
uerido
hermanos: Como algunas de nuestras Congregaciones y
Provincias están decreciendo en número,
existe el peligro de que nos concentremos en nuestros
propios problemas y de que el impulso de la evangelización
se debilite en nosotros. Si esto sucede, es importante
presentar ante nosotros mismos –y quienes están
en período de formación- el reto de la
evangelización.
Hablando de los primeros dominicos, Honorio III dijo:
“Los miembros de esta Orden están totalmente
consagrados a la evangelización”. Afirmación
sorprendente. Pero no lo es menos la de Pablo VI en
1970 cuando nos recordaba: “La Orden dominicana
se traicionaría a sí misma si se apartara
de este deber misionero”, o la afirmación
de Fr. Vicaire de que la Orden fue “el primer
Instituto realmente misionero en la historia de la Iglesia”.
Actualmente,
nuestro sentido de la evangelización ha sido
transformado por las intuiciones del Vaticano II, de
la Evangelii Nuntiandi y de la reflexión intensa
de estos últimos años.
Antes del Vaticano II, el esfuerzo evangelizador se
centraba en llevar el Evangelio a los no cristianos,
un movimiento desde el centro hacia la periferia. Hoy
este movimiento se ha enriquecido con otro movimiento:
de la periferia hacia el centro, en que las “nuevas
iglesias” dan su proprio testimonio y ayudan a
su vez a la evangelización de las “viejas”
iglesias”. Europa está aprendiendo ahora
de Latinoamérica, África y de las iglesias
de Asia. Hemos entrado en una período de mutua
escucha y de corresponsabilidad.
Conscientes de este movimiento y del desafío
que nos presenta, sentimos de nuevo la riqueza de la
visión original de Domingo y su entusiasmo por
la evangelización.
Visión Progresiva de Domingo
La ardiente pasión de Domingo por la salvación
de todos dejó marcada impresión en sus
íntimos compañeros. El joven Guillermo
de Monferrato nos dice que “Domingo tenía
más celo por la salvación de las almas
que todos los demás”. “Así
nosotros dos nos prometimos que cuando fray Domingo
hubiera organizado su Orden y yo hubiera estudiado teología
durante dos años marcharíamos juntos y
haríamos todo lo posible para convertir los paganos
en Prusia y en otros países del Norte”.
Afirmaciones como éstas se encuentran en muchos
de los testigos del proceso de canonización.
Jordán de Sajonia se hace eco de las mismas cuando
dice: “… con toda su energía y celo
apasionado, (Domingo) se consagró a ganar todas
las almas que podía para Cristo. Su corazón
estaba lleno de un extraordinario, casi increíble
anhelo por la salvación de todos”. Jordán
nos dice también: “Elevaba al cielo frecuentemente
la petición de que Dios le concediera caridad
verdadera, que fuera efectiva para conquistar la salvación
de todos; pensaba que sería realmente un miembro
del Cuerpo de Cristo sólo cuando hubiera gastado
todas sus fuerzas en las conquista de las almas…
Domingo nunca realizó su sueño de ser
misionero en el mundo no cristiano, pero encaminó
a su Orden por esta senda. En el Capítulo de
1221 se decidió enviar grupos de dominicos a
tres diferentes territorios más allá de
las fronteras del cristianismo. Los que fueron enviados
con Pablo de Hungría pidieron a los Cumanos a
fin de dar realidad al sueño de Domingo. Fue
el Capítulo el que tomó estas decisiones,
pero la inspiración venía de Domingo.
Su método Evangelizador
Guillermo de Monferrato nos dice: “Muchas veces
hablé con él sobre los medios de salvación
para nosotros y los demás. Domingo puso en práctica
sus convicciones firmes sobre la manera de realizar
la evangelización. Como en otros muchos campos,
éstas iban frecuentemente en contra de las ideas
en boga sobre la evangelización en aquel tiempo.
