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el equilibrio arquitectónico de la institución
dominicana se impone una primera constatación:
todo está orientado a una dedicación total
a la predicación evangélica. El poder que
rige y coordina todo este conjunto es universal en su
cabeza o principio: el Maestro de la Orden (Ver la lista
de los capítulos generales, así como la
de los maestros de la Orden).
En
la cima del gobierno está el capítulo general,
como la instancia con plenos poderes. En cada capítulo
el Maestro, elegido para nueve años, da cuenta
de su gestión; su modo de gobernar y su “política”
pueden por tanto ser sometidos a juicio. Si, entre dos
capítulos, goza de una cierta libertad en su gobierno,
(libertad de hecho mayor que en la mayoría de los
institutos religiosos, ya que sus asistentes o consejeros
no son nombrados por el capítulo general, sino
que lo son por él, previa la presentación
de las provincias), la frecuencia de los capítulos
generales (cada tres años) hace que permanezcan
cercanas las instancias supremas democráticas y
comunitarias de la Orden.
El
lazo constitutivo de la comunidad dominicana es un lazo
de profesión religiosa que une a cada fraile, a
cada monja e incluso a cada miembro de las fraternidades
laicas, al Maestro de la Orden (no a las religiosas de
vida activa que no dependen jurídicamente de él).
Junto con los capítulos generales el Maestro de
la Orden es el garante de la fidelidad a la intuición
de santo Domingo, el principio de unidad de la Orden,
el “referente” inmediato de cada uno de sus
miembros. De ahí la importancia de las relaciones
directas entre él y cada uno de los frailes, en
las visitas regulares a conventos y provincias, así
como en encuentros o en comunicaciones epistolares.
Fue
en el generalato de Fray García de Paredes cuando
se estableció el gobierno general de la Orden de
Predicadores en el convento de Santa Sabina en Roma, convento
testigo del nacimiento de la Orden, perdido para la Orden
un cierto tiempo y comprado de nuevo al gobierno italiano
en 1929. Allí reside el Maestro junto a sus asistentes
y a los promotores de las diversas actividades de la Orden.
(Fuente:
Carta
sobre el gobierno de Fray Vincent de Couesnongle, o.p.)
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