QUE ES LA POSMODERNIDAD?

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IEOP, Lisboa, abril 2012
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Bento Domingues
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La postmodernidad se refiere sobre todo al agotamiento de la modernidad” (David Lyon).

“La posmodernidad es la modernidad menos sus ilusiones” (Zygmunt Bauman).

“Posmoderno quiere decir eclosión del pluralismo y final del discurso monocultural” (Diego Bermejo).

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Para  F. Nietzche, un filósofo muy influente  en  la denuncia  de las ilusiones de la modernidad, no hay conocimiento neutral. Es siempre una perspectiva contingente, particular, relativa: una pluralidad de  fragmentos  sin fundamento,  a camino del  nihilismo,  después de la  cultural “muerte de Dios”  y del sujeto.

Acerca  de la posmodernidad – el nombre para  una época a que no sabemos dar nombre -  no voy a dar  mi perspectiva particular. La posmodernidad ( o modernidad liquida)  no tiene  las  mismas características  en todas partes y, por eso, parece-me  preferible procurar reunir  y presentar  varias perspectivas después de ter visitado una  bibliografía  muy amplia y muy repetitiva.  

El fenómeno  posmoderno es, sobre todo, un clima cultural, muy complejo, siempre en proceso, en devenir permanente y por eso vive en el labirinto de las interpretaciones. Procurar  una “esencia de la modernidad”, en perspectiva ontológica,  no tiene sentido.  Esta se  auto-interpreta como movimiento anti-metafísico,  desconstrucción  relativista, eclética de la estética  y de la ética –  empezó en literatura, en el arte y las costumbres  -  modelando hoy  la familia, la escuela,  el trabajo, la economía, la  política, la religión,  domina los medios de comunicación con su “débil” pensamiento.

Que todo sea sensibilidad, emoción, sentimiento,  afectos,   espectáculo,  frivolidad  hedonista -  donde también se admite todo – surge como la  primera imagen que ofrece a sus opositores!

 

 El filosofo  jesuita, Juan A. Estrada, ve la novedad de la posmodernidad en la radicalidad con la que  se asume  la complejidad y heterogeneidad  sujeto de la realidad, que hacen inviable  el discurso universal englobante. No hay un sujeto desde  el que hacer ese discurso, ni una estructura fija  y permanente  desde  la que  conoce, ni reglas epistemológicas  que lo legitimen  como válido De esta forma se  arruina el realismo metafísico y las pretensiones unificadoras  de la razón. El devenir  sustituye al ser,  el evento o acontecimiento  al fundamento, la interpretación a los hechos, la discontinuidad  a la tradición  continua y la ausencia de metas  a  teleología determinista. La revalorización del fragmento  y el aprecio de las  diferencias,  que permite  romper  el  aprisionamiento  de una razón  total abarcante,  tienen  como contrapartida  el eclecticismo y el pensamiento débil, que favorecen el conformismo social y el positivismo anti-utópico. Es un pensamiento  presentista que impugna la continuidad con el pasado y valora  los aspectos  creativos y  individuales de la vida, más  en la  línea  de una estética  de la existencia que de una  ética fuerte como la que pretende   la Ilustración.

(…)  El pensamiento posmoderno es un síntoma  de la crisis  filosófica  actual, sobre todo de la pérdida de relevancia  de los grandes sistemas del pasado.

 

 

I  La  posmodernidad se desarrolla entre Vat. II  y Juan Pablo II (Card.   Ratzinger)

 

1. Hace  50 años, el Concilio Vaticano II reconoció que estamos viviendo una rápida mutación cultural: “Se puede ya hablar de una verdadera metamorfosis social y cultural” (Cf. GS 1. En GS 5-7 se describen algunos cambios profundos del mundo moderno).

