El Rosario peregrino en Monasterio de Sancti Spiritus de Toro (Zamora - España)

Subtítulo: 
Una crónica. 16 y 17 de mayo 2016
Imagen: 
El Rosario peregrino en Monasterio de Sancti Spiritus de Toro (Zamora - España)
Cuerpo: 

Nuestra comunidad de Sancti Spiritus de Toro (Zamora. España) se unió a toda la Orden los días 16 y 17 de mayo en la contemplación de los misterios del rosario. Deseábamos, y así lo pedimos, tomar especial conciencia de la comunión, don del Espíritu, que se nos hace manifiesta, de modo particularmente intenso, en este año Jubilar en el que experimentamos tantas gracias que están siendo derramadas sobre la familia de Nuestro Padre Santo Domingo, predicador de la gracia.

El día 16 quisimos orar recorriendo 10 misterios de la vida del Señor y de la Virgen por ser éste el número de hermanas que actualmente formamos esta comunidad. Cada una compartió con los demás -¡la Orden entera estaba con nosotras!- lo que el Espíritu Santo puso en su corazón sirviéndose de textos de la Sagrada Escritura y de espiritualidad. El silencio pausado para hacerlos propios, salpicado de avemarías, cantos e invocaciones a la Virgen, conformaron el ambiente idóneo para contemplar el misterio que se nos proponía desde la perspectiva concreta que cada una de nosotras había considerado previamente en su oración personal.

Se abrió la oración de este día con la contemplación del Niño perdido y hallado en el templo (Lc 2,41-52) que nos llevó a traer ante los ojos del alma a todos los niños que se pierden, que son víctimas de secuestros, abusos de todo tipo, abandono y maltrato de parte de quienes debían amarlos… Dejamos a todos ellos en manos de María y pedimos, por medio de ella, la conversión de los corazones de quienes vulneran la inocencia de estos pequeños, predilectos de Jesús.

El segundo misterio nos trasladó a las proximidades de Tiro y Sidón. Formábamos parte de la comitiva que acompañaba al Señor y pudimos escuchar el diálogo que mantuvo con la mujer cananea (Mt 15,21-28). Tras un espacio de silencio contemplativo fuimos invitados a compartir el rasgo de la personalidad de la Virgen que la lectura de este fragmento del Evangelio de Mateo había sugerido a cada uno: sus entrañas maternales, su perseverancia en la oración, su confianza sin límites en el Señor, su humildad… Cada avemaría pronunciada tenía el sabor de los dones que el Espíritu había derramado en María para bien de la Iglesia y del mundo.

El nacimiento de Jesús en Belén nos llevó a la ciudad de David en esa noche dichosa que vio nacer al Salvador esperado durante siglos. Pero, en esta ocasión, fuimos invitados a contemplar la alegría desbordante de los pastores, los últimos, los “descartados” -que nos diría el Papa Francisco-, al sentirse protagonistas del acontecimiento mayor de la Historia de los hombres. Ellos fueron los elegidos para recibir y comunicar el nacimiento del Mesías. Y esta elección los hizo sentirse dichosos, acogidos, aceptados en su propia realidad, valorados. Con ellos fuimos al Portal y pedimos al Niño sus entrañas de misericordia para tener en cuenta a todos, para amarlos y valorarlos como merecen por ser hijos de Dios.

El cuarto misterio nos hizo dar un salto en el tiempo que nos condujo desde Belén al camino de Emaús (Lc 24,13-25). Deseamos que nuestra casa sea lugar de acogida para el peregrino. De hecho, pasan por ella peregrinos de distinta índole en busca de silencio, de paz, de sosiego… Personas que hacen un alto en el camino para centrar el propósito de sus vidas y continuar buscando en ellas el rostro de Dios. A todos tuvimos presentes y por todos rogamos saboreando cada avemaría de este misterio pidiendo para nosotras la gracia de acoger a cada uno y de compartir nuestra experiencia de Dios acogiendo la suya en un enriquecimiento mutuo que hace bello y fraterno el seguimiento de Cristo.

Contemplando el quinto misterio escuchamos la voz de Jesús anunciando la proximidad del Reino de Dios y su invitación a la conversión (Mc 1,14-15). De la mano de San Juan Pablo II (Rosarium Virginis Mariae) asistimos al comienzo del ministerio de Jesús, de su actividad de servicio misericordioso. La misericordia fue también la principal motivación de la vida de Nuestro Padre Santo Domingo, predicador infatigable de esa gracia que dispone el corazón de los hombres para acoger la Verdad. Por intercesión de la Virgen, Esposa de Dios Espíritu Santo, pedimos al Paráclito su asistencia y su luz para iluminar con la Buena Noticia todos los ámbitos del hombre y todas las regiones de la tierra.

