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San Domingo  Matisse
Juntos en colaboración
La colaboración en la Familia Dominicana ( Mayo 1991)

F. Damian Byrne, O.P.

Fray Damian Byrne, O.P.a reunión del M. O. con las Superioras generales de este año se celebró, como estaba previsto, el 17 de mayo en Santa Sabina. Participaron unas 60 Superioras de todos los continentes. La reunión fue cordial. Lo más importante fue la presentación y comentario de un Documento del M. O. sobre la colaboración mutua. He aquí el texto:

Bienvenidas a Santa Sabina. Vosotras sois nuestras hermanas, ésta es vuestra casa. Bienvenidas.

Quisiera hablar un poco sobre La colaboración en la Familia dominicana.

Nosotros dominicos tenemos una identidad bien precisa. Somos todos predicadores. Esta es nuestra vocación. Todo en nuestras vidas está orientado a esto. Compartimos esta vocación y yo creo que debemos como grupos (no siempre como individuos) intentar realizar nuestra vocación juntos.

La Orden dominicana nació como familia. Este fue el diseño de Domingo. La primera fundación en Prulla fue una fundación con un prior y una priora!.

Si, en efecto, somos una Familia deberíamos tener mucho que compartir; comprensión, experiencia, una esperanza compartida deberían inspirarnos mutuamente y hacernos soñar un poco juntos. Sería un intercambio fértil de experiencia y comprensión, un intercambio mutuo que es creativo. Más aún, yo creo que nosotros deberíamos colaborar en el ministerio. Ya hemos comenzado, pero hemos tocado sólo la superficie.

Un poco de historia. En los tiempos modernos, un renovado interés en la Familia dominicana fue iniciado por Jacinto Cormier (1904-1916) y Buenaventura de Paredes (1926-1929). Paredes describió la Orden como “una familia particular e íntima de la gran familia cristiana”.

El urgió un fuerte espíritu de familia entre todos los dominicos y autorizó a las hermanas dominicas usar el O. P. al escribir sus nombres. También creó una comisión para promover “todo lo que pudiera contribuir a las relaciones de la familia y promover la unión íntima entre las diversas ramas”.

Un momento igualmente importante en la realización de la Familia dominicana tuvo lugar en 1968. Fr. Aniceto Fernández recibió numerosas preguntas de las hermanas sobre su lugar en la Orden. Esto dio ocasión a su famosa carta en la que escribió: “En este mundo moderno donde nuestro Salvador nos ha puesto para trabajar en su grande obra de salvación nosotros estamos llamados a abrazar juntos el espíritu y la tradición transmitida de santo Domingo, para buscar juntos el mejor modo de realizar nuestro apostolado y construir juntos nuestras comunidades en servicio de la Iglesia. Hoy día las mujeres están reclamando su total derecho a tener un lugar en el trabajo de la Iglesia. Por ello también, las hermanas deben tener su proprio lugar en el apostolado de la Orden”.

Igualdad en la colaboración

Fr. Aniceto escribió a las hermanas como iguales y como iguales las invita a buscar junto con los frailes los mejores medios para realizar el ministerio que nosotros tenemos en común: la predicación en todas sus formas.

Creo que sólo cuando aceptamos al otro como igual podemos colaborar efectivamente juntos en el ministerio. Esta es la única base para la colaboración.

Más todavía, tenemos que aprender cómo trabajar con cada uno de los otros, para aceptar a cada uno de los otros como mujeres y como hombres, como frailes y como hermanas. Eso exige un nivel de sensibilidad y comprensión que se encuentra en todos.

Capítulos y Congresos recientes

Desde 1968, nosotros hombres, hemos tratado de hacer todo lo posible desde un punto de vista legislativo para afirmar esta igualdad. El Capítulo general de Tallagth (1971) declaró que la Familia dominicana era equivalente a toda la Orden de predicadores. “El nombre universal Orden de predicadores es lo mismo que el término Familia dominicana y está compuesto de clérigos, hermanos cooperadores, monjas, hermanas, … “ (n. 122).

El primer congreso internacional de hombres y mujeres dominicos en la historia de la Orden fue el Congreso Misionero de 1973 (Madrid). Pidió proyectos misioneros internacionales y el establecimiento de asociaciones nacionales de la Familia dominicana. Este Congreso pidió al Maestro de la Orden que nombrará una hermana para promover la colaboración en la Familia dominicana. El espíritu del congreso influyó profundamente los capítulos sucesivos.

