Mesa redonda organizada por los dominicos de España y Casa de América sobre el futuro de la Iglesia en América Latina

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Se celebró el miércoles 28 de marzo en la Casa de América (Madrid) y contó con la participación de Monseñor Francisco González O.P. y fr. Jesús Espeja O.P.
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Mesa redonda en la Casa de América
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En América Latina viven cerca de la mitad de los católicos del mundo. Un setenta por ciento de los latinoamericanos se declaran católicos. Estos dos hechos llevan a reflexionar sobre el peso que América Latina tiene en el futuro de la Iglesia Católica, peso que hasta ahora gravitaba en torno a Europa. Con ocasión del viaje del Papa Benedicto XVI a México y Cuba, Casa América y los dominicos invitaron al debate a tres personas conocedoras del catolicismo en América Latina: Mons. Francisco González, obispo de Puerto Maldonado (Perú), Jesús Espeja, teólogo dominico, y José Cristo Rey García Paredes, teólogo claretiano.

En su intervención, Jesús Espeja enumeró tres características para describir la Iglesia de América Latina: humanidad, o lo que es lo mismo una Iglesia que prima los valores de la cercanía, la sencillez, la solidaridad y donde la persona es el centro, frente a otras culturas occidentales en las cuales lo humano queda relegado a otras realidades. En segundo lugar la importancia de las víctimas, que para Cristo tuvieron prioridad y la siguen teniendo en la Iglesia de América. En tercer lugar resaltó lo que es propio de América Latina cuando expresa una firme creencia en un Dios que no abandona, que es ternura, que es cálido. Con su religiosidad variada, sí, pero con fuerte sentido de lo trascendente. Frente a esa realidad se encuentra una Europa que, en cierto sentido, ha roto con el creador.

Esto básicamente es lo que puede aportar la Iglesia latina al resto de la Iglesia universal. Eso sí teniendo en cuenta que América Latina está cambiando rápidamente, por eso el interés del Papa y de la Iglesia por este continente y del viaje que el pontífice ha realizado a Cuba y México.

Mons. Francisco González aportó una visión más testimonial, con casos concretos, para demostrar cómo está cambiando la realidad de Latinoamérica. En Latinoamérica, frente a la realidad Europea, la fe sigue viva, está presente en las relaciones, en la vida. Pero el obispo también alertaba de los peligros que conllevan la situación de increencia en Europa, dada su influencia en América; no debemos olvidar, a este respecto, la fuerza que todavía tiene el colonialismo, marcando muchas veces las realidades sociales, económicas, políticas y también religiosas de Latinoamérica.

Los países de aquel continente comienzan a crecer en desarrollo, pero el problema está en que es un desarrollo muchas veces abusivo, derivando a situaciones inhumanas. Los jóvenes son atraídos por la droga, el alcohol y la prostitución. La Iglesia ante esa realidad tiene que tener palabras de esperanza.

Terminó alertando del peligro de la difusión de sectas que no es fruto de una inspiración del Espíritu Santo, sino más bien un plan organizado por la fundación Rockefeller, el Plan Amanecer, que ha promovido la difusión de las sectas después del Concilio Vaticano II, pues se veía la labor de la Iglesia al lado de los pobres como una injerencia en los intereses económicos de EEUU.

Por último intervino Cristo Rey García Paredes, teólogo claretiano, que planteó cuatro elementos de la iglesia de Latinoamérica que son una original aportación al resto de la iglesia: una nueva visión desde lo social, lo ecológico, donde se ve, se juzga y se actúa; una nueva forma de ser iglesia, como comunidad de comunidades centrada en el pueblo y en la naturaleza, en la creación y en lo cósmico, basada en el diálogo, ‘en el coloquio’ como decía Pablo VI, no dogmática e impositiva, sino hierática y que sabe integrar los sueños y lamentos populares; una nueva forma de relacionarse con la Palabra, donde la Biblia está en manos de todo el mundo y no existe el miedo de manipularla, porque la Palabra tienen tanta fuerza que es ella la que acaba “manipulándonos”. Por último el papel de la mujer, donde el pensamiento femenino, con numerosas teólogas, tiene mayor fuerza y presencia que en Europa.
La mesa redonda terminó con un turno de preguntas en las cuales los ponentes se manifestaron a favor de una Iglesia que sea capaz de ver el mundo de forma positiva, porque la novedad de la encarnación está en la animación del Espíritu. “Tenemos que aprender del mundo”, afirmaba Jesús Espeja. Una Iglesia, según el teólogo dominico, que sea comunidad de vida, y que esté centrada en las víctimas. Una Iglesia de diálogo, añadió Cristo Rey García Paredes, de coloquio, centrada en la misión, pues “en Europa tenemos una crisis de misión”. Una Iglesia, finalmente, de personas que han tenido un encuentro con Dios vivo y que cuenta con Él en todos los ámbitos de la vida. “Contar con Dios y saber que es salvador actual, para mi y para la comunidad, eso falta en Europa”, apostilló Monseñor González.

Es lo que hace viva una Iglesia: que los hombres y mujeres hayan tenido un encuentro con Jesucristo y pongan por encima de todo la experiencia de Dios que es amor, pues eso cambiará sus relaciones, sus formas de mirar el mundo y sus acciones. Todo será nuevo, lo que hagan y toquen.

Asistieron al acto unas ochenta personas, y estuvieron presentes el director de Tribuna americana, Ricardo Añino, el Prior Provincial de la Provincia de España, fr. Javier Carballo, el presidente de la Junta Ibérica de Provincias, fr. Pedro Juan Alonso, la secretaria de CONFER nacional, Julia García Monge, numerosos miembros de Familia Dominicana, periodistas, etc.

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