Hna. Luna Khuder, de Irak: “Somos testimonio con nuestras vidas de que la tragedia, el dolor y la violencia no tienen la última palabra”

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Ecos del Congreso Internacional de la Orden para la Misión
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Hna. Luna Khuder, op, de Irak
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“¿Qué haría Jesús en esta situación?”

Su testimonio del amor y la predilección de Dios en el destierro en un campo de refugiados en Irak “es dar esperanza en tiempos en que no hay esperanza, es elegir un modo de vida que deje a Dios trabajar por nosotros”. Este es el núcleo de la experiencia de la comunidad de hermanas dominicas que en el verano de 2014, al igual que más de 125.000 cristianos, huyeron de su tierra amenazada por el grupo terrorista Estado Islámico (EI) y, “dejando todo detrás”, se dirigieron hacia su única salida, el Kurdistán.

Proteger la dignidad de las personas, darles esperanza, ser confiables y contribuir a mantener las tradiciones de la Iglesia son los principales cometidos de la comunidad de hermanas dominicas que, pese a todo el sufrimiento, aseguran que “mientras haya cristianos en Irak” continuarán su misión.

“Nuestra regla es ser testigos del amor de Dios y su misericordia para todas las gentes, independientemente de su origen, servir en hospitales y escuelas”, explicó la Hna. Luma Khuder ante un numeroso auditorio enmudecido y conmovido por la elocuencia de sus palabras, en el marco Congreso Internacional para la Misión de la Orden de Predicadores.

“Para la gente cristiana somos testigos de la fe en medio de estos tiempos oscuros de sus vidas, somos testimonio con nuestras vidas de que la tragedia, el dolor y la violencia no tienen la última palabra en nuestro país”, subrayó.

Texto completo de la intervención de la hermana dominica de Irak, Luma Khuder. en el Congreso para la Misión de la Orden de Predicadores, panel “Servicio”.

Procurar la salvación de nuestro Señor a todas las gentes en cada situación y tiempo, incluso en tiempo de persecución mediante el ministerio, no es una tarea fácil.

Se cree que el cristianismo en Irak está entre las comunidades más antiguas del mundo. Trazamos nuestra historia en el siglo I o al comienzo del II. La comunidad cristiana  ha estado sobreviviendo en números pequeños, ha afrontado crisis y persecuciones a lo largo de la historia. La Iglesia y los dominicos como parte de la Iglesia ha jugado un papel importante en proteger, dar esperanza a la gente y mantener las tradiciones de la Iglesia. Desde los primeros días de la congregación de las hermanas dominicas, en 1720, nuestra tarea ha sido servir a la gente, la educación, en especial enseñar a las mujeres a valerse por sí mismas y darles herramientas de modo que puedan trabajar y tener dignidad.

Nuestras hermanas, junto al programa educacional, también se implican en programas de catequesis y tareas pastorales. Durante algunos períodos han enseñado habilidades valiosas y a procurar el alimento para sus familias, con dignidad. Estamos presentes en ciudades y pueblos cristianos. Nuestra regla es ser testigos del amor de Dios y su misericordia para todas las gentes, independientemente de su origen, servir en hospitales y escuelas.

Incluso después de que el gobierno nacionalizara las escuelas, en 1970, las hermanas se quedaron en el mismo lugar con generosidad porque después de todo, la gente tiene que ser servida de la mejor manera posible. Y era importante que nosotras continuáramos siendo un signo de esperanza y fe para nuestra gente.

Una crisis en el verano de 2014 cambió la vida cristiana. Fue una pesadilla que lo cambió todo. La comunidad cristiana, su existencia, fue amenazada por el grupo terrorista Estado Islámico (EI). Mas de 125 mil cristianos tuvieron que huir de Nínive y Mosul en 2014 dejando todo detrás.

Nos fuimos hacia nuestra única salida, el Kurdistán, una región autónoma en el norte de Irak que se convirtió en un puerto seguro para los cristianos que estaban huyendo de EI. En Nínive había un caos. La gente no pudo confiarse de las otras religiones. El país se deshizo. En el medio de este shock y falta de fe, hubo gente que respondió para cubrir las necesidades de los demás. No tuvimos un plan ni recursos para realizar programas. Comenzamos con lo que teníamos y tratamos de ayudar y darles alguna esperanza. También nosotras fuimos forzadas a marchar con muy pocas cosas.

