La LIBERTAD en la vida dominicana

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La LIBERTAD en la vida dominicana
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La libertad es sustancial en la vida dominicana. Para muchos de nosotros es lo que más nos ha atraído de la Orden. No se ofrece un modelo único de ser dominico previamente establecido para que se asuma en detalle, sino que se señalan las amplias condiciones en las que cada uno construya su propia vocación e identidad personal.

Por eso, decía Schillebeeckx que una de las representaciones artísticas que mejor había captado el espíritu de Santo Domingo era la de Matisse. Unas cuantas líneas generales representan su boceto o silueta, como el esqueleto de la vida dominicana, pero Santo Domingo nos ha dado una gran libertad para que cada uno las rellene con un contenido diverso y para que cada uno mueva el esqueleto con su personal gracia.

Algunos jóvenes, cuando entran a la Orden, quedan desconcertados: no se les ofrece un modelo de fraile perfectamente delineado, ni se les dice qué deben pensar respecto a todas sus preguntas. Alguno ha quedado ciertamente descolocado al comprobar que no se tenía el mismo horario en todas las comunidades, ni se rezaba igual, ni se tenían las mismas respuestas... La libertad es el único contexto para que las cualidades personales se desarrollen y para que la vocación personal florezca.

Uno no puede esperar de una Orden que valora e integra positivamente la diversidad, hasta situarla en su centro espiritual, que se lo dé todo resuelto y le asigne un camino perfectamente planificado. Mucho va a depender, en nuestra trayectoria dominicana, de la propia iniciativa y del propio interés por contribuir al bien común desde las cualidades y aptitudes personales que uno tiene o que pueda llegar a tener. Por ello, la vocación sólo madura cuando uno pasa de considerar lo que la Orden le debe ofrecer a uno, a pensar y actuar buscando lo que uno le puede ofrecer y entregar a la Orden...

Fray Francisco Javier Carballo Fernández, o.p.

(13 de febrero de 2018)