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Capítulos generales desde 1977 afirman que la
predicación, es la prioridad de las prioridades
y que el predicar hoy debe incluir las "cuatro
prioridades": Teología, Evangelización,
justicia, Comunicaciones. Todas ellas tienen sus raíces
en nuestra tradición. Algunos Capítulos,
además, han desarrollado uno u otro aspecto de
nuestro ministerio de la predicación. Por ejemplo,
el Capitulo de Ávila de 1986 (nº 22), nos
dejó el documento sobre las "cinco fronteras",
que es un desarrollo de dos de las prioridades: Justicia
y Misión.
El
reciente Capitulo de OAKLAND de 1989 (nº 68, 4)
llama nuestra atención sobre el hecho de que,
además de estar enraizadas en nuestra tradición,
las cuatro prioridades están entrelazadas inseparablemente.
No se puede aceptar una y dejar las otras, sino que
están en mutua dependencia y todas tienen que
estar presentes en el apostolado de un dominico verdadero.
Podrá haber especialistas en cada uno de los
campos, pero el especialista en comunicaciones, por
ejemplo, necesitará ser teólogo y estar
al tanto de los problemas de Justicia y paz. Quien no
sea especialista necesitará recurrir a todas
las prioridades para la realización de su trabajo.
Predicación
La 'carta magna' del predicador ha quedado trazada por
Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi. A mi me parece que
cuando Pablo VI habla de "la predicación
con el testimonio, por medio de la palabra y de la comunicación
individual del evangelio de persona a persona"
está describiendo el programa de Domingo. Consciente
de la necesidad de tal testimonio, lo vemos predicando
en iglesias y en carreteras, a los fieles y a los no
fieles, prodigando su esfuerzo con los grupos y con
los individuos.
Quienes
primero siguieron a Domingo el predicador fueron mujeres.
Por otra parte, es significativo que los primeros frailes
tomaran cómo patronas de la Orden a Santa María
Magdalena, apóstol de los apóstoles, y
a Catalina de Alejandría, estudiosa y profesora
de Filosofía. Hay ejemplos incontables de mujeres
grandes predicadoras en nuestra historia: Catalina de
Sena, Rosa de Lima, Margaret HALLAHAN, así como
muchas fundadoras de congregaciones femeninas.
Las
Constituciones de los hermanos señalan que la
comunidad entera constituye un núcleo de predicación
y que "deberían compartir sus experiencias
apostólicas y sus dificultades, a fin de someterlas
al estudio común y, reunidas todas las fuerzas
en grupos especiales, poder ejercer el ministerio con
mayor eficacia" (LCO 100 4). Cuando los hermanos
y hermanas trabajan juntos, la predicación brota
de la común reflexión del evangelio.
También
las monjas desempeñan su función propia.
"La vida dominicana contemplativa está marcada
por la orientación de la Orden a la predicación
integral del evangelio. Las monjas son parte de la Orden
predicante, orgánicamente, (no sólo con
la ayuda de sus oraciones), unidas con los predicadores,
contribuyendo a crear la conciencia dominicana de la
realidad de las verdades que los hermanos predican ...
La contemplación dominicana se preocupará
de estudiar y penetrar todos los misterios de la fe,
el programa completo de la predicación cristiana"
(Anselm MOYNIHAN, O.P.).
Los
Capítulos de Walberberg de 1980 y de Roma, 1983,
aportaron elementos significativos a la importancia
de la predicación por las hermanas. Walberberg
pide a los frailes que se unan en equipos de predicación
con las hermanas. "De esta forma, nuestra predicación
llegará con más facilidad y más
eficacia a la totalidad de la persona" (n. 77).
Se nos propone formar equipos de predicación,
no sólo para ayudarnos mutuamente, sino también
para hacer que nuestra predicación surta efecto
en la vida de las gentes.
También
el Capitulo de Roma nos urge a una más amplia
y más frecuente colaboración entre hermanos
y hermanas en el trabajo apostólico, especialmente
en la predicación, en la enseñanza de
la teología y en el desarrollo de los nuevos
métodos de predicación (n. 66). En el
número siguiente se afirma: "Exhortamos
especialmente a nuestras hermanas a servirse de las
posibilidades de predicar que les ofrecen los ejercicios
espirituales, la renovación en las parroquias,
las celebraciones paralitúrgicas de la Palabra
de Dios y las visitas a las familias". Otra oportunidad
que se presenta por si misma es la oración litúrgica
de la mañana y de la tarde.
El
trabajo conjunto de hermanos y hermanas constituye por
sí mismo un testimonio, una predicación.
Antiguamente, al convento de hermanos se le llamaba
"sacra praedicatio"; hoy, este nombre describe
el apostolado común de toda la Familia Dominicana.