1. Predicación en la pobreza según el
modelo apostólico: Sabemos el momento exacto
en que esta convicción se manifestó por
vez primera y se convirtió en su modo personal
de predicar la palabra de Dios. Fue en junio de 1206,
cuando Diego y Domingo encontraron a los legados cistercienses
en Montpellier. Desanimados por el aparente fracaso
de su predicación, pidieron consejo al obispo.
Su comentario fue: ”No creo que estéis
actuando en esto según el recto camino. Pienso
que nunca podréis hacer volver a esta gente a
la fe hablándoles, porque están mucho
más inclinados a la duda por el ejemplo que ven”.
Para los herejes, predicador del Evangelio era quien
vivía según el modelo apostólico.
Diego y Domingo hicieron de este modelo su manera propia
de predicar y Domingo continuó practicándolo
después de la muerte de Diego. Le venía
su intuición de la conexión en los evangelios
entre la misión y la forma de vida llevada por
Cristo.
2. Movilidad apostólica e itinerante: La movilidad
apostólica fue un elemento clave en el método
evangelizador de Domingo. También en esto quiso
configurar su vida con la de Cristo. Incluso en las
casas de la Orden, no tenia celda que pudiera llamar
suya. Esta movilidad fue un arma apostólica que
le permitió estar con y entre el pueblo. Fr.
Vicaire se apresura a notar que “si su ministerio
era universal en cuanto a las personas a las que iba
dirigido y al inmediato éxito alcanzado, su plan
de acción era concreto: el contacto por medio
de la predicación y no por el compromiso en una
actividad local pastoral”.
3. La importancia de la comunión con la Iglesia:
Cuando Diego y Domingo llegaron a Roma en 1206, pidieron
al Papa que les permitiera consagrarse a una misión
entre los pueblos de Europa del Norte. El Papa se lo
negó. Tuvo que ser una obediencia dolorosa, ya
que se oponía a su inspiración apostólica.
Y sin embargo sin este acto de obediencia, no hubiera
existido la Orden. Además, si hubieran obtenido
el permiso, probablemente hubieran sido parte del movimiento
misionero en el Norte de Europa en aquel tiempo, un
método basado en la conquista Este no era el
modelo evangelizador querido por Domingo o los primeros
misioneros dominicos. Ellos no querían la ayuda
de ningún ejército. Domingo y la Orden
podían haberse convertido fácilmente en
parte del movimiento misionero que unía la evangelización
a la conquista. La obediencia les libró de esto.
Rechazaron esta forma de evangelización en favor
de un método basado en el de los apóstoles:
predicación en la pobreza, independiente del
poder civil.
En una carta a la Orden en 1970, el cardenal Villot
describió a Domingo como “sorprendentemente
libre”. Para Domingo la libertad de espíritu
no era accidental, sino un propósito deliberado.
Sus convicciones sobre la evangelización iban
a quedar reflejadas en lo que Pablo VI dice en E. N.
40-48.
Misión
hacia el mundo
Con los sucesores de Domingo, las fronteras de la predicación
se extendieron al mundo entero. Esto sucedió
en dos fases: la que siguió a la muerte del Fundador
y la que coincidió con los grandes descubrimientos
marítimos de los siglos XV y XVI.
A la muerte de Domingo, Jordán de Sajonia estableció
misiones en África del Norte y en el Medio Oriente.
Raimundo de Peñafort abrió escuelas para
el estudio de las lenguas orientales y del Islam. Una
serie de Papas encomendaron a la Orden nuevos campos
de evangelización.
La segunda fase comenzó con el descubrimiento
de las Américas y las rutas del mar hacia Asia.
Es una bella historia, pero no todo es bello en ella.
El 15 de julio de 1582, Paolo Constabile, Maestro de
la Orden, escribió diciendo que los dominicos
habían decaído en su actividad misionera.
