FRAILES EN MISIONES. Entorno a Miramar

Imagen: 
Cuerpo: 

Una jornada de misión en Chiapas.

En el estado de Chiapas, México, existe una realidad por pocos conocida y también por otros tantos ignorada. La falta de ministros para las comunidades católicas dentro de las regiones selváticas ha caracterizado las misiones en esta parte del país. Todos nuestros hermanos indígenas tienen que esperar mucho tiempo para que uno de los cuatro frailes que se encargan de la  Parroquia de San Jacinto de Polonia (misión dominicana) con más de 400 comunidades, tenga en su agenda como destino la comunidad que tanto lo espera.

Las celebraciones de los sacramentos brindan vida profunda a las comunidades, pues el sentido que los hermanos indígenas dan a estos momentos de la Fe propicia una verdadera fiesta sacramental, cosa que ya no pasa en la ciudad con lo rutinario que hacemos los sacramentos.

En esta ocasión nuestro destino fue la comunidad de Benito Juárez. Acompañando a Fray Joel Vega y Fray Víctor Valadez, muy de mañana emprendimos viaje de 4 horas en camioneta. Llegamos a la comunidad de Emiliano Zapata para dejar el vehículo, el resto del camino lo tuvimos que hacer en avioneta, pues había selva y la laguna de Miramar de por medio, además de urgencia en llegar.

Llegamos a la comunidad donde ya nos esperaban con el tradicional recibimiento. Toda la comunidad en una sola fila para saludarnos de mano, uno a uno y con la alegría de que estuviéramos entre ellos. Lo más llamativo: los colores de las mujeres que se lucían con sus vestuarios de gala. Después de ponerse de acuerdo en los pormenores de la celebración y comer un rico caldo de pollo, ya estábamos listos para la fiesta del sacramento de la confirmación.

La celebración se llevó a cabo, llena de signos y significados muy profundos que nos elevaron, en tzeltal, a Dios en una común-unión. Los tres coros ambientando la celebración, el grupo de tamboreros dando un toque de misticismo y las banderas engalanando con sus colores la procesión, despertaron los corazones de los confirmandos y familiares. La fiesta iba más allá de las fronteras de la comunidad, pues había confirmandos de otros lugares aledaños que se congregaron en este lugar para aprovechar la presencia del presbítero (‘jTatic Joel’ en tzeltal). La procesión inicial (el llamado caracol que consiste en caminar en círculo a las afueras de la ermita), el Pat’ otam para entrar al santo lugar (donde los principales solicitan permiso para ingresar a la ermita), la danza, el incienso, la Palabra y el signo sacramental fueron los elementos de aquella sublime realidad que nos permitió vivir nuestra Fe. Para finalizar, los padrinos aconsejan a sus ahijados en un cuchicheo peculiar.

Después de la celebración vino la ‘alegría’, como los hermanos lo dicen: es el baile animado por los jóvenes, principalmente. Vestidos con sus mejores galas, hombres y mujeres  disfrutaron de este momento que daba clausura a toda la fiesta y a la vez continuidad a su compromiso como cristianos.

Ya era de noche y era imposible regresar. Dormimos en la comunidad y muy de mañana emprendimos nuestro regreso de casi 12 horas para llegar nuevamente a Ocosingo. Este camino lo realizamos en cuatro bloques.

El primer tramo, de una hora aproximadamente, lo hicimos a caballo. Casi me tumba el cuadrúpedo y no quedamos librados de heridas causadas por espinas y demás ramas de los árboles. El segundo tramo lo hicimos en poco más de una hora en lancha, atravesando la laguna de Miramar cuyos colores y pureza de agua cautivan sin medida. El tercer tramo, el más difícil, lo hicimos a pie y durante casi dos horas, entre potreros atascados de lodo e insectos que picaron nuestras manos y brazos. Llegamos por fin a la comunidad de Emiliano Zapata, donde había quedado la camioneta, tomamos agua y, junto con más pasajeros que aprovecharon nuestro retorno, emprendimos camino de regreso.  El último de los bloques lo hicimos en camioneta durante 4 horas con una escala en la comunidad de Betania donde jTatic Carlos, hombre muy reconocido en las misiones chiapanecas, nos ofreció una rica comida.

Por fin, después de 12 horas llegamos a Ocosingo, sanos y salvos, hambrientos y agotados. Por si faltara poco, Fray Joel y Fray Víctor jugaron un partido de voleibol con los jóvenes que estaban en el patio de la Parroquia en el momento en que llegamos.

Y así fue la gira en torno a Miramar, que se suma a todas aquellas que los frailes de la Misión de Ocosingo, en Chiapas, hacen para acompañar en la fe a nuestros hermanos tzeltales.

Fray Pedro Barrera Silva, O.P.
Junio de 2012,
Chiapas, México.