Podemos
hablar de la dignidad de la mujer, pero nuestras palabras
no tendrán valor mientras no se nos vea como
una Orden en la que hombres y mujeres trabajan juntos,
con mutuo respeto y sin temor. Eso sería de verdad
"una palabra hecha carne", encarnación
de la teología. Creo que sea importante reconocer
que tenemos un largo camino que recorrer y que parte
del problema estriba en un exagerado clericalismo por
parte de algunos hermanos, que no se encuentran a gusto
predicando con mujeres.
Según
el Derecho canónico, la homilía de la
misa está reservada a sacerdotes y diáconos,
lo que es causa de disgusto y tristeza para no pocas
religiosas. Pero existen otros muchos sitios y oportunidades
de predicar y nosotros estamos llamados a ser creativos
y flexibles en la predicación. Si Catalina de
Sena se dirigió a Raimundo de Capua en busca
de dirección espiritual, ella 'se convirtió'
a su vez en su directora. Una dominica predica la Palabra
partiendo de su experiencia de ser mujer. El sacerdote
puede ser visto en muchas ocasiones como representando
un papel sacro, lo que puede disminuir su efectividad,
mientras que las hermanas son vistas como simples cristianos
que no tienen otra cosa que dar más que a sí
mismas y el Evangelio.
La
cuestión de "de dónde / de quién
recibimos autoridad para predicar" es importante.
Hoy, tanto los hombres como las mujeres, necesitamos
permiso del obispo local. Antiguamente, era el Capítulo
general, siguiendo lo dispuesto por Domingo, el que
decía "si Dios" había concedido
la gracia de predicar (v. Constituciones a. 1241, ''dist.
II, cap. XII). Conozco un articulo interesantísimo,
que las hermanas americanas han publicado sobre este
tema.
Los
ejemplos de predicación descritos en los últimos
Capítulos: 'hermanas que enseñan en nuestras
universidades, movimientos como el de PARABLE en los
Estados Unidos, la predicación de la paz por
religiosos/as y laicos/as en Inglaterra, deben ser un
acicate para todos.
Reflexión
Teológica
"Cuando
Domingo quiso formar a sus hermanos como predicadores
los mandó a estudiar". Reclutaba Seguidores
de las universidades y los mandaba de nuevo a las universidades
como preparación al ministerio de la palabra.
Domingo quería que sus predicadores fuesen estudiosos
y competentes. Guillermo de Monferrato nos cuenta que
él y Domingo habían decidido partir como
misioneros al Norte de Europa cuando "Domingo hubiese
organizado su Orden y yo hubiese estudiado Teología
durante dos años ..."
Esta
tradición de reflexión y estudio teológico,
no como fin en si mismo sino ordenado a la propia salvación
y la de los demás, es una constante de la Orden.
No quiere decir que un dominico tenga que ser necesariamente
más culto que los demás religiosos o que
todos los dominicos, tengan que ser auténticos
especialistas, sino simplemente que el estudio de la
verdad es parte integrante del dominico, hombre o mujer.
Las hermanas son plenamente conscientes de esto. El
Capitulo de OAKLAND añade: "Escuchar de
modo dominicano implica una comunidad de hermanos y
hermanas y compartir en la comunión del mismo
proyecto de vida" (n. 43).
En
la medida en que tomamos mayor conciencia de estas cosas,
mantenemos en común la devoción a Santo
Domingo y la clara comprensión de nuestra misión
de predicar en la Iglesia. A este propósito,
creo que tenemos que esforzarnos más por conseguir
que una gran parte de nuestra formación institucional
se realice en común (cf. Q.C. nº 71, 79).
Cuanto
antecede se aplica a las Provincias y Vicariatos de
los hermanos, a las Federaciones y "Conferencias"
de las monjas y a las congregaciones de nuestras hermanas,
siempre que sea factible. Ya existen algunos ejemplos:
Dos congregaciones de hermanas y hermanos en Bolivia,
dos Vicariatos de hermanos en Venezuela, la Casa de
Estudios de Perú, el noviciado intercongregacional
de St. Louis, USA, la formación conjunta en las
Islas Salomón, las federaciones de monjas en
México, Argentina y España. Esto sirve
tanto en los sitios de crecimiento y expansión,
en que, las vocaciones son numerosas, como en los sitios
en que nuestra presencia se hace cada vez más
reducida.
Desde
la fundación de la Orden, son muchos los dominicos
que han escuchado la misma, llamada de Abrahán:
"Deja tu país y la casa de tus padres por
el país que yo te voy a mostrar" (Gen. 12).
