Carta a los frailes de la Orden de Predicadores: Del « Propositum » de la Orden al Proyecto conventual de vida apostólica

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Dominican friars with the Master of the Order
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« El proyecto (propositum) de la Orden se expresa en estos términos en una bula del papa Honorio III a Domingo…» (LCO 1, § I). Prot. 50/15/679 Letters_to_the_Order

Muy queridos hermanos,

Es precisamente en la perspectiva de este “Propositum” que escribo esta carta consagrada al “proyecto comunitario”, en respuesta, a su vez, a la solicitud del capítulo general de Trogir (ACG Trogir 2013, 69). Intento resaltar cómo el trabajo de elaboración que cada convento hace de su « programa o proyecto de vida apostólica” (LCO 331, § II) abre en efecto un camino mediante el cual cada uno de los frailes y cada comunidad se encuentran  comprometidos en el incesante proceso de “confirmación” de la Orden por el despliegue de su “Propositum”  fundamental (LCO 1, § I; § VIII).

Al afirmar que: “La misión de la Orden y la forma de su comunión fraterna determinan su configuración como sociedad religiosa” (LCO 1, § VI), la Constitución fundamental establece claramente el lazo entre misión y comunidad que define nuestra Orden. Haciendo esto ella designa una de las tareas esenciales del capítulo conventual: examinar al mismo tiempo la fidelidad de los frailes a la misión apostólica y a la vida regular (LCO 7 § 7). De esta manera, una reflexión sobre el proyecto conventual de vida apostólica es también una invitación a considerar la responsabilidad del capítulo en la dinámica de la “santa predicación”.

Proyecto apostólico conventual y Propositum de la Orden

En el capítulo general de Oakland se introduce la expresión de “proyecto comunitario” y, después, los capítulos de la Orden se han pronunciado varias veces sobre este tema”[i].

Podemos notar indudablemente que el capítulo buscaba afrontar las dificultades manifestadas en diversos ámbitos, con el fin de evitar que la vida de una comunidad se redujera a una yuxtaposición de actividades individuales desligadas de la comunidad (cf. ACG Oakland, 1989, 38). Se cuestiona así el riesgo de un “individualismo excesivo” en las comunidades (a este propósito es útil subrayar, por otra parte, que esta tendencia no esperaba la llegada de “nuevas generaciones”, incluso si podemos reconocer en ellas una forma específica de lo individual con relación al grupo, como también de un proceso específico de reconocimiento e identificación de experiencias personales al interior de una historia colectiva). Sin embargo, más allá de este motivo, al hablar de proyecto comunitario quería promover el trabajo apostólico en común (ACG Caleruega 1995, 44). Es por ello que el capítulo de Bogotá afirma que el proyecto comunitario es un instrumento para hacer de la tensión entre vida fraterna y misión algo positivo (México 39, Caleruega 44; Bolonia 127-132), a fin que sea la comunidad entera la que predique y dé testimonio (LCO 311§ II): Este proyecto “es un instrumento para fortalecer las relaciones entre nosotros, reafirmar la comunicación sincera y el compromiso de todos en la misión (ACG Bogotá 2007, 164). Es así como las comunidades conventuales se convierten en « casas de predicación” (ACG Cracovia 2004, 219-226). El llamado a elaborar el proyecto apostólico de una comunidad es una invitación a implementar la modalidad capitular de la comunión fraterna y a encontrar en ella una de las fuentes esenciales de la misión de predicación.

 


[i] - Recordemos cómo fue descrito por primera vez este Proyecto Comunitario (ACG Oakland, 1989, en el capítulo II consagrado a la vida común): 38 [Ordenación] Para adaptar la vida común como signo que sirva y enriquezca nuestra misión, ordenamos a cada comunidad que, con la colaboración de todos los hermanos, elabore la planificación de la vida de apostolado. El propósito de esta propuesta es que las actividades - máxime personales -, que se juzguen no aceptables por la comunidad, se supriman de esta planificación común. Revísese esta planificación periódicamente (LCO 6). Dicha planificación, entre otras cosas, debe comprender lo siguiente:

- el propósito de misión de la comunidad
- la planificación y evaluación de las obras
- el tiempo y ritmo de oración
- el tiempo y el método de los encuentros
- los lugares y los tiempos de silencio
- el tiempo de descanso y de vacaciones de los hermanos
- las cuestiones económicas
La planificación de la comunidad debe ser: realista, integra, factible, honorable y estable
… Seis años más tarde, el capítulo general hará una propuesta de “método” para elaborar dicho proyecto:
La mayoría de las sugerencias que presentamos giran alrededor de la noción de proyecto comunitario. Proponemos que para ponerlo en práctica se instituyan unas jornadas comunitarias anuales en las cuales se lleve a cabo:
(1)           una evaluación del trabajo apostólico, del ministerio o de la actividad profesional de cada hermano, y de la irradiación apostólica de la Comunidad como tal;
(2)           una estimación del trabajo previsto por cada hermano para el año siguiente, dado que a priori todo compromiso lleva consigo un tiempo de mandato preciso que evita la instalación en un ministerio particular;
(3)           la elaboración del presupuesto necesario para el año siguiente (tanto individual como comunitario, (cf. 38.1, (2)).

Estas jornadas comunitarias podrían ser un lugar privilegiado para animar o suscitar el trabajo en equipo. Por ejemplo, podrían ser el lugar de decisión y de seguimiento de un proyecto llevado a cabo por varios hermanos, eventualmente relacionado con otros miembros de la Familia Dominicana. En este sentido, nos hemos preguntado si este modo de funcionamiento no requeriría un número máximo y mínimo de hermanos. (ACG Caleruega 1995, 44).

…El capítulo de Bogotá propuso la siguiente síntesis: “En numerosas ocasiones nos preguntamos: “¿cómo mantener la tensión entre vida fraterna y misión?”. Un instrumento para hacer de esta tensión algo positivo es el proyecto comunitario (cf. ACG 1992 México, 39; ACG 1995 Caleruega, 44; ACG 1998 Bolonia, 127-132; ACG 2001 Providence, 272-275). Un proyecto de todos, para que sea la comunidad quien predique y dé testimonio (cf. LCO 311). Este proyecto, más que una programación de horarios y tareas, es un medio que potencia nuestras relaciones, la comunicación sincera y el compromiso de todos en la misión. Sigue siendo muy necesario que cada comunidad elabore y evalúe anualmente su proyecto comunitario, como cauce necesario para mejorar la vida común. Además de incluir el trabajo pastoral, la liturgia comunitaria y la organización económica, debe recoger los objetivos y medios que la comunidad se propone a sí misma para ser lugar de aprendizaje, encuentro, celebración y casa de predicación (cf. ACG 2004 Cracovia, 219-226). También el proyecto comunitario debe integrar las prioridades del proyecto provincial y de la Orden. Las visitas canónicas son la ocasión adecuada para la revisión de la comunidad según este proyecto que ella misma ha elaborado (cf. México 40)” (ACG Bogotá, 2007, 164).

…También podemos leer en las Actas del capítulo de Providence (ACG Providence 2001, 272-273): “La cuestión que nos preocupa no es "proyecto comunitario sí o proyecto comunitario no". La cuestión es si queremos vivir una vida comunitaria fraterna, que se ha de notar en la misión y en la aplicación de todos los elementos vitales dominicanos, o si queremos vivir una vida individualizada” (273, 2) y más adelante: “En la línea de nuestra tradición democrática más genuina, nuestras constituciones nos dotan de los medios adecuados para nuestro gran objetivo: la vida fraterna en todas sus dimensiones” (273, 3).