Una dominica muy especial

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Sr Pauline Quinn, op
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Esta es una versión abreviada de un artículo de Timothy Radcliffe, quien nos concedió permiso para publicarla. Sor Pauline, quien también dijo “sí” a nuestra petición, ruega que oremos por ella. Estamos seguros que todos la tendrán presente en su oración personal.

Los brazos de la hermana Pauline Quinn están entrecruzados con cicatrices. Estos arrojan una dura luz sobre el sufrimiento devastador de los abusados. Pero por la gracia de Dios, ella logró levantarse nuevamente hacia la luz.

Kathy, como se le conocía entonces, creció en el glamoroso mundo de Hollywood. Cuando su padre desapareció, la familia se desintegró. Entonces comenzó una larga historia de abuso sexual, inicialmente por un vecino y el lechero.

Durante su adolescencia, Kathy huyó constantemente, sólo para ser recapturada y enviada a centros de detención juvenil. Terminó en el notorio Hospital Estatal de Camarillo en California, “un almacén para seres humanos descartados”. Allí fue encadenada a la cama y violada por dos médicos, a quienes debía repetir: “No me hiciste nada”. Empezó a morir por dentro.

Hacerse daño a sí misma era la única manera de expresar su dolor y desesperación. Se convirtió en una vagabunda, viviendo en las calles, cortándose a sí misma, siendo violada por extraños, incluyendo la policía. Luego conoció a una religiosa católica, la hermana Josepha, quien logró ganar su confianza. Entonces le dieron un perro pastor alemán, Joni. Por primera vez en su vida se sintió segura y querida. En 1981, comenzó el programa de asociación con mascotas en prisión (Prison Pet Partnership Program) en el sistema correccional para mujeres del estado de Washington. Desde entonces ha comenzado programas iguales por todo los EEUU y tan lejos como la Argentina.

Luego, ayudada por un sacerdote que estaba hospitalizado con malaria, poco a poco se convirtió al catolicismo. Se hizo terciaria dominicana en 1987, tomando el nombre de Hermana Paulina de la Cruz. Inusualmente para un terciario, ella vestía un hábito. A partir de ese momento, jamás volvió a cortarse.

Raya en lo milagroso que una mujer sola, profundamente herida por años de abuso, sin ayuda de ninguna organización, haya logrado tanto. Ella cree que las personas tienen una gran capacidad de bondad y por eso les pide una asombrosa generosidad. Ella nos enseña que debemos atrevernos a pedir, y pedir de nuevo, porque se niega a creer que los seres humanos sean esencialmente egocéntricos.

Muchas comunidades de hermanas religiosas se sienten alarmadas ante su historia y las heridas que lleva, lo que todavía puede hacer que ella reaccione enojada y recrimine si se siente amenazada. He recibido innumerables cartas de cardenales indignados, obispos y nuncios, que exigen saber qué derecho tiene ella de llamarse una Hermana Dominicana y cómo encaja en las instituciones de la Iglesia. ¿Quién tiene autoridad sobre ella?

Sólo pude responder que estamos orgullosos de que forme parte de nuestra familia dominicana y que tenía mi autoridad para llamarse a sí misma hermana Pauline Quinn OP. Ella hizo sus últimos votos privados ante el obispo dominicano mexicano Raúl Vera López en 1995.

Necesitamos personas difíciles que desafíen nuestra complacencia e insistan en creer en nuestra capacidad para ser amables y generosos. Actualmente la hermana Pauline está recibiendo quimioterapia para el cáncer. Entre tratamientos, regresa a California para comprobar cómo está funcionando uno de sus programas penitenciarios. Oren por esta gran mujer.

Ruth Anne Henderson

 

(25 de marzo de 2017)