Carisma

¿Qué es un fraile dominicano?

Fray Esteban de Salanhac, O.P., alguna vez describió al fraile dominico como “un canónigo de profesión, un monje de vida austera, y un apóstol por su oficio”. Aunque es una buena ilustración, las palabras de fr Esteban requieren una explicación más completa.
Los dominicos no son canónigos regulares (como los Norbertinos), pero encontramos gran alegría en la recitación orante de la Liturgia de las Horas. Todos nuestros prioratos y comunidades rezan el oficio en coro, ofreciendo nuestra alabanza a Dios a lo largo del día.
Los dominicos abrazan una vida de pobreza y sencillez evangélica, tal como lo hacen los monjes benedictinos o trapenses, pero no estamos atados a un solo claustro. Como seguidores de la Regla de San Agustín, y exhortados por la última voluntad y testamento de Santo Domingo, “tenemos todas las cosas en común” (como hicieron los primeros discípulos en los Hechos de los Apóstoles).
Finalmente, los dominicos comparten el oficio de los apóstoles proclamando el Evangelio en todo tiempo y lugar – evangelizando, combatiendo la herejía y el error, y realizando las obras espirituales de misericordia – pero los dominicos no son sacerdotes diocesanos.
Alimentados por nuestra vida en común, además de las muchas horas de estudio y oración, los dominicos ofrecemos nuestras vidas por a la tarea de la predicación del Evangelio. Lo que recibimos del Señor lo transmitimos a los demás, compartiendo los frutos de nuestra contemplación, para que todos lleguen a conocer y amar a Dios.
Entonces, ¿qué es el fraile dominico? Es un predicador contemplativo.

Lectura sugerida: Early Dominicans. Selected Writings by Simon Tugwell OP; Darton, Longman and Todd, 1997.

 

ORACIÓN

Características de la oración dominicana

La Eucaristía y el Oficio Divino
Antes de fundar la Orden de Predicadores, Santo Domingo estaba íntimamente involucrado en la oración oficial de la Iglesia. Todos los días ofrecía el sacrificio eucarístico y participaba en el Oficio Divino. Domingo contempló a Cristo en su perfecta oración al Padre, sabiendo que es a través de la oración que la humanidad comienza a ser salvada. Transmitió esta creencia y tradición a sus seguidores, reconociendo que nuestra oración en común -en la Misa diaria y en la recitación coral de la Liturgia de las Horas- era necesaria para el florecimiento de nuestra vida común.

Estudio contemplativo
En la Edad Media, muchos veían el estudio como un obstáculo para la oración, el cual se tenía como un ejercicio piadoso del corazón. Domingo, sin embargo, consideró el estudio como una oportunidad para iluminar la mente y dirigir el corazón hacia Dios. Para el dominico, el estudio debe ser contemplativo. Esto no es un vaciamiento de la mente, sino una exploración más amorosa del mundo creado, ya que refleja la grandeza de Dios. Para hacer esto, la mente debe estar primero informada por Cristo, como se revela en la Sagrada Escritura y en los escritos de los Padres de la Iglesia y de los Santos.

El Rosario
Durante siglos la Orden de Predicadores ha promovido el rosario entre los fieles, ayudando a establecer la Confraternidad del Rosario y grupos de oración en todo el mundo. Los dominicos recitan cada día al menos cinco misterios, fomentando la devoción a la Santísima Virgen María y pidiendo su intercesión. Al orar y meditar sobre las palabras y acciones de Cristo y su madre, reflexionamos sobre el misterio de la salvación y nuestra misión de proclamar las buenas nuevas.

Oración privada
Además de nuestra oración en común y las horas de estudio, los dominicos pasan al menos media hora en meditación privada cada día, generalmente más. Este tiempo de oración mental transcurre a menudo ante el Santísimo Sacramento, pero se puede hacer en cualquier lugar. Es también un tiempo abierto a la lectio divina, la lectura espiritual, la reflexión silenciosa u otras devociones.

Los Nueve Modos de Orar
Otra característica de la oración dominicana es el uso del cuerpo. La liturgia eucarística, con su delicada mezcla de movimiento y gesto, involucra a toda la persona en el culto. Domingo incorporó estos gestos (estar de pie, inclinarse, sentarse, hacer genuflexiones, arrodillarse, levantar los brazos) en su oración privada, desarrollando lo que comúnmente llamamos los nueve modos de orar de Santo Domingo. Los miembros de la Orden de Predicadores continúan esta tradición hoy, la cual enriquece nuestra oración común y privada.

