
a
reunión del M. O. con las Superioras generales
de este año se celebró, como estaba previsto,
el 17 de mayo en Santa Sabina. Participaron unas 60
Superioras de todos los continentes. La reunión
fue cordial. Lo más importante fue la presentación
y comentario de un Documento del M. O. sobre la colaboración
mutua. He aquí el texto:
Bienvenidas
a Santa Sabina. Vosotras sois nuestras hermanas, ésta
es vuestra casa. Bienvenidas.
Quisiera
hablar un poco sobre La colaboración en la Familia
dominicana.
Nosotros
dominicos tenemos una identidad bien precisa. Somos
todos predicadores. Esta es nuestra vocación.
Todo en nuestras vidas está orientado a esto.
Compartimos esta vocación y yo creo que debemos
como grupos (no siempre como individuos) intentar realizar
nuestra vocación juntos.
La
Orden dominicana nació como familia. Este fue
el diseño de Domingo. La primera fundación
en Prulla fue una fundación con un prior y una
priora!.
Si,
en efecto, somos una Familia deberíamos tener
mucho que compartir; comprensión, experiencia,
una esperanza compartida deberían inspirarnos
mutuamente y hacernos soñar un poco juntos. Sería
un intercambio fértil de experiencia y comprensión,
un intercambio mutuo que es creativo. Más aún,
yo creo que nosotros deberíamos colaborar en
el ministerio. Ya hemos comenzado, pero hemos tocado
sólo la superficie.
Un
poco de historia. En los tiempos modernos, un renovado
interés en la Familia dominicana fue iniciado
por Jacinto Cormier (1904-1916) y Buenaventura de Paredes
(1926-1929). Paredes describió la Orden como
“una familia particular e íntima de la
gran familia cristiana”.
El
urgió un fuerte espíritu de familia entre
todos los dominicos y autorizó a las hermanas
dominicas usar el O. P. al escribir sus nombres. También
creó una comisión para promover “todo
lo que pudiera contribuir a las relaciones de la familia
y promover la unión íntima entre las diversas
ramas”.
Un
momento igualmente importante en la realización
de la Familia dominicana tuvo lugar en 1968. Fr. Aniceto
Fernández recibió numerosas preguntas
de las hermanas sobre su lugar en la Orden. Esto dio
ocasión a su famosa carta en la que escribió:
“En este mundo moderno donde nuestro Salvador
nos ha puesto para trabajar en su grande obra de salvación
nosotros estamos llamados a abrazar juntos el espíritu
y la tradición transmitida de santo Domingo,
para buscar juntos el mejor modo de realizar nuestro
apostolado y construir juntos nuestras comunidades en
servicio de la Iglesia. Hoy día las mujeres están
reclamando su total derecho a tener un lugar en el trabajo
de la Iglesia. Por ello también, las hermanas
deben tener su proprio lugar en el apostolado de la
Orden”.
Igualdad
en la colaboración
Fr.
Aniceto escribió a las hermanas como iguales
y como iguales las invita a buscar junto con los frailes
los mejores medios para realizar el ministerio que nosotros
tenemos en común: la predicación en todas
sus formas.
Creo
que sólo cuando aceptamos al otro como igual
podemos colaborar efectivamente juntos en el ministerio.
Esta es la única base para la colaboración.
Más
todavía, tenemos que aprender cómo trabajar
con cada uno de los otros, para aceptar a cada uno de
los otros como mujeres y como hombres, como frailes
y como hermanas. Eso exige un nivel de sensibilidad
y comprensión que se encuentra en todos.
Capítulos
y Congresos recientes
Desde
1968, nosotros hombres, hemos tratado de hacer todo
lo posible desde un punto de vista legislativo para
afirmar esta igualdad. El Capítulo general de
Tallagth (1971) declaró que la Familia dominicana
era equivalente a toda la Orden de predicadores. “El
nombre universal Orden de predicadores es lo mismo que
el término Familia dominicana y está compuesto
de clérigos, hermanos cooperadores, monjas, hermanas,
… “ (n. 122).
El
primer congreso internacional de hombres y mujeres dominicos
en la historia de la Orden fue el Congreso Misionero
de 1973 (Madrid). Pidió proyectos misioneros
internacionales y el establecimiento de asociaciones
nacionales de la Familia dominicana. Este Congreso pidió
al Maestro de la Orden que nombrará una hermana
para promover la colaboración en la Familia dominicana.
El espíritu del congreso influyó profundamente
los capítulos sucesivos.
