El día 6 de septiembre de 2018 se quebrantó la paz en la «Tierra de Dios», en la provincia de El Seybo, donde un fuerte poder político y económico destruyó 212 viviendas de campesinos con la complicidad del Abogado del Estado. Lo más lamentable es que se pasaron por alto todos los diálogos y acuerdos de paz entre el hacendado y el equipo de Radio Seybo, ratificados en la Fiscalía días antes de esta violación a la dignidad. Es preciso remontarse al año 1975 cuando el Presidente Joaquín Balaguer declaró de ultilidad pública la tierra que las familias cultivaban en armonía con la naturaleza. Desde entonces se realizaron muchas movilizaciones. El día 6 de diciembre se realizó una marcha en Santo Domingo que congregó a todos los colectivos que sufrieron desalojos exigiendo justicia. La marcha finalizó ante el Congreso Nacional donde se logró que la Comisión de los DDHH les recibiera.

El día 25 de marzo de 2019 quedó grabado con letras de sangre en la historia de El Seybo: Carlos Rojas Peguero, de 12 años, fue asesinado. El impune poder político y económico de la zona hirió con lanza de muerte el corazón de una Comunidad laboriosa y pacífica. Los papás de Carlitos, Luz María y Domingo sólo acertaron a decir “¡mi hijo!” con la mirada perdida en el cielo buscando al Dios que le dio la vida. Fue muy emocionante cómo en su humilde casa sacaron todo de una de las dos habitaciones para hacerla capilla ardiente con un altar y un crucifijo hecho de unas pequeñas maderas. Ahí Dios estaba presente, sosteniendo a Luz María y a Domingo en sus brazos, prometiéndoles que Carlitos sería la mayor esperanza para una Comunidad que actualiza la Palabra de Dios día a día en su diario vivir.

Es emocionante el poema que escribió María Cianci, de la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica (ALER), cuyo audio fue pautado en las emisoras comunitarias de América Latina y El Caribe.

Te invocamos semilla

Lloraban en La Culebra
porque había razones de sobra
la sal de los ojos no alcanzó
para despedir a Carlos, a Carlitos.
No jugaremos más la carretilla.
12 años apenas tenía nuestro niño,
porque es el de todos, el de todas.
Apenas ayer sembramos su cuerpo
y hoy ya es semilla de dignidad
porque el pueblo entero renace
porque todos morimos con Carlos,
que iba a ser un hombre con sueños y alegría.

El columpio hoy se queda vacío
como nuestros corazones
que alzan la mano por la justicia
una, dos, tres, cientos de veces, sin cansarnos
no tenemos miedo
porque Carlos Rojas Peguero
somos muchos, somos muchas.
Lo empujaron de su casa
y ahora está en nuestra historia por siempre.
América Latina y El Caribe te llora, te extraña
y vamos a seguir llorando.

 Hoy paramos la risa y la carrera de sacos
y te sembramos como vida
porque nos negamos a olvidarte
no pasaremos la página
te invocamos vida
Nuestra boca te llama justicia.

“El columpio hoy se queda vacio como nuestros conrazones que alzan la mano por la justicia una, dos, tres, cientos de veces, sin cansarnos.
No tenemos miedo, porwue Carlos Rojas Pequero somos muchos, somos muchas.
Lo empujaron de su casa y ahora está en nuestra historia por siempre.”

Después de 5 reuniones en la Gobernación provincial con representación de todas las autoridades y sin llegar a ningún fruto palpable se decidió una peregrinación a Santo Domingo: el día 21 de octubre, los Peregrinos, como fueron bautizados por los medios de comunicación, caminaron por cinco días hasta el Palacio Nacional. Fueron acogidos al final de cada día en casas religiosas de la forma más hospitalaria y solidaria imaginables. La Policía Nacional acompañó en todo momento al grupo. La llegada a la capital fue muy bonita porque las diferentes instituciones de seguridad abrieron paso a los peregrinos y a muchas personas que se unieron en los kilómetros finales. Ya a las afueras del Palacio se permitió entrar a una delegación que fue recibida por una persona sin poder de decisión. Por esta razón se acampó en el parquecito frente a Palacio hasta que el Presidente recibiera al grupo. Pese a la prohibición histórica de quedarse en el lugar se permaneció hasta que fueron desalojados bruscamente en la madrugada del séptimo día. Hasta el día 18 de diciembre fueron acogidos en la Casa de las Misioneras Dominicas del Rosario. Se les recibió dos veces en Palacio por el Ministro de la Presidencia que luego dejaría el testigo a una comisión integrada por los directores de la Titulación de tierras, Instituto Agrario Dominicano y Consejo Estatal del Azúcar. Durante ese tiempo se realizaron actividades formativas y manifestaciones pacíficas. En la caminata de 17 de noviembre  sufrieron las bombas molotov que dejó varios heridos por la fuerte represión policial que incluso arrastró a varias hermanas dominicas.

“Yo me estoy muriendo, pero tengo la esperanza de volver a trabajar en mi tierra”

Desde el mes de enero de 2020 se dieron los diálogos entre la Junta Directiva de la Asociación y la Comisión gubernamental. La pandemia frenó el proceso que culminó el mes de junio con la propuesta de una ubicación en un terreno sin vocación agrícola, ya ocupado por otros asentamientos y distante a 3 horas. Después, todo se paralizó por la campaña política y las elecciones. Las nuevas autoridades elegidas prometieron la tierra a la Asociación; actualmente se les está recordando que deben dar una solución al conflicto.

No está siendo fácil la lucha pues son muchos los factores que frenan y oscurecen este camino de cumplimiento de la voluntad de Dios el cual no es otro que cultivar la tierra para que mane leche y miel (Ex 3, 8). Merece la pena reclamar lo que es justo frente a la impune actuación de terratenientes que, amparados por la debilidad de las instituciones gubernamentales y del orden, creen son los únicos responsables de dictar el destino de los preferidos de Jesús.

¡Tierra!

A destacar el vital apoyo de la población que está saliendo de la pasividad e indiferencia, características de los Estados donde se quiebra el tejido social por la desaparición de las estructuras intermedias de asociacionismo. Sin el apoyo de la Familia Dominica, tantas instituciones organizadas, personas de buena voluntad y de los medios de comunicación hubiera sido poco más que imposible haber logrado que el gobierno, tanto el anterior como el actual, abriera las puertas de un diálogo que, a pesar de sus fricciones, está logrando cosechar los mejores frutos. Siempre confiamos que se podrán celebrar las mejores noticias para los campesinos.

Como dice el refrán: “hay brisas que tumban cocos”. No habrá tregua en esta lucha por la dignidad de forma que todas las familias que están sufriendo el desarraigo, el hambre y el miedo puedan un día celebrar con alegría que su perseverancia mereció la pena y que más nadie volverá a sufrir tanto desprecio e indiferencia. Algún día será izada la bandera de la fraternidad en una tierra repartida y compartida sin empalizadas que las dividan. Como dice la niña Dangelyn, de Mata de Palma, “¡no nos dejemos vencer!”, siendo fuertes ante la silenciosa fuerza del mercado que invisibiliza a la persona, convirtiéndola en una pieza más del engranaje del capitalismo sin rostro humano que nos gobierna.

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