Es el nuestro, por gracia de Dios e intercesión y visitación de la Virgen María, un monasterio verdaderamente eclesial, no solo por estar construido en medio de la ciudad, por haberse inspirado los fundadores de varias congregaciones en nuestra Iglesia, en tiempos de la Independencia; y también por la concurrencia a las celebraciones y por solicitar nuestras oraciones y ayuda, por parte de miembros de todas las congregaciones y órdenes religiosas; por eso quisimos en este jubileo, resaltar la figura y espiritualidad de Nuestro Padre “in medio eclessia” “semtire cum eclessia” no solo gráficamente (en los carteles de la fachada por ejemplo) sino por los temas de las conferencias.
Verdaderamente, como una de las monjas nos escribió: “No tengo palabras para agradecerles los días de cielo pasados junto a ustedes. Cada vez que los recuerdo me emociono hasta las lágrimas.¡Cuanta gracia, cuanta gloria, cuanta belleza, cuanta misericordia de Dios, cuánta fraternidad! ( …) Allí se palpa el misterio de la Comunión de los santos: la Iglesia del Cielo, la Iglesia de la Tierra y el Purgatorio y se entra en contacto con las raíces de nuestra Iglesia Católica en la Argentina y con las raíces de nuestra nacionalidad”.
Nuestro corazón rebosa de alegría y cantamos con la Virgen: ¡Magnificat!. Así lo vivimos. También mucha gente que se acercó después de la Misa de apertura, nos manifestó algo similar a las palabras que hemos trascripto. Sí, nos damos cuenta de la resonancia que tiene, de lo que significa en este momento de la historia civil y eclesial que vivimos y que tanta gente padece. Una manifestación tan profunda de fe y de fidelidad de Dios, que durante 400 años ha mantenido esta casa de oración, es digno de celebrarse durante más de un año. Gracias. Gracias por la presencia de los que han venido, por todas las comunidades que nos han acompañado y sobre todo, por las oraciones.
Hemos recibido los siguientes mails de hermanos de la Orden: del Obispo de Concepción Fray Armando J. M. Rossi, O.P., del Padre Asistente de la Federación Fray Antonio García Lozano, de las monjas reunidas en la IX Asamblea Federal, del Fray Rafael Colomé, en su nombre y de los hermanos del Vicariato, de Fray Juan Pedro Gómez y de fray José María Cabrera.
Días previos a la Misa, llegaron las hermanas procedentes de los distintos monasterios: sor María de la Cruz para investigar en nuestro archivo, en el cual encontró mucha documentación de la época de la fundación de su monasterio, quien nos expresaba así su gratitud: “Ante todo, gracias, muchísimas gracias por haber permitido que compartiéramos esta hermosa fiesta con ustedes y haber participado en la hermosa celebración del inicio del jubileo. Lo considero una gracia especial y un privilegio el haber vivido todo esto en estos días. Pero también quiero agradecer de forma especial el haber podido trabajar en el archivo del monasterio “madre” de mi comunidad de Buenos Aires. He encontrado muchas cosas que completan nuestro archivo. Datos de las fundadoras, libros litúrgicos, documentos de profesiones, necrologías y un etcétera largo ( …)Todo el material que me llevo en fotografías quedará guardado en nuestro archivo. Como la reseña fotográfica de este inicio de jubileo. Dios me conceda la gracia de poder venir el año que viene para la clausura, ¡Dios lo quiera!... entre tanto seguiremos unidas en la oración y en la fraternidad de un amor que cada vez es mayor entre nosotras. Un abrazo.” ; las hermanas de San Alberto: sor Juana y sor Erika; sor Mónica de Mendoza; sor María Rosa, sor Martha y sor María Dolores de San Justo; sor Carmen de San José de Concepción; sor Graciela y sor Teresita de Catamarca; sor Yanet de Linares y sor Ximena de Copiapó. Sor María de la Cruz, en sus investigaciones, encontró una carta manuscrita del Maestro Beato Jacinto Cormier, saludando y bendiciendo a la comunidad, con motivo de la celebración de los 300 años de fundación.
