En misión en México como voluntaria de DVI

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Renessa Tang Pack comparte su experiencia misionera
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Renessa Tang Pack
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l término de la misión: Después de una Pascua meditativa con CCIDD y los grupos canadienses Lethbridge y Misión México tuve la oportunidad de terminar mi misión en una manera especial a fines de abril, durante el Décimo Sexto Encuentro de la Familia Dominicana sobre Justicia y Paz en México. El tema del encuentro fue “Campañas por la Justicia y la Paz” y asistieron presentadores bien informados acerca de la realidad social en México. Hubo un panel que discutió sobre la toma de posiciones y la elección de prioridades de la Familia Dominicana en el contexto de la realidad mexicana y talleres interactivos sobre el uso de las nuevas tecnologías y redes sociales en la predicación.

El memorable fin del encuentro el domingo 29 de abril, Fiesta de Santa Catalina de Siena, fue una bendición especial y fui enviada al final de la Misa por fray Miguel Concha O.P. y representantes de la Familia Dominicana en México. Después de la Misa tuve la oportunidad de despedirme y darle las gracias personalmente a la mayoría de los miembros de la Comisión de Justicia y Paz y de la Familia Dominicana con los que trabajé durante un año y que contribuyeron y me apoyaron en mi año de misión.

Gracias a todos los miembros de la Familia Dominicana que ayudaron a que mi año de misión se llevara a cabo, incluyendo a la Hna. Lucía y el equipo de DVI en Roma, a mi comunidad de envío: las monjas del Monasterio del Santo Rosario en Trinidad, y en México, a la Hna. Kathy Long O.P (Sinsinawa) y a su equipo en el CCIDD, (las Hermanas Dominicas del Verbo Encarnado: Hnas. Aline, Rosa, Alicia, Rocío, Paul y Brigitte), a fray Miguel Concha, O.P. y al Centro Fray Francisco de Vitoria, a la Comisión de Justicia y Paz y a la Provincia Dominicana de Santiago de México. Todos ustedes estarán siempre en mi memoria y en mis oraciones.

Fue maravilloso para mi el poder experimentar aquí en México la interacción que se lleva a cabo entre las diferentes ramas de la Familia Dominicana en la misión de trabajar por la justicia y la paz: de los sacerdotes, a las monjas, hermanas y hermanos, a los laicos—incluyendo el Movimiento Juvenil Dominicano y el Dominican Volunteers International. Una analogía de la Familia Dominicana que aprecié fue la que ofreció un miembro joven de la Comisión quien, durante el panel del Encuentro citó a una monja Dominicana que había descrito a las monjas como las raíces (ya que ellas fueron fundadas primero); los frailes como el tronco, las hermanas como las ramas y los laicos como los tallos y los jóvenes como las hojas.

La analogía de los laicos y los jóvenes como los tallos y las hojas me parece apropiada, no sólo en término de su creciente vulnerabilidad en medio de las actividades seculares en el mundo, pero por su disponibilidad, especialmente si pensamos en sus compromisos menores de familia y de comunidad, a ser llevados a donde los lleve el Espíritu Santo, como lo describe Juan 3,8: “El viento sopla donde quiere; ustedes pueden oír su sonido, pero no pueden saber de donde viene o a donde va. Así es con todos los que nacen del Espíritu.” Reflexiono en la invaluable oportunidad que DVI me dio a mi como laica para poder volar lejos, a una misión en otro país y cultura, permaneciendo, sin embargo, en los seguros recintos de la familia internacional de la Orden Dominicana. En el transcurso de un año he llegado muy lejos. Ya no me siento como una oveja perdida, como me sentía hace un año cuando perdí mi vuelo de conexión en el aeropuerto antes de arribar a mi lugar de misión en México. Ahora me siento parte de un grande y fructífero árbol de familia donde Cristo es la principal fuente de la vida, como dice el Evangelio de Juan en este Quinto Domingo de Pascua: “Yo soy la vid y ustedes son los sarmientos. Quien permanece en mi y yo en él, produce abundante fruto; pero separados de mi, ustedes no pueden hacer nada.”

Entre otras cosas, espero pasar unos meses con mi familia—en mi pueblo y fuera, antes de dar el siguiente paso en mi caminar dentro de la Familia Dominicana. Mis planes son, en octubre entrar como postulante con mi comunidad de envío (DVI): el Monasterio de las Monjas Dominicas del Santo Rosario en Trinidad. Definitivamente pude discernir mi atracción a la vida contemplativa cerca de tres meses antes de embarcarme en mi misión con DVI, después de haber interactuado con las monjas por cerca de cuatro años. El salto de dejar mi túnica de la corte para vestir el hábito monástico implicará la adopción de un estilo de vida más austero que el de la joven abogada que buscaba subir los peldaños profesionales antes de mi año con DVI. En esa misma línea, mi año con DVI ha sido no sólo acerca de ser capaz de participar en y de ganar una mejor apreciación y conocimiento del trabajo misionero de la Familia Dominicana en la promoción de la justicia y la paz, sino ha sido ciertamente una útil preparación para mi futura vocación, ya que me dio experiencia práctica acerca de cómo vivir en comunidad, cómo estar más orientada a la comunidad y ser menos individualista y de cómo vivir un estilo de vida más sencillo.

Durante este año, mientras reflexionaba con mi comunidad de envío y aprendía más acerca de la vida contemplativa, me fue muy agradable el descubrir que la vida contemplativa no significa la exclusión del trabajo en las misiones; sólo significa trabajar en una manera bien informada, tras bambalinas, colaborando con la oración para el florecimiento de la actividad apostólica de la Iglesia. El anterior Maestro de la Orden, Timothy Radcliffe, OP, en una conferencia dada en Santa Sabina a propósito de la Fiesta de Santa Catalina en el 2001y que se titula “Una ciudad puesta en la cima de una montaña no puede ser escondida”, habla de la importancia de la contemplación en el trabajo por la justicia y la paz:

La compasión contemplativa consiste en aprender a mirar desinteresadamente a los otros. Como tal, está conectada profundamente con el ansía de un mundo mejor. El compromiso de la Orden con la justicia puede fácilmente convertirse en ideológico si no nace de una compasión contemplativa. Una sociedad que no entiende la contemplación, no entenderá la justicia porque habrá olvidado como mirar de modo desinteresado a lo que es otro. Tomará refugio en generalidades, prejuicios, clichés egoístas.”

Él también habla del carisma de las monjas en el trabajo misionero:

“Ustedes son tan misioneras como los frailes, no porque vayan a algún lado, sino porque viven sus vidas desde Dios y para Dios. Como le dijo Jordán a Diana, ‘tu permanecer en la quietud de tu convento, y mi viajar frecuente en el mundo son hechos igualmente por amor a Él. Tú eres una Palabra predicada en tu ser’”.

Santa Teresa de Lisieux, una monja contemplativa Carmelita (cuya intercesión invoqué al inicio de mi año de misión con DVI para encontrar un buen lugar de misión), fue de hecho nombrada por la Iglesia co-patrona de todas las misiones y misioneros junto a San Francisco Xavier. Mientras ella, no como San Francisco Xavier, nunca pisó tierras de misión, sin embargo contribuyó y sigue contribuyendo—en una manera más escondida a través de la oración—en la vida de las misiones.