
a
Orden de Predicadores (Dominicos) "fue instituida
específicamente desde el principio para la predicación
y la salvación de las almas ". Por ello
los hijos e hijas de Santo Domingo nos entregamos de
una manera nueva a la Iglesia universal dedicándonos
por entero a la evangelización íntegra
de la palabra de Dios a todos los hombres y mujeres,
grupos y pueblos, creyentes y no creyentes y especialmente
los pobres . Somos conscientes que la historia y el
mundo actual son el lugar donde se actúa la salvación.
Por ello atentos al dinamismo de la sociedad moderna,
insistimos sobre la necesidad de establecer nuestra
predicación sobre las novedades y realidades
que los hombres y mujeres presentan cotidianamente a
la fe cristiana. Leyendo las Actas de los últimos
Capítulos Generales podremos esbozar cuales son
los nuevos "areópagos" o "fronteras"
a las que somos llamados; cuáles son las prioridades
de la Orden y cómo podemos caracterizar nuestro
anuncio del Evangelio.
I. LA MISIÓN DE LA ORDEN DESDE SUS ORÍGENES:
"MISIÓN SIN FRONTERAS"
El
énfasis en el carácter misionero y evangelizador
de la Iglesia en el Vaticano II, en la Evangelii Nuntiandi
-llamada por fray Damian Byrne "Carta magna del
predicador" - hace singularmente actual el proyecto
fundacional de Domingo. Es responsabilidad de toda la
Familia Dominicana, "hombres y mujeres juntos en
la misión" actualizar aquel proyecto y activar
la misión específica de la Orden en medio
del mundo. Algunos rasgos caracterizan la misión
dominicana desde sus orígenes:
La
misión de la Orden fue y debe seguir siendo una
misión más allá de las fronteras.
Esa misión se sitúa -como las llamaba
fr. Pierre Claverie OP, Obispo de Oran en Argelia asesinado
en 1996- en las "lignes de fracture" de la
humanidad que atraviesan hoy nuestro mundo globalizado,
frecuentemente marcado por la injusticia y la violencia
de conflictos raciales, sociales y religiosos.
Exigió y exige de la comunidad dominicana la
actitud y la práctica de la itinerancia, la movilidad,
el continuo desplazamiento hacia las nuevas fronteras
que nos señalan las prioridades de nuestra misión.
II.
LAS FRONTERAS QUE SOMOS LLAMADOS A EVANGELIZAR:
1.
La frontera entre la vida y la muerte:
El gran reto de la justicia y la paz en el mundo
Los problemas más dramáticos y urgentes
que acosan al hombre contemporáneo son de carácter
histórico. Se refieren a los sistemas, estructuras,
prácticas sociales, políticas y económicas
que colocan a una gran masa de hombres entre la vida
y la muerte. Por ello el compromiso por la justicia
y la paz -análisis, reflexión, acción
solidaria- es criterio de verificación de cualquier
misión dominicana, y debe acompañar cualquier
área o modalidad de nuestra predicación.
El ejemplo de Bartolomé de las Casas, Antonio
de Montesinos, Pedro de Córdoba en América
Latina, así como el ejemplo de Domingo de Salazar
en Oriente y la obra de fray Louis Joseph Lebret en
nuestro tiempo es iluminador.
2.
La frontera entre la humanidad y la inhumanidad:
El gran reto de los marginados
La estructura marginalizante de la actual sociedad produce
cada vez mayor número de marginados, que se ven
próximos a la frontera de una vida inhumana o
infrahumana. Entre las categorías de marginados
se encuentran tantos pueblos que padecen pobreza material
y la marginación cultural, social, económica
y política. Existen aún hoy, de formas
diversas, víctimas del "apartheid":
emigrantes, disidentes, obreros, la mujer, los enfermos,
los jóvenes, los ancianos. Son estos signos manifiestos
de la ausencia del reino de Dios y por lo tanto un reto
prioritario para nuestra reflexión, estudio,
evangelización. La misión de la comunidad
dominicana es inaugurar y mostrar un nuevo modelo de
comunión y participación entre los pueblos.
3.
Frontera cristiana:
El reto de las religiones universales
Las tradiciones religiosas universales comparten con
nosotros la experiencia de Dios. El hinduismo, el budismo,
el judaísmo, el Islam se sitúan sin embargo,
más allá de la frontera de la experiencia
cristiana de Dios. Algunas de estas tradiciones religiosas
ejercen una fuerte influencia sobre el hombre contemporáneo.
El diálogo con otras religiones cuestiona tradicionales
concepciones de la misión evangelizadora de la
Iglesia, así como actitudes y modelos inauténticos
de evangelización. Este diálogo ha de
ser a la vez analítico y autocrítico;
supone una actitud de escucha y una presencia inculturada,
libre de todo resabio colonialista, imperialista y fanático.
