DANDO TESTIMONIO DE LA COMPASIÓN: Servir Silenciosamente: Fray José Aguilar Barradas

Subtítulo: 
Dando testimonio de la Compasión: un recorrido por la vocación de los hermanos cooperadores en la Orden
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Brother José Aguilar Barradas
Cuerpo: 

La vocación a hermano cooperador continua siendo una parte vital para nuestra misión de la predicación. Con el fin de promover esta vocación queremos presentar los trabajos de diversos hermanos cooperadores provenientes de diferentes partes del mundo. Os invitamos a seguir este recorrido en el sitio web de la Orden (www.op.org) y en IDI.

Este mes estamos presentando:

 

Servir Silenciosamente: Fray José Aguilar Barradas

Fray José nació en Alto Lucero, en el Estado de Veracruz, México el 19 de marzo de  1918, en un ambiente campesino y muy cristiano. Fue el tercero de diez hermanos. Pasó su infancia en los trabajos del campo; cosechando café, frijol, caña de azúcar… Sufrió las secuelas de la revolución mexicana de 1910: vivió la persecución religiosa cuando tenía sólo ocho años. Una vez que pasó ésta, ya en su juventud, fue animado por un joven entusiasta, a quien por cariño aún hoy llama Marcialito, a formar parte de La Acción Católica, a la que más tarde sirvió durante mucho tiempo como Presidente.

Por consejos de Marcialito, en 1964, buscó ser aceptado el la Orden de Predicadores como Fraile Cooperador. Hizo su noviciado en la entonces Escuela Apostólica de Santo Domingo en Tultenango Estado de México. Después de su Profesión sirvió a la Provincia de Santiago de México en varias casas del país, cooperando en la catequesis infantil y en la sacristía. Una de las tareas más importante que realizó durante los últimos 25 años ha sido acompañar, con su trabajo y oración, a los formadores y a los formandos, en la casa de formación del teologado. Muchos eventos del Convento de Santo Tomás de Aquino se vieron engalanados por las poesías que él redactaba, sabiendo apenas escribir. Poesías que surgían de una profunda vivencia de su consagración a Dios.

Es un hombre enamoradísimo del Santo Rosario. Ha dedicado mucho tiempo en su elaboración, distribución y animación…  Incluso, hace algunos años, se propuso construir una capilla a Nuestra Señora del Rosario. Logró hacerla en un bello lugar llamado Alto Lucero, ayudado por las donaciones y limosnas de los fieles a quienes les contaba del proyecto y quienes se hicieron solidarios con él.

Ahora, en su ancianidad, pasa mucho tiempo en su amada capilla, recitando los Misterios del santo Rosario, en silencio o en voz alta, acompañándolo con cantos o con la música de su armónica. De esto he sido testigo, pues he tenido la oportunidad de visitarle y acompañarle. En este santo lugar recibe, escucha, orienta y hasta comparte lo poco que tiene, con tal de ayudar a quienes se acercan a él, y de remediar sus necesidades.

El testimonio de su sencillez, de su alegría, de su franqueza es un garante de que la vida religiosa dominicana vale la pena vivirse. En mi visita a su querido  pueblo, la gente me preguntaba ¿cómo hace fray José para que a sus 97 años se pase de rodillas tres o más horas ante el Santísimo expuesto?  Y pensaba, cuántos frailes cooperadores pasaron así en silencio toda su vida religiosa consagrándose el servicio de sus hermanos dentro y fuera del convento…  sin hacer el menor ruido.  

Fr. Martín Olvera Escamilla OP

 

(15 de octubre de 2015)