Las obras de Félix nos hablan de Dios y de Santo Domingo

Fr. Félix Hernández, OP

Fr. Vicente Niño Orti, OP, comenta el trabajo artístico de Fr. Félix Hernández, OP

“El arte de Félix actualiza y acerca el mensaje de Dios a pleno siglo XXI, olvidando las grandes obras medievales donde el retablo era el principal elemento artístico. Sus obras nos hablan de él, de sus estados anímicos, pero también nos hablan de Dios y de Santo Domingo. Estamos frente a un Arte Humano con mayúsculas donde se conjugan muchas sensibilidades y se crea un espacio de interacción entre la contemporaneidad y la experiencia de la Fe.
En este espacio de diálogo cobra un papel protagonista la paleta cromática. El color será la principal herramienta de comunicación en sus obras, de modo que la unidad más básica en el mundo de la pintura es la que nos permite abrir todo un mundo a la contemplación y reflexión. Pinturas cambiantes que hablan de Dios y con Dios con un lenguaje vivo, a través de superficies cromáticas en relieve con juegos de luces y sombras donde el sentido último de la obra lo confiere el espectador”

Cristina Expósito de Vicente, Doctora en Ciencias de las Religiones

La virtualidad de la Abstracción es la de transmitir conceptos complejos -emociones, ideas, narraciones- en formas, colores, texturas y experiencias visuales sensoriales abiertas. Un siglo largo de dominio de ésta, sin embargo, no ha ofrecido apenas cauces para ser experimentada por la experiencia religiosa. El desencuentro entre arte contemporáneo y fe se ha convertido en un tema desarrollado tanto por académicos como por críticos que quizás han perdido de base la verdadera razón de esa separación: cada vez se explora menos la dimensión religiosa de la humanidad.

Ante ello, fray Félix Hernández, OP, lanza una oferta pictórica que se arma de valentía para transitar ese sendero de experimentación y de búsqueda de lenguajes contemporáneos para dar voz a una de las más primitivas y auténticas dimensiones de la condición humana, la dimensión trascendente, espiritual y religiosa. Y, además, en una determinada comprensión y vehiculación de ésta, la católica, y aún más, en una determinada tradición carismática, la dominicana -siendo obviamente fray Félix sacerdote dominico-, tradición marcada por una profunda libertad, por un alto intelectualismo, por una veta mística profunda y por una irrenunciable vocación de transmisión de la fe.

Rasgos que pueden localizarse en la obra del autor. Libertad en la experimentación con una búsqueda exigente de texturas, complementariedades no exentas de dominios emocionales del color, de sugerencias de imágenes -en las que no se priva a veces de mínimos apuntes expresivos cercanos a lo figurativo-, con composiciones que remiten a la expresividad religiosa que busca el autor, y con velos y capas sutiles de ingravidez, altamente emocionales, que van conquistando los lienzos y que remiten a una de las mayores influencias del autor, el también dominico fray Kim En Joong, OP, pintor francés de origen coreano. Y esa libertad expresiva, sin dejar de lado una formación exigente y académica en su creación, que enlaza con lo mejor de las Bellas Artes y el estudio teológico.

Y he ahí el segundo rasgo, el intelectualismo -que no academicismo pedante-, entendido como sustrato y bagaje de su pintura que remite a conceptos teológicos, escenas bíblicas, plasmaciones históricas, creencias de fe, que nutren la obra de fray Félix -doctor en teología- de un modo sutil y elegante, a veces tan solo sugerido en un título, otras apenas intuido, pero que suponen la verdadera motivación del pintor. Sutilidades que apuntan a una cierta impulsividad y frescura improvisada, perfectamente encajada con la reflexión.

Lo cual nos lleva a ese tercer rasgo que es una profunda veta mística, entendiendo la pintura como una puerta, una ventana, que no solo ofrece una experiencia privativa del pintor para ser contemplada alejada de quien la mira, sino que quiere hacer partícipe al espectador, invitando a buscar esa misma experiencia, casi que al modo de diálogo con sus cuadros, con la carga de profundidad espiritual que ofrecen; casi como preguntas directas al corazón, como ofrendas de experiencias que quieren empatizar y tocar determinados filamentos internos del ser humano.

Y es que ahí está también ese cuarto rasgo que unifica los demás, fray Félix busca con su obra expresar las honduras de su propia experiencia entendida ésta no desde el prurito del elitismo místico, sino desde la consideración de que un corazón humano tiene una potencialidad vital que puede estar en todo corazón humano: la convicción experimentada y expresada pictóricamente de que la auténtica identidad humana es precisamente esa dimensión espiritual, una espiritualidad encarnada en lo corpóreo y que su pintura recoge sin huir de sensualidades y carnalidades físicas sin las que lo humano -ni la pintura- es incomprensible.