ESTUDIO

La tradición intelectual dominicana

Las Constituciones de la Orden de Predicadores afirman que “Santo Domingo, al fundar la Orden, fue verdaderamente innovador; vinculó íntimamente el estudio al ministerio de la salvación” (LCO, 76).
Así, durante más de 800 años los dominicos se han dedicado con pasión al estudio riguroso de la Sagrada Escritura, la filosofía, las ciencias naturales y la teología. Nuestro estudio, sin embargo, no permanece en el reino de la especulación arcana, sino que es transmitido para la salvación de otros a través de nuestra predicación y enseñanza.
Para el dominico, “el estudio está ordenado a predicar, y la predicación a la salvación de las almas” (De Vita Regulari, VIII). El Beato Humberto da una extensa lista alabando la utilidad y la bondad del estudio, una lista que no podemos aquí hacerla exhaustiva:
-El estudio “forma al hombre interior” y da vida a las prácticas exteriores de la vida religiosa.
-El estudio es útil para los demás ya que “no podemos predicar, ni dar consejos, ni escuchar confesiones, ni sembrar verdades espirituales, a menos que exista un estudio vigoroso entre nosotros”.
-El estudio nos permite amar más a Dios ya que “cuanto más sabemos de Dios, mayor es la ocasión que tenemos para amarlo y servirlo”.
-El estudio, especialmente de las Escrituras, refresca y reconforta el alma del estudiante.
Los dominicos prestan especial atención al estudio de Santo Tomás de Aquino, O.P., ya que sus obras proporcionan un relato sistemático y profundo de la creación, la naturaleza humana, la moral, la vida espiritual, el misterio del Dios Trino y la persona de Jesucristo. Su magistral adaptación de la filosofía a su trabajo teológico le da a su escritura una inconfundible profundidad y claridad en la manera en que es capaz de hablar de Dios.
Es quizás la mente humana más brillante que la Iglesia haya visto jamás; las enseñanzas de Aquino suenan como voz fidedigna y autorizada allí donde se estudia teología. De hecho, el Código de Derecho Canónico exhorta a todos los estudiantes de teología “a penetrar más profundamente en los misterios de la salvación, con santo Tomás en particular como maestro” (CIC, 252, §3).
Los dominicos de cada siglo han adaptado, desarrollado y redescubierto el magnífico pensamiento de Santo Tomás de Aquino en su trabajo de predicar la verdad de la fe católica. Los hermanos de hoy son enviados al mundo moderno como predicadores de la Verdad equipados con la vasta sabiduría que les ha sido otorgada por el Doctor Angélico, en quien sus hermanos confían ahora para la intercesión celestial.

VIDA COMÚN

Una mente y un corazón en Dios

“Y todos los que creían estaban juntos y tenían todo en común.”
Este pasaje de los Hechos de los Apóstoles (2:44), que describe la vida de los primeros cristianos, también sirve como modelo y fundamento de nuestra vida en común como dominicos. Además de vivir juntos en conventos/casas, abrazamos la pobreza y nos despojamos de todas nuestras pertenencias personales. Pero esto, es sólo una parte de lo que significa vivir en comunidad.
En su Regla, San Agustín afirma que “la principal motivación para compartir la vida juntos es vivir en armonía en la casa y tener un solo corazón y una sola alma buscando a Dios”. Si bien es cierto que tenemos todo en común, nuestra vida fraterna no es simplemente compartir las posesiones. También debemos esforzarnos por tener una sola mente y un solo corazón en Dios. Esta meta sólo es posible cuando miramos a la primera comunidad de personas – la Trinidad. Como tal, nuestra fraternidad se fortalece sobre todo cuando nos reunimos para orar.
Esta fraternidad se apoya aún más cuando compartimos el trabajo de nuestros hermanos y cuando nos reunimos para discutir asuntos de importancia. Aprendiendo de nuestros mayores, que transmiten la sabiduría y las tradiciones de la Orden de Predicadores, así como su propio conocimiento y experiencia, descubrimos la conexión entre la calidad de nuestra vida y la calidad de nuestro testimonio al mundo. Estos períodos de estudio, conversación y recreación en común sirven como un recordatorio de nuestra misión. “Los hermanos, unánimes por la obediencia y unidos por un amor más elevado, gracias a la castidad, más dependientes unos de otros, gracias a la pobreza, deben ante todo construir en su propio convento la Iglesia de Dios, que con su esfuerzo deben difundir por todo el mundo” (LCO, 3).

MINISTERIO

La vida de un predicador

Santo Tomás de Aquino, O.P., escribió en su Summa Teologica: “así como es mejor iluminar que simplemente resplandecer, así es mejor dar a los demás los frutos de la propia contemplación que simplemente contemplar” (II-II.188.6co). Este compartir lo contemplado es precisamente el tipo de predicación que caracteriza la vida dominicana.
Los dominicos están llamados a una vida profunda de contemplación para comprometerse en la predicación contemplativa. El término “predicación” se utiliza a menudo hoy en día como un término amplio para significar muchas cosas diferentes, pero tradicionalmente, la predicación puede ser entendida en cuatro categorías: (1) catequética, que instruye sobre la fe; (2) moral, que exhorta a la gente a vivir la fe; (3) apologética, que busca eliminar los obstáculos a la fe; (4) contemplativa (o santa), que busca conducir a los fieles al encuentro con el Dios vivo.
Esta predicación “debería normalmente atraer al oyente hacia la contemplación”, señala el P. Thomas Phillippe, O.P., en La vida contemplativa. El dominico debe ser capaz de hacer de “casamentero” entre Dios y los fieles; de inspirar en su audiencia el amor de Dios. Como el propio P. Antonino Wall, O.P., afirma en El estado religioso mixto de Santo Tomás: “La predicación transmite a los demás la perfección interior de la contemplación de la manera más completa, ya que no sólo mueve el intelecto a conocer la verdad, sino también la voluntad a un amor afectivo y efectivo por ella”.
Para el dominico, esta profunda capacidad de mover los corazones y las mentes hacia el amor de Dios se produce a través de una adhesión amorosa y fiel a todos los elemen.

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