 

2. Juan Pablo II, en la encíclica Fe y Razón (Fides et Ratio), cap. VII, nº 91 de 14 de Septiembre de 1998, presenta y contextualiza su perspectiva sobre la posmodernidad:

«Al comentar las corrientes de pensamiento apenas mencionadas no ha sido mi intención presentar un cuadro completo de la situación actual de la filosofía, que, por otra parte, sería difícil de englobar en una visión unitaria. Quiero subrayar, de hecho, que la herencia del saber y de la sabiduría se ha enriquecido en diversos campos. Basta citar la lógica, la filosofía del lenguaje, la epistemología, la filosofía de la naturaleza, la antropología, el análisis profundo de las vías afectivas del conocimiento, el acercamiento existencial al análisis de la libertad. Por otra parte, la afirmación del principio de inmanencia, que es el centro de la postura racionalista, suscitó, a partir del siglo pasado, reacciones que han llevado a un planteamiento radical de los postulados considerados indiscutibles. Nacieron así corrientes irracionalistas, mientras la crítica ponía de manifiesto la inutilidad de la exigencia de auto-fundación absoluta de la razón.

Nuestra época ha sido calificada por ciertos pensadores como la época de la «posmodernidad». Este término, utilizado frecuentemente en contextos muy diferentes unos de otros, designa la aparición de un conjunto de factores nuevos, que por su difusión y eficacia han sido capaces de determinar cambios significativos y duraderos. Así, el término se ha empleado primero a propósito de fenómenos de orden estético, social y tecnológico. Sucesivamente ha pasado al ámbito filosófico, quedando caracterizado no obstante por una cierta ambigüedad, tanto porque el juicio sobre lo que se llama «posmoderno» es unas veces positivo y otras negativo, como porque falta consenso sobre el delicado problema de la delimitación de las diferentes épocas históricas. Sin embargo, no hay duda de que las corrientes de pensamiento relacionadas con la posmodernidad merecen una adecuada atención. En efecto, según algunas de ellas el tiempo de las certezas ha pasado irremediablemente; el hombre debería ya aprender a vivir en una perspectiva de carencia total de sentido, caracterizada por lo provisional y fugaz. Muchos autores, en su crítica demoledora de toda certeza e ignorando las distinciones necesarias, contestan incluso la certeza de la fe.

Este nihilismo encuentra una cierta confirmación en la terrible experiencia del mal que ha marcado nuestra época. Ante esta experiencia dramática, el optimismo racionalista que veía en la historia el avance victorioso de la razón, fuente de felicidad y de libertad, no ha podido mantenerse en pie, hasta el punto de que una de las mayores amenazas en este fin de siglo es la tentación de la desesperación.

Sin embargo es verdad que una cierta mentalidad positivista sigue alimentando la ilusión de que, gracias a las conquistas científicas y técnicas, el hombre, como demiurgo, pueda llegar por sí solo a conseguir el pleno dominio de su destino».

3. El cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, 16 de febrero de 2000 (Madrid), en el primer Congreso Teológico Internacional, organizado por la Facultad de Teología «San Dámaso», sobre la encíclica «Fides et ratio», ha llamado la atención sobre un pasaje de Umberto Eco en su novela de éxito "El nombre de la rosa", donde dice: "La única verdad consiste en aprender a liberarse de la pasión enfermiza por la verdad". El fundamento para esta renuncia inequívoca a la verdad estriba en lo que hoy se denomina el "giro lingüístico": no se puede remontar más allá del lenguaje y sus representaciones, la razón está condicionada por el lenguaje y ligada al lenguaje.

Nota: la foto está buena, pero las actitudes de jerarquía eclesiástica continuaran  a situar-se en lo pre-moderno, moderno y posmoderno, según los  humores del momento. 

4. Pero, que es un fundamento? El filosofo Marcel Conche ha dicho que  no es ni un principio ni una causa ni una origen. El principio es el punto de partida de una deducción. Todavía, sin fundamento, como elegir entre los diferentes principios disponibles y, a veces, contradictorios? El fundamento no es un principio, pero la justificación radical de los propios principios. La causa explica un hecho. Pero, como, sin fundamento, pasar del hecho a la norma, del descriptivo al prescriptivo? El fundamento no es lo que explica los hechos, pero lo que «establece  el derecho». El fundamento no dice lo que es, pero lo que debe ser. Como, sin fundamento pasar de la historia al valor, de la explicación al mandamiento, de la génesis al deber? El fundamento no explica lo que pasa; permite juzgar absolutamente en nombre de alguna cosa que no pasa.