Los obispos (cinco en total) y los sacerdotes, llegaron alrededor de las 18,30 y los hicimos pasar a la sala contigua a la puerta reglar. Los obispos que nos acompañaron fueron: Mons. Carlos José Ñañez,arzobispo de Córdoba, Mons. Santiago Olivera (Cruz del Eje) Mons. Carlos Franzini (Rafaela) Mons. Gustavo Zurbriggen (Deán Funes); el obispo exarca apostólico para los greco-melquitas de la Argentina, Monseñor Abdo Arbach, el Padre Provincial Fray Pablo Sicouly, el Padre Prior Fray Carlos Azpiroz Costa, Fray Miguel Guevara, Fray Sebastián Maza, Fray Lisandro, el Padre Fósbery, dos sacerdotes de Fasta, todos los vicarios de nuestro Arzobispo, queremos mencionar especialmente al Pbro. Mario Sánchez, vicario episcopal de liturgia, que nos ayudó en los detalles previos y en la celebración; nuestros capellanes, muchos sacerdotes del clero y religiosos: claretianos, rogacionistas, dos frailes carmelitas, un sacerdote del Instituto Cristo Rey de Roldán (Provincia de Santa Fe); el Vicario General de la Diócesis de Cruz del Eje; un sacerdote de la Prelatura de Deán Funes; todos los seminaristas con su Rector y varios profesores del Seminario y del Instituto Teológico. En la sala de la portería habíamos colocado un perchero, con las 12 casullas iguales hechas por nosotras –blancas y con la cruz de la Orden- y varias albas con los cíngulos. La hermosísima casulla que nos regalaron nuestras hermanas de Concepción, la bendijo en ese momento el Padre Provincial y la estrenó. También invitamos a las monjas carmelitas, vinieron 5, pues doña Leonor de Tejeda integró el grupo fundador de ellas y fue su primera priora, 15 años después que nosotras. Salimos de la puerta reglar en procesión: la cruz procesional, el incienso, los cirios, el Evangeliario, nosotras, los seminaristas, los sacerdotes y los obispos, al final, Mons. Ñañez. Cuando las 2 hermanas dominicas de San José terminaron de leer la monición de entrada, ingresamos a la Iglesia desde la puerta lateral, mientras el Coro juvenil mixto de la Municipalidad dirigido por el Director Gustavo Báez cantaba el salmo 41: “Como suspira la sierva por las corrientes de agua, así mi alma suspira por ti, mi Dios…”. Tuvimos que contratar la colocación de un panel grande para que la gente pudiera participar de la Misa desde la peatonal, pues había tanta, que mucha no pudo ingresar. Impresionante fue la procesión de entrada, la gente nos miraba muy emocionada y en todo momento se mantuvo el silencio, el clima de oración; y sin dejar de ser ágil toda la ceremonia, que duró una hora y media, fue vivida con mucha unción por todos. Asistieron 200 militares y 50 de la Aviación, la Vicegobernadora y el Viceintendente. Toda la celebración fue filmada por 2 cámaras y tomaron muchas fotografías. La monición de entrada, redactada por nosotras, decía así:
“Con esta Eucaristía, iniciamos el año jubilar en memoria de los 400 años de la fundación de este monasterio “Santa Catalina de Siena”, el primero de nuestra patria. El 2 de julio de 1613 doña Leonor de Tejeda y Mirabal, materializó en estas tierras el sueño de perpetuar la espiritualidad y el camino de la vida virtuosa de las jóvenes de Córdoba, transformando su casa en un monasterio de clausura. Han pasado 4 siglos desde que la comunidad de monjas, con todas sus generaciones, han sabido mantener y respetar el mismo carisma que de su fundador, Santo Domingo de Guzmán, intuyó para sus monjas, impulsado por el verdadero amor a la Verdad y por una caridad solícita hacia los hombres.
Un carisma que consiste en la búsqueda de Dios en el silencio, por medio de fervientes plegarias para hablar con El de la humanidad y para poder transmitir el clamor de tantos millones de personas que no saben o no pueden orar, como así también, escuchar las palabras divinas, ya que han sido llamadas por Dios para permanecer a los pies de Jesús, al igual que María.
Hoy nos reunimos para dar comienzo al jubileo, en una fecha especial para el calendario litúrgico del Monasterio. Hoy la iglesia celebra el misterio de la visita que la Virgen María hizo a Santa Isabel. Durante el jubileo, la comunidad ha decidido mostrar diferentes aspectos de sus vidas y la historia, para lo que se ha previsto un ciclo de conferencias y conciertos a realizarse según programa.
Como iglesia que peregrina en Córdoba, la primera diócesis del país, sabemos que la presencia evangelizadora de la vida contemplativa de nuestras hermanas y de toda vida entregada a Dios, es un misterio de fecundidad que solo se explica a través del prisma de la fe. De aquí se fundó el primer Carmelo del país en 1628 y partió el grupo fundador del Monasterio Santa Catalina de Siena de Buenos Aires, en 1745.
Por eso en este inicio del Jubileo, damos gracias al Señor y a su Madre, que han sostenido el proyecto fundacional de doña Leonor de Tejeda y de todos los que la secundaron; a Santa Catalina, que con su espiritualidad, nutrió la vida orante de la comunidad, desde sus inicios. Damos gracias a todas las monjas que han santificado estos claustros. Y a todos los que nos acompañan en esta celebración.
Agradeciendo a Dios porque sus obras son admirables y suplicándole que siga enviando orantes a la iglesia que peregrina en nuestra patria, nos ponemos de pie mientras el coro entona el canto de entrada”.