Como respuesta a su carta, la Provincia del Rosario
comenzó a trabajar en Asia. De entre estos primeros
misioneros surgieron los mártires japoneses y
vietnamitas.
Los
Mártires Japoneses y Vietnamitas
El 18 de octubre del año pasado, Juan Pablo II
canonizó a Lorenzo Ruiz, laico filipino y 15
compañeros. El decreto de beatificación
de 1980 decía: “De una forma u otra todos
pertenecían a la Orden de Predicadores”.
El grupo comprendía dos catequistas, dos miembros
de la rama femenina del laicado dominicano, dos hermanos
laicos y nueve sacerdotes, junto con Lorenzo, que era
miembro de la fraternidad del Rosario. Nueve eran japoneses,
cuatro españoles, un filipino, un italiano y
un francés, reflejando así el carácter
internacional de los misioneros.
La canonización de los mártires vietnamitas
está ya próxima. Son diez laicos dominicos,
tres sacerdotes terciarios, seis obispos dominicos y
dieciséis sacerdotes.
Este hecho coincide con la celebración del cuarto
centenario de la Provincia del Rosario en Oriente. Treinta
y dos nuevos santos eran miembros de dicha Provincia.
Cuando Humberto de Romans pidió voluntarios para
las misiones en 1255, notó que había dos
cosas que retraían a los hermanos de ofrecerse
como voluntarios para le trabajo de la evangelización.
“Una es la ignorancia de las lenguas, ya que apenas
un hermano aprende el estudio de las mismas, pues la
mayoría prefiere ejercitar su inteligencia en
cualquier clase de novedad antes que en el estudio de
los que realmente sería útil… El
otro obstáculo es el amor de si propia patria…”.
Un aspecto notable de las canonizaciones de este año
es la importancia que ellos concedieron al aprendizaje
de las lenguas nativas. Se daba a los misioneros seis
meses para aprender el idioma; si no lo lograban, se
les volvía a mandar a su patria.
Otras características importantes eran el uso
de la música y el teatro, su sola dependencia
de la Palabra de Dios y su negativa a ser identificados
con el poder colonial.
Además estaba su oposición a la esclavitud
y a cualquier forma de injusticia y lucro, así
como la insistencia de hombres como Domingo de Salazar
en que a los esclavos había que concederles la
libertad.
Era sorprendente su cercanía a la gente que evangelizaban
y su mutua lealtad y ayuda durante la prisión
y el juicio. Formaban una verdadera comunidad. Cuando
Magdalena de Nagasaki oyó que Jordán Esteban
había sido encarcelado, inmediatamente se entregó
a las autoridades para compartir su martirio. Su único
crimen era el de haberles dado hospitalidad. Nosotros
honramos a estos hombres y mujeres y reconocemos que
en su canonización hay un mensaje para los hombres
de hoy.
Al mismo tiempo somos conscientes de que nosotros no
podemos trabajar en la forma que ellos lo hicieron,
pues los métodos de evangelización cambian
según los tiempos.
Antes del Vaticano II, la evangelización tendía
a cubrirse de un significado geográfico y jurídico.
El I Congreso Misionero de hermanos y hermanas celebrado
en Madrid en 1973 tomó varias resoluciones a
este respecto que están ahora recogidas en LCO
112.
Modelos Geográficos y Jurídicos
Estos modelos identificaban la evangelización
con el trabajo en las naciones no cristianas y algunas
naciones eran identificadas cual territorios de misión.
Pero la extensión del secularismo que niega a
Dios un puesto en la vida humana ha creado la necesidad
de una segunda evangelización en muchas naciones
cristianas. La indiferencia religiosa y la expansión
de la incredulidad entre los bautizados presentan una
necesidad urgente de evangelización de éstos.
Intimamente relacionado está el desafío
del consumismo que tiende a hacer del placer el supremo
valor de la vida humana (cf. E. N. 55).