El ideal de Domingo fue misionar más allá
de las fronteras de la cristiandad establecida, entre
los cumanos (era su sueño). La colocación
de los conventos en las ciudades y la presencia de los
frailes en las universidades para el diálogo
intercultural e interreligioso, priorizan este reto
de la evangelización dominicana.
4.
La frontera de la experiencia religiosa:
El reto de las ideologías seculares
El hombre y la mujer contemporáneos padecen intensamente
una situación paradójica: la carencia
de la religión y la añoranza de lo religioso.
Las ideologías seculares explican, en parte,
esta carencia y cuestionan los viejos modelos de transmisión
del mensaje de Cristo. Siguen pendientes de respuesta
muchas cuestiones planteadas por el pensamiento contemporáneo.
En todas éstas está presente el interrogante
sobre el hombre y su futuro y la pregunta crítica
por la verdad. El ateísmo, la increencia, la
secularización, la indiferencia, la laicidad
son cuestiones muy próximas a estas ideologías.
El diálogo con las mismas puede servir como correctivo
crítico a las diversas presentaciones del hecho
religioso y cristiano y, al mismo tiempo, supone un
área prioritaria de la evangelización
dominicana. Una lección importante de los orígenes
de la historia dominicana ha sido la capacidad de la
Orden para establecer un diálogo entre el mensaje
de Cristo y las culturas, clásicas o nacientes.
Ejemplos son: Domingo, que incorpora el estudio a su
proyecto fundacional; Tomás de Aquino en el siglo
XIII; los profesores y teólogos dominicos del
siglo XVI; los teólogos dominicos del Concilio
Vaticano II. La teología ha sido creativa y profética
en la Familia Dominicana en la medida que se ha dejado
interpelar por las coordenadas culturales. Ha sido vida
en la medida que ha tomado como punto de partida las
acuciantes quaestiones disputatae de cada tiempo .
5.
La frontera de la Iglesia:
El
reto de las confesiones no católicas y otros
movimientos religiosos
La pluralidad de confesiones es un escándalo
para creyentes y no creyentes. Las riquezas escondidas
en las diversas tradiciones cristianas son una invitación
al diálogo ecuménico y a la reconciliación.
La reflexión teológica de la Orden, fiel
a su tradición, quiere atender a este reto. Con
matices diversos, la frontera de la Iglesia pasa también
por el fenómeno de las "nuevas opciones
religiosas". En determinados países y regiones
del mundo la presencia creciente de éstos "movimientos"
constituye un reto a la evangelización. No caben
simplemente la denuncia y los anatemas. El ideal primero
de Domingo fue misionar más allá de las
fronteras de la "cristiandad". Urgencias inmediatas
de la Iglesia se lo impidieron, y su misión la
realizó entre los herejes, en las fronteras de
la Iglesia. De ellos aprendió y tomó modelos
de vida evangélica y apostólica. Con ellos
dialogó sin descanso. A ellos interpeló
con el testimonio de su fidelidad y comunión
con la Iglesia.
III. PRIORIDADES DE LA ORDEN QUE CORRESPONDEN A ESTAS
FRONTERAS:
La
Orden de Predicadores, que participa en la Iglesia de
la vida Apostólica, debe estar siempre en acto
de misión y situarse en las fronteras. La prioridad
de las prioridades para nosotros es la predicación,
"dedicándonos por entero a la evangelización
íntegra de la palabra de Dios" . Para lograr
esta finalidad la Orden ha reafirmado a lo largo de
los últimos años cuatro prioridades .
Estas prioridades no pueden separarse unas de otras
ni menos elegirse una con desmedro de otras, al contrario,
todas ellas se complementan, pues cada una responde
de distinta manera a las más apremiantes necesidades
de las gentes de hoy en lo concerniente a la predicación
de la Palabra de Dios . Tampoco son una novedad, sino
que pertenecen de lleno al carisma y a la tradición
viva de la Orden: en la vida de Santo Domingo, en la
vida de los hermanos del siglo XIII, en la de los hermanos
del siglo XVI llegados a América Latina y al
Extremo Oriente, en la época moderna. Las cuatro
prioridades son ciertamente el fruto de nuestra gracia
de origen . Ellas son:
1.
Catequesis en un mundo descristianizado: el mundo de
cuantos han crecido en un contexto de tradición
cristiana pero de hecho viven al margen o fuera, indiferentes
u hostiles a la comunidad visible de los creyentes.
Esta catequesis ha de ser pascual, llamar a la conversión
personal y propiciar la trasformación del mundo;
también ha de promover los ministerios laicales
2.
