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Jordán, siervo inútil de la Orden de Predicadores,
a la querida hija en Cristo, Sor Diana, le desea que
su gozo sea colmado de gozo y su dulzura de dulzura.
Carísima:
he sabido por tu carta la buena y grata noticia, el
anuncio digno de todo aplauso de la canonización
de nuestro Santísimo Padre, y tu gozo en el Señor
por este motivo. Me alegro también yo y doy gracias
a Dios.
Es
verdad que no he podido estar presente en la fecha en
que pedían mi ida, porque el mensajero del padre
provincial me encontró en Estrasburgo en la víspera
de la fiesta de San Sixto.
Nosotros,
sin embargo, conocida con anterioridad la noticia de
la canonización de nuestro Padre, por medio de
una carta de fray Raimundo [de Peñafort], que
vive en la Curia romanas, así como también
los frailes de Estrasburgo la habían recibido
por carta de fray Godofredo, que está en la Corte
[Pontificia]; hicimos con alegría una solemne
celebración en la antedicha vigilia de San Sixto,
para honra de Dios y de nuestro Santísimo Padre,
dando gracias al Hijo de Dios, que es admirable en sus
santos y glorioso en todo y por todo. Ahora estoy pronto
para salir hacia Lombardía y espero que en breve,
acompañándome el Señor, te veré.
Sufro
a causa de tu pie, que sé que te has lesionado;
sé más cuidadosa, para que tanto con relación
al pie, como con el resto de tu cuerpo te conduzcas
con más atención. Saluda a las hermanas,
a quienes según la exhortación de nuestro
Padre San Agustín, deseo que lean infatigablemente
los mandatos del Señor, los amen y cumplan eficazmente;
y lo que adviertan de defectuoso en sí mismas,
lo corrijan ayudadas por la gracia de Dios. Conserven
lo que es recto, arreglen lo deforme, cultiven lo hermoso,
mantengan lo sano, robustezcan lo enfermo, y guarden
con perseverancia todo cuanto agrada al Hijo de Dios,
tu Esposo, que es bendito por los siglos de los siglos.
Amén. 
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