Estudio y enseñanza

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Los dominicos desde siempre hemos incorporado el estudio como una parte constitutiva de nuestra vocación. Desde los comienzos de la Orden, y ya con los primeros afanes misioneros de Santo Domingo entre los alejados del catolicismo en el Sur de Francia, los dominicos hemos constatado que la proclamación del Evangelio requiere, a un tiempo, de un profundo conocimiento de las Escrituras y la Tradición cristiana y de una presentación de la fe que resulte a la vez que sugestiva para el intelecto, convincente para la praxis vital. Por esta razón, Santo Domingo envió a sus hermanos a las primeras universidades fundadas en Europa, a París, a Bolonia y a Oxford, a fin de que estudiaran, se dedicaran a la docencia y adquirieran la formación académica exigida para servir a la Iglesia a través de una solvente predicación de la palabra de Dios.

El estudio dominicano, por tanto, siempre está encaminado a la misión de predicar, de enseñar y de “salvar las almas”. Al mismo tiempo, el estudio dominicano incorpora un aspecto contemplativo. Así, entendemos que nuestra meditación de la palabra de Dios en la oración diaria contribuye a nuestra perenne indagación de la verdad – que buscamos en la filosofía y  en el examen de nuestra realidad social -, haciéndonos crecer en  el conocimiento personal de quien es la Verdad misma, Jesucristo. En este sentido, el estudio nos dirige a la oración, al tiempo que nuestra oración en favor de los demás nos impulsa al estudio; de este modo, creemos que nuestra predicación y nuestra labor docente constituyen auténticas ocasiones de encuentro con Dios y su gracia.

Esta orientación dominicana hacia el estudio ha perdurado en el corazón de la Orden durante ochocientos años. De esta incesante contribución a la misión eclesial de predicar y de enseñar dan buen testimonio la vida y obra de figuras de la talla de Santo Tomás de Aquino, San Alberto Magno, Santa Catalina de Siena,  San Vicente Ferrer y Francisco de Vitoria. Continuando esta rica tradición, el siglo XX ha dado fructíferas muestras en teólogos de la talla de Marie-Joseph Lagrange, Herbert McCabe, Marie-Dominique Chenu, Yves Congar, Santiago Ramírez, Emilio Sauras y Edward Schillebeeckx.

Hoy en día, nuestro compromiso con un estudio riguroso al servicio de la Iglesia queda patente en el mantenimiento de centros académicos y proyectos tales como la Comisión Leonina de Paris, la Escuela Bíblica y Arqueológica (EBAF) de Jerusalén, la Universidad Pontificia Santo Tomas de Aquino (Angelicum) de Roma, la Universidad de Santo Tomás de Manila, ESPACES en Bruselas y otras ciudades europeas, el Instituto Dominicano de Estudios Orientales (IDEO) en El Cairo, y DOMUNI. Adicionalmente, la Orden patrocina otras muchas instituciones de educación superior, a la vez que muchos de sus miembros continúan ejerciendo la secular misión docente e investigadora en facultades de teología y filosofía de todo el mundo.

    

    

    

    

    

 

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