Evangelización en el contexto de las diversas
culturas: orientada a una investigación filosófica
y teológica sobre las culturas, sistemas intelectuales,
movimientos sociales, tradiciones religiosas operantes
"fuera del cristianismo histórico".
La Orden está llamada a servir al nacimiento
de un modo nuevo de ser cristiano en los diversos continentes.
las comunidades locales han de sentir con el pueblo
en una actitud positiva de diálogo y aprecio
por sus valores culturales.
3.
Justicia y la paz: análisis crítico de
los orígenes, formas y estructuras de la injusticia
en las sociedades contemporáneas; praxis evangélica
para la liberación y promoción integral
del hombre. Las acciones por la Justicia y la paz, para
que sean signos proféticos en medio del mundo
han de integrarse en proyectos de las comunidades locales,
provinciales, regionales; deben fundarse en el análisis
de lo social, y en las fuentes bíblicas y teológicas;
deben respaldar a los hermanos y hermanas que participan
con riesgo de sus vidas en asociaciones y movimientos
en pro de la dignidad humana.
4.
Comunicación humana a través de los medios
de comunicación social en la predicación
de la Palabra de Dios. Los medios de comunicación
nos han revelado, con total evidencia, "el drama
de nuestro tiempo": la fractura entre la cultura
humana y el mensaje evangélico, entre palabra
humana y palabra de fe (Evangelii Nuntiandi 20); los
medios constituyen hoy el instrumento privilegiado para
proveer palabra inteligible y eficacia cultural a la
proclamación eficaz del Evangelio integral. Inmersos
en un mundo en el que toda persona es comunicadora de
vida o de muerte. Este hecho se da dentro de un proceso
en el cual no hay espectadores sino actores, la vocación
de la Orden llama, por tanto, a ser predicadores, es
decir, comunicadores con estas características
propias: Convicción, nueva visión, libertad.
IV. CARACTERÍSTICAS DE LA PREDICACIÓN
Y ACTITUDES DEL PREDICADOR
La
evangelización en estas fronteras y a través
de estas prioridades tiene ciertas características
y exige algunas actitudes personales y comunitarias
:
1.
Predicación TEOLÓGICA
Implica
una total apertura a la verdad total, dondequiera que
se encuentre . Esto exige una profunda reflexión
y disponibilidad para el diálogo (ecuménico,
interreligioso, cultural) . Nuestra predicación
siempre se ha cimentado en un profundo y científico
estudio de la teología. "Nuestro estudio
debe dirigirse principal, ardiente y diligentemente
a esto: que podamos ser útiles a las almas de
nuestros prójimos ". Desde entonces el estudio
ha estado íntimamente relacionado con la misión
apostólica y la predicación de la Orden.
Dedicarse al estudio es responder a una llamada a "cultivar
la búsqueda humana de la verdad ". Santo
Domingo ha alentado a sus frailes a ser útiles
a las almas por la compasión intelectual, al
compartir con ellos la misericordia veritatis, la misericordia
de la verdad . Las crisis del mundo actual, el escándalo
de la creciente pobreza e injusticia, la confrontación
de las distintas culturas, el contacto con pueblos descristianizados,
todo esto es un desafío para nosotros. Nuestra
práctica de la reflexión teológica
debe prepararnos para penetrar profundamente en el significado
de estos hechos en el misterio de la Divina Providencia.
La contemplación y la reflexión teológica
nos capacitan para buscar modos más aptos en
la predicación actual del Evangelio. Este es
el verdadero camino para que nuestra predicación
sea de verdad doctrinal, y no exposición abstracta
e intelectual de algún sistema.
2.
Predicación COMPASIVA
Exige una actitud de profunda compasión hacia
la gente, especialmente hacia aquellos que se encuentran
"lejos". Sólo la compasión puede
remediar nuestra ceguera y hacer posible que veamos
los signos de los tiempos. La compasión nos lleva
a la humildad en nuestra predicación -humildad
por la cual estamos dispuestos a escuchar y a hablar,
a recibir y a dar, a dejarnos influir e influenciar,
a ser evangelizados y evangelizar-. Esta compasión
y humildad proviene únicamente de una profunda
unión con Dios en Cristo. Estamos unidos con
Dios cuando imitamos la compasión y el humilde
servicio de Cristo. La compasión y la humildad
son fuentes de las que emana el conocimiento de los
signos de los tiempos, impregnado de oración
y contemplación. Contemplamos así a Dios,
que se nos ha revelado a través de la Sagrada
Escritura y que manifiesta su voluntad en los signos
de los tiempos
3.
Predicación INCULTURADA y ENCARNADA
Exige
una profunda sensibilidad para con las diversas visiones
de la realidad que tienen otras religiones, otras culturas,
otras filosofías (encarnación e inculturación).
