Ante las profundas transformaciones que marcan el mundo contemporáneo, el Papa vuelve a subrayar la necesidad de una renovación de la evangelización. En este año de acción de gracias, nos anima, al igual que a todos los bautizados, a inscribirnos en lo que fue el impulso misionero de Domingo, animado por una esperanza para el mundo y para la humanidad.

Una esperanza para el mundo, cuyo nombre podría ser comunión. El punto de partida del impulso apostólico de Domingo fue, de hecho, la elección de volver a la pobreza y la simplicidad de vida, formas con las que las primeras comunidades cristianas dieron un signo de comunión. También hoy, esta elección es la que mejor nos dispone, como Jesús, a ser movidos por la compasión ante las fracturas que desfiguran y dividen el mundo. La compasión pone en el corazón de los discípulos misioneros el deseo de entregarse al servicio de la comunión entre los hombres, y el valor de ir a anunciar el Evangelio de la misericordia a los más alejados, a los más despreciados y a los más alejados de la fe. En la escuela de Domingo, subraya Francisco, la evangelización está intrínsecamente ligada a la esperanza de que pueda nacer un mundo nuevo en el que se abracen la justicia y la paz, y en el que se reconozcan, protejan y promuevan la dignidad y los derechos de cada persona y de los pueblos. Portadores de esta esperanza de comunión para el mundo, hoy más que nunca estamos invitados a abrir juntos, frailes y laicos (cuyo importante papel en la evangelización subraya el Papa), nuevos caminos para la evangelización: caminando junto a todos y anunciando la buena noticia la Iglesia se convierte en signo de comunión para el mundo. 

Una esperanza para la humanidad. El Papa recuerda que, emprendiendo el camino de la evangelización, fray Domingo, al igual que Francisco de Asís, confió a su Orden y a su familia un tesoro que da toda su fuerza a dicho impulso misionero: el tesoro de la fraternidad. Aprender juntos a ser hermanos en nombre del Evangelio, para conocer lo más posible a nuestros contemporáneos y despertar en ellos este mismo deseo. Convertirse en hermanos y hermanas, y así, haciéndose eco del “momento Salamanca”, ser aún más sensibles a las llamadas a comprometer la propia vida para promover, en todos los lugares de fractura del mundo, la dignidad y los derechos de las personas y de los pueblos. Ser hermanos y amigos de las personas para construir con ellas esa “casa común” en la que todos puedan ser felices viviendo juntos. Ser hermanos, estudiar y buscar la verdad, en un diálogo de amistad con los otros y en la preocupación por servir a la inteligencia en la fe. Fraternidad con todos, fraternidad en Cristo que nos enseña a mantener unidas la caridad y la verdad, y así crecer en la amistad de Dios. 

¡Hermanos y hermanas para la comunión! Es con profunda gratitud al Papa Francisco que podemos escuchar su invitación a renovar nuestra alegría en el espíritu de Domingo, ¡predicador del Evangelio de la gracia!   

fray Bruno Cadoré, O.P.
Maestro de la Orden, 2010-2019

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