
a
introducción a la Instrucción sobre la
renovación de la vida religiosa –Renovationis
Causamnos recuerda la necesidad de “llevar a cabo
una mejor adaptación del ciclo completo de formación
en conformidad con la mentalidad de las generaciones
jóvenes, las condiciones de la vida moderna y
las exigencias actuales del apostolado”, reconociendo
“el papel insustituible y privilegiado”
del noviciado “como la primera iniciación
a la vida religiosa”. Sugiere que sus objetivos
no se pueden conseguir “a no ser que el futuro
novicio posea un mínimo de preparación
humana y espiritual que ha de ser verificada, pero también
, muchas veces, completada”. “La mayoría
de las dificultades que se encuentran hoy en la formación
de los novicios se deben generalmente al hecho de que
cuando son admitidos no tienen la madurez requerida…
Todos los Institutos… deben conceder una gran
importancia a esta preparación para el noviciado”
(RC4).
En
un documento más reciente de la CRIS, La Congregación
reitera la función importante del pre-noviciado.
“La formación no se consigue de repente.
El camino desde la primera respuesta hasta el último
compromiso se divide en cinco etapas: el periodo de
pre-noviciado en el cual la autenticidad de la llamada
es identificada en cuanto posible . Aquí se reconoce
el pre-noviciado como una parte integral del proceso
de la formación.
Deseo compartir con vosotros algunas de las reflexiones
sobre este período inicial de la formación,
después de haber discutido esta cuestión
con el Consejo generalicio durante nuestra reunión
plenaria del 11 al 13 noviembre de 1986.
La experiencia sugiere que un buen número de
los que entran en nuestros noviciados no están
suficientemente preparados para beneficiarse de él
como se debe. El noviciado debería llegar en
el momento en que el candidato “ha conseguido
ese grado de madurez humana y espiritual que le permitirá
responder a esta llamada con suficiente y apropiada
responsabilidad y libertad” (RC4). Esto hace necesaria
una cuidadosa reflexión. En este contexto, el
consejo de Fr. Vincent de Couesnongle es aleccionador:
“Es mejor posponer la entrada en el noviciado
si existen dudas sobre la madurez del candidato, de
lo contrario muchos hermanos abandonarán la Orden
en mayor o menor número durante los primeros
años de formación, y esto no es bueno
para nadie, ya que el fervor del noviciado y estudiantado
sufrirá inevitablemente”.
Formación
cristiana
Suponemos de ordinario que los demás tienen nuestros
mismos modelos de creencia. Mientras que es frecuentemente
verdad que los jóvenes de hoy tienen un conocimiento
más amplio que los de la misma edad de hace 10
ó 15 años, este conocimiento no está
siempre acompañado de una equivalente formación
cristiana. Su vida de fe está basada frecuentemente
sobre un conocimiento elemental de la doctrina, en contraste
con su conocimiento de materias laicas.
Esto no debe ser una preocupación solamente refiriéndose
a los jóvenes que entran en la vida religiosa.
Es una preocupación para toda la Iglesia y debe
serlo también para los dominicos como predicadores.
Realzar la formación cristiana y el conocimiento
de la doctrina debe ser uno de los principales objetivos
del pre-noviciado. “Enséñame bondad,
seguimiento y conocimiento”.
“Perfectae
Caritatis” nos recuerda que “la norma fundamental
de la vida religiosa es el seguimiento de Cristo como
está propuesto en el Evangelio”. Encontrar
al Cristo del Evangelio es básico a cualquier
formación que quiera llamarse cristiana. La palabra
del Evangelio configura el pensamiento, la conducta
y la acción de los candidatos y los inicia en
el seguimiento de Cristo. Los inicia también
en la espiritualidad de la Orden en el seguimiento de
Jesús.
El
ritmo y tiempo de la vida moderna
El ritmo y el tiempo de la vida religiosa, por muy adaptada
que esté, y el ritmo y tiempo de la vida secular
son diferentes. La transición al estado religioso
necesita una cierta delicadeza y comprensión
de los jóvenes y de su mundo. El pre-noviciado
permite una transición gradual de la vida civil,
concediendo el tiempo para un progresivo ajuste espiritual
y psicológico y prepara a los candidatos para
los cambios necesarios que deben hacer al entrar en
la vida religiosa. Les da al mismo tiempo un período
de independencia de sus familias y de la Orden.