5. Pasemos de la ética filosófica a la física. El físico inglés, Stephen HAWKING (1942-), en Una breve historia del tiempo –  lleva vendidos ya más de veinticinco millones de ejemplares – ha prometido, lleno de optimismo ilustrado, una grande teoría que no sólo explicaría determinados datos empíricos, sino que nos permitiría conocer el “pensamiento de Dios” (to know the mind of God). Lo que HAWKING quería decir parece ser esto: si consiguiéramos formular una tal unificada “teoría de todo” (Theory of Everything = TOE), el mundo se explicaría a sí mismo y Dios ya no sería necesario en cuanto Creador.

Hoy, S. HAWKING no lo ve así. Ha dicho: he cambiado de opinión (mind), “Si existen resultados matemáticos que no pueden ser demostrados, entonces existen problemas físicos que no pueden ser predichos. No somos ángeles que contemplan el Universo desde fuera. Antes bien: nosotros y nuestros modelos formamos parte del Universo que describimos”. Habrá siempre trabajo para los matemáticos y, por supuesto, también para los físicos

II Cambio de Epoca y sus conceptos.

6. La transformación ha sido tan fuerte en el mundo occidental, en el último tercio del siglo XX, que, según algunos autores, podemos hablar de un verdadero “cambio de época”: de Modernidad a Posmodernidad. En 1994 afirmaba el estudioso canadiense David Lyon que “la postmodernidad es un concepto de varios niveles que llama nuestra atención sobre diversos cambios sociales y culturales que se están produciendo al final del siglo XX en muchas sociedades avanzadas”. Según este autor, “es fácil negarla [la posmodernidad] tachándola fácilmente de moda o capricho intelectual, pero así lo único que haríamos es contradecir la significativa evidencia de ciertas transformaciones socioculturales de enorme magnitud”. También el filósofo Diego Bermejo afirma que si bien “el término posmoderno es controvertido por contundente, impreciso y ambiguo […], sin embargo lo posmoderno es un hecho incontestable, más allá de la pertinencia del vocablo”.

7. Para intentar responder a la pregunta de esta charla, voy presentar, esquemáticamente y por eso de forma muy aburrida, los principales rasgos de la cultura posmoderna desde sus textos y autores más representativos, así como la crítica de los pensadores que niegan que haya tal posmodernidad, y creen que sólo se ha dado un cambio en los matices de la modernidad. Entre los primeros, destacan Jean-François Lyotard, Gianni Vattimo, Jean Baudrillard y Richard Rorty, sobre todo. Entre los segundos destaca Jürgen Habermas, y con él, con diversos matices, Fredric Jameson, Alain Touraine, Anthony Giddens, Niklas Luhmann, Terry Eagleton, Zygmunt Bauman, entre otros.          

   8. Los conceptos de modernidad y posmodernidad han sido objeto de largas y aún inacabadas discusiones, y la bibliografía que las recoge es prácticamente inabarcable. Son términos surgidos en disputas dialécticas y definidos por contraste. Por ello, es difícil precisarlos con exactitud. En primer lugar, conviene distinguir entre modernización (el proceso socioeconómico y tecnológico de transformaciones de los últimos siglos), modernidad (experiencia vital compartida hoy en las sociedades occidentales) y modernismo (expresiones culturales, artísticas, etc. de la modernidad). Según la socióloga de la Universidad de Barcelona Carlota Solé, “la modernización podría definirse como la rápida y masiva aplicación de ciencia y tecnología basada en la fuerza motriz de las máquinas a esferas de la vida social (económica, administrativa, educacional, defensiva, etc.), implementada o puesta en práctica por la intelligentsia indígena de una sociedad”.

Una modernización, cualquiera que sea, no es condición necesaria y suficiente para llegar a la modernidad. Así, se puede aceptar la modernización y oponerse a la modernidad y al modernismo, como de hecho sucede aún hoy en regímenes totalitarios o populistas.

