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San Domingo  Matisse
La Primera Asignación
Santa Sabina, mayo 1990)

F. Damian Byrne, O.P.

Fray Damian Byrne, O.P.n las ‘relaciones’ de los provinciales aparece una preocupación constante: su dificultad en encontrar la asignación más apropiada para los hermanos que comienzan su ministerio.

Me parece que hay dos problemas básicos. El primero es que, a causa de la falta de visión y planificación en algunos capítulos provinciales, el Provincial se ve en la obligación de llenar demasiados huecos con el perjuicio consiguiente de los jóvenes. El segundo es que, desgraciadamente, existen pocas comunidades en las provincias abiertas a recibir los valores que los jóvenes representan y pocas comunidades que pueden garantizar una vida comunitaria y apostolado, de acuerdo con nuestra legislación.

Planificación

A medida que algunas de nuestras provincias decrecen en número, su posibilidad de continuar con sus compromisos apostólicos se hace progresivamente más difícil. Las provincias que se enfrentan con este problema y reestructuran sus compromisos están en mucho mejor condición que las que no lo hacen. El aplazar la necesaria reorganización no sirve más que para complicar los problemas que tienen que ser afrontados. Dos ejemplos de reorganización con éxito son las provincias de México e Inglaterra. En capítulos sucesivos han cerrado algunas casas, lo que les ha permitido emplear su personal en otra parte y emprender nuevos apostolados. Aunque tal reorganización nunca es fácil, el futuro de las provincias y de los vicariatos depende de ella.

Las Constituciones y los últimos capítulos generales insisten en la necesidad de la planificación. Es responsabilidad de todos, no sólo de los superiores; tiene que hacerse en nuestras casas y en nuestras provincias y Vicariatos (cf. Walberberg, nº 17c, 78, 201).

Es fácil examinar compromisos y ver las nuevas necesidades de una manera abstracta, pero cuando nos enfrentamos con el cierre de una casa o el abandono de un apostolado, con frecuencia no nos decidimos a actuar. Esto se puede ver incluso cuando una comunidad tiene que revisar su horario de misas. No es raro que las preferencias de los religiosos se pongan antes de las reales necesidades de los fieles o de las exigencias de la liturgia respecto a la participación y predicación.

Lo que escribe Donald Nicholl sobre la búsqueda de la verdad de la realidad y el dolor que comporta el abandonar fórmulas, imágenes y símbolos antiguos se puede aplicar igualmente al abandono de sitios que nos son queridos:

“Yo me esforcé en vano durante muchos años por encontrar esta característica de nuestro anhelo por la verdad, hasta que un día me vino como una iluminación … del comentario que Santo Tomás de Aquino sobre la bienaventuranza “Bienaventurados los que lloran”. Dice Santo Tomás que es una bienaventuranza especial para aquellos cuya vocación es extender las fronteras del conocimiento. La vocación es extender las fronteras del conocimiento. La afirmación de Santo Tomás es, por lo pronto, intrigante e invita a uno a preguntarse por qué es así. La respuesta que da Tomás es que siempre que nuestras mentes anhelan una nueva verdad se ven afligidas por el dolor, en cuanto todo nuestro ser desea proteger el estado de inercia y comodidad que nos hemos establecido. Perderlos como perder una parte de nosotros mismos y el dolor es como un síntoma de nuestra pena y sus consecuencias. Además experimentamos una especie de aflicción …., por que esos formularios, imágenes y símbolos han sido durante años parte de nosotros mismos. Perderlos es como perder parte de nosotros mismos y nosotros lloramos esta pérdida como se llora la pérdida de un miembro” (Sedos, Febrero 1990).

Hay que saber morir para vivir. La poda del Evangelio se extiende no sólo a nuestras vidas, sino también a las casas en que vivimos y a nuestros apostolados. En muchos sitios continuamos pegados a edificios que no son más que museos. Quizás el Estado nos haga un favor cuando nos quita algunos de nuestros edificios y los mantiene abiertos al público, que continúa así participando de nuestra herencia material. ¿Podríamos nosotros conservar conventos como San Marcos de Florencia o Santo Domingo de Oaxaca tan bien como lo hace el Estado? Y si lo hiciéramos, ¿para qué serviría? Los religiosos jóvenes no pueden ser asignados a comunidades que viven en viejos edificios en ruinas.

Además algunas provincias se enfrentan con el problema de conservar fundaciones en lugares que ya no son centros urbanos o en zonas ya debidamente servidas por otros. Si ligamos nuestro proyecto de predicación a tales fundaciones, ¿somos fieles a nuestra vocación “de estar presentes a Dios y al mundo” de hoy? Con el espíritu del Evangelio deberíamos tener el valor de “lanzarnos en alto mar” y cambiarnos a centros nuevos de población. Jesús pone a la gente por encima de las cosas. Con esto no quiero decir que todo lo viejo deba abandonarse; el mantenimiento de algunas fundaciones puede ser un trampolín de nuevos apostolados. Se ha dicho que “las condiciones de esperanza y las condiciones de desesperación son –a menudo- las mismas”. Esta es ciertamente mi experiencia. En nuestra actitud y respuesta a falta de respuesta lo que hace las cosas así. Juntos, en el Espíritu, en los capítulos a nivel de las comunidades locales debemos de planificar para el futuro. Los ministerios tradicionales deben ser revisados y evaluados y hay que desarrollar nuevas formas de predicación.