Implica una educación para saber esperar, para
aprender, para convertirse, para formar parte, asumir
y ayudar a purificar y elevar lo que encontramos en
esas religiones, culturas y filosofías.
4.
Predicación PROFÉTICA
Es
proclamación no del propio conocimiento, sino
de la Palabra de Dios vivo y vivificante, anuncio íntegro
del Evangelio revelado que contiene palabras de vida
eterna. No es posible omitir el análisis serio
de los "signos de los tiempos", que procede
de principios sobrenaturales y es iluminado por la oración.
Para discernir los signos de los tiempos debemos atender
diligentemente al clamor de los pobres, los oprimidos,
los marginados y los torturados, y de todos aquellos
que, por motivos de raza, religión y denuncia
contra la injusticia, sufren persecución. Dios
nos habla a través de estos clamores y también
a través del silencio de los que no tienen voz
y viven en apatía, soledad y desesperación.
5.
Predicación en la POBREZA
La
pobreza no es sólo una especie de abnegación
de sí mismo, sino también testimonio y
medio apropiado para que nuestra predicación
sea digna de crédito; es signo de su autenticidad
y sinceridad. Vivimos en un mundo en el que aumenta
la división entre ricos y pobres -tanto en naciones
pobres y ricas como entre personas y grupos-. Más
aún, el pobre tiene hoy mejor conocimiento de
las estructuras nacionales e internacionales que son
causa de este estado de servilismo y pobreza. "Si
en un mundo como este nos presentásemos conviviendo
más con los ricos que con los pobres, nuestra
predicación no sería digna de crédito
".
6.
Predicación ITINERANTE
Somos
hombres y mujeres en marcha . La itinerancia es, en
primer lugar, un concepto espacial que implica una disposición
para ir en camino, para viajar, pero nuestra predicación
pide una itinerancia social, cultural, ideológica,
económica. Es un aspecto de la espiritualidad
dominicana que debe informar toda nuestra vida y que
se nutre de diversas experiencias bíblicas del
AT, y del mismo Jesús, "Camino" a quien
Domingo ha querido seguir como verdadero varón
evangélico.
7.
Predicación COMUNITARIA
Nuestra
predicación no es un esfuerzo solitario de individuos
aislados. Por eso exige una disposición para
la colaboración, para el trabajo en equipo, para
apoyar el esfuerzo de los demás mediante el interés
mostrado, la animación y la ayuda efectiva. Estas
actitudes tienen sus raíces en los elementos
esenciales de nuestra vida dominicana: la vida común,
la vida de oración contemplativa, el estudio
asiduo, una comunidad fraterna, la consagración
por los votos. La comunión y universalidad de
la Orden informan también su gobierno en el cual
sobresale la participación orgánica y
proporcionada de todas las partes para realizar el fin
propio de la Orden. Es un gobierno comunitario a su
manera y es por cierto apropiado para la promoción
de la Orden y para su frecuente revisión .
8.
Predicación COMPARTIDA: LA FAMILIA DOMINICANA
La Orden nació como Familia . Frailes, monjas
contemplativas, religiosas, miembros de institutos seculares
y de fraternidades laicales y sacerdotales, otros grupos
asociados de alguna manera a la Orden (entre ellos:
Movimiento Juvenil Dominicano -IDYM -; Voluntarios Dominicos
Internacionales -DVI -) nos inspiramos en el carisma
de Domingo. Ese carisma es uno e indiviso: la gracia
de la predicación . Es una predicación
compartida con nuestros hermanos y hermanas de la Orden
que por su bautismo viven el mismo sacerdocio común
y que están consagrados por la profesión
religiosa y por su compromiso a una misma misión
. Como mejor se manifiesta nuestra identidad global
es a través de nuestra colaboración conjunta.
Esta colaboración incluye: rezar juntos, planificar,
tomar decisiones y llevar a cabo proyectos desde una
complementariedad mutua que respete la igualdad. Estos
proyectos incluyen campos tan diversos como los ministerios
de oración, enseñanza, predicación,
animación pastoral, justicia y paz, medios de
comunicación social, investigaciones y publicaciones,
así como la promoción de vocaciones y
formación .
Conclusión:
Estas fronteras, prioridades y características
de nuestro anuncio del Evangelio, no son "nuevas
tareas" que se suman a otras como una suerte de
"imperativo categórico" o "nueva
moda" que excluye otras de ayer. Al contrario,
expresan un camino de alegría y libertad, expresan
la vocación de tantos hombres y mujeres que han
dado y dan sus vidas haciendo suyas las palabras del
Apóstol:
"¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!"
(1ª Corintios 9, 16)
Roma,
7 de noviembre 2002. Fiesta de todos los Santos y Santas
de la Orden

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