Cuando Domingo se encontró con Don Camilo

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Capitulo General crónica n°3 - Día 4 - 18/07
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“El Capítulo General la puesta en práctica del hecho de ser una comunidad. Es un ejercicio saludable tanto para la Orden como la toda la ciudad de Bolonia”. Este fue el principal mensaje que transmitió Matteo Zuppi, Arzobispo de Bolonia, a los Padres Capitulares. 

               

Nacido en 1955, ordenado sacerdote en 1981 y nombrado obispo auxiliar de Roma en 2002, Matteo Zuppi es una auténtica personalidad. Como capellán de la Comunidad de San Egidio, una asociación laical católica dedicada al diálogo interreligioso y al ecumenismo, colaboró en las negociaciones de paz en Mozambique y por ello fue galardonado con la ciudadanía de honor de este país africano. En 2015 fue nombrado obispo de Bolonia y al instante comenzó a visitar cada palmo de su diócesis. Un año después de su nombramiento, no hay ninguna parroquia, ninguna asociación, ningún grupo de oración, ningún convento o monasterio que no haya visitado un par de veces por lo menos. No se ha limtado a pedir un incremento en la solidaridad y la amistad con los pobres y los refugiados, sino que se ha asegurado de que la Iglesia de Bolonia pueda proporcionar aún más alojamientos para las personas sin hogar de los ofrece en la actualidad. 

 

El obispo Mateo se dirigió a los fieles y a los frailes por primera vez en las vísperas, y después en una reunión privada con los Padres Capitulares. Esbozó su visión para el futuro de los Predicadores. Al igual que los hebreos guiados por Moisés –dijo– estamos a punto de cruzar el Mar Rojo. No debemos esperar que las aguas se dividan para iniciar nuestro viaje hacia la tierra prometida. No debemos esperar –subrayó– que Dios resuelva todos y cada uno de nuestros problemas. Comencemos nuestra peregrinación en este momento, sin tener miedo de mojarnos los pies. Sólo así funcionarán las cosas y podremos ver maravillas.

En su diócesis hay 400 parroquias para 360 sacerdotes y muchos de ellos pasan de los 70 años. Esta es la difícil situación de la Iglesia local, pero no se quejó de la misma. La solución –sugirió– no puede ser simplemente juntar parroquias según el número de sacerdotes. Ser párroco se ha convertido en un acto de malabarismo: si se lanzan demasiadas bolas, inevitablemente, algunas se van a caer. Por el contrario, desde un punto de vista espiritual, a veces las parroquias pequeñas son realmente eficaces porque son como las familias: los feligreses conocen bien a su cura. Tales parroquias están viviendo una vida real de comunidad cristiana, rica en amor y cuidado mutuo, mientras que las vastas unidades territoriales son como los supermercados donde las personas son extrañas unas para con otras.

El camino que hay que seguir es la mayor participación de los laicos en la vida de la Iglesia. Por otra parte, el obispo tiene la intención de fomentar el compromiso de su diócesis para desarrollar "el culto y la cultura" según las líneas ya establecidas por sus grandes predecesores. De esta manera, la presencia dominicana en Bolonia es crucial no sólo por la ayuda concreta que los frailes proporcionan a los sacerdotes seculares en la celebración de los sacramentos, sino también por su compromiso cultural.

Por último, recordó que Francisco pidió la intercesión de tres personas: San Francisco, San Felipe Neri y (San) Don Camilo, un popular personaje de la comedia de los años 50. Don Camilo es el ejemplo de un sacerdote capaz de estar con todo el pueblo, de conocerlo, y al mismo tiempo de orar a Dios. El obispo Mateo invitó a los Frailes Predicadores a hacer como Don Camilo: estar con la gente y orar a Dios.

En ese momento, todos los dominicos de la sala pensaron: "¡Eso es exactamente mi vocación!" En la tradición dominicana estamos acostumbrados a expresar esto con un lema: "Contemplar y dar a los demás lo contemplado”. De hecho, tanto Domingo como Don Camilo hablaban con la gente, especialmente con aquellos que se oponían a la fe, y hablaban en privado también con Dios. Uno de ellos bastante literalmente.

Para descubrirlo, vea el video-clip.

 

 

El Cronista