 

   Cuanto al fenómeno posmoderno, se suele diferenciar también tres pares de términos opuestos: modernidad/posmodernidad; modernismo/posmodernismo y modernización/pos-modernización: Para unos, la palabra posmodernismo remite generalmente a una forma de la cultura contemporánea, mientras que el término posmodernidad alude a un período histórico específico.

Para otros, los términos modernidad/posmodernidad se refieren a la teoría social, y modernismo/posmodernismo a las artes. A ambas parejas de términos opuestos, hay que añadir una tercera: modernización/pos-modernización.

La Palice no diría mejor: Si modernidad/posmodernidad son dos épocas históricas, y modernismo/posmodernismo dos movimientos culturales, modernización/pos-modernización serían los procesos por los que se pusieron en marcha, respectivamente, modernidad y posmodernidad.

Esos procesos serían la industrialización, en el caso de la modernización, y la globalización económica y la red informacional, para la pos-modernización. A partir de aquí, usaremos en el sentido recién expuesto estos tres pares de términos.

 

   La contraposición entre antiguo y moderno (descrita en el siglo XVII) es la matriz del primer concepto (modernidad), mientras que la confrontación entre moderno y posmoderno, a partir de la década de los 70 del siglo XX, marca el nacimiento del segundo (posmodernidad). 

No se puede entender nada de la posmodernidad sin definir lo que es la modernidad.

 

III La Modernidad

 

   9.  Anthony Giddens, uno de los pensadores que ha reflexionado más sobre la modernidad, nos da esta definición básica: “La noción de modernidad se refiere a los modos de vida u organización social que surgieron en Europa desde alrededor del siglo XVII en adelante y cuya influencia, posteriormente, los ha convertido en más o menos mundiales”. Esto equivale a decir que “la esencia de la modernidad radica en la realización histórica de la Ilustración”. Para Giddens, el proceso de maduración de la modernidad fue multidimensional: supuso el desarrollo del capitalismo (Marx), la industrialización y división del trabajo (Durkheim) y la racionalización burocrática y administrativa (Weber).

Por su parte, otro experto en el estudio de la modernidad, Alain Touraine, afirma que “la modernidad se define por el hecho de que da fundamentos no sociales a los hechos sociales, impone la sumisión de la sociedad a principios o valores que, en sí mismos, no son sociales […]. Una sociedad moderna está basada en dos principios que no son de naturaleza social: la acción racional y el reconocimiento de los derechos universales de todos los individuos”.

 

   Otro estudioso de la modernidad, el filósofo canadiense Charles Taylor, describe ésta como “esa amalgama histórica de prácticas y formas institucionales sin precedentes (la ciencia, la tecnología, la producción industrial, la urbanización); de nuevas forma de entender la vida (el individualismo, la secularización, la racionalidad instrumental) y de nuevas formas de malestar (la alienación, la pérdida de sentido, la anticipación de una disolución social inminente)”. Para Taylor, en el centro de la modernidad occidental hay una nueva concepción de la sociedad, un nuevo “imaginario social” caracterizado y cristalizado en la consolidación de tres formas sociales importantes y novedosas: la economía de mercado, la esfera pública y el autogobierno del pueblo.

 

   Por su parte, Patxi Lanceros, prologando una obra de Diego Bermejo, afirma: “La modernidad auspició la utopía, afirmó el futuro al concebirse como progreso y alentó la posibilidad – incluso la necesidad – de una transparencia completa, sin enigma ni misterio. La razón y la ciencia, la técnica y la industria debían conducir al hombre a ese sueño sin sombra de pesadilla. Sujeto de la historia, la humanidad, definitivamente reconciliada, habría encontrado al cabo su verdadero estatuto”.

Gianni Vattimo dice que “la modernidad es aquella época en la cual el ser moderno se convierte en un valor, es más aún, en el valor fundamental al que todos los demás valores se refieren”.

En efecto, la apertura optimista al futuro y la creación de la idea de progreso por Turgot y Condorcet (profundizada de modo inmortal por Kant), así como un deseo de aceleración de la historia, forman parte del centro del imaginario moderno.

