Monjas

"Las monjas de la Orden de Predicadores nacieron cuando el Santo Padre Domingo asoció a su «Santa Predicación», por la oración y la penitencia, a las mujeres convertidas a la fe católica, reunidas en el monasterio de Santa María de Prulla y consagradas solamente a Dios." Constitución fundamental de las monjas, I.

Es esta asociación con la Santa Predicación la que nos permite captar la identidad de las monjas dominicas. La libertad para Dios es una condición necesaria para el florecimiento de la vida contemplativa que, protegida por la clausura, se expresa también a través de la ausencia de otros compromisos externos. El vinculo con la predicación a veces se ha reducido a la formula: “Los frailes predican y las monjas rezan”, pero la realidad es mucho más profunda. La vida de oración de las monjas se asume eficazmente en el apostolado de la predicación, siendo así inseparable de la misión de la Orden.

Esas son las mujeres a quienes Henri-Dominique Lacordaire llamó “nuestras hermanas mayores”, porque las primeras monjas fueron, de hecho, el fruto de la predicación de Domingo. Miembros de una secta herética que hoy llamamos cátaros, lo escucharon predicar en el pueblo de Fanjeaux, Francia, durante el verano de 1206. Se convirtieron, deseando vivir para Dios en el “santuario” de la vida monástica. En Navidad del mismo año, unos 10 años antes del reconocimiento por parte del Papa Honorio III de la Orden de Predicadores, se estableció una comunidad embrionaria. Fue en Prulla, una aldea sin importancia, en un cruce de caminos entre Tolosa y Carcasona, donde existía ya un antiguo santuario de la Santísima Virgen. Ella también tiene un gran rol en el misterio de la vida de las monjas; el rezo del rosario marca el ritmo de la vida de las monjas.

Los frailes dominicos se propagaron rápidamente por toda Europa, al igual que las comunidades de mujeres que buscaban asociarse a la santa predicación a través de una vida arraigada en la oración, la vida comunitaria y el estudio. A fines del siglo XIII, había unos sesenta monasterios en países de habla alemana, las hermanas transcribiendo los sermones de los predicadores renanos, Eckhart y Tauler, y comunicando algo de su propia experiencia mística a través de manuscritos iluminados y escritos espirituales.

Al igual que la predicación dominicana se enriqueció con la pintura de Fra Angélico en el florecimiento artístico del Renacimiento italiano, encontramos también, entre las monjas dominicas, artistas como la Hna. Plautilla Nelli, priora florentina cuyas obras vemos en la galería Uffizi.

En el siglo XVI, grupos de mujeres formaron beaterios cerca de los conventos dominicanos en las nuevas colonias españolas, los cuales, con el tiempo, se convirtieron en monasterios regulares asociados a la Santa Predicación en el Nuevo Mundo. Por razones de historia colonial y de cultura local, las monjas dominicas necesitarán varios siglos para establecerse firmemente en América del Norte, en Asia y en África. Pero hoy, a medida que la Orden comienza su noveno centenario, la vida monástica contemplativa dominicana, con su participación única en la misión de predicación, es accesible a las mujeres de todos los continentes, desde Corea hasta el Caribe.

Sr Barbara Estelle OP | Monastery Pius XII, Fatima

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