Otra reunión significativa fue la de la Familia dominicana en Bolonia. Esta determina: “Nuestra vida apostólica se renueva continuamente en el diálogo con nuestros hermanos y hermanas desafiada por los valores del Evangelio. Domingo asoció mujeres a su misión afirmando con esto su puesto en la Iglesia y su misión. Como herederos de Domingo nosotros tenemos obligación de manifestar la igualdad y la complementariedad del hombre y la mujer” (N. 2.2).

El Capítulo de Madonna Dell’Arco (1974) abolió los términos de “Primera, Segunda y Tercera” Orden como una terminología fuera de uso en la sociedad moderna (n. 234)NO existen ciudadanos de primera y segunda clase. Todos osn iguales. Nosotros somos todos predicadores.

En 1977 tenemos un excelente documento sobre La Familia dominicana del Capítulo general de Quezon City. Allí se hace notar la existencia de dos grandes movimientos en la Iglesia y en el mundo: la emergencia del laicado “como un indispensable elemento en el establecimiento del reino de Dios y el más reciente y constante aumento del movimiento hacia la liberación de las mujeres y el reconocimiento de su igualdad con los hombres” (n. 64).

Santo Domingo creó la Familia dominicana no para sí misma, sino para estar al servicio de la Iglesia en su misión hacia el mundo. Esta es un gran recurso para la evangelización del mundo pero es un potencial que no se ha desarrollado totalmente por falta de colaboración. “El desarrollo de un auténtico espíritu dominicano y de formación dominicana ha sufrido por la ausencia de una mayor interrelación dentro la Familia dominicana… Ahora es un tiempo oportuno para que la Familia dominicana alcance verdadera igualdad y complementariedad” (Quezon City, N. 64).

El Capítulo establece también firmemente que los miembros no clericales de la Orden no son menos dominicos, ni participan en modo deficiente de la vocación dominicana.

Hizo numerosas sugerencias prácticas: 1. Hacer reuniones regionales de hombres y mujeres dominicanas. 2. Un curso común de formación básica para todos los miembros de la Orden con el propósito de crear una unidad de espíritu y de comprensión en nuestras vocación dominicana.

Los capítulos posteriores hicieron sugerencias más apremiantes para la colaboración en:

-el ministerio y la palabra
-la predicación de retiros, compromiso con la juventud y la catequesis
-los programas de formación
-la promoción de vocaciones
-el trabajo por la justicia y la paz

Desde 1968 nos hemos esforzado en superar los obstáculos que podían impedir la colaboración. Capítulos y congresos han urgido la colaboración. Existen hermosos ejemplos de colaboración: creación del noviciado de formación en Salomón, equipos de predicación en EE.UU., formación permanente y colaboración en temas de justicia, creación de una nueva revista en Chile, colaboración en cursos de ejercicios y de centros de conferencias.

Aprender a trabajar juntos

Pero sólo hemos comenzado. La colaboración en el ministerio no ha tenido una aceptación amplia entre muchos frailes. Vosotras estás mejor capacitadas para hablar a las hermanas.

La colaboración en un proceso totalmente nuevo que debemos aprender. Exige un nivel de adaptación y aceptación que muchos no son capaces de realizar.

Repito la advertencia de Hermana Gerladine O’Driscoll. La primera cosa a recordar al embarcarse en un equipo ministerial es la importancia del tiempo. Se necesita tiempo para crear un equipo. Cuando ella comenzó un equipo ministerial dijo que buscó sacerdotes para compartir la visión de ellos sobre la parroquia. Fueron incapaces de realizarlo, pero “después de cuatro años nos están llamando ahora para que nos reunamos con ellos y compartamos nuestra visión”.

El segundo punto, dice ella, es que sólo trabajando juntos os encontraréis cara a cara con el hecho de que “un hombre y una mujer se acercan a las cosas diferentemente y nosotros debemos saber aceptarlo. Esto significa también ser sensibles a resistencias y debilidades de los frailes y de su sensibilidad hacia lo que es importante para nosotras”. “Yo he aprendido a apreciar la complementariedad de trabajar juntos y a estar prevenida contra la competición”.

Un sacerdote, colega de ella, decía: “Nosotros sacerdotes tenemos que olvidar que nosotros somos Dios y que es masculino; las hermanas tienen que olvidar que ellas eran maestras de escuela”.

