Justicia y Paz

Cuerpo: 

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor. (Lc. 4,16-21)


JUSTICIA Y PAZ: Fundamentos del Reino

Justicia y paz no es una actividad más dentro de la vida de la Orden. Justicia y Paz es una orientación prioritaria, una manera de vivir y de actuar, para toda la familia dominicana: es nuestra misión como Predicadores del Reino.

¿Cómo podríamos permanecer indiferentes ante el sufrimiento que viven millones de humanos en la tierra, ya sea que ese sufrimiento lo hayan provocado las guerras o las crisis económicas o las injusticias de toda clase?

En varias provincias y congregaciones, las hermanas, los hermanos y los seglares dominicos viven su espiritualidad Dominicana en fraternidad, manifestando Ia realidad y la vitalidad de esta opción fundamental de toda la Orden por la Justicia y por la Paz, con una predicación vivida de la compasión y la misericordia.

PROFETAS de Reino

Un profeta no es un modelo de santidad; es alguien que ha tomado en serio la palabra de Dios y ha tenido el valor de confrontarla con las leyes del mundo, pues Dios lo llamaba para eso y lo sostenía. Los dominicos están llamados a ser profetas: unos despertadores de conciencia, una gente que recuerde a tiempo y a destiempo la primacía de la palabra de Dios, que desea la salvación de todos y que se hace cercano de aquellos a quienes los hombres excluyen o desprecian.

POBREZA por el Reino

La pobreza es uno de los rasgos de la espiritualidad dominicana; concierne tanto al desposeimiento frente a nuestras seguridades, nuestros ministerios, nuestras actividades, como a la renuncia a los bienes materiales

El voto de pobreza es parte constitutiva de la vida religiosa (vida común y fraterna, oración, sentido de la misión...).  La pobreza está ordenada a la caritas, al amor, que es la misma vida de Dios; no es una llamada a unas proezas austeras, sino a la amistad y al compartir nuestra vida con aquellos que son excluidos por la sociedad. La pobreza nos permite estar disponibles y libres para la predicación y nos permite acercarnos a los más pobres. Crea una apertura a la vida de los excluidos; inscribe en nuestra vida un lugar para los más pobres y las victimas de la violencia y nos orienta hacia una solidaridad para con ellos.

    

    

    

    

    

 

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