El desarrollo de los valores humanos
Uno de los beneficios importantes del pre-noviciado
es la oportunidad que da a los candidatos de desarrollar
los valores humanos, de tal modo que empiecen a aceptar
la propia responsabilidad y a ser conscientes de sus
puntos fuertes y de sus deficiencias.
Esto me lleva a reflexionar sobre la política
de reclutar candidatos para el noviciado inmediatamente
después de termina la escolaridad o directamente
de las escuelas apostólicas o seminarios menores.
“Renovationis Causam” ha cuestionado ya
la prudencia de tal política. Se pregunta si
no sería aconsejable un período de espera
“en orden a asegurar una mejor preparación
para el noviciado a través de un conveniente
período de prueba orientado a desarrollar la
madurez emocional del candidato” (RC4).
Antes de entrar en el noviciado, los jóvenes
necesitan desarrollar una cierta independencia en el
uso responsable de los bienes materiales. En segundo
lugar, necesitan un espacio para desarrollar la capacidad
de tomar decisiones. También necesitan un tiempo
para desarrollar relaciones normales con los demás
–hombres y mujeres-. Sería una equivocación
si los candidatos entrasen al noviciado antes de que
estas cualidades se hayan desarrollado convenientemente.
Existe el peligro de que un reclutamiento prematuro
pueda dejar sin resolver las cuestiones que plantean
la propiedad, el ejercicio de la autonomía personal
y la aceptación de la propia sexualidad.
Para que los candidatos puedan desarrollar estas cualidades,
el clima del pre-noviciado debe darles suficiente libertad
para conseguirlo. Una superestructuración del
pre-noviciado lo convertiría en un mini-noviciado
o frustraría los objetivos del programa del pre-noviciado.
Lugar
y duración del Pre-noviciado
La
duración, la forma y el lugar del período
de pre-noviciado deben ser determinados por el Capítulo
provincial o por el Provincial con su Consejo (LCO 167).
Por mi parte, estoy de acuerdo con la recomendación
de R.C. de que no debería ser la casa de noviciado
y comparto la sugerencia de que debería hacerse
en una casa distinta de aquellas donde se vive plenamente,
la vida regular de la Orden, con el fin de que el modelo
de vida se pueda ajustar mejor al crecimiento de los
candidatos y a las necesidades de este período
de transición.
Las 33 respuestas que hemos recibido de varias entidades
de la Orden indican que existe una gran variedad de
programas de pre-noviciado. Algunos hacen hincapié
en el desarrollo de la madurez humana y espiritual,
al mismo tiempo que completan la educación cristiana
de los candidatos. Otros aprovechan este período
para completar su educación formal, estudio de
lenguas e incluso de filosofía. Otros ponen el
énfasis en el recitación coral del Oficio
y en la iniciación a la vida dominicana. Todos
estos elementos pueden ser válidos en un programa
particular, pero el énfasis debe consistir en
el desarrollo cristiano y humano de los candidatos y
dando espacio a cada uno de ellos para tener una cierta
independencia (como queda explicado en el párrafo
sobre los valores humanos), en la esperanza de que una
saludable independencia llevará una no menos
saludable interdependencia. Espero que todo lo dicho
anteriormente pueda clarificar algunos de los equívocos
que existen referente a la formación en el pre-noviciado.
No es la vida religiosa, sino una preparación
para la misma.
No veo fácilmente cómo el pre-noviciado
pueda conseguir sus objetivos en menos de un año.
Del mismo modo, creo que algún modo de vida en
común es deseable. Para muchos candidatos es
ésta la primera experiencia de vivir y de ajustarse
a una vida compartida con otros en comunidad.
Entrada
en el Noviciado
El trabajo del pre-noviciado se completa con el proceso
que conduce a la entrada en el noviciado. Este proceso
está determinado en LCO 170. Muchas de las peticiones
de dispensa de votos temporales se podrían haber
evitado de haber tenido más cuidado en este momento.