Empezamos distribuyendo leche y pañales para los niños, dando mantas y colchones y poniendo tiendas. Nos preguntamos la cuestión fundamental: ¿Qué haría Jesús en esta situación?. Mateo responde lo que Jesús espera de los seres humanos cuando dice: “Estuve hambriento, estuve sediento, fui extranjero, estuve desnudo, estuve enfermo, estuve en prisión…”. Así que respondimos con lo que Jesús esperaba que hiciéramos. Dar a la gente lo necesario para la vida. Les asegurábamos que Dios estaba con nosotros y con mucha gente para ayudarles y salvarles. Se ayudaba a otra gente, se fiaban de nosotras para poder luchar aunque tardábamos en encontrar una respuesta de por qué le sucede esto a esta gente. Fuimos enviadas de dos en dos a los campamentos y hacia la gente desplazada para trabajar con ellos. Que nuestras gentes sean refugiados en el Kurdistán es uno de los principales problemas con que contamos cada día. No tenemos derecho a ser tratados en los hospitales ni podemos pedir papeles oficiales o asistir a escuelas kurdas. Para la gente cristiana somos testigos de la fe en medio de estos tiempos oscuros de sus vidas. En medio de la confusión y de la pregunta de a dónde ir o qué hacer, nuestra presencia les da esperanza y vida. Y es signo de que el cristianismo puede continuar en Irak. Nuestro propósito desde el primer día del desplazamiento salía desde nuestra fe de que la dignidad humana es la cosa más importante a tener en tiempos de guerra. Unos de los retos fundamentales era encontrar lugares para vivir porque no podían continuar viviendo en las tiendas en el invierno ni en escuelas convertidas en campos de refugiados, así que las familias comparten casas o habitaciones prefabricadas. Todo esto aumentó los problemas y tensiones entre las familias que también sufren el desempleo.

Las principales víctimas de estos conflictos son los niños. Pensamos servir a los niños y salvarlos de tal atmósfera en algún momento del día. Alquilamos casas en los últimos dos años y pusimos jardines de infantes. El primer año de desplazamiento recibimos 150 niños y el segundo 300.

El jardín de infantes dio oportunidad para que los niños actuasen y fuesen niños. También se les dio la oportunidad de expresarse mediante la pintura y el canto y aprendieron a actuar de modo no violento entre sí. El jardín de infantes también proporcionó empleo a algunas familias. Esto ha sido posible también gracias a gente y sus ofrendas. También afrontamos cuestiones de educación y la realidad que los refugiados no pueden entrar en las escuelas kurdas. Entonces nos dimos cuenta de que no solo teníamos que dar comida y cuidar las necesidades básicas. De nuevo la dignidad de la gente era muy importante. Con la ayuda de organizaciones humanitarias y de comunidades cristianas se construyó una escuela en una propiedad de nuestra Iglesia y se nos pidió que formáramos parte de ella. El primer año recibió 400 estudiantes, el segundo 600. Se ha convertido en una de las mejores escuelas del área. Nuestros estudiantes y profesores son cristianos y todos son desplazados refugiados internos. El año pasado abrimos otra escuela en otra ciudad y esto dará posibilidades a los cristianos y musulmanes para educar a una generación y donde la fe de los estudiantes pueda crecer. Los programas educativos en las escuelas y jardines transmiten nuestra fe y tradiciones y es ahí donde Dios muestra compasión y amor. Cuando un niño consigue buenas notas y puede expresarse o cuando la juventud encuentra un propósito en la vida y asisten a la universidad, dan a las familias una nueva vida y razón para vivir. Todos son estos signos de esperanza en medio de la confusión el caos y la frustración acerca del presente y el futuro.

