El profetismo de Pedro de Córdoba y su comunidad, un reto para la dominica hoy

Subtítulo: 
La Misión de la Predicación
Imagen: 
Cuerpo: 

Hnas. Beatriz Alicia y Maria Leonor Charria A., OP

 

Hace 18 años el Continente latinoamericano y caribeño celebraba con mucha euforia el V Centenario del “Descubrimiento de América” llamado también “Encuentro de dos mundos”. Desde distintos ámbitos y posturas se orientaron las reflexiones: unos defendían el proceso evangelizador  realizado por la Iglesia a través de los “curas encomenderos”  otros lo rechazaban porque  lo que se dió, según afirman,  fue una destrucción de las “indias”:  su cultura,  religión, sus costumbres. Sin embargo todos los grupos, que en 1992 orientaron sus reflexiones y polémicas sobre este acontecimiento del Continente, estaban de acuerdo en resaltar la figura profética de Bartolomé de Las Casas y, un poco menos, de la Primera Comunidad de dominicos en América con su Prior Pedro de Córdoba y los frailes: Antonio de Montesinos, Bernardo de Santo Domingo y Domingo de Villamayor.

Han pasado ya varios años desde esta efemérides, muchos ni la recuerdan  pero,  para nosotras dominicas, el “grito profético” de la primera Comunidad de Dominicos en América y unos años más tarde de Bartolomé de Las Casas sigue vigente hasta el día de hoy.

Precisamente en este año 2010 se  conmemora los 500 años de la presencia Dominicana en América. Este acontecimiento no sólo tiene implicaciones y retos para la familia Dominicana de América Latina y del Caribe sino para toda Dominica,  que en cualquier lugar del mundo  realiza su misión.

Este tema es apasionante, pero difícil de concretar en unas pocas líneas; trataremos  de precisar algunos aspectos  que  nos permitan cuestionar y revisar nuestro actual compromiso como mujeres dominicas.

Cuando este primer grupo de dominicos llega a la isla de la Española, se dan cuenta de la situación de injusticia  que viven los indígenas, repartidos en “encomiendas “; no dudan ni un momento, en denunciar la situación de injusticia y ponerse de parte del débil, saliendo en su defensa. Esta reacción, que aún hoy sorprende, era para ellos consecuencia de la concepción que tenían de la vida dominicana de frailes predicadores. Se deciden entonces denunciar aquella forma de opresión.

Los frailes son conscientes que no tiene sentido predicar a los indios el evangelio, conviviendo  con los mismos que los tienen sometidos, por ello, poco a poco van cambiando el contenido de la predicación a los conquistadores,  escogiendo  como tema principal la justicia

Es, en  este contexto, que  deben entenderse los dos famosos sermones que se le  atribuyen a fray Antonio de Montesinos pero que realmente fueron  redactados y asumidos por toda la comunidad presidida por su vicario, Fray Pedro de Córdoba. Muchos historiadores se han referido a ellos.

Fray Bartolomé de las Casas, hace un comentario muy interesante sobre los antecedentes de dichos sermones, señalando  cómo primero los frailes oraron, realizaron vigilias y ayunos, para que Dios les iluminara lo que deberían decir, no causar escándalo, pero sí abrir los ojos de su ceguera, a los españoles. Después de deliberaciones  estuvieron de acuerdo  en  hacer una denuncia pública en el púlpito el 21 de diciembre de 1511, primer domingo de adviento.  “Aquel domingo de adviento, en Santo Domingo, comenzó la palabra profética que denuncia la opresión del pobre” -

Ésta  es una parte la memoria histórica de lo sucedido hace 500 años, pero nosotras dominicas,  no podemos vivir de las glorias del pasado, es importante agradecer al Señor el legado recibido de estos profetas que dejaron huella en el proceso evangelizador de la “primera hora dominicana en América” pero nos corresponde a cada una,  examinar  nuestro ser y quehacer  para discernir cómo ha sido… cómo es actualmente  nuestro compromiso en  el ámbito de la   justicia, de la defensa del oprimido, del marginado, del que no cuenta, en contextos donde injusticia institucionalizada, los atropello a los derechos humanos, las situaciones de pobreza extrema, son permanentes. Estas realidades, no nos pueden dejar indiferentes.

Sin embargo, estamos seguras que esos llamados de nuestros hermanos en situación de vulnerabilidad han encontrado eco en grupos de dominicas/os, especialmente en aquellas que han asumido misiones donde estas situaciones son las constantes. Con ello queremos reconocer y valorar la entrega afectiva y efectiva de hermanos y hermanos, insertos en medio del pueblo pobre, que caminan a su lado, “pisan el barro” donde ellos  van dejando su huella.

Queremos compartir brevemente la experiencia que, como Religiosas Dominicas de la Presentación, hemos vivido desde hace 10  años en una zona marginal, ubicada en las afueras de Bogotá- Capital de Colombia-  llamada  Altos de Cazuca  que comprende unos 47 barrios, y a donde llegan el mayor número de familias  desplazadas, víctimas de la  violencia que atraviesa el  país,  desde hace más de 40 años.

Nuestra pequeña Comunidad de  4 Hermanas, está ubicada en un barrio que se llama EL ARROYO  (Irónicamente  el agua llega ahí 2 horas cada 8 días) Allí no hay pobreza, sino miseria. Los servicios básicos son muy deficientes, el desempleo es muy alto. La mayoría de las personas trabajan en reciclaje,  obreros de construcción,  oficios domésticos en casas de familia y el comercio informal.

Cuál ha sido nuestro caminar en estos años? Ante todo de escucha a la gente, compartir sus dolores, necesidades y búsquedas; conformar con ellos una pequeña comunidad de fe y esperanza centrada en  el Señor Jesús, aprender a leer con ellos y desde ellos  la Palabra como un referente para el vivir cotidiano. Esta experiencia  de cercanía al pueblo pobre nos ha ayudado a nosotras para emprender un nuevo itinerario espiritual, vamos aprendiendo de ellos, vamos experimentando a un Dios que está siempre de parte del débil y que desde allí nos habla.

En esta misión  hemos tratado de buscar con los pobladores de estos barrios y con otras personas que se han solidarizado con este trabajo, respuestas concretas: La construcción de una escuela de primaria  a donde asisten 300 niños. Un pequeño Jardín Infantil  que acoge a 70 pequeños y que son acompañados por madres comunitarias; un Comedor para 35 adultos mayores que reciben los alimentos,  acompañamiento y  terapia ocupacional. Un centro de  sistemas para jóvenes  y adultos; en estos últimos años se ha creado una pequeña microempresa para  fabricar galletas que permite  apoyar económicamente  a mujeres cabezas de hogar.

Con qué recursos contamos? Aunque parezca poco creíble, no tenemos ayudas de  organismos nacionales o internacionales, sólo de personas que visitan la obra, se van sensibilizando  y empiezan a comprometerse efectivamente con ella y con estas comunidades empobrecidas...

Cada día comprendemos que ésta, es una obra de Dios, que  El está presente  y hace camino con quienes lo buscan y se abren a su actuar.