La pintura de fray Félix Hernández, OP, quiere ser pues una construcción compleja que es emoción, libertad, reflexión y experiencia, al servicio de la expresividad religiosa, en lenguajes y dimensiones vitales del más real hoy contemporáneo y actual, como una invitación a descubrir la propia identidad humana como identidad espiritual, con una oferta de sentido y de belleza, que no huye de temas difíciles y complejos, dramáticos y de dolor, y que enlaza con la actualidad que el mundo más necesita. 

Fr. Vicente Niño Orti, OP
Escritor y columnista


Autobiografía de Fr. Félix Hernández, OP 

Soy un fraile dominico español, nacido en Barcelona, pero andaluz de corazón, pues he crecido en Sevilla (Andalucía), y actualmente resido en Córdoba (España). 

He tenido la suerte de nacer en una familia creyente en la que he recibido, especialmente por parte de mis padres, un gran testimonio de fe. Conocí la Orden siendo muy joven gracias al Movimiento Juvenil Dominicano. Inmediatamente me sentí identificado con nuestro carisma y me fasciné por nuestro modo de vivir y predicar el Evangelio. Durante algunos años me supe laico dominico hasta que sentí la vocación religiosa. Tras unos meses de discernimiento, ingresé al prenoviciado en el año 2000 y me ordené en 2007.

Académicamente, he realizado estudios de Bellas Artes en las Facultades de Sevilla y de la Universidad Politécnica de Valencia y en 2016 obtuve el Doctorado en Teología por la Pontifica Facultad “San   Esteban” de Salamanca, con la tesis titulada Teología pintada. Tres artistas dominicos contemporáneos en Europa Occidental. Con este trabajo buscaba armonizar mi vocación religiosa y la artística.

Al terminar mi formación fui destinado a la parroquia de San Jacinto (Sevilla), una comunidad muy viva que me enseñó a ser sacerdote en todos los sentidos. Serví allí durante 12 años muy felices que me han marcado para siempre.

Actualmente vivo en el convento de Santo Domingo de Scala Coeli, una preciosa casa de espiritualidad ubicada en la sierra de Córdoba, desde la que puedo conjugar mis inquietudes pictóricas con las pastorales en otros ámbitos. Siempre he estado vinculado de un modo especial a la pastoral juvenil y vocacional.

A nivel artístico, mi trabajo estuvo centrado durante largo tiempo en el diseño y la ilustración. Son numerosos los logos que he realizado, las obras de cartelería y las publicaciones en las que he colaborado, siempre tratando de ofrecer gratuitamente mi trabajo al servicio de la predicación en nuestra familia y en la Iglesia en general. Es una satisfacción enorme saber que los miembros de la FD encuentran utilidad en mis obras, que han llegado a utilizarse en la decoración de fachadas (colegio El Rosario de Costa Rica) o para la elaboración de vidrieras (parroquia de Santo Tomás en República Dominicana). 

Mi trayectoria experimenta un punto de inflexión cuando, por razones de estudio, conozco al también dominico y artista coreano fray Kim en Joong, OP. Esta relación me abrió al mundo de la abstracción que, a partir de ese momento, me mantiene fascinado por las grandes posibilidades que ofrece a nivel espiritual, pastoral, teológico…

Siento que mi gran desafío es llevar la experiencia de Dios a quienes no lo conocen, hacerlo desde la comunicación y el camino compartido. Al estar tan interesado por el encuentro y el diálogo, particularmente con el mundo de la cultura, aunque he ofrecido algunas exposiciones individuales, disfruto especialmente participando en muestras colectivas, entre las que podemos destacar: Vanguardias y Periferias, realizada en el centro “La Neomudejar” (Madrid, 2014); la exposición itinerante Silencios, que en 2016 recorrió las ciudades de Zaragoza, Burgo de Osma (Soria), Palencia, Caleruega (Burgos), Segovia, Valladolid y Valencia; El racismo no pinta nada, en Tanger y Tetuán (Marruecos, 2016); Auguri (Roma, 2016) o Caminando el color (Madrid, 2020); “My soul is thirsty”, en septiembre de 2021 en los “dominican art days” deTallin (Estonia); “ciclo 16”, de octubre a noviembre de 2021 en Quarfentena Galeria (Argentina); “Dies natalis”, del 25 de noviembre de 2021 al 13 de febrero de 2022 en el centro O_lumen de Madrid; “Ella”, en el palacio arzobispal de Toledo, del 8 marzo de 2022.

Muestro algunos ejemplos de mi trabajo en la web www.felixhernandezop.com y en mis cuentas de Instagram: @felixh_op_art and @ilustracionesop.

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