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El estudio asiduo de la verdad sagrada

Southern Province USAtro de los elementos sustanciales de la Orden de Predicadores es el estudio asiduo, es decir, permanente y sistemático, de la verdad revelada y de cuanto sirve a su mejor comprensión. Más adelante se volverá a tratar abundantemente del estudio al analizar la evangelización multiforme y sus exigencias de formación sea en la predicación sea en la enseñanza de la verdad sagrada.

Carácter e importancia del estudio

Desde la misma fundación de la Orden de Predicadores se insiste en la necesidad del estudio científico, pero con una finalidad apostólica. Esto constituye entre las Ordenes religiosas de la época un carisma especial propio de los dominicos.

Sin entrar en amplias disquisiciones no se puede olvidar que el estudio también se cultivaba en las Ordenes monásticas y canonicales anteriores a la Orden de los frailes Predicadores y las escuelas y escritores de estos monjes y canónigos son famosos en la historia cultural y eclesiástica. La misma «lectio» monástica, al menos en sus inicios y por el lugar en que se realiza, se debe entender como la formación espiritual de los religiosos. Sería una ocupación más o menos libre en orden a una más perfecta alabanza y contemplación de Dios.

Province of EnglandEl MO fray Tomás de Vio (1508-1518), luego cardenal (denominado en latín: «Caietanus», es decir, «el Gaetano» por ser originario de la ciudad de Gaeta) (Italia), escribiendo al capítulo general celebrado en Nápoles el año 1515, afirmaba sobre el sentido e importancia del estudio para los dominicos que, mientras los miembros de otras Ordenes: «si se dedican al estudio lo hacen por libre elección; para nosotros la evangelización resulta casi imposible si no estudiamos» (MOPH, V, 125).

Las constituciones actuales del año 1968, siguiendo la tradición originaria de la Orden, afirman con gran claridad el lugar central del estudio en la formación del carisma dominicano:

«Santo Domingo, en este caso con una innovación no insignificante, incluyó radicalmente en el ideal de su Orden el estudio ordenado al ministerio de la salvación». «Él mismo, que siempre llevaba consigo el evangelio de san Mateo y las cartas de san Pablo, llevó a los frailes a las escuelas y los envió a las principales ciudades "para que estudiaran, predicaran y fundaran el convento"» (ACB, tg. V, mi. 5. 2; OFP, n. 51). «Por eso "nuestro estudio debe tender principal, ardientemente y con sumo empeño a hacernos útiles a las almas de los demás"» (CP, Pról., 311). «Los frailes en el estudio reflexionan con amor sobre la multiforme sabiduría de Dios y se preparan para el servicio doctrinal a la Iglesia y a la humanidad». «Esta dedicación de los frailes al estudio se debe reforzar todavía más ya que por tradición de la Orden se les exige de modo más especial cultivar la tendencia connatural al hombre hacia la verdad». «Esta actividad se realizará conforme a las exigencias de cada una de las materias y requiere una disciplina férrea y la aplicación de todas las propias fuerzas» (LCO, nn. 76-77).

Las mismas constituciones determinan con precisión cuál es la fuerza y la materia central del estudio en la Orden, es decir, la «verdad sagrada», como se expresaban las constituciones del año 1932 (CF, 1932, n. 627, § I). En la legislación actual se afirma:

«La luz y la fuente de nuestro estudio es Dios, el cual había ya hablado antiguamente en distintas ocasiones y de muchas maneras y ahora en la etapa final nos ha hablado en Cristo, mediante el cual se ha revelado plenamente a la Iglesia, una vez que fue enviado el Espíritu, el plan de la voluntad de Dios y han sido iluminadas las mentes de todos los hombres». «Los frailes mediten y escruten la divina revelación, cuyo único y sacro depósito está constituido por la sagrada Escritura y la Tradición y aprendan a discernir, por el valor pedagógico perenne de su economía, la multiplicidad de caminos del Evangelio, tanto en las cosas creadas, en las obras e instituciones humanas, como también en las diversas religiones». «Los frailes den asentimiento en todo a la Iglesia y presten su adhesión al múltiple ejercicio del Magisterio, al cual ha sido conferida la interpretación auténtica de la Palabra de Dios». «Aún más, fieles a la misión de la Orden, estén siempre dispuestos a ofrecer su propia colaboración específica al Magisterio en el cumplimiento de sus funciones doctrinales».

«Los frailes estudiarán con atención los escritos de los santos Padres y de los testigos egregios del pensamiento cristiano que trabajaron por entender con mayor plenitud la Palabra de Dios con la ayuda de las diversas culturas y la sabiduría de los filósofos. Siguiendo sus normas, presten atención reverente a la tradición viva de la Iglesia, busquen el diálogo con los sabios y sean abiertos de mente ante las teorías o cuestiones actuales». «Santo Tomás, cuya doctrina recomienda de modo singular la Iglesia y que la Orden acoge como patrimonio que ejerce un influjo fecundo en la vida intelectual de los frailes impregnándola de un carácter peculiar, es el maestro óptimo y el modelo para realizar este trabajo». «Por tanto los frailes procuren entrar en comunión viva con sus escritos y su mentalidad y, conforme a la necesidad de los tiempos y con una legítima libertad, actualicen y enriquezcan su doctrina con las aportaciones siempre nuevas de la sabiduría sagrada y humana». «El estudio asiduo nutre la contemplación, favorece el cumplimiento de los consejos (evangélicos) con fidelidad iluminada, constituye una forma de ascesis en su constancia y arduidad y es una observancia excelente en cuanto es un elemento esencial de nuestra propia vida» (LCO, nn. 78-83).