En particular, necesitamos prestar atención al número y cualidad de nuestras parroquias. El Capítulo de Ávila recomendó que toda petición para responsabilizarnos de una parroquia debería tener presente las exigencias de nuestra vida religiosa y cualidad de nuestro apostolado itinerante. Nos recomienda también que nuestras parroquias no sean aceptadas con facilidad y que sean sujetas a revisión periódicamente los capítulos provinciales. Estos principios tienen que ser aplicados a nuestras parroquias del mundo entero.

Debe mantenerse una evaluación parecida de nuestras universidades, colegios, santuarios y capellanías de hospital.

Vida Comunitaria e Inserción de los Jóvenes

Mi segunda preocupación es la primera asignación de los jóvenes apenas terminada su formación inicial. Como dije antes, en muchas provincias hay pocas comunidades que ofrezcan a los jóvenes un sitio donde puedan vivir su vida religiosa en consonancia con un sentido actual de la vida de comunidad y de un apostolado específicamente dominicano. Debería de existir continuidad entre la formación inicial y la experiencia de la vida comunitaria de la Provincia.

Los jóvenes tiene que ser recibidos como adultos, no como niños. No los debemos de considerar como mero reemplazo de nosotros mismos. Ellos tienen su propia visión, sus propias esperanzas. Como nosotros aprendimos cometiendo errores, también ellos cometerán los suyos y aprenderán así. Recuerdo el comentario de un viejo sacerdote que decía: “Los jóvenes son nuestros hijos, tienen que aprender de nosotros y no están preparados para ello”. Yo respondí: “Padre, ellos no son sus hijos. Son gente adulta que viene a una comunidad adulta. Si, tienen mucho que aprender, tienen también mucho que dar y no debe existir la relación de un padre o de un abuelo para con un niño. Es relación de adultos que tienen mucho que aprender unos de otros”.

Pienso que tenemos que ser muy cuidadosos sobre el lugar donde se destina a los jóvenes. Necesitan una asignación donde no sólo reciban una bienvenida calurosa, sino donde puedan sentirse en casa y se sientan animados en su apostolado. Debería de pedirse siempre el consejo de los responsables de la formación. Recordemos que, para muchos, la primera asignación significa el paso de la estabilidad a la inestabilidad.

Uno de los problemas que encuentran parece se la soledad, el sentimiento de haber sido abandonados sin ayuda. No podemos eliminar todo el dolor, la soledad, los fallos de los primeros años de comunidad y apostolado, pero tenemos que acompañarlos. Si es posible, que el nuevo hermano forme parte de un equipo o que trabaje al menos con otro dominico. Al principio, tratemos de no confiarles proyectos individuales, aun cuando vivan en comunidad. No los destinemos a tapar huecos en viejos proyectos que ha perdido su significado. El equipo apostólico, la cualidad de la vida en la casa de asignación y una buena relación con uno o más miembros de la comunidad son tres puntos de un triángulo; cuando más débil sea uno de ellos, tanto más fuertes tienen que ser los otros.

No logro entender la mentalidad que asigna a los jóvenes a vivir y trabajar solos o en comunidades donde no existe una sana vida comunitaria. ¿Cómo podrán sobrevivir? Además, dudo mucho que sea prudente enviarlos a realizar estudios complementarios inmediatamente después de la formación inicial, cuando es necesario un año o más para asentarse en el ritmo de su ministerio. ¡Cuántos ejemplos conozco de jóvenes que entran en crisis en los años inmediatos a su ordenación! No existe un sistema que pueda predecir en qué forma uno responderá en situaciones difíciles, pero sí sabemos de cuánto valor puede ser la vida comunitaria. ¿Cuándo cesa uno de nosotros de necesitar apoyo y sostén en nuestro Trabajo? ¿Hemos olvidado lo que era ser jóvenes? ¿Hemos olvidado nuestro primer intento de predicar, nuestra preocupación, nuestros fallos, esperanzas y miedos?