El avance de la secularización, que rechaza poner el fundamento de la sociedad en algo que trascienda a la acción común contemporánea, es otro rasgo decisivo moderno. No se trata del fin de la religión, sino del fin de una sociedad fundamentada en la religión. “El proyecto de la modernidad es el mismo que el de la Ilustración: desarrollar las esferas de la ciencia, la moralidad y el arte, de acuerdo con su lógica interna”.

 

Jürgen Habermas ha actualizado la formulación que Weber hizo sobre las tres esferas kantianas. La primera es la ciencia, que se ocupa del mundo objetivo, busca la verdad y describe estados de cosas. La segunda es la moral (en sentido amplio), que se ocupa de lo social, busca la justicia y formula normas. La tercera es la estética, que se ocupa del mundo humano subjetivo, se basa en el gusto y describe e interpreta experiencias subjetivas.

Una buena definición sintética de modernidad es la que proporciona Ulrich Beck: “La modernidad es no sólo el capitalismo (Marx), la racionalización (Weber), la diferenciación funcional (Parsons, Luhmann), sino también la dinámica de la libertad política, la ciudadanía y la sociedad civil”. Alain Touraine emplea una tríada similar: “Racionalización, individualismo moral y comunidad de ciudadanos son los tres términos cuyo conjunto ha formado la arquitectura de la modernidad”.

 

Todas esas referencias dependen de uno de los forjadores principales de la modernidad y la Ilustración, el filósofo Inmanuel Kant: “Ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad que mantenía por culpa propia. Minoría de edad es la incapacidad de servirse del propio entendimiento sin dirección de otro. Por culpa propia es esta minoría de edad, cuando las causas de la misma no están en la falta de entendimiento, sino en la falta de decisión y coraje para servirse de él, sin la ayuda de otro. Sapere aude! Ten el valor de servirte de tu propio conocimiento”.

Pues, si la modernidad, filosóficamente, comenzó con Descartes, alcanzó su plenitud con Kant. Éste, con sus famosas cuatro preguntas – (¿Qué puedo conocer? ¿Qué debo hacer? ¿Qué puedo esperar? ¿Qué es el hombre?) –, fue quien formuló su programa o agenda básicos. Hegel es el primero en reflexionar crítica y globalmente sobre ella, intentando darle unidad.

Por fin, se puede decir que la modernidad descarrila o es cuestionada radicalmente desde Nietzsche y Heidegger. No es casualidad que Vattimo sea especialista en estos dos filósofos, en los que basa su formulación del concepto de posmodernidad.

Por eso podemos afirmar con Mardones: “La modernidad estaba ya grávida de postmodernidad”, y más teniendo en cuenta con Amengual que “ella misma [la modernidad] consiste en poner en cuestión y en ponerse a sí misma en cuestión. Es la época de la duda y de la sospecha, de la crítica y de la crisis”.

 

Nota: Una interesante observación de J. B. Metz es que algunos rasgos modernos, como cierto antropocentrismo, se detectan ya en el pensamiento de Tomás de Aquino. Al menos, parece claro que no hay un momento único de ruptura, sino una gran constelación de hechos que propició la transición gradual a la modernidad. Podemos convenir con Bauman en que “la modernidad despegó una vez que se hubo desmoronado el Antiguo Régimen”.

 

IV- Descripción de la Posmodernidad

 

11. Descripción breve de la posmodernidad. La mejor descripción me parece la del canadiense, David Lyon: “Actualmente, la cuestión de la postmodernidad es esencial en todo intento de describir el cambio cultural y, si estamos en lo cierto, de comprender los fenómenos sociales contemporáneos. Esto no significa que haya surgido una sociedad completamente nueva, ni que pueda identificarse una sociedad a la que debamos aplicar el calificativo de postmoderna. Más bien, la cuestión de la postmodernidad nos ofrece la oportunidad de revaluar la modernidad, de leer los signos de los tiempos como indicadores de que la propia modernidad es inestable e impredecible y de renunciar al futuro que parecía prometer”.