Otra
reunión significativa fue la de la Familia dominicana
en Bolonia. Esta determina: “Nuestra vida apostólica
se renueva continuamente en el diálogo con nuestros
hermanos y hermanas desafiada por los valores del Evangelio.
Domingo asoció mujeres a su misión afirmando
con esto su puesto en la Iglesia y su misión.
Como herederos de Domingo nosotros tenemos obligación
de manifestar la igualdad y la complementariedad del
hombre y la mujer” (N. 2.2).
El
Capítulo de Madonna Dell’Arco (1974) abolió
los términos de “Primera, Segunda y Tercera”
Orden como una terminología fuera de uso en la
sociedad moderna (n. 234)NO existen ciudadanos de primera
y segunda clase. Todos osn iguales. Nosotros somos todos
predicadores.
En
1977 tenemos un excelente documento sobre La Familia
dominicana del Capítulo general de Quezon City.
Allí se hace notar la existencia de dos grandes
movimientos en la Iglesia y en el mundo: la emergencia
del laicado “como un indispensable elemento en
el establecimiento del reino de Dios y el más
reciente y constante aumento del movimiento hacia la
liberación de las mujeres y el reconocimiento
de su igualdad con los hombres” (n. 64).
Santo
Domingo creó la Familia dominicana no para sí
misma, sino para estar al servicio de la Iglesia en
su misión hacia el mundo. Esta es un gran recurso
para la evangelización del mundo pero es un potencial
que no se ha desarrollado totalmente por falta de colaboración.
“El desarrollo de un auténtico espíritu
dominicano y de formación dominicana ha sufrido
por la ausencia de una mayor interrelación dentro
la Familia dominicana… Ahora es un tiempo oportuno
para que la Familia dominicana alcance verdadera igualdad
y complementariedad” (Quezon City, N. 64).
El
Capítulo establece también firmemente
que los miembros no clericales de la Orden no son menos
dominicos, ni participan en modo deficiente de la vocación
dominicana.
Hizo
numerosas sugerencias prácticas: 1. Hacer reuniones
regionales de hombres y mujeres dominicanas. 2. Un curso
común de formación básica para
todos los miembros de la Orden con el propósito
de crear una unidad de espíritu y de comprensión
en nuestras vocación dominicana.
Los
capítulos posteriores hicieron sugerencias más
apremiantes para la colaboración en:
-el ministerio y la palabra
-la predicación de retiros, compromiso con la
juventud y la catequesis
-los programas de formación
-la promoción de vocaciones
-el trabajo por la justicia y la paz
Desde
1968 nos hemos esforzado en superar los obstáculos
que podían impedir la colaboración. Capítulos
y congresos han urgido la colaboración. Existen
hermosos ejemplos de colaboración: creación
del noviciado de formación en Salomón,
equipos de predicación en EE.UU., formación
permanente y colaboración en temas de justicia,
creación de una nueva revista en Chile, colaboración
en cursos de ejercicios y de centros de conferencias.
Aprender
a trabajar juntos
Pero
sólo hemos comenzado. La colaboración
en el ministerio no ha tenido una aceptación
amplia entre muchos frailes. Vosotras estás mejor
capacitadas para hablar a las hermanas.
La
colaboración en un proceso totalmente nuevo que
debemos aprender. Exige un nivel de adaptación
y aceptación que muchos no son capaces de realizar.
Repito
la advertencia de Hermana Gerladine O’Driscoll.
La primera cosa a recordar al embarcarse en un equipo
ministerial es la importancia del tiempo. Se necesita
tiempo para crear un equipo. Cuando ella comenzó
un equipo ministerial dijo que buscó sacerdotes
para compartir la visión de ellos sobre la parroquia.
Fueron incapaces de realizarlo, pero “después
de cuatro años nos están llamando ahora
para que nos reunamos con ellos y compartamos nuestra
visión”.
El
segundo punto, dice ella, es que sólo trabajando
juntos os encontraréis cara a cara con el hecho
de que “un hombre y una mujer se acercan a las
cosas diferentemente y nosotros debemos saber aceptarlo.
Esto significa también ser sensibles a resistencias
y debilidades de los frailes y de su sensibilidad hacia
lo que es importante para nosotras”. “Yo
he aprendido a apreciar la complementariedad de trabajar
juntos y a estar prevenida contra la competición”.
Un
sacerdote, colega de ella, decía: “Nosotros
sacerdotes tenemos que olvidar que nosotros somos Dios
y que es masculino; las hermanas tienen que olvidar
que ellas eran maestras de escuela”.
