Las Dominicas y la Predicación

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En este año que la Orden se ha dedicado a la reflexión sobre la predicación “a lo femenino” es oportuno preguntarse si verdaderamente nosotras, mujeres dominicas, estamos predicando, cuáles son los ámbitos de nuestro anuncio y cuál es el mensaje que ofrecemos.
 
Me he planteado personalmente esta pregunta y, con la nostalgia de Domingo, debo reconocer que mi predicación, después de algunos, demasiados, años como superiora general en mi Congregación, no está dirigida hacia los Cumanos, sino hacia el interior de la Orden y de la Iglesia.
 
Predico, de hecho, a las hermanas de varias Congregaciones, tanto de nuestra Unión como a las novicias del nor-occidente de Italia. Y les transmito aquello que he visto y oído y mi mensaje se concentra en tres temas que casa año están a la base de mi reflexión.
 
Predico ante todo la “Presencia”, la Shekinah, dirían nuestros hermanos hebreos, porque la percepción del Señor constantemente a mi lado da fuerza y esperanza a mi vida y a mi servicio. Aquello que pasa por mis manos pasa custodiado por el Señor que me lo ha prestado, y estoy segura que lo sostiene con su preocupación, impidiendo que lo destruya por mi fragilidad e incompetencia. El conocimiento de la divina Presencia nos mantiene en el temor y en la confianza la espera de su ayuda y de su inspiración.
 
Predico por esto la necesidad de la escucha, sobre todo invito a la escucha obediente de la Palabra de Dios en la fidelidad constante al ejercicio del estudio y de la oración de la Lectio Divina.
 
En un clima de silencio, al que invito a la comunidad, predico la belleza de la Escritura y la alegría de descubrir el rostro y el “estilo de Dios” para aprender a vivir con su familia.
 
Pero exhorto también a la escucha de los momentos de la historia en los cuales Dios nos habla. Invito a documentarse para conocer de verdad y para dar un vistazo a los acontecimientos del mundo, y a las circunstancias de nuestra cotidianeidad con el optimismo de que todo coopera al bien de aquellos que aman a Dios, si bien, con el tesón responsable y la oración de quien sabe vivir en el ya pero todavía no.
 
Predico la comunión, como fruto del anuncio evangélico, en constante apertura a la acogida de las hermanas y hermanos nuevos. Invito a entrar en la comunión, no con el cansado voluntarismo, sino con el humilde reconocimiento de la respectiva fragilidad que abren al intercambio y a la gratitud. Predico la comunión que nace de la convergencia hacia el único Señor y se cimenta en la misericordia recibida y dada.
 
Sólo así, se puede contemplar la belleza de la barca de Domingo en la cual, como dice Santa Catalina, todos están bien, perfectos y no perfectos.
 
Precisamente por esta comunión relanzo a todas mis Hermanas Dominicas mis preguntas:
 
Nosotras, mujeres dominicas, ¿predicamos verdaderamente?
 
¿Cuáles son los ámbitos de nuestro anuncio?
 
¿Cuál es nuestro mensaje?
 
El Señor nos transforma en templo de predicación, en casa de oración y de alabanza permanente”
 
Hna. Edvige Tamburini
Unión de Hermanas Dominicas de Santo Tomás de Aquino