 

12. Definición provisional de posmodernidad. Al hablar de posmodernidad nos referimos a una nueva pauta cultural que consiste, ante todo, en el "fin de la modernidad" (Vattimo), o sea, en la pérdida del sentido de la historia, del progreso, de la utopía, que se había venido desarrollando desde el siglo XVI hasta el siglo XX con una serie de grandes hitos: final del Renacimiento, siglo de las Luces, Revolución Francesa, Revolución Industrial y utopías positivistas, Marxismo y sus aplicaciones...

En 1989, Vattimo expresaba esa sensación así: “Ante todo, hablamos de posmoderno porque consideramos que, en alguno de sus aspectos esenciales, la modernidad ha concluido”. En palabras de Carlota Solé: “Olvidados los ideales de la Ilustración sobre la igualdad, la libertad, la justicia, basados en el poder de la razón, los ciudadanos de Occidente dudan de la revolución tecnológica y sus resultados positivos, pero no actúan para salir de su duda […]. El hombre postmoderno se caracteriza por cierto fatalismo pragmático de aceptación del presente, sin atisbos de crítica y voluntad de cambio de su situación, a nivel colectivo e individual”.

 

13. Algunas características de la posmodernidad. No se puede hablar de posmodernidad sin acudir a Jean-François Lyotard.  Para el, el término “condición postmoderna designa el estado de la cultura después de las transformaciones que han afectado a las reglas de juego de la ciencia, de la literatura y de las artes a partir del siglo XIX”. Le gusta la paradoja: “Una obra no puede convertirse en moderna si, en principio, no es ya posmoderna. El posmodernismo así entendido no es el fin del modernismo sino su estado naciente, y este estado es constante”.

“Posmoderno indica simplemente un estado del alma, o mejor un estado de espíritu. Podría decirse que se trata de un cambio en la relación con el problema del sentido: diría, simplificando mucho, que lo posmoderno es la consciencia de la ausencia de valor en muchas actividades. Si se quiere, lo que es nuevo sería el no saber responder al problema del sentido”.

La dificultad para dar sentido a la vida es un aspecto decisivo de la actual situación cultural.

   Posteriormente, Lyotard habló de la posmodernidad como de la convalecencia tras contraer una enfermedad llamada modernidad, de la que intentamos curarnos. Así, no sería una época nueva que sustituye a otra, sino un sentirse afectado por las consecuencias negativas o víricas del tramo final de la modernidad… “La postmodernidad no es una época nueva, es la reescritura de ciertas características que la modernidad había querido o pretendido alcanzar”.

De modo más interesante, Vattimo hablaba, en la década de los 80, de “pérdida del fundamento”, “pérdida del centro”, “debilitamiento o adelgazamiento del ser”, “disolución de la categoría de lo nuevo”, haciéndose eco siempre de los análisis de Nietzsche y de Heidegger sobre el final de la metafísica en la época moderna. Para Vattimo “el post de postmoderno indica una despedida de la modernidad”.

Las ideas de Nietzsche y Heidegger han desembocado en la hermenéutica como filosofía dominante, actual “koiné cultural”, en la época posmoderna. Si en sus primeras obras Vattimo defendía casi apologéticamente esta sensibilidad nueva, después reconocería que la toma de conciencia de que no hay estructuras ni valores estables produce un sentimiento de “desencanto”. Veinte años después de El fin de la modernidad, lo resumía así: “En mi opinión esto es lo posmoderno, la idea de una sociedad que ya no puede dominarse con un principio único”.

Jean Baudrillard, unas veces se proclama partidario y otras detractor de los posmodernos, ha descrito la posmodernidad como agonía de los grandes ideales modernos, motivada por la ambigüedad de todos los efectos del progreso y de la emancipación de la modernidad: ya no existe el sentido.