Su
comentario final es particularmente interesante: “Los
miembros de un equipo deben desarrollar la habilidad
para escuchar al otro y permitir al otro su propio espacio
y ritmo. Compartir ideas puede ser fácil. Los
modos cómo cada uno lleva a la práctica
esas ideas pueden ser diferentes e incluso sorprendentes
y tenemos que respetar el espacio y el ritmo de cada
uno”.
Quiero
añadir lo siguiente. Hemos programado colaboración
a nivel de congresos y capítulos pero no hemos
hecho casi nada en relación con los problemas
humanos con que esto nos enfrenta como hombres y mujeres.
El comentario de Geraldine ilumina esto. No basta querer
trabajar juntos, tenemos que aprender cómo trabajar
juntos.
Áreas
necesitadas de colaboración
Pido
vuestra ayuda en tres áreas en las que necesitamos
vuestra colaboración en este momento: Evangelización,
Enseñanza y Administración central de
la Orden.
Evangelización:
Creo que el trabajo de evangelización del mundo
está empobrecido por una ausencia de habilidades
entre los evangelizadores, habilidades que son esenciales
en la evangelización actual. Nuestra gran debilidad
en la evangelización es nuestro fracaso a adaptarnos
a lo tiempos que han cambiado en los que vivimos y la
ausencia de adaptación y de inculturación.
Hoy, necesitamos la ayuda de quienes están preparados
en psicología social, antropología cultural,
religión comparadas… para ayudarnos a inventar
nuevos métodos de evangelización para
nuestro tiempo. Creo que necesitamos hermanas preparadas
en esas ciencias para facilitar la evangelización
en una Nueva Era. Un fracaso para equiparnos con tales
habilidades empobrecerá el trabajo que hacemos.
Enseñanza:
El Capítulo general de Roma 1983, recomienda:
“Que el oficio de la enseñanza en Instituciones
dominicanas de estudio sea ejercido no sólo por
los frailes sino también por miembros de otros
grupos de la Familia dominicana” (N. 278)
Yo
ampliaría esto a la colaboración en la
formación. ¿Durante cuánto tiempo
las mujeres dominicas han estado recibiendo la ayuda
de los hombres? No tenemos el beneficio de mujeres dominicas
que nos prediquen y nos ayuden en los programas de formación.
Pienso que en el pasado una actitud negativa hacia la
sexualidad puso muros, física y psicológicamente,
a nuestros noviciados y casas de estudio y esto perjudicó
a la gente más que ayudarles. Contactar con formadores
del sexo opuesto es un saludable enriquecimiento en
la formación de vocaciones masculinas.
Renuevo
la invitación del Simposio de Bolonia, que fue
una reunión de frailes, hermanas y seglares dominicos,
a preparar a aquellos que tienen deseo y capacidades
para la enseñanza en nuestras diferentes instituciones
internacionales. Pienso, en modo particular, en el Angelicum
aquí en Roma, pero también en otros países.
Hay una urgente necesidad en incorporar la comprensión
femenina a la enseñanza de la teología
y ciencias similares. Nos sentimos empobrecidos por
su ausencia.
La
Administración Central de la Orden: En primer
lugar, quiero expresar la gratitud de toda la Orden
a aquellas congregaciones que tan generosamente proveen
personal para la Secretaría de Santa Sabina desde
hace más de veinte años. Esto ha sido
una inmensa ayuda. La generosidad y dedicación
de las diferentes hermanas, desde hace años,
ha sido maravillosa.
El
Congreso Misionero de 1973 hizo la siguiente petición:
“Pedimos que las hermanas estén representadas
en el Secretariado general de Misiones, en el Secretariado
general de las Hermanas y ante el Maestro general por
una Hermana con el título “Asistente del
Maestro general”. De esta forma la colaboración
puede ser establecida en todos los niveles de la vida
de la Orden, por ejemplo, en relación con los
programas de formación, intercambio de lectores
y cooperación pastoral”.
Una
propuesta muy sorprendente pero en dirección
correcta. En el número de enero de IDI hay una
carta de la Hermana Veronica Rafferty, desde Argentina.
En ella hace una petición para la creación
de la Unión Mundial de Mujeres Dominicas. Una
tal organización, dice ella, podría facilitar
relaciones directas entre las Hermanas y el Maestro
de la Orden, promover la Vida de la Familia dominicana,
facilitar las reuniones para planificar la formación
inicial y permanente, “una organización
que corresponda a nuestra dignidad, a nuestras aspiraciones
y a nuestras necesidades”. ¿Es el momento
de caminar en esa dirección?.

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