Los más jóvenes han vivido, no tantas Pascuas como algunos de nosotros, pero en todos estos años para todos, seguramente han pasado innumerables imágenes en torno a esta fecha. De pronto nos felicitan, algunos reciben una tarjeta, quizá recordemos que de niños, aquello de los huevos de Pascua era realmente fascinante, y que aunque parezca solo un efecto comercial, en realidad hoy sabemos que esos famosos huevos de pascua tienen toda una interesante historia en muchos países de Europa. En algunos es la connotación, sobre la dureza del corazón de Ramsés, en otros es el festejo en el que se podía nuevamente comer huevo, después de que en cuaresma estuvo prohibido.
Pero además de eso, podremos decir que la Pascua es la fiesta más importante del cristianismo. Para muchos, la Pascua marca el final de la Semana Santa, en la que se conmemora la crucifixión y muerte de Jesús. A la Semana Santa le sigue un período de cincuenta días llamado Tiempo pascual, que termina con el Domingo de Pentecostés. Aunque para algunos es solo un periodo de siete días, que significa que tienen siete días más de vacaciones, la famosa semana de Pascua.
Aunque esto, no pretende ser un texto formativo, sino solo una reflexión y una invitación a que busquen información más calificada sobre este tema. Creo que cuando nos metemos un poco en la historia, ésta nos ayuda a entender mucho de lo que hoy vemos. Y siempre es bueno saber un poco más.
El Domingo de Pascua es una fiesta móvil. Lo que significa que no se fija en relación al calendario civil. El Primer Concilio de Nicea (año 325) estableció la fecha de la Pascua como el primer domingo después de la luna llena tras el equinoccio de primavera en el hemisferio norte. El cristianismo oriental basa sus cálculos en el calendario juliano, por lo que su fecha se sitúa entre el 4 de abril y 8 de mayo. Mientras que el Occidental será entre el 22 de marzo y el 25 de abril
Sin embargo es importante recordar que nuestra Fiesta Pascual tiene serias raíces en la Pascua de los Judíos. Así que encontramos que los judíos ya celebraban y con mucho respeto esta fiesta, aun antes del éxodo. Los pastores nómadas la celebraban con ocasión de la época en que transitaban del invierno y la primavera, era una fiesta especial; cuando nacían las crías de las ovejas. Era cuando ellos tenían que comenzar de nuevo la peregrinación que los conduciría al país cultivado, y en donde pasarían el verano. Para los agricultores el comienzo del año era en otoño, para los nómadas empezaba en primavera.
En la noche del primer día de luna llena de la primavera se reunían los pastores en el desierto, sacrificaban un cordero, realizaban un rito y celebraban una cena en donde comían las carnes del cordero, con los vegetales que podían encontrar en el desierto. Cuando ya eran sedentarios, la fiesta de la Pascua, era una fiesta de pastores, coincidía con la fiesta de primavera de los agricultores, que era comer los panes sin levadura, amasados con los primeros frutos de la cosecha de cereales. Con el tiempo, ese festejo será, el que se viene a transformar en el festejo de la liberación de los hebreos (esclavos en Egipto) Ex 12:12-13, 21-23. Desaparece lo de las cosechas y los ganados y se convierte en una celebración de la libertad.
La fiesta comenzaba con una cena Pascual y duraba 7 días (tradición de los ácimos) Ex 12:14-20. En la cena eran fundamentales, la carne del cordero (signo de la compasión de Dios), el pan ázimo (miseria sufrida), las hierbas amargas (esclavitud), la salsa roja (los trabajos forzados en Egipto) y las cuatro copas de vino. Ya en la época de Jesús, en la Cena pascual ya estaban presentes las esperanzas mesiánicas, algo que re-direcciona esta fiesta.
Para el Judío tradicionalmente, la Pascua (Pesaj), comienza en la tarde del Seder (Seder significa orden) los judíos llaman a la cena pascual cena del Seder y es la tarde más solemne del año. Con anticipación ha sido retirado todo pan fermentado, toda la levadura debe ser quitada de la casa judía (Bedikat Jametz). Y ha sido guardada la vajilla ordinaria. Porque para la fiesta hay una vajilla especial. Y se ponen las copas en las que se servirá el vino como signo de la alegría. Y se encienden las velas. (Jadelaket)
La introducción consiste en el servicio de la primera copa de vino (Kadesh), que se bebe mientras se pronuncia una oración de alabanza. El padre de familia moja entonces la verdura en un agua salada, pronuncia una bendición y da algo a cada uno. Luego reparte un pan ázimo, del que separa la mitad para después de la cena. Ahora tiene lugar la cena propiamente dicha. El padre de familia dirige una invitación a "los que tienen hambre y a los pobres".
Se sirve entonces la segunda copa (Mishpat). El menor de los asistentes pregunta sobre la razón por la cual se celebra en esta forma la fiesta. Todos responden:
Un día fuimos esclavos del Faraón en el Egipto; entonces nos condujo el Eterno, nuestro Dios, fuera de allí. Se narra entonces la historia de la liberación. Con ocasión de la narración del recuerdo de las diez plagas, cada uno mete un dedo en la copa de vino, toma diez veces una gotita y la derrama. No se debe beber completamente la copa de la alegría, pues entonces hubo mucho sufrimiento entre la gente en Egipto. A la narración de la historia de la liberación responden todos con el Hallel, el conjunto de salmos de alabanza que tienen que ver con la liberación de Egipto. Y se bebe entonces la segunda copa. El padre de familia toma el pan, pronuncia la acción de gracias, lo parte y da de él un trocito a cada uno. De la misma manera toma de las hierbas amargas, las sumerge en la salsa, pronuncia una bendición, y da a cada cual de comer. En ese momento son traídas las viandas propiamente dichas de la cena. Antiguamente se comían ahora las carnes del cordero. El postre es simplemente el trozo de pan ázimo reservado para este momento.