Otro error es que los que trabajan en territorio de
misión, independientemente del trabajo que realizaban,
eran llamados misioneros. Evangelii Nuntiandi corrigió
esto al afirmar que “no hay verdadera evangelización
sin no se proclama el nombre, la enseñanza, la
vida, las promesas, el Reino y el misterio de Jesús
de Nazaret” (E.N. 22). Este es el criterio para
conocer si somos evangelizadores o no.
Aunque somos conscientes de tales deficiencias, sigue
siendo urgente la necesidad de proclamar la Buena Nueva
a quienes no la han recibido. Fieles al recuerdo de
Santo Domingo, nosotros dominicos debemos continuar
la búsqueda de trabajo en las naciones más
allá de las fronteras de la cultura occidental.
Nos viene inmediatamente al recuerdo la población
de Asia, que representa el 60 % de la población
mundial, así como África y algunas zonas
de las Américas.
Nuevos Modelos de Evangelización
Evangelii Nuntiandi nos recordaba que “los métodos
de evangelización cambian según los tiempos”
(E. N. 40) En respuesta a esto tienen que surgir nuevos
modelos de evangelización.
Podemos constatar que a medida que nos acercamos al
final del segundo Milenio del cristianismo, el progreso
de la evangelización durante dos mil años
ha sido muy limitado. Los católicos son en realidad
el 18% de la población mundial. Mientras que
las estructuras de las iglesias existen en casi todas
las partes, el mensaje salvífico de Jesús
no ha sido universalmente aceptado. La evangelización
sigue siendo hoy una obligación tan urgente como
en vida de Santo Domingo.
Construir el Reino implica una lucha contra todo aquello
que dificulta su crecimiento: el pecado en todas sus
formas. En una sociedad, la implantación del
Reino puede caracterizarse por la lucha contra las estructuras
injustas que oprimen al pueblo, en otra puede consistir
en una lucha contra la influencia corrosiva del materialismo
que todo lo invade y la mentalidad consumista. En consecuencia,
la evangelización tiene que revestir facetas
diversas según las circunstancias donde se realiza.
El evangelio de Jesús, la promesa de salvación
y el Reino serán los mismos, pero el mensaje
será matizado según corresponda al desafío
presentado por ésta o aquella situación.
El discernimiento pide a los evangelizadores una atenta
observación de la realidad.
La complejidad de la sociedad moderna obliga a quienes
se consagran a la misión evangelizadora a pedir
la colaboración de los peritos en ciencias sociales
para poder trabajar de manera provechosa. No todos los
vicariatos, provincias o congregaciones disponen de
personal preparado. Si no contamos con este material
entre nosotros tenemos la obligación de buscarlo
entre los demás, sea en la Iglesia o en el mundo
secular. Nuestra historia nos alecciona en esta nueva
orientación. El Capítulo de 1232 prohibía
a los dominicos el estudio de los filósofos pagano
y de las ciencias seglares. Veinte años después
Tomás y Alberto vieron la necesidad de tal estudio
y otro Capítulo revocó la decisión.
Hoy necesitamos la ayuda de gente preparada en psicología
social, antropología cultural, religión
comparada para poder idear nuevos métodos de
evangelización. Si no buscamos la ayuda de tales
instrumentos nuestro trabajo se verá empobrecido.
A
este propósito quiero subrayar la necesidad de
la formación permanente y la necesidad de una
año sabático para los misioneros. Existe
una marcada diferencia entre las provincias y vicariatos
que han comprendido la necesidad de tal formación
y han realizado los sacrificios necesarios para implantar
tal política y las provincias que no lo han hecho.
En su obra “Oficios de la Orden”, Humberto
de Romans advierte que es obligación del Maestro
tener “celo ferviente y cuidado especial”
en impulsar el trabajo de la evangelización.