Las constituciones actuales legislan todavía en el capítulo de la formación de los frailes ampliamente sobre el estudio y su orientación específica en la Orden (LCO, mi. 226-245).

En verdad que no se puede hablar mejor y con mayor síntesis de como lo hacen las constituciones actuales y por eso se han transcrito estos párrafos.

El planteamiento de la tradición dominicana sobre el carácter apostólico del estudio en su misma vida se puede resumir en una serie de afirmaciones centrales.

El estudio en la vida dominicana no es simple información personal, sino que está ordenado a la salvación de los demás, como se afirma en prólogo de las constituciones primitivas: «nuestro estudio debe tender principal, ardientemente y con sumo empeño a hacernos útiles a las almas de los demás» (CP, Pról., 311).

Aquí no se recomienda cualquier especie de estudio como específico de la Orden dominicana, sino que tendrán preferencia los estudios que ayuden más inmediatamente a la evangelización multiforme. En consecuencia, el estudio de la «sacra doctrina», es decir, de la teología, tiene la primacía sobre todas las demás materias.

Precisamente la constituciones primitivas afirman en un texto que es en parte original de la Orden: «No deberán estudiar los libros de los paganos y de los filósofos, si bien podrán consultarlos en alguna circunstancia («ad horam»). No se preocupen de las ciencias profanas («saeculares») ni de las artes llamadas liberales, salvo que el maestro de la Orden o el capítulo general quieran dispensar con algunos, sino que todos, tanto los jóvenes como los demás, estudien solamente libros de teología» (CP, II, c. 28, 361). Por «artes liberales» no se entendía la gramática, aritmética, o música, sino la física, medicina, ciencias naturales, etc.

En el capítulo general celebrado en París el año 1236 también se recomienda el estudio de idiomas y en el celebrado en Valenciennes el año 1259, se pide que se funde en España, en el convento de Barcelona, o en otro convento, un centro de estudios para la enseñanza del árabe (ACG, París, 1236, MOPH, III, 9; ACG, Valenciennes, 1259, MOPH, III, 98). El MO fray Humberto de Romans invita a los frailes a dedicarse al estudio de las lenguas orientales y da gracias a los frailes que ya lo están haciendo. A la vez pide que se escriban tratados para confutar a los infieles (MOPH, V, 19. 39; OVR, II, 187; PLH, 909).

Santo Tomás de Aquino, admitiendo la posibilidad de que se pueda fundar una Orden religiosa dedicada al estudio de la ciencia, no admite que el estudio pueda en ese caso ser fin en sí mismo, por lo cual concluye que a los religiosos: «les incumbe principalmente el "estudio de la verdad que es conforme a la piedad" (Tt 1, 1). En cambio, a los religiosos cuya vida está totalmente dedicada al culto de Dios, no les urge dedicarse a otros estudios, sino en cuanto éstos estén ordenados a la doctrina sagrada» (ST, II-II, q. 188, a. 5 y ad 3).

Los capítulos generales han insistido también sobre este punto. Sirva de ejemplo, en un época muy concreta de una teología realmente infecunda, la afirmación del capítulo general celebrado en Milán el año 1662: «Ya que, mientras en nuestras aulas los padres lectores y los estudiantes de teología pierden el tiempo en disputas sobre sutilezas y sobre opiniones poco útiles, mientras los infieles y los herejes se esfuerzan en destruir las dogmas de la fe y las afirmaciones comunes de los Padres y de los escolásticos... Los priores provinciales instituyan (centros de) estudios para tratar las controversias que se refieren al patrimonio de la fe» (ACG, Milán, 1662, MOPH XI, 325). En tiempos más recientes el capítulo general celebrado el año 1913 en Venlo (Holanda) pide que: «Los lectores, incluso cuando enseñan a los estudiantes materias abstractas referentes a los principios de la filosofía, de la teología y de la apologética, deduzcan sus conclusiones prácticas que puedan ser útiles a la predicación» (ACG, Venlo, 1913, n. 200).

En las constituciones actuales de las dominicas de clausura también se trata del estudio de la verdad sagrada ya que es un elemento esencial de la Orden. En su constitución fundamental se sitúa el estudio entre las observancias regulares y en diversos lugares se trata de su importancia y reglamentación (LCM, 1986, C.f, § IV; nn. 25, § 2. 100-102).

Esta orientación fundamental aparece también, como era de esperar, en las constituciones de las hermanas dominicas de la Familia dominicana. Sirva de ejemplo la constatación de que en las constituciones del año 1983 de las Hermanas dominicas de la Anunciata se dan determinaciones numerosas y precisas sobre el estudio, siguiendo de cerca la legislación de los frailes, incluyendo también la finalidad apostólica del estudio (NL, 1983, C.f., § IV; mi. 5. 45. 51. 83-86. 141. 179, § III. 224, § III).

El estudio debe formar parte de la vida de los seglares dominicos. En su Regla actual se legisla: «Ellos participan de la misión apostólica mediante el estudio, la oración y la predicación conforme a su propia condición de seglares, por lo que realmente también para ellos el estudio es uno de los elementos que los prepara a vivir con provecho la propia vocación» (Regla, Roma 1987, C.f, n. 4; nn. 10, f. 13). END OF ARTICLE

(Fuente : Fuente, Antolín González. El Carisma de la Vida Dominicana. Editorial de San Esteban. 1994.)

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