IMPULSADOS POR LA EUCARISTÍA: PREDICACIÓN, COMPASIÓN Y CUIDADO DEL MOMENTO

Subtítulo: 
Dando testimonio de la Compasión: un recorrido por la vocación de los hermanos cooperadores en la Orden.
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Ignatius Perkins, O.P,
Cuerpo: 

La vocación a hermano cooperador continua siendo una parte vital para nuestra misión de la predicación. Con el fin de promover esta vocación queremos presentar los trabajos de diversos hermanos cooperadores provenientes de diferentes partes del mundo. Os invitamos a seguir este recorrido en el sitio web de la Orden (www.op.org) y en IDI.

Este mes estamos presentando:

Fray Ignatius Perkins OP es actualmente el Director of Health Services for the Dominican Friars (Provincia de San José, EEUU) y Executive Director of the Dominican Friars Health Care Ministry de Nueva York.

¿Cómo puedo llevar a cabo la misión y el carisma de la Orden?

En mi calidad de hermano cooperador de la Orden de Predicadores quisiera compartir con nuestros hermanos ordenados el privilegio y la responsabilidad de predicar el Reino de Dios a todos los que anhelan y necesitan de su mensaje de salvación para sus vidas. Como dominico con cada una de mis respiraciones, con cada una de mis acciones, con todos los sufrimientos y con todas las alegrías predico el mensaje salvífico de Dios; un mensaje de esperanza, un mensaje de inmortal amor para toda la humanidad. A través del bautismo, de la consagración de mi vida y la emisión de mis votos solemnes se me ha dado la libertad, la alegría, y de hecho la responsabilidad, de ayudar a que los demás lleguen a comprender, creer y cooperar con la Palabra de Dios a través de la sanación y la transformación del corazón y la mente. Ésta es la sanación que Jesucristo desea para todos los hombres.

¿Cómo el arte y la ciencia de la enfermería se han integrado con mi consagración religiosa como dominico hermano cooperador?

De la misma forma que otros dominicos hermanos cooperadores llevo a cabo mi predicación desde un púlpito diferente al de mis hermanos ordenados. Mis púlpitos son variados per se centran en el ministerio de la sanación por Jesucristo, en primer lugar como fraile dominico y después como médico, enfermero, especialista en ética y educador, en el que involucro a las personas estén donde estén de su viaje en busca de la verdad, la sanación y la esperanza. Lo llevo a cabo sea con otros frailes, mujeres y hombres religiosos, pacientes o familiares, estudiantes o compañeros, haciéndome presente de forma compasiva entre ellos en sus difíciles momentos de vulnerabilidad y abandono, asegurándoles que nunca pueden perder su intrínseca dignidad y que su existencia vale la pena a pesar de las circunstancias de sus vidas; ayudándoles a discernir que las experiencias de sus vidas son los caminos por los que Dios les hace llegar su mensaje de salvación, su mensaje de curación y esperanza a los que sufren y están en peligro. Constituye una oportunidad privilegiada para hacernos presentes en sus vidas, para proteger y defender su dignidad y libertad y ayudar a restablecer la integridad de las personas que sufren, de aquellos que son vulnerables por su enfermedad y que han llegado a la desesperación, a través de la sanación compasiva de toda la persona. Y cuando la curación de la enfermedad no es posible ofrecer fortaleza y esperanza a aquellos que están cercanos al final de sus vidas.

Como formador en estudios superiores de enfermería he tenido la gran responsabilidad y la privilegiada oportunidad en la sociedad y cultura actuales de ayudar a estudiantes y colegas a abrazar el entendimiento entre la fe, la verdad y la ciencia y de aplicar este entendimiento a la caridad sin límite para con los seres humanos y para con toda la sociedad de nuestro mundo global. Desde esta posición, sobre todo en la ética asistencial, he tenido los medios para crear el espacio que facilite el diálogo; para ayudar a los estudiantes, compañeros y administración a llegar a un entendimiento sobre la riqueza de la tradición católica; para ayudar a formar una conciencia moral, para llevar a cabo los principios morales de la Iglesia en el cuidado de los demás a la hora de sanar la integridad de la persona. Y, por último, de facilitar el desarrollo de comunidades morales entre el personal sanitario para que unidos puedan llegar a ser una auténtica fuerza moral que luche contra la cultura predominante del individualismo y relativismo moral.

¿Qué fuentes dentro de la tradición de la Orden te impulsan a vivir como hermano cooperador dominico esta idea de la sanación y cuidado de los enfermos?

Un excelente ejemplo, que me impulsa y me llena de energía para llevar a cabo mi vida y ministerio lo encuentro en las figuras de San Martín de Porres y San Juan Macías. Como he escrito en otra ocasión[1]:

"En la experiencia de Martín y Juan podemos entender de una manera clara lo que Tomás de Aquino quiere decir cuando habla de la Eucaristía como sacramento de la caridad. El difunto fray Thomas Gilby, un reputado especialista en el pensamiento del Aquinate, hablando sobre la interpretación de las palabras del mismo sobre los efectos de la Eucaristía, apuntó que a través del sacramento de la Eucaristía, tanto si se recibe como si se desea, la Gracia se acrecienta y la   vida en el Espíritu se perfecciona. La Eucaristía fortalece espiritualmente no sólo los hábitos de Gracia y especialmente la virtud de la caridad sino que estas virtudes impulsan su actividad en los que continúan cerca del Cristo Eucarístico[2]. Existe la explicación teológica para atribuir los efectos de la Eucaristía como algo específico en la vida y ministerio de Martín de Porres y Juan Macías. La Eucaristía como sacramento de la caridad impulsaba sus obras de misericordia y compasión, como también leemos en la vida de Santo Domingo y su ministerio con los enfermos y los moribundos, los marginados y desposeídos."

Los frailes cooperadores dominicos, como consoladores de los enfermos y los afligidos, hemos sido llamados de manera singular a responder a la llamada radical que proclama el Evangelio. La llamada de abrir las puertas a los que buscan la sanación y la esperanza, para sanar a los enfermos y los abandonados en sus horas más oscuras de dolor y en cualquier lugar donde estén y en cualquier lugar que llamen hogar. La llamada, en definitiva, a creer y a proclamar que toda persona nacida en este mundo es digna de nuestro respeto y nuestro ilimitado amor, independientemente de las razones de su sufrimiento o su momento vital.

Como fraile dominico predico el mensaje salvífico de Dios, su mensaje de esperanza, su mensaje de amor duradero y de caridad para con el prójimo, a aquellos que tengo a mi cuidado con cada uno de mis suspiros, en todas mis acciones, a través de los sufrimientos y las alegrías. Movido por el poder y la gracia de la Eucaristía, el sacramento de la caridad, cumplo el mandato de Cristo de ir al mundo entero y proclamar el Evangelio a toda la creación (Mc. 16, 15). Trabajo para llevar libremente a los demás el don de mi presencia y mi vida consagrada por nuestra misión de la evangelización a través de la predicación. Sin embargo, el regalo más grande que puedo llevar en mi encuentro con los demás es Jesús en la Eucaristía. Éste es el Momento Dominicano.

 


[1] I. Perkins, “Saints and Brothers to All: Martin dePorres, O.P. and Juan Macias, O.P.: Consolers of the Sick and Those in Distress”.  Religious Life Review, 2009, (Dublin, Ireland: Dominican Publications), Vol. 48, No 259.

[2] T. Gilby (Ed). “Holy Communion” in Summa Theologiae (London: Eyre & Spottiswoode, 1975), Volume 59, pp. 7.

 

 

(26 de enero de 2016)