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Santo Domingo : Nacimiento y primeros años

Caleruega

ara mejor comprender la figura de Domingo de Guzmán, hay que partir de Caleruega, sede de la familia Guzmán y de Aza, y lugar de su nacimiento. No se trata de vincularlo a un determinismo ciego, sino de valorar la naturaleza y calidad de sus raíces. Raíces del hombre con su tierra y sus progenitores. El paisaje que enmarca la figura contribuye a su definición. Imposible disociar a San Francisco de la ciudadela de Asís. No se puede profundizar en el espíritu de Teresa de Jesús sin recordar las murallas de Avila. Llanuras castellanas dormidas en la austeridad, sacudidas por fríos y calores intensos, cubiertas por un cielo diáfano que aclara la misma luz, evocan temples diamantinos, entre los que bien puede ocupar un elevado lugar Domingo de Guzmán y de Aza.

Caleruega

El nombre de la burgalesa villa de Caleruega es de los nombres que miran hacia dentro. No se inserta en la serie de nombres castellanos de sonoridad gozosa que aluden a paisajes, lugares o gestas. Su etimología recuerda el modesto trabajo que se realiza en un horno de cal. Humilde menester que en torno a la peña de San Jorge fue atrayendo gentes, posiblemente pobres, que llegaron a formar un núcleo humano y cristiano. Constituido en parroquia hacia el año 1136, construyeron una iglesia de nueva fábrica, cuyo ábside románico sigue recordando todavía una mentalidad en la que el servicio y defensa de la fe cristiana era uno de sus mayores ideales. No sugiere riquezas, ni facilita la inspiración poética. Deja entender un trabajo duro, bueno para forjar caracteres emprendedores en un paisaje ascético que ayuda a modelar santos. El antiguo torreón todavía vigilante recuerda la clásica torre del homenaje, símbolo de señorío y heroísmo. Hoy parece el celoso guardián de una tradición que no se resigna a dejarse morir.

La familia Guzmán-Aza

La aldehuela, en calidad de behetría, pertenecía a los señores de Aza, ricos hombres de Castilla, poseedores de muchas tierras, en quienes buscaban protección y defensa los que se agrupaban a su alrededor, reconociéndoles la autoridad. En ella vino al mundo Domingo de Guzmán y de Aza. Su padre respondía al nombre de Félix y su madre al de Juana. Los cronistas nos los presentan como de sangre noble y posición social elevada. Ricos en bienes materiales y ricos en piedad cristiana. La madre se distinguió por su heroica ejemplaridad, muriendo en olor de santidad. La Iglesia ha confirmado su culto.

Entre los años 1173 y 1175 hay que situar el nacimiento de Domingo. El acontecimiento familiar se vio acompañado de signos misteriosos y hechos extraordinarios. La madre vio en sueños llevar dentro de sus entrañas un perro con una tea encendida intentando abrasar el mundo. Su sentido le fue desvelado por Santo Domingo de Silos. La madrina vio en la frente del niño la luminosidad de una estrella. Narraciones que leemos en otros santos con raras coincidencias, pero que ocasionaron un gran impacto en la piedad popular. Datos que los historiadores utilizan con suma discreción, sin que esto sea obstáculo para que se haya divulgado su significado que no carece de sentido y razón.

Infancia

La formación del pequeño Domingo tendría que ceñirse a las costumbres de la época. Habría que elegir entre armas o letras, y recibir la instrucción correspondiente a lo elegido, de la que responsabilizaban a algún deudo o familiar competente. Juana de Aza quería orientar al niño hacia el estado clerical. Para esto podía contar con la preciosa ayuda de un hermano de ella, arcipreste y hombre letrado. Al cumplir el pequeño los seis o siete años, pasó a vivir con su tío el arcipreste. Iba a recibir la adecuada instrucción en piedad y letras. El hermano de doña Juana de Aza cumplió perfectamente con su misión. Domingo fue iniciándose en el estudio de las letras, especialmente del latín, y en la práctica del culto litúrgico, demostrando gran sensibilidad y habilidad en el canto sagrado. El estudio y servicio en el templo llenaban las horas de aquel niño que, tal vez por esto, dio pronto muestras de una seriedad y madurez de juicio impropias de sus años. En los planes de Dios todo sirve para la misión a que es llamado cada uno. A medida que crecía, su corazón y su sensibilidad dejaban entrever la gran riqueza espiritual que llevaba dentro.

Estudiante en Palencia

A los catorce años tuvo que dejar la tutela de su tío arcipreste para pasar al estudio de las artes liberales. Sus progenitores le buscaron un centro escolar proporcionado a la dignidad social de la familia. No se estilaba en la Castilla del siglo XII, enviar a los hijos de los nobles a estudiar fuera de sus fronteras. Poseía en cambio el sobresaliente Estudio de Palencia, ciudad que tenía algo de metrópoli provincial, y mucho de centro espiritual castellano. A Palencia fue enviado Domingo, adolescente prometedor, alrededor del año 1186. Cursó el trivium, sobre todo gramática y dialéctica, que necesitaba para el estudio de la filosofa, imprescindible para dominar la teología. No le interesó terminar las artes liberales, porque no le importaban los certificados académicos. Su meta era la teología cara al sacerdocio. Una vez impuesto en las disciplinas filosóficas, se entregó, con toda la fuerza de su carácter y temperamento, al estudio de la teología. Tampoco aspiraba al magisterio, pues su vocación no era la enseñanza. Quería seguridad y profundidad en el pensamiento teológico. Podemos considerarlo como un perito en teología, de los que en aquellos tiempos llamaban divinus, por su vinculación a la Divina Pagina.

De su etapa palentina nos queda un gesto de alto contenido simbólico y de gran valor humano. El hambre que en 1196 asoló el mundo occidental, fue de gravísimas consecuencias en Castilla, donde el año anterior las tropas cristianas habrían sufrido la humillante derrota de Alarcos, en la que muchos perdieron la vida y otros la libertad. La victoria enardeció a los musulmanes y los mozárabes fueron sometidos a una implacable persecución. Muchos de ellos tuvieron que emigrar y buscar refugio en la cristiana Castilla. El hambre y la esclavitud se convirtieron en las pesadillas de los castellanos. El joven Domingo de Guzmán, cuyas muestras de virtud eran ya patentes, vendió sus valiosos pergaminos en los que tenía su Biblia y sus notas de clase personales, para remediar el hambre en lo que pudo.Posteriormente, a falta de otros medios, se ofreció a venderse como esclavo, para libertar a un cautivo.

Importantes personajes de la sociedad repararon en aquel joven que se distinguía de los demás por su piedad, estudio y seriedad personal. Uno de ellos fue Diego de Acebes, prior del capítulo de la catedral de Osma, quien, por encargo de su obispo, iba reclutando jóvenes decididos y valientes, dispuestos a recibir la ordenación sacerdotal, y unirse al capítulo catedralicio de Osma para llevar a feliz término la reforma del clero, promovida por el Papa, y llevada con buen pulso y ritmo por el Prelado de la Diócesis. Ofreció a Domingo un puesto entre ellos, y el joven estudiante aceptó. Domingo de Guzmán dejó Palencia y se trasladó a Osma. END OF ARTICLE >>>>>

(Fuente: Galmes, Lorenzo; Gomez, Vito T. et al. Santo Domingo de Guzmán. Fuentes para su conocimiento. Bilioteca de Autores Cristianos. 1987)

 

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