Para       Ihab Hassan, un estudioso del posmodernismo, los términos en boga, por ejemplo, deconstrucción, decentración, desaparición, diseminación, desmitificación, discontinuidad, diferencia, dispersión, etc., expresan un rechazo ontológico del sujeto tradicional pleno, del cogito de la filosofía occidental. Expresan también una obsesión epistemológica por los fragmentos o las fracturas y un correspondiente compromiso ideológico por las minorías en política, sexo y lenguaje. Pensar bien, sentir bien, actuar bien, de acuerdo con esta episteme de deshacimiento, es rechazar las tiranías de las totalidades; la totalización en cualquier empresa humana es potencialmente totalitaria

José Mª Mardones resumía así el concepto de posmodernidad: “El pensamiento posmoderno ha sabido captar una sensibilidad que recorre la reflexión de todo nuestro siglo. Se le puede llamar la revuelta contra los padres del pensamiento moderno (Descartes, Locke, Kant, e incluso Marx). Esta sensibilidad deambula ya, no sólo por la cabeza de los pensadores posmodernos, sino por el pluralismo de sub-culturas de nuestro momento, por la pérdida de peso de las grandes palabras que movilizaron a los hombres y mujeres de la modernidad occidental (verdad, libertad, justicia, racionalidad), por el desencanto, en suma, ante nociones como la razón, la historia, el progreso o la emancipación. Ahora predomina mayormente la identidad por referencia a pequeños grupos cercanos, los consensos locales, coyunturales y rescindibles, las visiones fragmentadas, escépticas, de la realidad”. Este mismo autor afirma: “La postmodernidad, más que un tiempo, es un talante [...]. La postmodernidad es la modernidad que, al desarrollar sus propios mitos, ha llegado a descubrir sus propios autoengaños”.

Para Juan Martín Velasco, la posmodernidad en realidad consiste en tres grandes crisis encadenadas, pues cada una lleva a la siguiente: crisis del conocimiento y de la posibilidad de alcanzar la verdad, crisis del concepto de Dios (“muerte de Dios”) y crisis y disolución del sujeto, con un resultado lógico: “Todas estas rupturas posmodernas van a confluir como último resultado en el nihilismo que [...] constituye el rasgo central del espíritu de los tiempos posmodernos”.

El crítico literario inglés Terry Eagleton da esta definición: “La posmodernidad es un estilo de pensamiento que desconfía de las nociones clásicas de verdad, razón, identidad y objetividad, de la idea de progreso universal o de emancipación, de las estructuras aisladas, de los grandes relatos o de los sistemas definidos de explicación. Contra esas normas iluministas, considera el mundo como contingente, inexplicado, diverso, inestable, indeterminado, un conjunto de culturas desunidas o de interpretaciones que engendra un grado de escepticismo sobre la objetividad de la verdad, la historia y las normas, lo dado de las naturalezas y la coherencia de las identidades”.

 

14. Cronología de la posmodernidad

Para la mayoría de los estudiosos del tema, los años 60 del siglo XX fueron el momento clave del cambio, en especial tras el 68. Esta es la opinión de David Harvey, autor de uno de los mejores estudios globales sobre la posmodernidad: “Aunque si se lo juzga en sus propios términos, el movimiento de 1968 resultó un fracaso, debe ser considerado, sin embargo, como el precursor político y cultural del movimiento del posmodernismo” Harvey señala como fecha concreta de comienzo de la sensibilidad posmoderna el principio de los 70, y relaciona con sensatez dicho comienzo con las circunstancias que concurrían entonces: “Desde 1972 aproximadamente, se ha operado una metamorfosis en las prácticas culturales y económico-políticas. Esta metamorfosis está ligada al surgimiento de nuevas formas dominantes de experimentar el espacio y el tiempo. Aunque la simultaneidad no constituye, en las dimensiones cambiantes del espacio y del tiempo, una prueba de conexión necesaria o causal, pueden aducirse sólidos fundamentos a priori para abonar la afirmación según la cual existe alguna relación necesaria entre la aparición de las formas culturales posmodernistas, el surgimiento de modos más flexibles de acumulación del capital y un nuevo giro en la "comprensión espacio-temporal" de la organización del capital”.