Su comentario final es particularmente interesante: “Los miembros de un equipo deben desarrollar la habilidad para escuchar al otro y permitir al otro su propio espacio y ritmo. Compartir ideas puede ser fácil. Los modos cómo cada uno lleva a la práctica esas ideas pueden ser diferentes e incluso sorprendentes y tenemos que respetar el espacio y el ritmo de cada uno”.

Quiero añadir lo siguiente. Hemos programado colaboración a nivel de congresos y capítulos pero no hemos hecho casi nada en relación con los problemas humanos con que esto nos enfrenta como hombres y mujeres. El comentario de Geraldine ilumina esto. No basta querer trabajar juntos, tenemos que aprender cómo trabajar juntos.

Áreas necesitadas de colaboración

Pido vuestra ayuda en tres áreas en las que necesitamos vuestra colaboración en este momento: Evangelización, Enseñanza y Administración central de la Orden.

Evangelización: Creo que el trabajo de evangelización del mundo está empobrecido por una ausencia de habilidades entre los evangelizadores, habilidades que son esenciales en la evangelización actual. Nuestra gran debilidad en la evangelización es nuestro fracaso a adaptarnos a lo tiempos que han cambiado en los que vivimos y la ausencia de adaptación y de inculturación. Hoy, necesitamos la ayuda de quienes están preparados en psicología social, antropología cultural, religión comparadas… para ayudarnos a inventar nuevos métodos de evangelización para nuestro tiempo. Creo que necesitamos hermanas preparadas en esas ciencias para facilitar la evangelización en una Nueva Era. Un fracaso para equiparnos con tales habilidades empobrecerá el trabajo que hacemos.

Enseñanza: El Capítulo general de Roma 1983, recomienda: “Que el oficio de la enseñanza en Instituciones dominicanas de estudio sea ejercido no sólo por los frailes sino también por miembros de otros grupos de la Familia dominicana” (N. 278)

Yo ampliaría esto a la colaboración en la formación. ¿Durante cuánto tiempo las mujeres dominicas han estado recibiendo la ayuda de los hombres? No tenemos el beneficio de mujeres dominicas que nos prediquen y nos ayuden en los programas de formación. Pienso que en el pasado una actitud negativa hacia la sexualidad puso muros, física y psicológicamente, a nuestros noviciados y casas de estudio y esto perjudicó a la gente más que ayudarles. Contactar con formadores del sexo opuesto es un saludable enriquecimiento en la formación de vocaciones masculinas.

Renuevo la invitación del Simposio de Bolonia, que fue una reunión de frailes, hermanas y seglares dominicos, a preparar a aquellos que tienen deseo y capacidades para la enseñanza en nuestras diferentes instituciones internacionales. Pienso, en modo particular, en el Angelicum aquí en Roma, pero también en otros países. Hay una urgente necesidad en incorporar la comprensión femenina a la enseñanza de la teología y ciencias similares. Nos sentimos empobrecidos por su ausencia.

La Administración Central de la Orden: En primer lugar, quiero expresar la gratitud de toda la Orden a aquellas congregaciones que tan generosamente proveen personal para la Secretaría de Santa Sabina desde hace más de veinte años. Esto ha sido una inmensa ayuda. La generosidad y dedicación de las diferentes hermanas, desde hace años, ha sido maravillosa.

El Congreso Misionero de 1973 hizo la siguiente petición: “Pedimos que las hermanas estén representadas en el Secretariado general de Misiones, en el Secretariado general de las Hermanas y ante el Maestro general por una Hermana con el título “Asistente del Maestro general”. De esta forma la colaboración puede ser establecida en todos los niveles de la vida de la Orden, por ejemplo, en relación con los programas de formación, intercambio de lectores y cooperación pastoral”.

Una propuesta muy sorprendente pero en dirección correcta. En el número de enero de IDI hay una carta de la Hermana Veronica Rafferty, desde Argentina. En ella hace una petición para la creación de la Unión Mundial de Mujeres Dominicas. Una tal organización, dice ella, podría facilitar relaciones directas entre las Hermanas y el Maestro de la Orden, promover la Vida de la Familia dominicana, facilitar las reuniones para planificar la formación inicial y permanente, “una organización que corresponda a nuestra dignidad, a nuestras aspiraciones y a nuestras necesidades”. ¿Es el momento de caminar en esa dirección?. Fin d'article


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