Las demás hermanas que enseñan en la universidad del Kurdistán, el resto del día trabajan en los programas para desplazados internos. También tuvimos que cuidar y preservar nuestras tradiciones religiosas vivas, así mantenemos un sentido de conexión con el pasado hacia el futuro, incluso estando fuera de nuestras ciudades. Las tradiciones son importantes para los cristianos de Oriente Medio porque les ayudan a establecer la identidad como cristianos orientales. Incluso en la tierra del exilio los cristianos expresan sus tradiciones de manera diferente poniendo cruces en las fiestas del triunfo de la Santa Cruz en setiembre, iluminando con un fuego la nochebuena o haciendo 3 días de ayuno en febrero para el arrepentimiento y el perdón, y muchas otras tradiciones. Dios se mueve con nosotros en cada paso y estación. Afrontamos también la cuestión de la fe. Aún la gente lucha con la cuestión de quién es Dios y por qué permite tanto dolor. Les escuchamos. La cuestión de la fe fue la más importante a la que tuvimos que responder. Cada individuo tiene que responder a ella. Para la mayoría de nosotros la fe es heredada. No trabajamos duro por ella, porque nuestros padres y ancestros eran cristianos así que creemos en lo que ellos creían. Nuestras tradiciones y prácticas nos ayudan a conectar nuestra fe. Ahora cuando la gente pierde su fe es importante que la entienda, que encuentre respuestas, proporcionarles para las necesidades básicas y que sacerdotes puedan celebrar la misa dominical de modo que los ritos sean preservados, sirios o caldeos. Nuestros sacerdotes no tienen para celebrar misa. Uno de ellos usó un escapulario de una hermana como vestimenta del altar.

También los grupos de oración se establecen en los campamentos y hacen que la gente viva su vida de fe. Algunos niños son bautizados y organizamos programas de primera comunión. Estas actividades ayudan a la gente a seguir conectados con su fe. Gradualmente podrán decir que somos la Iglesia de Dios como humanos y no el edificio que hemos dejado detrás en nuestras ciudades. Gracias a Dios la Iglesia hoy puede ser reconstruida en estos campos. Lo que viene a mi mente es la visión del profeta Ezequiel quien según el capítulo 10 vio como la Gloria de Dios vive en el templo, luego ve que está en Babilonia, indicando que Dios está con su gente donde quieran que estén, incluso en la tierra del exilio. Pero luego, en los últimos capítulos de Ezequiel 40-48, vemos que la Gloria de Dios vuelve a Jerusalén después de la reconstrucción del templo. En la visión de Ezequiel el templo está reconstruido y muestra que Dios está con su pueblo donde quiera que ellos estén. Hoy después de la liberación de las ciudades cristianas tenemos nuevos retos y más cuestiones. Las casas están quemadas, destruidas o en peligro de caer. Desde nuestro desplazamiento hace dos años vivimos en la esperanza de volver a casa y a nuestra vida anterior. Esperamos ver nuestras casas de pie y nuestras iglesias limpias. Ahora nos damos cuenta de que no vamos a volver pronto ni la cuestión de la seguridad se va a resolver pronto. La gente tiene miedo del futuro, de lo que sucederá en el futuro, preocupación por la relación con los países vecinos, especialmente las ciudades no cristianas que ya nos traicionaron cuando tuvimos que huir. La gente se pregunta dónde tenemos que ir ahora. En este momento ofrecemos a la gente el apoyo que necesitan. Continuaremos nuestra misión mientras haya cristianos en Irak. Nos damos cuenta de que igual que los exiliados israelitas hace mucho tiempo, van a volver en grupos pequeños y quizá solo los pobres volverán. Predicar la salvación y el ministerio es dar esperanza en tiempos en que no hay esperanza. Es elegir un modo de vida que deje a Dios trabajar por nosotros. Hacemos esto construyendo escuelas y empezando nuevas escuelas para gente que ha perdido todo y busca su dignidad. Tenemos que ser testimonio de que Jesús trabaja entre nosotros y nos ayuda cada día, mediante otros también. Somos testimonios con nuestras vidas de que la tragedia, el dolor y la violencia no tienen la última palabra en nuestro país.  La salvación de Dios está trabajando en el corazón de estos lugares. No es fácil pero es posible. Esperamos contribuir a hacer a los cristianos una luz para las naciones como decía el profeta Isaías. Ser una luz para todos, traer la salvación, es terminar con el sufrimiento en la medida de lo posible, implica no solo las oraciones, los sacramentos y predicar la palabra sino de igual modo y más importante servir. No es suficiente hablar del amor y la no violencia cuando la gente no tiene refugio ni comida. Para terminar, me gustaría recordar lo que nuestro Papa Francisco cuando en agosto de 2016 dijo: “Es el amor el que salva, que está ya aquí en la tierra como una fuente de salvación para aquellos que se perdonan y se dan a sí mismos a los otros, especialmente a los más débiles”. Y continuó diciendo “Nuestra vida es seria y la meta para lograrla es importante, que es la salvación eterna”. Gracias.

VIDEO https://www.youtube.com/watch?v=iT5Ba7gXfpo&feature=youtu.be

 

(21 de febrero de 2017)