A este propósito añade que es también
obligación del Maestro comprobar si existen escritos
sobre las creencias de los otros pueblos. Si yo tuviera
que señalar un área en que la Orden ha
quedado atrás en la evangelización sería
la falta de una reflexión teológica global
sobre el problema de la misión en la Iglesia
y la ausencia de una contribución dominicana,
con pocas excepciones, a la búsqueda de nuevos
métodos de evangelización que exigía
a la Iglesia Juan Pablo II. El documento del Capítulo
de Ávila sobre la misión se beneficio
de la presencia de numerosos teólogos comprometidos
en la evangelización.
Inculturación
Intimamente
relacionada con la búsqueda de nuevos métodos
de evangelización está la cuestión
de la cultura. En la era colonial se identificaba la
evangelización con la cultura del colonizado.
El éxito de la evangelización parecía
medirse por el grado en que la cultura del colonizador
penetraba y transformaba la cultura del colonizado.
Donde
este proceso tenía éxito el progreso de
la evangelización obtenía un éxito
paralelo. Pero donde la implantación de la cultura
colonizadora era superficial, el crecimiento númerico
de los cristianos era también limitado. La rápida
cristianización de las Américas en el
siglo XVI estaba en marcado contraste con el proceso
de la misma en Asia, pero mientras la relación
entre evangelización y cultura del colonizador
daban fruto hubo poca reflexión sobre los efectos
colaterales, en particular la separación de las
comunidades cristianas de sus raíces culturales
y la identificación del cristianismo con una
cultura extranjera.
Hoy
la relación entre Evangelio y cultura es objeto
de una intensa reflexión, que considera no sólo
el contenido de la evangelización sino también
el modo en que se comunica. (cf. E. N. 20).
Mientras
es fácil especular sobre la inculturación
es extremadamente difícil tomar decisiones concretas.
En realidad no existe un cristianismo incorpóreo.
Dondequiera que existe el cristianismo está encarnado
en una cultura, sea la cultura del pueblo que vive con
la comunidad cristiana o la del evangelizador. Ello
exige una sensibilidad especial por parte de aquél
que evangeliza en una cultura distinta de la suya.
Lo
que es cierto es que el progreso de la evangelización
se ha visto impedido por la falta de aprecio de las
otras culturas. “Nuestro primer cuidado al acercarnos
a otro pueblo, otra cultura, otra religión”,
dice Kenneth Cragg, “es quitarnos las sandalias,
porque el sitio que pisamos es santo. Pudiéramos
encontrarnos pisando el ideal de un pueblo. Más
grave aún, pudiéramos olvidar que Dios
estuvo allí antes de que nosotros llegáramos”.
La
inculturación es un reto lanzado insistentemente
por le Santo Padre. Si seguimos no aceptando completamente
sus implicaciones, no deberíamos tomar parte
en esta misión de la Iglesia.
Para
poder participar en este proceso de inculturación,
las provincias deberían considerar la posibilidad
de que quienes están destinados a la misión
realicen parte de sus estudios y formación en
las naciones donde un día deberán ejercer
su trabajo (cf. LCO 119).
Colaboración
en la realización
El
descenso en número en toda la Orden en estos
últimos veinte años ha sido una dura prueba
para las iglesias nacientes. Provincias que antes enviaban
muchos religiosos a evangelizar en otras naciones ya
no pueden hacerlo. Esto ha llevado una crítica
reducción de personas clave en muchos vicariatos
y provincias misioneras. En algunos casos bastarían
dos o tres religiosos para aliviar la situación.
El
grave apuro en que se ve la Orden en algunos vicariatos
y provincias me obliga a lanzar una llamada dirigida
a todos los hermanos. Yo os pido encarecidamente que
examinéis en comunidad quiénes pueden
y quieren comprometerse en la evangelización
de otra nación, tarea que en cuanto Orden debemos
realizar para la mayor universalidad de la Iglesia.
El carácter internacional de los mártires
de Japón provenientes de cinco diferente naciones,
es una lección para nosotros. Hoy existe la misma
necesidad que entonces de una colaboración internacional
en la tarea evangelizadora.
