Celebrar un Capitulo General

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Capitulo General crónica n°5 - Día 11 – 25/07
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Caro lector,

 

puede que te hayas preguntado si hay alguna semejanza entre el Día Mundial de la Juventud de Cracovia 2016 y el Capítulo General de los Dominicos de Bolonia 2016. Ciertamente, una de ellas es el desafío der traducir tantas lenguas. En el caso de la documentación, eso se hace fácilmente gracias a la colaboración de nuestros incansables y competentes traductores, cuyo trabajo habréis visto si habéis visitado nuestra web o, en el caso del DMJ, la de los Frailes Predicadores polacos.

Pero, ¿y la liturgia?

Durante el Capítulo, la liturgia se celebra en 3 lenguas sucesivamente. Un día es en inglés, al siguiente en francés y finalmente n español, antes de que el ciclo vuelva a comenzar otra vez. Hasta aquí, todo bien. Sin embargo, no todo el mundo conoce las tres lenguas, así que se fían de la inspiración del Espíritu Santo para seguir las oraciones comunes. De hecho, esta gracia especial les fue concedida a Pedro y a los Apóstoles en Pentecostés, para que pudiesen hablar y ser comprendidos por gentes de todas las naciones. El mismo don lo recibió Domingo, que en una ocasión predicó en alemán.

Nuestro Capítulo General tiene el don de Fr. Max Cappabianca.

Fr. Max tiene una lengua alemana, un nombre italiano y una barba española. Además, habla y canta en muchas lenguas, antiguas y modernas. Trabaja día y noche para escribir, imprimir y distribuir libros y folletos en las tres lenguas oficiales de la Orden, para que los 114 participantes del Capítulo puedan disfrutar de un pequeño Pentecostés.

La liturgia no consiste solo en palabras, sino en gestos. Pero a este respecto hay todavía más tradiciones y costumbres entre los frailes que lenguas; tantas como provincias dominicanas. Pero no hay que preocuparse: Fr. Daniele Drago guía a cada Padre capitular por cada paso de la liturgia.

Fr. Daniele  tiene sangre italiana, savoir faire francés y minuciosidad británica. Dirige a sus acólitos con un simple guiño o un movimiento de ceja para que cumplan como un reloj, con lo que cada celebración se desarrolla suave, solemne y dignamente. El único que a veces se despista es el diácono que –al ser también el cronista de ustedes– tiene que concentrarse en la misa y no distraerse pensando en su próxima crónica.

Hay un tercer ingrediente que hay que añadir a la liturgia. El arte sacro que conforma el ambiente en que se congregan los fieles, que integra las palabras y las acciones litúrgicas en una única experiencia divina que deleita todos los sentidos. Para este propósito, la basílica de Santo Domingo proporciona un marco de gran belleza: el maravilloso coro de madera taraceado por Fr. Damiano en el siglo XVI. Cada sitial del coro retrata una escena del Antiguo o el Nuevo Testamento, de manera que uno puede elegir su sitio según su libro favorito de la Biblia.

Dar una descripción más detallada ensombrecería el placer de descubrirlo por uno mismo. Así que ven a Bolonia en cuanto acabe el Capítulo y visita el hogar de Santo Domingo. 

 

El Cronista