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os
dominicos fueron fundados en el 1216 en el Sur de
Francia por Santo Domingo de Guzmán. Éste
no ha dejado escritos personales, sino una inspiración
fundadora que es el origen de las estructuras y
del estilo de vida de los hermanos y hermanas.
Esta
inspiración tras ochocientos años,
continúa con capacidad de suscitar un ardiente
deseo de unirse a la aventura por él iniciada.
Lo que caracteriza la poderosa experiencia espiritual
y la santidad de Domingo es un deseo apasionado
de darse todo entero a la salvación de la
humanidad como lo hizo el mismo Jesucristo.
Es
Cristo el centro de su vocación y de la de
aquél que se acerca a la Orden. Del misterio
de este amor por el mundo nace una Orden, que el
genio de Domingo y sus dones de organizador, así
como su escucha de los signos de los tiempos y su
sentido de Iglesia, han logrado mantener flexible
y viva.
La
“gracia de la predicación” es
la savia que da vida al cuerpo que Domingo decidió
entregar totalmente a la tarea apostólica,
al apostolado. Esta última palabra se refiere
más a su origen que a su objetivo. Empleada
ya por san Pablo, parece indicar la condición
de apóstol, el estilo de vida, como el oficio
que le ha sido confiado que, al menos en un lugar
a aplicarlo a Pedro, comprende la misión
de éste de anunciar el evangelio a los circuncisos,
y del mismo Pablo, a los gentiles. (Gal 2,8).
¿De
qué manera se ejerce el apostolado? ¿Bajo
qué formas concretas lo entendió santo
Domingo? Observemos lo que él mismo hizo:
sus actividades no son tan diferentes de las que
hoy mismo se realizan en la Iglesia; le vemos predicar
en las iglesias o en los caminos, a los fieles y
a los disidentes; comentar la Escritura ante diverso
público; dar charlas espirituales a las monjas;
visitar los enfermos; consuela, escucha, confiesa,
perdona; en fin, quiere desplazarse lejos, muy lejos,
para anunciar la Palabra de Dios a quienes la desconocen.
Como él lo hace, Domingo quiere que sus frailes
dediquen todo su tiempo a la evangelización,
preparada en el silencio y el estudio, presente
en la oración, y efectivamente realizada.
(Leer el artículo de J.G. Ranquet sobre la
predicación y de Felicísimo Martínez
sobre la misión).
Esta
aventura espiritual y misionera continúa
después de ochocientos años. Siguiendo
a Cristo, a la manera de su padre santo Domingo,
los dominicos(frailes, monjas, religiosas, laicos)
proclaman el evangelio por todo el mundo. Esta misión
se realiza a través de la vida comunitaria,
de la oración, del estudio, de la predicación,
la enseñanza, el ministerio parroquial y
universitario, en el compromiso con la justicia
y la paz, a través de publicaciones, de los
medios de comunicación social, y de las artes.

(Fuente:
Bedoulle, Guy, Dominique ou la grâce de la
Parole”. Fayard-Marne, 1982).
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