El mismo Domingo sintió un gran deseo de ir a
los cumanos. Muchos de sus seguidores compartieron su
ideal y algunos de ellos consagraron particular atención
a la lengua y a las costumbres de aquellos a quienes
fueron enviados. Los dominicos figuran entre los primeros
que fueron al Nuevo Mundo y en 15,87 se fundó
una Provincia misionera para responder a la llamada
del Oriente. También muchas Congregaciones de
nuestras hermanas fueron fundadas, atraídas por
este aspecto del carisma da Domingo.
En
el pasado, la función del misionero era fundar
la iglesia local. Hoy es más bien la de enriquecer
la iglesia local con el carisma particular de la propia
Congregación. En una reciente visita a África
quedé sorprendido ante el número de obispos
que pedían nuestra presencia 'como' predicadores
y teólogos. En KENYA un obispo está promoviendo
un equipo dominico de predicación compuesto por
dos religiosas y un religioso.
El Capitulo de Ávila urge tres aspectos de la
Misión, sea cual sea la nación donde nos
encontremos: el desafío de las grandes religiones,
el de las ideologías seculares y el de las sectas.
Durante
el II Congreso de la Misión de la Orden en Europa
celebrado en L'Arbresle sobre los nuevos puestos de
misión, alguien hizo notar: "No es necesario
crear nuevos sitios de predicación. Los puestos
existen, pero nosotros estamos ausentes de ellos".
La
concepción del misionero extranjero ha cambiado,
incluso en el nombre; pero la necesidad sigue siendo
la misma. La preocupación de ser evangelizadores,
nos encontremos donde nos encontremos, es el gran desafío.
Justicia
y paz
El ejemplo de nuestros primeros misioneros en el Nuevo
Mundo puede servirnos de punto de partida. Al año
de su llegada a lo que hoy es la Isla Santo Domingo,
encontramos a los primeros dominicos defendiendo la
dignidad de los indios. Se dan en su actitud tres elementos,
que todavía hoy sirven de lección:
1. Cuando el Prior Pedro de Córdoba recibió
las quejas contra el contenido de la predicación
de Montesinos, aquél respondió que no
era Montesinos el que había predicado, sino la
comunidad entera. Es decir, el denunciar la injusticia
había sido una decisión comunitaria y
Montesinos no hizo más que ser el portavoz de
la comunidad.
2. Si su impacto fue grande, ello se debe a que eran
respetados como teólogos y como dominicos de
vida ejemplar.
3. Buscaron la colaboración competente de sus
hermanos de la Universidad de Salamanca y como resultado
se obtuvo la primera "carta'' de los derechos humanos,
que se debe a Francisco de Vitoria.
Las
lecciones son claras: Tenemos que actuar como comunidad,
no como individuos; como comunidad de dominicos, no
como grupos independientes; tenemos que ser conscientes
de que nuestra verdadera aportación será
normalmente la del teólogo; debemos saber cuándo
necesitamos ayuda de fuera, por ejemplo, en el campo
de la economía, de la psicología social,
Hablar sobre temas de especialización o de situaciones
sin profundo conocimiento de las mismas es contraproducente
para la Iglesia y para la Orden.
Recientemente,
la Orden ha tenido dos figuras eminentes en la causa
de Justicia y paz: Dominic PIRE, quien recibió
el Premio Nobel de la Paz por su trabajo con los refugiados,
y Louis LEBRET por sus trabajos y por sus escritos.
Quiero recordar también a Ita FORD, a Maura CLARKE,
Dorothy KAZEL y la joven misionera laica Jean DONOVAN,
que entregaron sus vidas por la causa de la justicia
en El Salvador.
Frecuentemente
se cita la Ecología como parte de la justicia.
En nuestros días, el Concilio Vaticano ha defendido
el valor de la creación, afirmando que es buena
nuestra concepción del mundo y que éste
está destinado a ser transfigurado para gloria
de Dios. Si tenemos presente que la Orden dominicana
fue fundada para defender esto no hay que sorprenderse
si vemos que la Ecología figura en las Actas
del Capítulo de 1983 n. 33.
En
todo lo referente a la justicia, se predica más
con el testimonio que con la palabra. De nada serviría
sentirnos afectados por la injusticia, si nosotros mismos
somos injustos para con nuestros empleados, si descuidamos
el medio ambiente o somos avaros en el empleo de nuestra
limitada economía, si dejamos de desafiar al
consumismo y a la cultura de nuestro tiempo.
Es
necesario no sólo predicar la justicia, sino
también testimoniarla en nuestra relación
con las hermanas. A menudo nosotros, los frailes, damos
por supuesta la ayuda de nuestras hermanas en el mantenimiento
de nuestros conventos o en la continuación de
nuestros apostolados, pero nuestra predicación
de la justicia nunca será eficaz si ven que no
tratamos con justicia a estas personas, que son las
más cercanas a nosotros.
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