Los dominicos y los indígenas en Ecuador

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A propósito de los 500 años de la llegada de los dominicos a América y del sermón de Montesinos
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Ecuador
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El pasado 1 de marzo, en Puyo, con la presencia del Vicario General del Vicariato General de Santa Catalina de Siena, Fr. Giovanny Pazmiño OP, los dominicos hicieron entrega legal de 50 hectáreas de tierra a familias indígenas de Pastaza.

Los dominicos de Ecuador, recordando los 500 años de la llegada de los dominicos a América y del sermón de Montesinos, entregaron legalmente a los indígenas tierras que fueron perdiendo desde tiempos de la colonización y que con la gestión de los frailes, en distintos períodos, poco a poco les fueron restituidas.

Con el avance de la colonización por parte de personas originarias de la Sierra, los grupos indígenas fueron siendo desplazados de sus territorios ancestrales hacia el interior de la selva. Para evitar este desplazamiento, en el año 1948 los misioneros dominicos gestionaron ante el Gobierno nacional las comunas indígenas de “San Jacinto” y de “Canelos” que implicaba la legalización de algunos miles de hectáreas a favor de los nativos y que no podían ser invadidas por los colonos.

La acción evangelizadora de los dominicos en Ecuador (antigua Audiencia de  Quito) se remonta a los inicios de la conquista y durante toda la Colonia. A ellos les encomendaron varias “doctrinas” en zonas que conservan signos de su paso evangelizador por esos lugares, por ejemplo en la presencia en los templos de esas poblaciones de imágenes de santo Domingo, san Jacinto y, sobre todo, San Vicente Ferrer.

En la región amazónica ecuatoriana la presencia de los dominicos  data, concretamente, del año 1541 cuando el P. Gaspar de Carvajal acompañó a Francisco de Orellana en el “descubrimiento del Amazona” y fue el cronista de esa expedición. Él fue el primer evangelizador dominico en este sector de la cuenca amazónica.

Después, ya en el siglo XVII, la presencia de los dominicos en la Amazonía ecuatoriana se concentra en la zona de Canelos, actual provincia de Pastaza y Vicariato Apostólico de Puyo. Esta presencia, que se prolongó hasta mediados del siglo XIX, se estabilizó e institucionalizó en el año 1886 con la creación de la Prefectura Apostólica de Canelos a cargo de los misioneros dominicos. A partir de entonces su acción misional, educativa y social se incrementó incluso con la “fundación”, por parte de los misioneros, de varias poblaciones indígenas, entre ellas Puyo (1899)  actual capital de la provincia de Pastaza.

Con el avance de la colonización por parte de personas originarias de la Sierra, los grupos indígenas fueron siendo desplazados de sus territorios ancestrales hacia el interior de la selva. Para evitar este desplazamiento, en el año 1948 los misioneros dominicos gestionaron ante el Gobierno nacional las comunas indígenas de “San Jacinto” y de “Canelos” que implicaba la legalización de algunos miles de hectáreas a favor de los nativos y que no podían ser invadidas por los colonos.

Al mismo tiempo la Provincia dominicana, en el año 1950, denunció (solicitó a su favor) ante el Ministerio de Agricultura cincuenta hectáreas de tierras baldías en las afueras de Puyo. Con el tiempo, parte de estos terrenos sirvieron para la construcción de varios centros educativos de la Misión Dominicana y la creación de dos cooperativas de vivienda, una para profesores misionales y otra para familias indígenas venidas del interior. Esto último se llevó a cabo en los años 90¨. La comunidad de los dominicos de Puyo apenas se reservó una hectárea para la construcción de una casa propia dentro del Vicariato.

La última acción de los dominicos en Ecuador a favor de los indígenas de Pastaza, recordando también los 500 años de la llegada de los dominicos a América y del sermón de Montesinos, fue la entrega legal, el 1 de marzo, del resto de terreno que quedaba de las 50 hectáreas a favor de varias familias indígenas de apellido Chango, emparentadas entres sí. Esta iniciativa se llevó a cabo previa autorización del Consejo del Vicariato.

En base a la crónica elaborada por Fray Antonio Cabrejas, O.P.