   También el sociólogo Manuel Castells se refiere al 68 como fecha indicativa: “A finales de los años sesenta se desencadenaron vigorosos movimientos sociales [...]. Eran en esencia movimientos culturales, deseosos de cambiar la vida más que de tomar el poder […]. De esos movimientos brotaron las ideas que serían la fuente del ecologismo, de la defensa constante de los derechos humanos, de la liberación sexual, de la igualdad étnica y de la democracia de base.  

 

Nota: Sin embargo, el posmodernismo precedió a la posmodernidad.

Por fin, también en 1972, el término fue adoptado por el arquitecto Robert Venturi, en su manifiesto en favor de la arquitectura posmoderna Learning from Las Vegas. Fue secundado por Charles Jencks, Portoguesi y otros arquitectos, con tanta repercusión que suele contarse que el término nació en el campo de la arquitectura. Una anécdota de Jencks, cargada de simbolismo, suele citarse en este contexto: “Charles Jencks afirma que la postmodernidad nació el día 15 de julio de 1972, precisamente a las 3,32 horas de la tarde, cuando dinamitaron en Saint Louis (Missouri, EE.UU.) varias manzanas que habían sido construidas en los años 50 sometidas a los stándares modernos de zonificación, colosalismo y uniformidad, porque se vieron obligados a reconocer que la máquina moderna para vivir -tal como la definió Le Corbusier- había resultado inhabitable”. Habría que matizar que la datación de Jencks, la fecha mencionada de 1972, sólo es cierta si hablamos de la posmodernidad arquitectónica.     

 

   15. Raíces de la posmodernidad. 

   Para Vattimo los principales predecesores del pensamiento posmoderno son Nietzsche, Heidegger y la filosofía hermenéutica del siglo XX. David Lyon llama a Nietzsche “posmoderno avant la lettre”. Habermas, el principal crítico de los posmodernos, coincide con Vattimo en considerar a Nietzsche como la puerta de entrada en la posmodernidad. En el libro citado, Habermas califica como antimodernos a Nietzsche, Heidegger, Derrida y Foucualt. Así, los señala como los orígenes de la posmodernidad. Además, la inspiración nietzscheana marca a autores decisivos del pensamiento posmoderno y de su preparación: Foucault, Lyotard, Deleuze y Vattimo.

Hay autores que retroceden hasta el nominalismo de Guillermo de Ockham y Lutero

  

16. Principales rasgos de la posmodernidad.

  • Fin de la legitimidad de los grandes relatos
  • Caída en desgracia de la Razón.
  • Fin del mito del progreso
  • El fin de la historia
  • Desconfianza hacia la ciencia
  • Superioridad del objeto sobre el sujeto
  • Cultura de la fachada y el espectáculo
  • El hundimiento de la utopía
  • Individualismo estético y fruitivo
  • Nuevo enfoque ético

  

Y no hay progreso, nos dicen los posmodernos, porque, sencillamente, no existe una historia unitaria. Vattimo lo resume así: “La crisis de la idea de la historia lleva consigo la crisis de la idea de progreso: si no hay un decurso unitario de las vicisitudes humanas, no se podrá ni siquiera sostener que avanzan hacia un fin, que realizan un plan racional de mejora, de educación, de emancipación”. Así, “la idea de una historia como proceso unitario se disuelve”. No existe un “hacia dónde” ni un centro de unificación del devenir de la historia.

 

17. La crítica a la crítica posmoderna, no es mi intento. Pero hay voces como la de Habermas, que dice algo muy radical: “creo que en vez de abandonar la modernidad y su proyecto como una causa perdida, deberíamos aprender de los errores de esos programas extravagantes que han tratado de negar la modernidad”. El calificativo “extravagantes” que Habermas dedica a los posmodernos y neoconservadores muestra a las claras sus escasas simpatías hacia ellos.

Se habla ahora de la agonía de la posmodernidad, como Lluís Duch / Albert Chillón (Cf. El País, 25 Feb. 2012).

Lluís Duch es antropólogo y monje de Montserrat.

 

V. No hay conclusión: la humanización integral del animal

coincide con una animalización integral del hombre(Giorgio Agamben)                                    

fr. Bento Domingues O.P.