Santidad,

e
regresado hace pocos días procedente de Medio
Oriente. A partir del 9 de octubre he visitado diversas
comunidades de hermanos y hermanas de la Orden para
confirmarlos en la misión en momentos particularmente
difíciles. A lo largo de este viaje lo he tenido
muy presente en la oración. Durante mi visita
al Monte Nebo he traído a la memoria del corazón
su paso por Jordania durante el Gran Jubileo del 2000.
También lo he recordado en Irak. Santidad, diversas
circunstancias no le han permitido peregrinar aún
a esa tierra en la cual Dios ha querido hablar de modo
muy especial a su pueblo. Por eso ha estado Usted presente
en mi pensamiento y oración cuando contemplaba
los muros de la antigua Nínive (hoy Mosul); al
caminar a través de las excavaciones entre los
muros reconstruidos de la antigua Babilonia -cerca de
Bagdad- y al visitar las tumbas de los profetas Nahúm,
Ezequiel y Baruc.
Justamente,
estando en Bagdad, el mismo 16 de octubre, vigesimoquinto
aniversario de su elección al solio de Pedro,
con alegría y emoción supe de la promulgación
de la carta Apostólica “Rosarium Virginis
Mariae”. En nombre propio y el de la Orden quiero
agradecer el don de esta predicación.
Santidad,
el Rosario es para la Orden de Santo Domingo una plegaria
que late al ritmo de nuestro carisma definido en cierta
manera como “contemplar y dar a los demás
el fruto de la contemplación” [cf. Summa
Theologiæ, II-II, q. 188, a. 6, c.].
La
Orden de Predicadores ha querido propagar de modo especial
el Santo Rosario a través de los siglos. La piedad
popular, en efecto, reconoce en Santo Domingo el “fundador”
del Rosario y el arte cristiano así lo representa
desde hace siglos recibiendo el Rosario de manos de
Santa María Virgen.
La
Familia Dominicana especialmente reconoce en el Beato
Alan de la Roche (1428-1479) un gran predicador de la
devoción del Rosario y fundador de las Confraternidades
del Rosario, llamado entonces “Salterio de la
B. Virgen María”.
San
Pío V, el Papa dominico del Rosario, en cierta
manera ha “codificado” su estructura con
la Bula “Consueverunt Romani Pontifices”
de 1569. Él también encomendó al
Maestro de la Orden la facultad de erigir las Confraternidades
del Rosario que aún hoy viven su vocación
propagando eficazmente el rezo y predicación
de este modo de contemplar el rostro de Cristo con María.
El
Rosario ha sido para nuestros frailes misioneros un
excelente medio de predicación catequística.
Por medio del Rosario la fe se ha conservado en muchas
comunidades a lo largo del tiempo aún donde los
misioneros faltaron por diversas circunstancias.
León
XIII en 1883 agregó en las Letanías Lauretanas
la invocación “Regina sacratissimi Rosarii”
a instancias de fray José Larroca OP, entonces
Maestro de la Orden.
Finalmente
¡Cuántas Congregaciones de Hermanas Dominicas
tienen como titular a Nuestra Señora del Rosario!
La
práctica y predicación del Rosario, afirman
las Constituciones de los frailes, se la debe considerar
“ut nota Ordinis peculiaris” (LCO 129)
¡Gracias
también por invitarnos a meditar los “Misterios
de Luz”! Ya el célebre fray Jospeh Marie
Lagrange OP, pensaba que sería oportuno incorporar
en la Corona del Rosario algunos misterios de la vida
pública de Jesús.
Los
hijos e hijas de Santo Domingo recibimos con gratitud
la Carta Apostólica “Rosarium Virginis
Mariae” para ser sus promotores “sedulo,
diligenter, studiose” como exhortaba Pío
XII en una carta al Maestro de la Orden Michael Browne
(11.07.1957).
Que
este Año del Rosario nos ayude a todos a alabar,
bendecir y predicar a través de esta devoción
la misericordia infinita del Padre que ha mirado nuestra
miseria. Esta gracia provoca en nuestros corazones una
gran alegría. Una alegría que, como Jesús
mismo prometió en la Última Cena, nadie
podrá quitarnos.
Pido
al Espíritu Santo lo ilumine en su ministerio
para que cada día pueda discernir cuál
es la voluntad el Padre, aquello que es bueno, lo que
le agrada, lo perfecto. Con gratitud filial en Santo
Domingo
Fr. Carlos A. Azpiroz Costa OP, Maestro de la Orden
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