Navidad: Vocación a la Vida

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En aquella noche santa, la noche más buena con olor a estrellas y caricias de luna, Dios en su ingenio amoroso estaba revelando al mundo su designio salvador. Dios hecho hombre, la vida misma de Dios haciéndose carne, historia humana acampando entre nosotros. Desde entonces la vida ha quedado dignificada en todo su esplendor y es posible descubrir la auténtica vocación a la vida. Dios ha descendido para que el hombre ascienda.

El misterio del Nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios, colma de gracia el devenir histórico; ahora se puede hablar de historia de salvación y cada vida humana que nace le recuerda a Dios Padre la naturaleza encarnada de su Hijo y desde Él, Dios Padre sigue contemplando a cada hombre y a cada mujer. Somos hijos en el Hijo Jesús, entonces la vida se torna en bien y cada ser humano ahora es signo de la presencia divina y resplandor de su gloria.

A partir de Navidad la humanidad funciona y se canta a la vida divina encarnada en Jesús. La vida de Jesucristo se ha hecho visible en su santa humanidad. Tras su expresión humana descubrimos a la vida totalmente divina en su origen, así Jesucristo siempre vivo, opera la perfección interior y sobrenatural en todos aquellos que se sienten movidos por el deseo sincero de imitarle y por medio de la fe y del amor, se ponen en contacto directo con Él en la oración y el servicio.

Con el Nacimiento de Jesucristo en Belén en Navidad celebramos la fiesta de la vocación a la vida, celebramos nuestra propia vida, ha nacido el Salvador. Él nos ha quitado el miedo de morir y nos infunde la alegría de la eternidad prometida. Celebremos pues nuestra propia fiesta, la fiesta de nuestra salvación. El Nacimiento de Jesús tiene un efecto sobre nosotros, nos ha divinizado, y, de esta manera, en Navidad celebramos la fiesta de nuestro propio comienzo, el logro de todos nuestros anhelos; celebramos que en todos nosotros hay vida divina. Sin esta fiesta no nos daríamos cuenta de la vida divina en nosotros.

Por eso Navidad es tiempo de gozo y gratitud, memoria y consuelo, esperanza y abrazo. Regalo de un Dios que nos enternece al volver a contemplar el misterio divino de un Dios encarnado envuelto entre pañales y pajas; sudores y amores, cánticos celestes y villancicos pastoriles. Tiempo propicio para volver la mirada hacia nuestra verdadera herencia aquí en la tierra, nos abrimos a la potencia espléndida de Dios en su Hijo, invoquemos todo el amor y toda la sabiduría que lo impulsa.

¡Navidad, fiesta de la vocación a la vida, llénanos de la alegría que porta tu mensaje: Dios ha nacido para salvar!

 FELICES Y ENTRAÑABLES FIESTAS DE NAVIDAD.
 

 Fr. José Alberto Hidalgo Alarcón, OP - Convento de Ntra. Sra. de La Candelaria, Tenerife