1. ¿Cómo describiría usted su experiencia como Maestro de la Orden?

Al final de su mandato, fray Timothy decía haber hecho una larga “peregrinación” en la Orden. Esta expresión me parece muy acertada y la retomo con gusto para responder a esta pregunta. Ir de comunidad en comunidad, de provincia en provincia, y descubrir la obra de la gracia de la Palabra, escuchada y predicada, vivida y escrutada incansablemente, compartida y ofrecida: ¡qué peregrinación tan maravillosa! Descubrir cómo los hermanos, y todos los miembros de la familia de Domingo, desean estar todos juntos “totalmente dedicados” a la predicación de la Palabra. Es también una peregrinación donde hermanas y hermanos nos enseñan a seguir a Cristo-predicador en un mundo donde no siempre es fácil vivir, donde el ser humano, en muchos lugares, ha de ser defendido, respetado, promovido y protegido. Un mundo donde la hospitalidad debe ser incesantemente promovida. Es una profunda alegría poder descubrir de esta manera cómo las hermanas y los hermanos de Domingo se convierten en “embajadores” de la amistad de Dios, discípulos misioneros con Cristo.

2. Al haber visitado todas las provincias, viceprovincias y vicariatos de la Orden en todo el mundo, incluyendo reuniones e interacciones con otros miembros de la familia dominicana, no hay duda de que usted tiene un buen conocimiento de la Orden. ¿Podría compaartir con nosotros en pocas frases lo que piensa de la Orden y de la familia?

Vivimos en una época de profundos cambios, en los estilos de vida, en la comunicación entre las personas, en la articulación entre las personas individuales, las identidades colectivas y la comunidad social, en el pluralismo de las referencias filosóficas y religiosas. También es una época en la que se elaboran muchos procesos de interculturalidad. Todo esto, por supuesto, deja su huella en la vida de los frailes y hermanas, así como en la vida de las comunidades. Teniendo en cuenta estos cambios la Orden quiere ponerse al servicio de la conversación de Dios con su pueblo y contribuir a la adaptación de la evangelización a los nuevos contextos. Básicamente, pienso que la vocación de la Orden es particularmente relevante porque nos interpela a entrar en conversación con nuestros contemporáneos proponiendo un método hecho de amistad y compasión, contemplación y acción para ofrecer una “casa común” que cobije a todos, un diálogo fraterno y una apasionada búsqueda en común de la verdad. El mundo busca la verdad, y la Orden se propone caminar con todos como una amiga, buscando juntos nuevos caminos hacia la verdad, en la alegría de la fraternidad, como decía San Alberto Magno.

3. ¿Cómo ve usted el futuro de la Orde en el siglo XXI?

Dentro de dos pocos años, celebraremos la memoria del Dies Natalis de Domingo. Y lo haremos teniendo como signo de encuentro la mesa que se conserva en la iglesia de la Mascarella. Mi sueño para la Orden es que sea apóstol de la comunión, al servicio de Aquel que viene y da su vida para que todos sean uno. Apóstol tanto de la capacidad de la humanidad de vivir en comunión, como de su capacidad de actuar para cuidar de la casa común de todos y para todos. Apóstol de esta comunión que será completamente recapitulada desde el último al primer día.

4. ¿Tiene usted expectativas para el próximo Capítulo General?

A mi parecer, lo que todo hermano espera de un Capítulo General es que nos confirme a todos en nuestra vocación. O mejor dicho, que tome orientaciones que nos llamen a todos, cada uno a su medida, a confirmar juntos el propósito de Domingo en el mundo de hoy, al servicio de la misión de la Iglesia. Además, el hecho de que el Capítulo se celebre en Vietnam también revela una serie de retos que probablemente son importantes para la Orden. Será la primera vez que un Capítulo General se celebra en un lugar cuya cultura no es cristiana: el reto del encuentro y del diálogo en un mundo multicultural y pluralista. Se celebrará en una Provincia en la que un tercio de los frailes se encuentran en formación inicial: el reto de integrar a las nuevas generaciones en la creatividad apostólica. En esta Provincia se afirma la vocación del hermano cooperador: el desafío de la fraternidad de todos, clérigos y laicos, que forman la Iglesia y es camino de evangelización. Finalmente, hay en Vietnam un gran número de fraternidades laicas dominicanas, activas y comprometidas a varios niveles en la misión de evangelización: el desafío de promover a los laicos en la misión permanente de evangelización que constituye la Iglesia. Evangelización: Pienso que el capítulo de Biên Hoà continuará invitando a la Orden a su vocación específica de evangelización.

5. Describa, por favor, brevemente sus experiencias de vivir en Santa Sabina en los últimos nueve años.

Santa Sabina es una especie de “microcosmo” de la Orden: una comunidad internacional, ciertamente; pero sobre todo una comunidad intercultural, incluyendo el cruce de las diversas “culturas dominicanas”. Se vive aquí una experiencia extraordinaria de comunión, con sus alegrías y dificultades. Se vive también la experiencia de una comunidad al servicio de la vocación de la Orden. Es un lugar donde se revela lo que, en definitiva, constituye nuestra unidad: velar unos por otros para que cada uno, cada comunidad, cada Provincia, despliegue lo mejor de nosotros mismos y pueda así contribuir al celo apostólico de una Iglesia en estado permanente de misión. En Santa Sabina, experimentamos también la universalidad y diversidad de la Iglesia tal como existe en Roma. Se experimenta aquí, finalmente, la alegría de vivir en el convento de los orígenes, que es el hogar de toda la Orden: alegría y deseo de unidad de la familia de Domingo, de una unidad que se construye con la inquietud común de la evangelización, de la misma manera que el grupo de los discípulos de Jesús cuando aprendieron a caminar con él para convertirse en Iglesia. Santa Sabina es la casa común de la familia de Domingo, una familia “para la evangelización”.

6. ¿Cuál es su mensaje de despedida para la Comunidad de Santa Sabina?

Mi mensaje sería el deseo de que la comunidad de Santa Sabina viviera siempre esta alegría de ser la casa de la familia de los amigos de Dios, la casa de los hermanos y hermanas de Domingo. Casa del encuentro de los dos apóstoles de la evangelización, Francisco y Domingo. Casa del envío al mundo, para contar cómo Dios viene a visitar a su pueblo y trazar su propia historia en el corazón de la historia humana. Casa en la que se siente el deseo de reunir a los mundos entorno a la alegría del Evangelio, y de hacerlo sacando fuerzas de la memoria de Cristo dando su vida para que el mundo tenga vida. Este Cristo tan humilde de la puerta de Santa Sabina. (Entrevista hecha y publicada por los editores del Boletín nª 1 de Santa Sabina, junio 2019)

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