Necesitamos interrogarnos sobre nuestra actitud respecto a los jóvenes y su mundo. ¿Nos esforzamos por entender los sentimientos de los jóvenes, que frecuentemente tienen experiencias culturales y religiosas diferentes de las nuestras? ¿Somos capaces de introducirnos en su mundo, como, nosotros queremos que ellos se introduzcan en el nuestro? Muchos hablan de “los buenos tiempos pasados”, pero no tienen en cuenta la promesa y la esperanza de hoy. El Capítulo de Ávila nos cuestiona cuando dice:

Si realmente queréis estar abiertos al futuro, es necesario cumplir una condición fundamental: Aprender a tener verdadera confianza en los jóvenes. Si logramos esto, seremos compañeros de camino, capaces de paciencia, de comprensión y esperanza, capaces de acoger con alegría la novedad que los jóvenes aportan. Además podremos confiarles responsabilidades apostólicas serias, no sólo con la gente de su edad…, sino también en el seno de nuestras comunidades cristianas. También aprenderemos de ellos cómo promocionar más eficazmente la evangelización del mundo (cf. cap. IV, Nº 67.3)

Los Jóvenes y las Cuatro Prioridades

Otro aspecto de la primera asignación es el justo empleo de los talentos. Pensar que un joven puede hacer todo o casi todo como las personas que lo han precedido es ingenuo. Una comunidad debe ofrecer el contexto de un ministerio, pero es el individuo el que lo anima según su propia habilidad y talento. Concedamos a los otros no el privilegio, sino el derecho de hacer las cosas de modo diferente. Dejémosles espacio para expresar sus propias opiniones, cuando se trata de mejorar la predicación, los estudios, la enseñanza, las relaciones humanas… Dejémosles sitio para desarrollar su iniciativa, creatividad y capacidad organizativa; en una palabra un ambiente que les permita crecer y ser ellos mismos.

Para nosotros, este desarrollo se realiza dentro del marco de las ‘cuatro prioridades’, que ofrecen grandes posibilidades al desarrollo de los talentos de un hermano. A este respecto todas las provincias deben de preguntarse lo siguiente: ¿Realizamos una evangelización entre los que no creen en Jesús? ¿Tenemos jóvenes en el trabajo intelectual, necesario para predicar y enseñar en la cultura de hoy? ¿Existen quienes se identifican con los pobres y la lucha por la justicia y la paz? ¿Hay en nuestra Provincia quién esté comprometido en los medios de comunicación social?

En cuanto Orden tenemos una larga tradición de creatividad apostólica; no es sólo prerrogativa de la juventud. Sigo admirando todavía la actitud creativa de un anciano misionero alemán en Taiwan frente a la sociedad en cambio continuo de aquella nación. Pero también debemos de seguir impulsando la creatividad entre los jóvenes.

Durante siglos, una de las formas en que los artistas han representado a los dominicos ha sido llevando libros bajos sus brazos. Dos siglos antes de la revolución de la imprenta, la Orden desempeñó un papel importante en hacer de los libros un medio familiar de comunicación. Una lista incompleta de autores dominicos abarca más de 5.000 nombres. Una creatividad semejante se dio en las misiones. En 1226 Honorio III concedió a los frailes que trabajaban en Marruecos permiso para adaptar su hábito al de la gente a fin de facilitar su trabajo. En otro campo Alberto y Tomás adaptaron y asimilaron el pensamiento de Aristóteles poniéndolo al servicio de la Iglesia. Existe en la Biblioteca Vaticana un ejemplar del siglo XV del famoso juego moralizante del ajedrez (De Ludis Scacchorum) de Jacobus de Cessolis de nuestra casa de Génova, de hacia 1290. El dibujo de la portada es un dominico mostrando desde el púlpito un tablero de ajedrez, en un temprano intento de ‘comunicación’ efectiva. Cada uno de nosotros está así desafiando a escribir su proprio capítulo en la historia futura de la Familia dominicana.

En el púlpito, en los medios, en el desarrollo del pensamiento cristiano y en el trabajo de evangelización la Orden ha demostrado un alto grado de creatividad y de adaptación: así debemos de actuar nosotros. El gran peligro es la complacencia y la preocupación por nuestra propia seguridad.

También aquí los jóvenes tienen que tener el valor de comprometerse en los apostolados de frontera, pero los apostolados de frontera necesitan vida de comunidad y preparación cuidadosa.

Por encima de todo, Predicadores

Antes que nada somos predicadores. En muchas provincias la preparación para la predicación durante los años de formación es ahora mejor que nunca. Aprenden sus métodos en grupo o en una comunidad que los estimula a la predicación. Creo que debería existir una experiencia comunitaria en la preparación de los sermones y en la condivisión de la Fe. Continúo recomendando a las comunidades que se reúnan y compartan sus reflexiones, puntos de vista y experiencia en la preparación de la próxima predicación. El ideal sería que participasen los laicos, las hermanas y quienes están comprometidos en el ministerio pastoral. Esta pudiera ser la estructura de la formación permanente en la predicación.

Tenemos más de mil hermanos en formación. Un buen número en relación a nuestro contingente total. Incluso se puede esperar que en un próximo futuro el número de los jóvenes siga creciendo. El futuro es de ellos. Fin d'article


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