Carisma Dominicano

Cuerpo: 

En cada ser humano hay un hambre de verdad y de bondad, que consiste esencialmente en nuestro fundamental deseo de Dios: Verdad y Bien.

La misión de la Orden Dominicana es compartir con los otros la verdad acerca del Dios que contemplamos en nuestros corazones.

Juntos con todos los pueblos de buena voluntad y en diálogo con ellos, buscamos a Dios allí donde la verdad se pueda encontrar.

Nos encontramos con esta verdad a través de la bondad de la Creación, obra de Dios, por su Presencia en la historia humana, y sobre todo por su Venida en forma humana en Jesucristo.

Al igual que Santo Domingo, creemos que Jesucristo es la verdad que nos hace libres y el camino por el cual todo el mundo puede recibir la bendición de la amistad con Dios y la vida eterna.

Fue a causa de la misericordia y del amor por sus semejantes, hombres y mujeres que Domingo fundó hace casi ya 800 años la Orden de Predicadores en la Iglesia católica, de modo que la verdad salvadora del Evangelio pudiese ser mejor y más ampliamente conocida.

Domingo fue un sacerdote, integrante de los Canónigos de San Agustín en la catedral de Osma en España.

Mientras viajaba por el sur de Francia con su obispo, en una misión diplomática de su rey, se encontraron con personas que creían que el mundo físico era malo y creación de un dios malvado.

Domingo fue testigo de primera mano del daño que la ignorancia de la verdad sobre Dios y su creación podría hacer a la gente, y así se dio cuenta de la necesidad de una buena predicación de la fe católica y, finalmente, de la existencia de una Orden de Predicadores en todo el mundo.

Los hermanos y hermanas de Domingo en la Orden están llamados a seguir sus pasos imitando su misericordia y la predicación del Evangelio de Jesucristo en toda clase de formas  diferentes que respondan a las necesidades de los tiempos.

Porque la verdad de la fe cristiana se nos transmite  a través las Escrituras y la Tradición de la Iglesia, el estudio ha sido siempre parte de nuestro llamado, junto con la vida común y la oración litúrgica que Domingo conocía de antes de fundar la Orden.

Al vivir una vida común de oración y estudio, nuestra fe se alimenta y nos anima a comunicar lo que hemos contemplado a los demás, y a animarles a contemplar con nosotros el misterio de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.