Democracia Dominicana

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La reputación de la Orden dominicana está marcada por una paradoja. En efecto, ella recibe el reproche, exagerado parcialmente, de haber proporcionado a la Iglesia una buena parte del personal de los tribunales de la Inquisición. Al mismo tiempo, se la reconoce como la Orden cuyas estructuras expresan desde el principio un afecto singular por las libertades democráticas. Las constituciones dominicanas redactadas entre 1216 y 1221 pudieron ser llamadas, con razón, la catedral del derecho constitucional (Léo Moulin, El mundo viviente de los religiosos, Calmann-Lévy, París 1964, p. 114).

Las primeras constituciones dominicanas fueron fundadas sobre un sistema verdadero y parlamentario y sobre lo que, más tarde, podremos llamar el equilibrio de los poderes legislativo y ejecutivo. Las legislaciones (constituciones) que ajustan la vida dominicana, como la elección de superiores, son el fruto de asambleas llamadas Capítulos. Éstos se reúnen regularmente.

En la base, en cada convento, todos los frailes profesos participan en la elección del prior. Su función es temporal (3 años). Puede ser renovada sólo una sola vez inmediatamente después del primer término. A su turno, cada cuatro años, los priores de una región (llamada Provincia) eligen a un prior provincial. Su mandato, también, puede ser renovado inmediatamente sólo una sola vez. Además, no es elegido por los priores solos sino por la asamblea formada también de delegados a quienes cada convento escoge para esta ocasión.

Finalmente, este mismo Capítulo electivo, elige definidores, responsables con el nuevo Provincial, de establecer el programa de su mandato y eventualmente de fijar reglas particulares requeridas para la buena marcha de la Provincia. Finalmente y sobre todo, los Capítulos Generales representativos de toda la Orden, tienen sólo el poder y la misión de adaptar la legislación internacional de la Orden. Cada nueve años, el Capítulo General elige a un Maestro de la Orden. Dos Capítulos intermedios, de tres a tres años, responden a las necesidades permanentes de modificar eventualmente las constituciones dominicanas.

Estos Capítulos están formados unas veces por los provinciales, y otras por los defindores elegidos para esta función. La Orden aparece así como un sistema parlamentario en varios grados, que responde a la preocupación permanente de ofrecer a sus miembros las garantías democráticas de funcionamiento.

Esto no impide un poder ejecutivo fuerte. El Maestro general tiene el derecho de enviar a misión acualquier dominico, dondequiera que sea en el mundo. Pero es característico que este poder se ejercite en el marco de las constituciones y no tiene autoridad para modificarlos. Es por eso que, cada fraile, cuando se compromete en la Orden haciendo voto de obediencia al Maestro general lo hacen según las constituciones. Los dominicanos cuentan de buena gana que, hace una cincuentena de años, el Papa Pío XII juzgando este sistema demasiado democrático y liberal, habría deseado modificarlo con su autoridad. Habría chocado contra la objeción que no sólo se atacaba así a una institución de vida religiosa de siete siglos de antiguedad sino que, haciéndolo, desligaba a los religiosos vivientes de sus votos. Leyenda o verdad, esta historia indica cuánto los dominicos están atados a sus tradiciones democráticas.

El profetismo, no más que la libertad, no se improvisan. La tradición democrática y liberal de los hermanos predicadores es inseparable de una tradición de vida fraternal, de rigor y de intercambios en la búsqueda intelectual, de vida interior y de soplo evangélico. La libertad dominicana tiene sus exigencias de las cuales ella es el fruto y la recompensa.

    

 

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