Todos los Santos OP

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La santidad es algo que se construye poco a poco con la ayuda de los demás. Desde esta perspectiva a través de muchos hermanos y hermanas entre ellos, frailes, monjas, religiosas, laicos y laicas que nos han precedido con su santidad, siendo testimonio vivo del carisma dominicano.

Son muchos los hermanos y hermanas entre ellos, frailes, monjas, religiosas, laicas y laicos, que a lo largo de estos ocho siglos de la Historia de la Orden de Predicadores, nos han precedido con su santidad, que siguen siendo testimonios vivos del carisma dominicano y ejemplo para los que caminamos tras sus pasos, y que hoy siete de noviembre, toda la familia dominicana les hacemos memoria.

“Quedan, pues, invitados y aun obligados todos los fieles cristianos a buscar insistentemente la santidad y la perfección dentro de su estado”. (Vat. II, Lumen gentium, 40.42). Os tengo que confesar que esta afirmación me sigue rechinando por dentro, porque para mí es algo muy difícil de comprender, de aceptarlo, pues soy hijo de este tiempo. Muchas veces he pensado qué significa realmente ser santo hoy, qué características se necesitan para obtener tan gran reconocimiento, o incluso, que este tipo de reconocimiento sólo se alcanza con la ayuda del Espíritu Santo, como algo mágico, algo prescrito de antemano. Pero creo que todos estamos llamados a la santidad, porque somos hijos de Dios, y un Padre siempre quiere lo mejor para sus hijos, porque "en efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos"(Efesios 2,10). La santidad es algo que se va construyendo poco a poco, con la ayuda de los demás. Vemos que a lo largo de la historia de la Iglesia, las personas más importantes que pudieron testificar sobre algún santo, fueron las que vivieron con ellos, los discípulos, que han compartido su vida. Desde esta perspectiva, me pregunto si estoy cumpliendo mi tarea de cristiano, de fraile dominico, no para que algún día pueda llegar a ser santo, y sí para ser un buen fraile, un verdadero predicador de la gracia.

“Seréis santos, porque santo soy yo" (1 Pedro 1,15). Al leer este pasaje de Pedro, veo que la respuesta no es tan sencilla, porque nos pide mucha responsabilidad, pero yo creo que sí, estamos llamados a ser santos y santas, porque ya vivimos con gente santa, ángeles anunciadores de la buena nueva. Desde mi breve experiencia como dominico sigo dudando de mi capacidad de poder un día alcanzar tan gran merito, pero soy testigo de que la santidad no es sólo para personas especialmente elegidas. La santidad es para la gente común y corriente que realizan con gozo la voluntad de Dios, en fe y en verdad. "El santuario de Dios es sagrado, y vosotros sois ese santuario" (1 Corintios 3,17).

Son estos testimonios de vida los que me ayudan a luchar cada día por el Reino tan soñado por Jesús de Nazaret. Cuando me pidieron escribir sobre los santos de la Orden, lo primero que me vino a la mente fue cuando algunos frailes me decían al principio, que yo había sido llamado a ser santo, y esto incluso me molestaba, y aún sigo pensando cómo se hace, cuál es el secreto, sin darme cuenta que no hay una fórmula mágica y sí ser uno mismo."Todo cuanto hay de verdadero, de noble, de amable, de puro, todo esto tenedlo en cuenta" (Filipenses 4,8).

En definitiva, más que ser santo, busco ser un buen fraile. Ser testigo y ayuda a mucha gente; que no necesito hacer cosas extraordinarias y tampoco milagros. Nuestra vida y testimonio son un verdadero milagro de Dios. Os invito a todos los que os sintáis llamados a ser buenos dominicos, a dar el paso firme, porque la Iglesia en su totalidad está llena de santos y santas caminando entre nosotros dispuestos a compartir y a ayudar.

 Fr. Laercio Amorim
 Real Convento de Predicadores, Valencia