Es
tiempo además de que examinemos la posibilidad
de una mayor colaboración con quienes cuentan
con escaso número.
Si
una pequeña Provincia/Vicariato trata de conservar
sus organismos de formación debe de hacerse diversas
preguntas:
1.
¿Tiene formadores suficientes y preparados?
2.
¿Colocan los problemas de los formandos en primer
lugar?
3.
¿Pueden ofrecer la calidad de enseñanza
necesaria para lograr estudiantes bien preparados y
predicadores proféticos abiertos a las necesidades
de nuestro tiempo?
4.
¿Valoran suficientemente el carácter internacional
de la Orden?
Asimismo
pido a quienes trabajan en los países desarrollados
del Norte que se conviertan en comunidades evangelizadoras.
Las últimas Actas del Capítulo de la Provincia
de Inglaterra afirman: “Consideramos a todas las
casas como puestos de misión desde los que podemos
ejercitar nuestra vocación de heraldos del Evangelio
de Cristo”.
Colaboración
con las hermanas y el Laicado
En
1968 el Padre Aniceto Fernández escribió
a todas las religiosas dominicas del mundo respondiendo
a diversas preguntas sobre su puesto en la Orden: “Ha
llegado el tiempo de examinar atentamente nuestras relaciones
en este mundo moderno en que el Señor nos ha
puesto juntos para continuar su obra de salvación.
Todos estamos llamados a compartir el espíritu
y y tradición que nos legó Santo Domingo,
a estudiar juntos y construir juntos nuestras comunidades
de hermanos y hermanas en servicio de la Iglesia”.
P. Aniceto habla de las hermanas como iguales y les
invita a buscar junto con los hermanos el modo mejor
de realizar su apostolado.
Mucho se ha realizado en los años transcurridos:
colaboración en la formación, ministerio
pastoral, enseñanza a nivel universitario, predicación,
dirección conjunta de centros de conferencias
y retiros. Una hermana es la presidenta de una de nuestras
mejores facultades de teología. Donde a pesar
de las dificultades de todo comienzo, se ha realizado
esta colaboración, se ha producido un enriquecimiento
mutuo. Y estamos todavía empezando.
Desde
1968 los sucesivos capítulos y congresos misioneros
han urgido la necesidad de la cooperación en
la formación, preparación conjunta de
los futuros misioneros en el ministerio de la palabra,
retiros, promoción de las vocaciones, en el trabajo
de Justicia y Paz, oración común, enseñanza.
Os
pido que colaboréis con el Laicado en la tarea
de la evangelización. De nuevo nuestra historia
es instructiva. . los primeros esfuerzos de Bartolomé
de Las Casas para evangelizar al pueblo de Venezuela
terminó en fracaso. Más tarde, en Guatemala,
en una zona llamada “El país de la guerra”
a causa de la ferocidad de su gente, desarrolló
un método completamente nuevo de evangelización.
El y sus compañeros dominaron primeramente el
idioma para componer después versos en la lengua
del pueblo sobre La Creación, La Caída
y La Redención y los enseñaron a los comerciantes
indios cristianos que penetraban en las montañas,
quienes los cantaron y excitaron la curiosidad del pueblo
por seguir escuchando. El laicado fue así la
clave de la primera evangelización de Guatemala.
Hoy
día resulta interesante visitar el Santuario
de Nuestra Señora de Guadalupe en México
en la fiesta de diciembre y ver al pueblo seguir representando
en canto y mino la historia de La Creación y
La Redención.
Como
conclusión permitidme repetir una vez más
lo que se dijo en Quezon City: “Nosotros nos encontramos
hoy con el desafío de realizar lo que Santo Domingo
comenzó: Una Familia en unidad de vida y compromiso
de servicio a la Iglesia y al mundo” Esto tienen
particular aplicación en la misión evangelizadora.

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