La lectura la hizo un seminarista, el salmo lo cantó sor María Dolores y tocó el armonio sor María de la Cruz. El Evangelio lo leyó el diácono permanente Gino Spada, que fue ordenado apenas unas semanas atrás en nuestra iglesia. La procesión de ofrendas se hizo desde la puerta de la Iglesia. Las moniciones de la procesión de ofrendas fueron éstas, también redactadas por nosotras:
Ofrenda de flores: “queremos destacar hoy el papel central que para la iglesia y para la sociedad, tiene la familia fundada en el matrimonio. La familia es una institución insustituible según los planes de Dios, cuyo valor fundamental no cesa de estar vigente, a pesar de las múltiples insidias que minan su estabilidad y los variados ataques de que es víctima. La familia es una comunidad de gracia y de oración, escuela de virtudes humanas y cristianas y lugar del primer anuncio de la fe a los hijos. La fe cristiana es ante todo, un encuentro de amor con la persona concreta de Jesucristo. Un encuentro íntimo con todas sus consecuencias. Esta infinita locura de amor ocurrió en una familia: Dios es Trinidad, Dios es Amor y nos ama. Ama a cada una de nuestras familias, a cada uno de nosotros, con un amor apasionado que perdona, que hace revivir. Este amor de Dios es fuente de nuestra alegría y nuestra paz, porque nosotras también somos en la comunidad, en esta concreta comunidad de monjas, una familia, la familia que Dios se eligió para habitar aquí, entre nosotras. Dios mismo se preparó una familia para entrar al mundo: la Sagrada Familia, constituida por San José, la Virgen María, para que pudiera nacer y crecer el pequeño Jesús. Por eso, haciéndonos eco del amor de Dios que Jesucristo ha elevado a SACRAMENTO el amor esponsal, hoy presentará una ofrenda de flores, la familia de una monja de nuestra comunidad”.
(Sorteamos y le tocó a sor Liliana, así que la llevaron Nelly con su esposo Nino, sus hijos José y Emmanuel).
Ofrenda de incienso: el incienso, desde antiguo, era parte de la composición aromática sagrada, destinada únicamente a Dios, por ello se transforma en símbolo de adoración y subraya el carácter solemne de una celebración. Con el incienso, los Magos de oriente adoraron al Niño Dios. La ofrenda del incienso y la oración simbolizan el sacrificio de alabanza presentados a Dios. El incienso envuelve todo en una atmósfera sagrada de oración, que, como una nube perfumada, se eleva a Dios. Así, se elevan las oraciones de todas las monjas.
Presentó esta ofrenda sor María Belén, de nuestra comunidad, en representación de todas las comunidades orantes.
Ofrenda de vino: Jesús en las bodas de Caná, a pedido de su Madre la Virgen, hizo el primer milagro de cambiar el agua en vino. En la Misa, por las palabras del sacerdote, el Espíritu transforma el vino en la Sangre del Señor. Es el vino de la fiesta del amor eterno, que se anticipa en la vida de toda monja, entregada por amor.
Llevó la ofrenda una monja del monasterio “San José” de carmelitas de nuestra ciudad.
Ofrenda del pan: la Virgen María dio su carne para que el Verbo tuviera un cuerpo humano, para que se hiciera uno de nosotros. Con la humildad de sabernos simples granos de trigo, parte de este pan que presentamos, custodiamos la firme certeza de que el amor de Dios, encarnado en Jesucristo, se quedó con nosotros para alimentarnos. Llevó la ofrenda sor María Rosa (de San Justo).
Como la Misa fue transmitida por Radio María Argentina, y por Canal 10, el locutor leyó la siguiente comunión espiritual: “si no puedes recibir el Cuerpo Sacramentado de Jesús, te invitamos a que reces junto a nosotros, esta oración: Señor Jesús, ya que hoy no puedo recibirte sacramentalmente, te ruego que vengas a mí de manera espiritual. Prepara mi vida y mi corazón para que pronto pueda recibirte en tu Cuerpo y en tu Sangre. Amén”.
El coro mixto de jóvenes de la Municipalidad, se lució con un variado y excelente repertorio de cantos de la Misa. Antes de finalizar, las autoridades presentes firmaron el libro de oro del Monasterio: Monseñor Carlos Ñañez, la Madre Priora, el Padre Provincial, la Vicegobernadora, el Viceintendente y autoridades militares. Después, Monseñor impartió la Bendición Papal, y con él, todos los concelebrantes pasaron a saludar a las monjas y a cenar.
No queremos dejar de mencionar aquí y agradecer nuevamente los hermosos regalos que nos obsequiaron, demostrando así el cariño y la cercanía hasta en los más pequeños detalles.
El sábado anterior al domingo de Corpus Christi, hasta nuestra iglesia se hizo la procesión después de la Misa en la Catedral, a pedido del Señor Arzobispo. Arreglamos el altar acorde a lo que celebramos, y fue muy notoria la concurrencia de seminaristas, sacerdotes diocesanos y religiosos, y fieles. Otra vez más dimos gracias al Señor por este gesto de comunión eclesial y por el particular afecto demostrado por Monseñor Carlos Ñañez y la iglesia que peregrina en Córdoba.
LA COMUNIDAD DE CORDOBA

