiales, como cada intervención del coro del  Colegio Santo Domingo, o la entonación por parte de un grupo de niños del referido Colegio del Himno “Honneur a toi Saint Dominique” en un perfecto francés, o cuando un miembro de cada comunidad dominica se acercó a una gran esfera confeccionada en hierro, que simulaba el mundo, para tomar el “fuego de Santo Domingo” que se “enciende” una vez más por cada miembro de la Orden.

Esta Misa fue el corolario de una intensa semana de festejos que comenzaron el 8 de Agosto, en la Fiesta del fundador de la Orden, y que constó en Celebraciones Eucarísticas, algunas conferencias y la peregrinación de 1800 alumnos de instituciones educativas dominicas al Santuario Nacional del Sagrado Corazón (Cerrito de la Victoria). Como un anticipo de la “Semana de Santo Domingo”, el sábado 6 algunos laicos dominicos renovaron sus promesas.

La celebración en la Catedral Metropolitana fue concelebrada por el Obispo de Minas, Mons. Jaime Fuentes, el Obispo Emérito de Melo, Mons. Luis Del Castillo, el Obispo Auxiliar de Montevideo, Mons. Milton Tróccoli, el Secretario de la Nunciatura, Mons. Rodrigo Bilbao, frailes dominicos, religiosos de otra congregaciones y sacerdotes del clero secular. El Presidente de la Conferencia Episcopal Uruguaya, Mons. Carlos Collazzi, quien no pudo concurrir a la Celebración, envió una carta felicitando a la Familia Dominicana y recordando que la ciudad más antigua de Uruguay es la que lleva el nombre del fundador de la Orden “Santo Domingo” de Villa Soriano. También saludaron vía carta el Obispo de Maldonado, Mons. Rodolfo Wirz, y el Emérito de Florida, Mons. Raúl Scarrone.

130 SANTOS Y 4 PAPAS

En su Homilía, el Cardenal demostró su gran conocimiento de la Orden y comenzó aludiendo a aquellas figuras dominicas que dijo “querer”.

En primer lugar aludió a Fray Antón de Montesinos, integrante de la primera comunidad dominica que llegó a tierras americanas al inicio de la conquista quien, ante el maltrato conferido por los españoles a los indígenas, les dedicó un sermón en una Misa en el que les exigió un cambio de actitud y les advirtió que lo que hacían era un pecado mortal. Cuando el hijo de Colón, Don Diego, fue a reclamar al superior de la Comunidad dominica, Fr. Pedro de Córdoba, por la actitud de su hermano, el fraile le aseguró que lo expresado reflejaba la opinión de toda la comunidad y que no habría retractación alguna. El Cardenal destacó que esta defensa de los derechos humanos por parte de los  frailes tendría “consecuencias impresionantes”, que derivaron en el  nacimiento del derecho internacional en la Universidad de Salamanca, por obra de otro dominico, Fr. Francisco de Vitoria, quien proclamó el derecho a la libertad y la dignidad de cada persona 250 años antes de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. “¡Lo que una comunidad religiosa es capaz de hacer cuando busca ante todo la gloria de Dios y la salvación de los hermanos!”, destacó el Arzobispo de Montevideo. Sturla afirmó que estas acciones son muestras de una Orden “solidaria y que es capaz de defender frente a los poderosos la verdad, basada en el Evangelio, la libertad y la dignidad de cada persona”.

El Cardenal repasó el gran aporte de la Orden de Predicadores en sus 800 años de existencia en materia de formación en la fe, a través de sus universidades, en la gestación de los derechos Humanos, en las grandes lecturas de la Teología,  por su compromiso con el arte, la ciencia, la geografía, con sus 130 santos y 4 Papas. No faltó una broma al religioso jesuita que acompañaba a los frailes en la celebración, Marcelo Coppetti, al decirle que tan solo tienen un Papa, lo que generó la risa espontánea de los asistentes.

Al mencionar a los santos dominicos, comenzó por el fundador de la Orden. “Santo Domingo ¡me dice tanto! -dijo el Arzobispo- por su amor a la verdad, por la conversión pastoral que vivió siendo un católico cercano al obispo para transformarse en un fraile y andar descalzo, dándose cuenta que de ese modo la predicación de la verdad debía ir unida al testimonio de la vida y por eso recibe de la Virgen el Rosario”.

El Cardenal hizo referencia, asimismo, a Santo Tomás de Aquino, un “enamorado de Cristo”, el “buen mudo” que “ha hecho hablar tanto y a tantos” que “supo unir la filosofía aristotélica con el pensamiento cristiano, respetando a San Agustín y tomando de él tantas cosas”, al mismo tiempo que aportó soluciones “nuevas” y  posibilitó abrir en occidente el camino de la fe y de la razón, favoreciendo en las universidades “un crecimiento tal del conocimiento que lleva después a toda la revolución científica que se fue dando”.

También tuvo palabras para Santa Catalina de Siena, destacando su fidelidad a la verdad, y para Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres, “fray escoba” que “con pobreza y humildad supo testimoniar el evangelio”.

“Me encanta”, confesó el Cardenal al aludir al Beato Pier Giorgio Frassati, laico dominico que pese a nacer en una familia acomodada se dedicó a asistir a los necesitados del Turín del siglo XXI hasta los últimos momentos de su corta vida así como a defender la fe “hasta con sus propios puños”.

Sturla llamó a “toda la familia espiritual” de Santo Domingo a ser fieles de la predicación de la verdad “aunque suponga afrontar, con el evangelio de la verdad y la vida, a aquellos que viven en las tinieblas”. Asimismo, instó a “seguir iluminando al mundo entero porque necesita de Cristo”.

A lo largo de su prédica, el Arzobispo subrayó una y otra vez la contribución de los dominicos a la Iglesia y la sociedad así como su agradecimiento. “¡Cuántos dones ha dado Dios a esta familia espiritual y cómo esta familia le ha sabido responder!”, enfatizó.

Al finalizar su homilía, el Cardenal citó algunos tramos del mensaje dirigido por el Papa Francisco, el 4 de agosto, a los frailes que participaron del reciente Capítulo General:

“Mirando a nuestro alrededor, comprobamos que el hombre y la mujer de hoy, están sedientos de Dios. Ellos son la carne viva de Cristo, que grita «tengo sed» de una palabra auténtica y liberadora, de un gesto fraterno y de ternura. Este grito nos interpela y debe ser el que vertebre la misión y dé vida a las estructuras y programas pastorales. Piensen en esto cuando reflexionen sobre la necesidad de ajustar el organigrama de la Orden, para discernir sobre la respuesta que se da a este grito de Dios. Cuanto más se salga a saciar la sed del prójimo, tanto más seremos predicadores de verdad, de esa verdad anunciada por amor y misericordia, de la que habla santa Catalina de Siena (cf. Libro della Divina Dottrina, 35). En el encuentro con la carne viva de Cristo somos evangelizados y recobramos la pasión para ser predicadores y testigos de su amor; y nos libramos de la peligrosa tentación, tan actual hoy día, del nosticismo.

Queridos hermanos y hermanas, con un corazón agradecido por los bienes recibidos del Señor para vuestro Orden y para la Iglesia, los animo a seguir con alegría el carisma inspirado a santo Domingo y que ha sido vivido con diversos matices por tantos santos y santas de la familia dominica. Su ejemplo es impulso para afrontar el futuro con esperanza, sabiendo que Dios siempre renueva todo… y no defrauda. Que Nuestra Madre, la Virgen del Rosario, interceda por ustedes y los proteja, para que sean predicadores y testigos valientes del amor de Dios. Gracias!”

 

(16 de agosto de 2016)