Ordenación presbiteral en Argentina

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            El calor reinante en Santiago del Estero sólo puede ser equiparable al clima humano que se vive allí. Precisamente con este marco de calidez climática y humana transcurrió la ordenación presbiteral de fray Gustavo Sanches Gómez, OP en su ciudad natal el 20 de octubre en la iglesia del Convento Santo Domingo.

            En presencia de su familia y amigos, de la comunidad casi completa de frailes de Tucumán, lugar donde se haya asignado, de tantos otros frailes venidos de distintas partes de Argentina y la esmerada organización de los frailes locales, transcurrieron las horas que van desde su ordenación presbiteral al mediodía en manos del obispo de Concepción fray José María Rossi, OP, hasta su primera misa a las 21 hs. en la misma iglesia.

            Dos eventos se repartieron como corolarios festivos de cada ceremonia litúrgica. Después de la ordenación hubo un ágape en una escuela de hermanas franciscanas, con números de folklore incluidos; por la noche concluida la misa fue el claustro del convento el que se prestó para seguir alegrándonos con el neopresbítero y la familia dominicana, muchos de cuyos miembros venían de lejos, como por ejemplo de Buenos Aires, donde fray Gustavo vivió los últimos cuatro años de su formación en preparación para su ordenación.

            Para organizar este acontecimiento tan importante en la vida de la Provincia pusieron particular empeño fray Amado y fray Oscar, miembros de la comunidad de Santiago del Estero, muchos laicos allegados a la misma y la comunidad de jóvenes Betania. A todos ellos debemos un agradecimiento especial, como también a los jóvenes tucumanos de Ensemble Vocal Santo Domingo que cantaron en la ordenación.

            Nadie mejor que fray Gustavo para relatar lo que significó este momento en su vida, he aquí su testimonio:

“Cuando empecé a pensar en la cita que elegiría como lema, lo primero que me vino a la mente fue la cita del salmo 42. Porque se trata de “acercarse al altar de Dios” para ofrecer el Sacrificio y mi vida y la de todos mis hermanos.

Estos días pasados estuvieron cargados de emociones y de mucha alegría, también de recuerdos y de reencuentros. Y aunque no faltaron los nervios todo lo viví con mucha paz. Doy gracias a Dios por todo ello y por la dedicación y amor con que colaboraron los que se encargaron de preparar la celebración: a mis hermanos frailes, a los laicos del convento de Santiago. Un agradecimiento especial a fray Amado Montironi y a los frailes de la casa de Santiago que se preocuparon por todos los detalles.

Por supuesto también a todos los que me hicieron llegar sus saludos y las oraciones elevadas por mi ordenación: a las monjas de los diversos monasterios, las hermanas de las diversas congregaciones y a todos con los que tuve oportunidad de compartir mi apostolado.

Realizar la ordenación en mi provincia fue para mí muy grato, tener cerca a mi familia y los amigos que me conocen de toda la vida, y compartir con ellos la alegría del gran don del sacerdocio.

A fray José María Rossi mi agradecimiento por haber aceptado ordenarme. Agradezco sus palabras en la homilía y entre otras cosas rescato aquello que me encomendó como tarea propia de nuestro carisma: “convertirme, como sacerdote dominico, en especialista y testigo de la obra de la gracia en mi vida y en la de los hermanos a los acompañe en mi ministerio”. Con la ayuda de Dios trataré de responder a esa consigna para mi vida sacerdotal.

Nuevamente gracias por todo y espero seguir contando con sus oraciones y apoyo para la tarea que me toca ahora realizar en “medio de la Iglesia”.

Que el Señor Jesús los bendiga.”

 

Fray Emiliano Vanoli, OP