Como parte de este proceso, algunas provincias usan
los servicios de psicólogos. Esta es una materia
muy delicada y se deben respetar cuidadosamente los
derechos del individuo (Cf. Cans. 646, 220). Esta ayuda
puede ser muy útil para guiar a los candidatos
en su futuro crecimiento como seres humanos y religiosos,
al mismo tiempo que sirve a la comisión de admisiones
a tomar sus decisiones. No obstante, se debe entender
claramente que esta evaluación no substituye
las funciones del comité de admisión.
El derecho de admisión de los candidatos pertenece
siempre a la Provincia (LCO 171).
Las Constituciones en el Nº 155 describen lo que
espera la Orden en el proceso de formación cuando
dicen:
“Para
recibir una formación fructuosa se requiere,
por parte del candidato, salud física, madurez
psicológica proporcionada a la edad, idoneidad
para la vida social, adecuada firmeza en la vida cristiana
aptitud, recta intención y libre voluntad de
consagrarse a Dios y a la Iglesia en la vida dominicana”
Promoción
de vocaciones
El trabajo de la promoción vocacional incumbe
a cada uno de los miembros de la Orden. No hay que dejarlo
exclusivamente a los promotores de vocaciones. Si creemos
en nosotros mismos debemos promover las vocaciones.
La fidelidad a la oración, el testimonio de nuestras
vidas y el testimonio de nuestra predicación
contribuyen a la promoción vocacional. Pero debemos
buscar activamente las vocaciones. Domingo no esperaba
a que los jóvenes viniesen a él. Iba a
su encuentro, visitándolos en sus residencias
e invitándolos a unirse a la Orden. En sus cartas
a Diana, Jordán de Sajonia le pide frecuentemente
sus oraciones “para que otros se nos unan”…
y “para que podamos convertir la esperanza en
realidad”. ¿Podemos hacer nosotros menos?
Ser indiferente a las vocaciones es rehusar la vida;
Fray Vicente nos recordaba que “así como
hay familias que no quieren hijos, así también
hay comunidades religiosas que rechazan a los jóvenes
por temor a tener que cambiar su estilo de vida”.
Hago mías sus palabras.
Las vocaciones están aumentando poco a poco en
ciertas partes de Europa y continúan creciendo
en África y Asia, América Central, del
Sur y en el Pacífico. Las vocaciones indígenas
han de ser estimuladas y cuidadas en todas partes. Escribiendo
al Rey de España en 1525, Rodrigo de Albornoz
decía que una vocación indígena
sería más eficaz que 50 misioneros. ¿Una
exageración? Puede ser. De todos modos, nadie
entiende mejor la mentalidad, el corazón y el
modo de ser y de pensar de la gente que quienes pertenecen
a esos mismos grupos. Toda comunidad necesita sus propios
religiosos y sacerdotes. En los países donde
existen diferentes grupos por razón de cultura,
lengua, etc., debemos tener la valentía de tomar
la iniciativa en promover vocaciones de todos esos grupos.
La Orden espera aún ser restablecida en países
donde un día florecieron y fundada en otros donde
nunca ha existido. Es un trabajo sacrificado, pero no
hay vida que merezca tal nombre que no exija sacrificios.
En conclusión, muchas Provincias han realizado
mucho y hecho grandes sacrificios monetarios, de personal
y otros recursos para descubrir las mejores formas de
formación inicial en el pre-noviciado., noviciado
y en los años de estudio. La experiencia de estos
años pasados nos enseña que aquellas Provincias
que han desarrollado cuidadosamente serios programas
de formación gozan de estabilidad en las Casas
de Formación y pueden mirar al futuro con confianza.
Cuando hablamos frecuentemente de nuestra supervivencia,
¿tenemos el coraje de preguntarnos: supervivencia,
para qué? Nuestra respuesta a esta cuestión
determinará la importancia que concederemos a
la formación en todas sus fases. La calidad de
la próxima generación de dominicos dependerá
del ejemplo y de la formación que demos a los
que entran en la Orden hoy. En este proceso la formación
del pre-noviciado juega un papel fundamental.

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