El concierto

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Capitulo General crónica n°4 - Día 8 - 22/07
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Ha concluido la primera semana del Capítulo general de Bolonia 2016. Los Padres y los colaboradores ya están eligiendo sus destinos para su día de descanso, el domingo. Pero el viernes por la noche necesitaban relajarse. Por esta razón, la incomparable organización del Capítulo General ofreció a los exhaustos frailes y a todos los amigos de Santo Domingo de la ciudad un gran concierto de brillante música clásica. 

               

El convento dominicano de Bolonia tiene tres claustros. El mayor es actualmente parte de un cuartel de policía y se usa como aparcamiento. Se llama “Claustro Terribilia” por el mote de su arquitecto, que acostumbraba a adornar sus edificios con terribilia, es decir, figuras fantásticas. El más pequeño solía ser el cementerio del convento y ahora se ha convertido en hogar de una familia de tortugas que cada vez crece más. Por desgracia, un diligente prior quitó las columnas y todo lo que ha sobrevivido es una cruz hecha de piedra y tres cipreses.

El claustro más antiguo y magnífico se remonta al siglo XIV. Se ha renovado en varias ocasiones, pero aún se pueden percibir algunos rasgos originales, tales como frescos y puertas y ventanas ahora tapiadas. Cada uno de los espacios importantes para la vida cotidiana dominicana da al claustro: la facultad de teología y filosofía, el refectorio, la antigua capilla y la capilla de Santo Domingo.

 

No hay nada más adecuado que la armonía de sonidos –altos y bajos, agudos y graves– para representar cómo la unidad dominicana se forma a partir de una colorida variedad de trasfondos teológicos, sensibilidades litúrgicas y estrategias pastorales (y equipos de fútbol favoritos). La melodía de los Predicadores se oye a través del tiempo y el espacio y une a hombres y mujeres, santos del cielo y frailes de la tierra Sí, ser dominico es vivir la unidad de la Iglesia en todas las dimensiones posibles.

La preciosa música de Johann Sebastián Bach y Modest Mussorgsky resonó en las bóvedas del claustro, en el que fueron un día sepultados los famosos canonistas de Bolonia, con la esperanza de que la proximidad de los frailes y de sus valiosísimas (y bastante caras) oraciones compensarían su libertina vida. Podemos imaginar que las dulces notas musicales llegaron a oídos de Santo Domingo, cuya capilla se encuentra en uno de sus lados, y de aquellos frailes que descansan en la cripta que hay debajo.

Para confortar a los muertos y revivir a los vivos, el programa ofreció piezas que traían a la mente la resurrección (Herr Gott, nun schleuß den Himmel auf, de Bach) o la tranquila vida de las catacumbas (Con mortuis in lingua mortua, de Mussorgsky). La señorita Bertoglio, una elegante y sensible pianista, tocó también música de danza para satisfacer a los frailes más inquietos. Los padres disfrutaron realmente “La cabaña sobre patas de gallina” y especialmente “El ballet de los polluelos en sus cáscaras” de “Cuadros de una exposición” de Mussorgsky.

El concierto revivió a los venerables Padres Capitulares. Su “gran finale” fue saludado con una ovación atronadora, que despertó a su cronista, que estaba roncando bajo las sábanas. 

El Cronista