El sexto misterio fue enunciado en estos términos: “La Virgen engendra a Jesús para entregárnoslo”. De la mano de María interiorizamos nuestra misión dentro de la Orden pidiéndole la gracia de buscar a su Hijo en el silencio y la fidelidad a nuestra vocación de engendradoras de la Palabra para darla al mundo. Seguras de que la Virgen nos ayuda a rogar para que la Palabra de Dios dé fruto en todos los corazones, paladeamos la oración que tanto gustaba a Nuestro Padre, Ave Maris Stella, mientras pedíamos vocaciones para nosotras y para toda la Orden.

El séptimo misterio nos propuso a María, Mujer itinerante y Madre en Camino de los Itinerantes. La Reina del Rosario y Nuestro Padre Santo Domingo presentaron al Señor nuestros deseos de alabarlo y bendecirlo por las maravillas que obra en cada uno de nosotros, como ellos lo hicieron. Tuvimos presente de manera especial a toda la Orden pidiendo que crezca en vida interior y anuncie a Cristo de manera apasionada contemplando su misterio de Amor. Pedimos al Espíritu que nos hiciera mujeres nuevas para vivir una vida auténtica perseverando en el Amor y rogando el don de nuevas vocaciones que revitalicen la vida contemplativa dominicana en respuesta a los signos de los tiempos.

El octavo misterio fue una invitación a dejarnos mirar por Jesús. Fuimos descubriendo esa mirada espigando los Evangelios: Jesús que mira Zaqueo, al joven rico, a Su Madre desde la Cruz… y a Pedro en la noche oscura de la triple negación. Aquí nos detuvimos para ver si nos dejamos mirar por el Señor y si le miramos sin rehuir esa mirada que no reprocha nada, ni exige nada sino que sólo ama. Y pedimos a María, con jaculatorias sugeridas por el Espíritu a cada una, que nos enseñara a contemplar a Jesús con sus ojos purísimos.

El noveno misterio nos devolvió al recientemente celebrado Pentecostés. Con María pedimos la apertura de nuestros corazones y de todo nuestro ser a la acción del Espíritu Santo haciéndonos permeables a su Presencia en cada una, en cada uno. De la mano de la Virgen, a ritmo de avemarías, fuimos intercalando las invocaciones de la secuencia del Espíritu Santo.

El último misterio que contemplamos en este día fue la vida en el seno del Padre o el regreso a Su Casa, como broche al tiempo pascual que acabamos de concluir. Nos servimos de textos del Apocalipsis: comenzando por la aparición en el cielo de una figura de Mujer que dio a luz un varón (Ap 12), y pasando por la alegría de la victoria del Cordero degollado que hace nuevas todas las cosas (Ap 21), terminamos uniéndonos al Maranatha del Espíritu y la novia (Ap 22). Las avemarías de este misterio tenían el sabor de la espera feliz del triunfo definitivo de cada uno de nosotros y del mundo entero con la última venida de Cristo.

Al día siguiente rezamos el rosario peregrino, con matiz misionero, por el claustro de nuestro monasterio. En cada esquina había un cartel con el nombre del continente por el que íbamos a ofrecer ese misterio. Tras una breve meditación introductoria, que invitaba a contemplar el misterio propuesto relacionándolo con la realidad del continente correspondiente, y el rezo de las avemarías, recitamos una breve letanía encomendando a los hermanos de cada punto del globo a santos representativos de los países que poníamos en manos de la Virgen. Terminó el rosario, que rezamos sirviéndonos del que nos enviaron de parte de nuestras hermanas de Estavayer (Suiza), en el centro del claustro donde habíamos colocado una imagen de nuestra Señora a los pies de la cruz de piedra. A la letanía siguió el canto de la salve mientras regresábamos al coro donde cantamos vísperas.

Ahora seguimos acompañando al rosario peregrino en este año de gracia dejando en manos de la Virgen nuestros deseos de ser cada día, de manera más auténtica, aquello que por misericordia de Dios hemos sido llamadas a ser. ¡¡¡Feliz año jubilar!!!

 

(12 de julio de 2016)