Después de comer se sirve la tercera copa. El padre de familia comienza la oración de la mesa con las palabras: "Alabemos a quien nos da el alimento", y reza la oración de la mesa. Se bebe entonces la tercera copa.
Se sirve finalmente la cuarta copa La cuarta copa es la copa de "Hallel." Hallel en hebreo significa "adoración," Se abre la puerta para que pueda entrar el mensajero del Mesías, el profeta Elías. En medio de la mesa se pone una copa llena de vino para él. Se canta la segunda parte del Hallel y se bebe la cuarta copa. Y con una oración de conclusión se termina la celebración.
Las fiestas principales judías eran Pascua, Pentecostés y Tabernáculos, cuya celebración se basaba en acontecimientos anualmente esperados por agricultores y ganaderos, relacionados desde siempre con Dios y, más tarde con algunos hechos salvíficos históricos. De estas tres fiestas, la de la Pascua era la más antigua e importante de Israel. Recordemos que la palabra griega pascha (en castellano pascua) es traducción del arameo phasha y del hebreo pesah, que significan «paso» o «tránsito».
Y así se emplea en el Evangelio de San Juan (13,1): «Habiendo llegado la hora de pasar de este mundo al Padre...». Naturalmente, el «paso» pascual significado no es solo un cambio de lugar, sino transformación de la existencia. Es existir de un modo nuevo.
Lo cierto es que desde finales del siglo I, la Pascua como festejo anual, es la fiesta más importante de la Iglesia. De hecho, hubo en ese siglo, con respecto a la Pascua, dos corrientes que originaron una tensa controversia. La corriente oriental defendía que la Pascua debía celebrarse el Viernes Santo, al atardecer, con una eucaristía. La corriente occidental pensaba que había de festejarse en las primeras horas del domingo siguiente a ese viernes. A finales del mencionado siglo, por decisión del papa Víctor, se impuso la tradición romana, y empezó a celebrarse la Pascua el Domingo de Resurrección.
La razón de la importancia cristiana de la Pascua es obvia: en la fe cristiana, es fe en la muerte y resurrección del Señor, o mejor dicho en la Pascua de Cristo
Pero mas allá del sentido festivo-devocional, la razón de esta reflexión es que rescatemos realmente para nuestra vida, ese sentido importante de nuestro momento, en donde se llena de Fe nuestra razón. Dar razón de nuestra Fe. Y que en nuestra vida ese concepto de “paso”, es el que todos esperamos vivir algún día, el día que todos llaman el día de nuestra muerte, pero que por esa Fe estamos ciertos que será el paso de la muerte a la vida. Todos hemos vivido la Pascua de algún ser querido y viviremos nuestra Pascua, y ese será a donde nos llevara nuestro seguir a Jesús que fue el primero que la vive pasando de la muerte a la vida. Y como dice el texto, “Si Jesús no hubiese resucitado, vana seria nuestra Fe”
Pero en este momento de la vida de la Iglesia y de nuestra vida personal, ojalá y esta celebración del paso de la muerte a la vida, pudiese encontrar en nuestra vida, ese paso de todo aquello que nos tiene muertos, como el poder, el engaño, la envidia, y todos los apegos que nos hacen vernos a veces muertos en vida. Y ojala pudiésemos caminar hacia una resurrección en nuestro cotidiano vivir.
Todos, creo que tenemos algo que trabajar para celebrar nuestra liberación, como en aquellos festejos de las cuatro copas. Porque sin darnos cuenta, podemos vivir lejos de los que necesitan de nuestro servicio, de nuestro amor, de nuestra caridad, y de nuestra presencia. Porque podemos llegar a creer, que estar cotidianamente en los templos, o en los centros más cercanos a la Institución, y ser de los que desfilan por el centro en las celebraciones en alfombra roja, ser los directores de diversos movimientos y ostentar cualquier cantidad de cargos, listones, velas, medallas y escapularios. Creer que somos los “primeros”, y probablemente estemos muy lejos de donde Jesús nos quería ver, junto a los alejados y los más necesitados.
Hoy tenemos un Papa que nos invita a la humildad y al servicio, a estar cerca de quienes tanto necesitan. El Papa Francisco resalta el sentido del servicio, por sobre el sentido jerárquico y del poder cuando dice:
"Ser un cardenal es un servicio, no un título honorífico. La vanidad, el jactarse de uno mismo, es una expresión de la mundanidad espiritual, que es el peor pecado en la Iglesia”.
"El arribismo, el tratar de subir, entra de lleno en esta mundanidad espiritual. Como ejemplo de lo que es realmente la vanidad, con frecuencia digo: mirad a un pavo real, si lo miras de frente es muy bonito. Pero da algunos pasos hacia atrás y míralo desde atrás, te das cuenta de la realidad. Quien cede a esa vanidad autoreferencial, en el fondo esconde una miseria muy grande".
Felices Pascuas, y ayudémonos todos de corazón, a vivir esa Pascua, Pascua que nos transforme y nos lleve a una mejor forma de seguir a Jesús en nuestro diario vivir..

